Seguridad Pública y Protección Civil
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¿Está Atenas preparada
para las Olimpiadas?
El próximo 13 de agosto comienzan las Olimpiadas en Atenas y el
periodista americano, tras pasar una semana en la capital griega, hace
una predicción apocalíptica
Grecia es uno de los
destinos turísticos favoritos del mundo, aunque su encanto no siempre es
tal. Mientras que gran parte del mundo desarrollado elimina el papel
higiénico tirando de la cadena, en Grecia lo normal es depositarlo en
una papelera junto al inodoro. Si tenemos en cuenta una reciente
inspección de carácter no-científico, puede suceder que esta política,
inadvertidamente ecológica, sorprenda a muchos visitantes. A pesar de
que existan algunos rótulos de advertencia (en un restaurante había un
cartel donde se mostraba un inodoro sonriendo con el siguiente aviso:
«No introduzcan papel en el Toilette») todo parece indicar, a tan solo
dos meses de la ceremonia de inauguración de los Juegos, que la mayoría
de los establecimientos no han considerado este potencial desastre:
millones y millones de descargas de inodoro poco recomendables, que
pueden tener consecuencias inenarrables para el vetusto sistema de
alcantarillado ateniense.
Si desplazarse hasta
allí ya supone todo un reto, lo mismo sucede con los desplazamientos
locales. En Atenas se pueden encontrar varias calles con el mismo
nombre, y que en algunos casos no superan el par de manzanas de
longitud. No cuente con la colaboración de los taxistas, a menudo no
tienen ni idea, y si la tienen, son pocos los que hablan un segundo
idioma.
Los fanáticos del
secador de pelo podrán constatar la dudosa capacidad de la red eléctrica
griega para soportar el enorme número de visitantes obsesionados con
todo tipo de artilugios eléctricos. A esto se añade la demanda de aire
acondicionado en una ciudad que, gracias al calentamiento global, se
enfrenta a un clima cada vez más caluroso del ya de por si típico e
insoportable verano.
A toda esta suerte de desastres colaterales, que esperan el momento
propicio para suceder, se suman al reto del evento oficial en sí. A
pesar de que ya se hayan construido un gran número de instalaciones
deportivas, un nuevo aeropuerto y amplias autopistas, gran parte del
esfuerzo realizado se ha limitado a acciones de carácter cosmético o de
valor promocional: Exposiciones, señalizaciones o representaciones de
los juegos de la antigüedad. A resultas de ello, sólo se han completado
las obras en la mitad de las instalaciones de competición.
En una ciudad cuya red
de metro se comenzó a construir en la década de los 80, que todavía está
lejos de completarse y donde hoy día sólo operan tres líneas de escaso
recorrido, circula por Internet un chiste popular donde se muestra a los
griegos todavía a medias para los juegos de 2004 y a los japoneses
completamente preparados para los de 2008. Incluso la pagina de Internet
de la ciudad de Atenas permanece «En construcción».
Fuera de las sedes
olímpicas, la ciudad se nos presenta como una extraña mezcla de
frenética remodelación e indiferencia. Tras pasar una semana caminando y
conduciendo a través de los lugares más dispares de Atenas queda patente
el tipo de caos y chapucería que tradicionalmente han caracterizado a
Atenas. Muchos propietarios hoteleros parecen haber caído en la cuenta
recientemente del potencial que supone la llegada de 1,4 millones de
visitantes. Hace años que en la ciudad no se edificaba un nuevo hotel,
los precios para los alojamientos de la gama superior rondan los 800
euros por noche . El grueso de los alojamientos, centenares de pequeños
hoteles, están recibiendo un lavado de cara y de chequera. Una pequeña
pensión, con diminutas habitaciones, tiene intención de subir las
tarifas de 50 euros a 250 por noche. Para satisfacer la enorme demanda,
las autoridades estudian contratar una flota de barcos de crucero a modo
de hoteles flotantes.
Da la impresión de que algunas carreteras han recibido su primer
rejuvenecimiento en 150 años y con ello han salido a la luz algunas
indiscreciones del pasado. Hace poco una mujer que paseaba por el barrio
de la Plaka, bajo el balcón histórico de la Acrópolis, se percató de
que, sobre en una losa de piedra sin ensillar, se podía leer «Querida
amada». Una reciente visita a una calle excavada en pleno corazón
turístico, mostraba el pavimento repleto con una prodigiosa cantidad de
deposiciones de perros. Cinco días más tarde, estas prominentes
contribuciones caninas al embellecimiento de la ciudad seguían en el
mismo lugar. La verdad es que los perros vagabundos campan por doquier,
y en ocasiones se desplazan, en jaurías, a través del caótico tráfico
urbano.
