Nuevas Tecnologías Aplicadas a la Seguridad
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Complejos sistemas de
control permiten prever las erupciones del Popocatépetl, cercano a
México D.F
Vigilando el volcán
Dormir a la sombra de un volcán activo no es la mejor fórmula para la
tranquilidad. Y, sin embargo, esto es lo que hacen cada día millones de
mexicanos, cuyos hogares se encuentran dentro del campo de acción del
Popocatépetl, uno de los volcanes con más riesgo del mundo. La plaza
del Zócalo de México D.F se encuentra sólo a 70 kilómetros en línea
recta del cráter y su cima de 5.452 metros domina un territorio en el
que viven más de 30 millones de personas.
El Popo
estuvo muy calmado durante gran parte del siglo XX, hasta que en 1994
despertó con potentes erupciones. Las cenizas han cubierto las
calles de la capital en varias ocasiones y pueblos cercanos al cráter
han sido evacuados más de una vez. Ante la emergencia, las autoridades
pusieron en marcha un ambicioso proyecto de vigilancia.
El
Centro Nacional Para la Prevención de Desastres (Cenapred) lleva una
década examinando el volcán cada minuto y se ha situado a la vanguardia
mundial con su trabajo. Decenas de científicos se esfuerzan para
pronosticar el próximo episodio de actividad violenta. Al mismo
tiempo, diseñan mapas de riesgo volcánico y planes de
emergencia y evacuación, que exigen una intensa labor educativa. En
las zonas más cercanas al Popo, el semáforo al que se presta más
atención es al del peligro volcánico que, actualizado por los
científicos, señala cada día en verde, amarillo o rojo el estado de la
situación. En caso de alerta, los planes ensayados indican cómo actuar.
Durante
varios días, los integrantes de la Ruta Quetzal-BBVA, el curso en el que
participan 300 jóvenes de países de habla hispana y que dirige Miguel de
la Quadra-Salcedo, han seguido clases de vulcanología impartidas por el
equipo del Popocatépetl.También han visitado sus laderas para conocer
los sistemas de control que miden su actividad.
Según
Ramón Ortiz, el vulcanólogo español que colabora con el Cenapred, y que
ha dirigido el curso junto a su colega Angeles Llinares, el
Popocatépetl tiene un comportamiento muy cambiante. A
diferencia de otros volcanes, que emiten coladas de lava, la furia del
Popo se manifiesta en violentas explosiones. El cráter se
llena poco a poco de lava espesa que se acumula hasta formar un domo o
tapón que impide el escape de los gases.
La presión
interior aumenta hasta que, superado el límite de resistencia, el gas
hace saltar el domo, expulsando miles de toneladas a decenas de
kilómetros. Es un gigantesco cañón situado a pocos kilómetros de la
ciudad más grande del mundo.
Lo
impresionante del Popo, además, es su capacidad para formar un nuevo
domo. Los expertos nunca pueden asegurar que no vaya a ocurrir una
explosión en unos días y, por ello, siguen las constantes del volcán
minuto a minuto.
25
estaciones de control
El Popo
es hoy el volcán más vigilado del mundo. Un total de 25
estaciones lo chequean cada segundo desde sus laderas. El centro de
control del Cenapred, en México D.F., analiza constantemente más de 60
señales distintas enviadas por medio de antenas. Los sismógrafos
registran el más mínimo movimiento en el entorno del cráter.
Sólo los
científicos pueden acercarse a las estaciones cuando necesitan ser
reparadas o actualizadas, para lo que deben franquear una barrera
custodiada por el Ejército.
Los
jóvenes de la Ruta Quetzal-BBVA, guiados por el Cenapred, han franqueado
ese control en un día de bajo riesgo y han conocido las instalaciones
desde el cerro Tamaclas, a 4.100 metros de altitud. La tarea es muy
fatigosa, pues la altura obliga a trabajar bajo condiciones de frío
intenso y falta de oxígeno. Los científicos sólo acceden a sus aparatos
cuando se prevé que el volcán estará tranquilo. Pese a todo, trabajan a
gran velocidad para minimizar el riesgo.
