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Lunes, 26 de julio de 2004


Nuevas Tecnologías Aplicadas a la Seguridad

Complejos sistemas de control permiten prever las erupciones del Popocatépetl, cercano a México D.F

Vigilando el volcán

 

Dormir a la sombra de un volcán activo no es la mejor fórmula para la tranquilidad. Y, sin embargo, esto es lo que hacen cada día millones de mexicanos, cuyos hogares se encuentran dentro del campo de acción del Popocatépetl, uno de los volcanes con más riesgo del mundo. La plaza del Zócalo de México D.F se encuentra sólo a 70 kilómetros en línea recta del cráter y su cima de 5.452 metros domina un territorio en el que viven más de 30 millones de personas.

El Popo estuvo muy calmado durante gran parte del siglo XX, hasta que en 1994 despertó con potentes erupciones. Las cenizas han cubierto las calles de la capital en varias ocasiones y pueblos cercanos al cráter han sido evacuados más de una vez. Ante la emergencia, las autoridades pusieron en marcha un ambicioso proyecto de vigilancia.

El Centro Nacional Para la Prevención de Desastres (Cenapred) lleva una década examinando el volcán cada minuto y se ha situado a la vanguardia mundial con su trabajo. Decenas de científicos se esfuerzan para pronosticar el próximo episodio de actividad violenta. Al mismo tiempo, diseñan mapas de riesgo volcánico y planes de emergencia y evacuación, que exigen una intensa labor educativa. En las zonas más cercanas al Popo, el semáforo al que se presta más atención es al del peligro volcánico que, actualizado por los científicos, señala cada día en verde, amarillo o rojo el estado de la situación. En caso de alerta, los planes ensayados indican cómo actuar.

Durante varios días, los integrantes de la Ruta Quetzal-BBVA, el curso en el que participan 300 jóvenes de países de habla hispana y que dirige Miguel de la Quadra-Salcedo, han seguido clases de vulcanología impartidas por el equipo del Popocatépetl.También han visitado sus laderas para conocer los sistemas de control que miden su actividad.

Según Ramón Ortiz, el vulcanólogo español que colabora con el Cenapred, y que ha dirigido el curso junto a su colega Angeles Llinares, el Popocatépetl tiene un comportamiento muy cambiante. A diferencia de otros volcanes, que emiten coladas de lava, la furia del Popo se manifiesta en violentas explosiones. El cráter se llena poco a poco de lava espesa que se acumula hasta formar un domo o tapón que impide el escape de los gases.

La presión interior aumenta hasta que, superado el límite de resistencia, el gas hace saltar el domo, expulsando miles de toneladas a decenas de kilómetros. Es un gigantesco cañón situado a pocos kilómetros de la ciudad más grande del mundo.

Lo impresionante del Popo, además, es su capacidad para formar un nuevo domo. Los expertos nunca pueden asegurar que no vaya a ocurrir una explosión en unos días y, por ello, siguen las constantes del volcán minuto a minuto.

25 estaciones de control

El Popo es hoy el volcán más vigilado del mundo. Un total de 25 estaciones lo chequean cada segundo desde sus laderas. El centro de control del Cenapred, en México D.F., analiza constantemente más de 60 señales distintas enviadas por medio de antenas. Los sismógrafos registran el más mínimo movimiento en el entorno del cráter.

Sólo los científicos pueden acercarse a las estaciones cuando necesitan ser reparadas o actualizadas, para lo que deben franquear una barrera custodiada por el Ejército.

Los jóvenes de la Ruta Quetzal-BBVA, guiados por el Cenapred, han franqueado ese control en un día de bajo riesgo y han conocido las instalaciones desde el cerro Tamaclas, a 4.100 metros de altitud. La tarea es muy fatigosa, pues la altura obliga a trabajar bajo condiciones de frío intenso y falta de oxígeno. Los científicos sólo acceden a sus aparatos cuando se prevé que el volcán estará tranquilo. Pese a todo, trabajan a gran velocidad para minimizar el riesgo.