Aunque las cuestiones de seguridad resulten prioritarias, es posible que
el mayor reto de todos sea
el mero hecho de comunicarse. La expresión: «Esto me suena a griego» se
acuñó por algún motivo. Muchas señalizaciones están rotuladas
exclusivamente en el alfabeto griego moderno. Para el no iniciado, el
griego hablado y gestual también puede resultar confuso. La palabra «Ne»
que significa «Si», suena muy similar al término opuesto y la palabra «Okhee»
que significa «No» suena muy parecido a «Okey». Si mueves la cabeza
verticalmente, similar al gesto de asentimiento occidental, es el
equivalente al «No» griego. Si mueves la mano como para despedirte,
ellos lo interpretarán como «Ven aquí» y lo que aparentemente es «Ven
aquí», significa «Adiós».
Cuando queda muy poco para el comienzo de los Juegos, el próximo 13 de
agosto, las autoridades del Comité Olímpico Internacional se muestran
lógicamente preocupadas. Recientemente la presidencia del COI sugirió a
los griegos que dejaran de preocuparse por embellecer la ciudad, una
labor ya de por si titánica, y que se concentraran en terminar los
grandes proyectos de infraestructuras y de transporte. Entre estas se
incluye la carretera donde se correrá la maratón (el constructor se ha
declarado en quiebra) y la cúpula de cristal azul que cubrirá el estadio
olímpico (diseñado por el catalán Santiago Calatrava), un enlace
ferroviario desde el aeropuerto hasta los suburbios al norte de la
ciudad, una red de tranvías y numerosos intercambiadores de autopistas y
puentes. Los principales proyectos fueron adjudicados a grandes empresas
internacionales, pero su ejecución a pie de obra a menudo se subcontrató
a compañías griegas con conexiones políticas, muchas de las cuales
emplearon mano de obra escasamente remunerada o trabajadores inmigrantes
sin experiencia y en algunos casos han utilizado material de baja
calidad. Hasta la fecha han muerto 110 obreros en accidentes laborales y
el coste al erario griego, inicialmente estimado en 2.000 millones de
dólares, se ha triplicado.
Los resultados han sido dispares. El flamante aeropuerto de diseño
alemán tuvo que cerrarse en febrero después de que cayera una modesta
cantidad de inesperada nieve; ello obligó a los pasajeros a pasar la
noche en la terminal y continuó cerrado al día siguiente a pesar de que
hizo sol y la nieve se derritió.
HUIR DE LA CIUDAD
Aunque Atenas no esté preparada del todo para las Olimpiadas, sus
habitantes, en cambio, sí lo están; eso es, preparados para emigrar. Los
atenienses nunca necesitan de una gran excusa para huir de su ciudad
superpoblada y escasa de vegetación para buscar refugio en la belleza y
tranquilidad de las islas griegas; es posible que no se queden para
disfrutar de la más reciente reencarnación del cuatrienal espectáculo
deportivo que crearon sus ancestros.«Nos marchamos un mes antes de que
comiencen los juegos y regresaremos un mes después», afirma Michalis
Papayiannakis, un miembro del Synaspismos (euroizquierda) del Parlamento
europeo. Por supuesto, no todos tienen intención de abandonar la ciudad.
Cuando las autoridades anunciaron 42.000 plazas para los «voluntarios»
olímpicos, se presentaron más de 160.000 personas, muchos de ellos
griegos. De todos modos, un escéptico ateniense advirtió: « Esperemos a
ver cuántos se presentan. Los griegos no son voluntarios natos. Aquí
tenemos un dicho: «Solo hay queso gratis en la trampa para ratones».

A pesar de todos los problemas todavía es temprano para descartar las
Olimpiadas de Atenas como un desastre en toda regla. Aunque tiendan a
preocuparse en exceso, en un apuro, los griegos demuestran un gran
ingenio. En 1997, con motivo del Campeonato Mundial de Atletismo, las
autoridades contemplaron la creación de un relajante extensión de verdor
en las inmediaciones del aeropuerto para darle la bienvenida al turismo.
Sin embargo, los pinos transportados en camión, no llegaron a plantarse.
La mitad murió bajo un sol abrasador y aparentemente la otra mitad se lo
llevó el personal del aeropuerto a sus hogares. Cuando sólo restaba un
mes para el evento, los empleados del aeropuerto comenzaron a plantar
flores como locos y a regarlas con gran diligencia. Cuando llegaron los
visitantes, se encontraron con un precioso jardín que parecía llevar
allí toda la vida.
«¿Lo ves?», me dijo un ateniense típicamente filósofo, «aquí todos somos
magos».
Fuente: El País
30.05.04
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