El
mexicano Hugo Delgado, doctor en Geología y que lleva más de 20 años en
el Popo, afirma que es fácil confundirse sobre el carácter del volcán.
En días tranquilos, la cumbre transmite sosiego a quien la contempla
desde cerca. Pero en pocas horas podría lanzar toneladas de piedras
ardientes sobre ese punto.De hecho, más de una estación ha sido
destruida por las bombas lanzadas por el Popo.
El resto
de los mecanismos vigilan la composición química de las emanaciones
gaseosas o fumarolas, los flujos de lodos y nubes de material y las
transformaciones en la estructura del edificio volcánico.
Inclinómetros y GPS
Además de
los inclinómetros y estaciones geodésicas, varios GPS situados en puntos
estratégicos del suelo marcan su posición y altitud. La más mínima
alteración es detectada por este instrumento.
Los
espectrómetros químicos, que analizan las fumarolas, funcionan captando
las modificaciones de la luz solar al atravesar la nube de gas y llegar
al receptor. Cada gas tiene un registro, lo que permite adivinar qué
sustancias se emiten, aunque ello obliga a los científicos a
convertirse en cazadores de nubes, persiguiendo a las fumarolas del
volcán para colocar sus aparatos debajo. Además, diversas cámaras graban
continuamente al Popo.
¿Cuánto
tiempo durará este espionaje? Los científicos no pueden asegurarlo,
aunque saben que el actual edificio del volcán tiene unos 20.000 años de
antigüedad y hay actividad en la zona desde hace medio millón de años.
Lo que sí han conseguido es adivinar lo que hará al día siguiente,
permitiendo evitar desastres. Cuesta ordenar la evacuación de un
pueblo cuando se sospecha que puede ocurrir una erupción pero, cada vez
más, los vulcanólogos aciertan cuando ordenan tomar esa medida.
Hoy, el
Popo es un ejemplo de cómo la moderna ciencia vulcanológica
convierte la convivencia con los volcanes en algo menos imprevisible.
En los 10 años de erupciones del Popo sólo han fallecido cinco
personas: un equipo de cámaras de televisión que intentaban grabar la
erupción desde el cráter.
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El suelo
ardiente de México D.F |
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El Popocatépetl
debe su origen al movimiento de las placas tectónicas
terrestres. La placa de Cocos, en el Pacífico, se hunde
lentamente bajo la placa americana de México.
Este movimiento de
subducción, produce dos efectos. El primero son los grandes
terremotos, como el que asoló la ciudad de México en 1985. La
posición de la capital, sobre un antiguo lago desecado,
acrecienta la virulencia de los seísmos por la inestabilidad del
subsuelo.
Aunque el
epicentro esté alejado, las ondas sísmicas reverberan al llegar
al blando suelo del D.F. extendiendo el movimiento.
La antigua
Tenochtitlán de los aztecas, hoy la ciudad más grande del mundo,
no está construida en lugar seguro. Sufre también otro efecto
del movimiento de placas, que es el nacimiento de volcanes en
las zonas más débiles de la corteza terrestre por las que sube
el magma fundido por la fricción entre placas. Todo el centro de
México está surcado por una línea de volcanes activos que corren
en dirección noreste-sureste hasta el mar, muchos de los cuales
superan los 5.000 metros de altura.
El actual cono
del 'Popo' tiene unos 20.000 años, aunque los científicos
estiman que esa zona lleva más de medio millón de años en
actividad. De hecho, su cráter se levanta sobre los restos de
otros. En la llamada Faja Volcánica de México se encuentra
también uno de los volcanes más jóvenes del mundo. El Paricutín
nació el 20 de febrero de 1943, a las 16.00 horas, justo en las
tierras que araba un campesino. El hombre salvó la vida, y el
Paricutín es hoy uno de los pocos volcanes a cuyo nacimiento
pudo asistir la comunidad científica. Tras nueve años de intensa
actividad, en los que creció 600 metros, se apagó para siempre,
aunque los expertos prevén que surgirá un cono similar en sus
cercanías. |
Fuente: El Mundo
15.07.04
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