El mexicano Hugo Delgado, doctor en Geología y que lleva más de 20 años en el Popo, afirma que es fácil confundirse sobre el carácter del volcán. En días tranquilos, la cumbre transmite sosiego a quien la contempla desde cerca. Pero en pocas horas podría lanzar toneladas de piedras ardientes sobre ese punto.De hecho, más de una estación ha sido destruida por las bombas lanzadas por el Popo.

El resto de los mecanismos vigilan la composición química de las emanaciones gaseosas o fumarolas, los flujos de lodos y nubes de material y las transformaciones en la estructura del edificio volcánico.

Inclinómetros y GPS

Además de los inclinómetros y estaciones geodésicas, varios GPS situados en puntos estratégicos del suelo marcan su posición y altitud. La más mínima alteración es detectada por este instrumento.

Los espectrómetros químicos, que analizan las fumarolas, funcionan captando las modificaciones de la luz solar al atravesar la nube de gas y llegar al receptor. Cada gas tiene un registro, lo que permite adivinar qué sustancias se emiten, aunque ello obliga a los científicos a convertirse en cazadores de nubes, persiguiendo a las fumarolas del volcán para colocar sus aparatos debajo. Además, diversas cámaras graban continuamente al Popo.

¿Cuánto tiempo durará este espionaje? Los científicos no pueden asegurarlo, aunque saben que el actual edificio del volcán tiene unos 20.000 años de antigüedad y hay actividad en la zona desde hace medio millón de años. Lo que sí han conseguido es adivinar lo que hará al día siguiente, permitiendo evitar desastres. Cuesta ordenar la evacuación de un pueblo cuando se sospecha que puede ocurrir una erupción pero, cada vez más, los vulcanólogos aciertan cuando ordenan tomar esa medida.

Hoy, el Popo es un ejemplo de cómo la moderna ciencia vulcanológica convierte la convivencia con los volcanes en algo menos imprevisible. En los 10 años de erupciones del Popo sólo han fallecido cinco personas: un equipo de cámaras de televisión que intentaban grabar la erupción desde el cráter.

El suelo ardiente de México D.F

El Popocatépetl debe su origen al movimiento de las placas tectónicas terrestres. La placa de Cocos, en el Pacífico, se hunde lentamente bajo la placa americana de México.

Este movimiento de subducción, produce dos efectos. El primero son los grandes terremotos, como el que asoló la ciudad de México en 1985. La posición de la capital, sobre un antiguo lago desecado, acrecienta la virulencia de los seísmos por la inestabilidad del subsuelo.

Aunque el epicentro esté alejado, las ondas sísmicas reverberan al llegar al blando suelo del D.F. extendiendo el movimiento.

La antigua Tenochtitlán de los aztecas, hoy la ciudad más grande del mundo, no está construida en lugar seguro. Sufre también otro efecto del movimiento de placas, que es el nacimiento de volcanes en las zonas más débiles de la corteza terrestre por las que sube el magma fundido por la fricción entre placas. Todo el centro de México está surcado por una línea de volcanes activos que corren en dirección noreste-sureste hasta el mar, muchos de los cuales superan los 5.000 metros de altura.

El actual cono del 'Popo' tiene unos 20.000 años, aunque los científicos estiman que esa zona lleva más de medio millón de años en actividad. De hecho, su cráter se levanta sobre los restos de otros. En la llamada Faja Volcánica de México se encuentra también uno de los volcanes más jóvenes del mundo. El Paricutín nació el 20 de febrero de 1943, a las 16.00 horas, justo en las tierras que araba un campesino. El hombre salvó la vida, y el Paricutín es hoy uno de los pocos volcanes a cuyo nacimiento pudo asistir la comunidad científica. Tras nueve años de intensa actividad, en los que creció 600 metros, se apagó para siempre, aunque los expertos prevén que surgirá un cono similar en sus cercanías.

Fuente: El Mundo
15.07.04

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