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Lunes, 21 de junio de 2004


Seguridad Alimentaria y Protección Biotecnológica

La OCU detecta en las gambas dosis «inaceptables» de sulfitos

El consumo abusivo de los aditivos provoca reacciones alérgicas en asmáticos.

 

La Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) ha encontrado niveles de sulfitos superiores a los permitidos en un análisis realizado en 21 muestras de gambas adquiridas en Madrid y La Coruña. La presidenta de la Agencia Española de Seguridad Alimentaria (AESA), María Neira, asegura que «no existe motivo de alarma, no se trata de un aditivo tóxico ni cancerígeno y la UE está estudiando elevar los niveles permitidos actualmente».

La OCU denunció ayer la existencia de niveles de sulfitos superiores a los permitidos en las gambas frescas a granel. Tras analizar 21 muestras de ese marisco adquirido en Madrid y La Coruña, encontraron que 8 de las muestras, lo que supone el 38 por ciento, superaban los límites de sulfitos admitidos por la legislación vigente. Según la organización de consumidores, en alguno de los casos la cantidad máxima permitida se multiplicaba por más de 8 veces.
La ingesta diaria admitida es de 0,07 mg por kilo de peso por lo que la OCU asegura que «para un adulto de 70 kilos la cantidad diaria sería de 49 miligramos, de modo que con 100 gramos de gambas de las que superan con mucho los límites legales, estaría superando la cantidad diaria admisible».

No cancerígenos. La presidenta de la Agencia de Seguridad Alimentaria (AESA), María Neira, explicó a LA RAZÓN que «los valores que se establecen como ingestas diarias máximas son útiles en los productos cancerígenos, por ejemplo, pero los sulfitos no se acumulan y sus efectos sólo son importantes para algunos alérgicos, para los que son hipersensibles a estos productos». Neira estima, además, que los datos del estudio de OCU «son escasamente representativos por el reducido número de muestras procesadas».

Según la OCU, los sulfitos «destruyen la vitamina B1 o tiamina y puede producir reacciones adversas en personas sensibles, fundamentalmente en asmáticos». En ese sentido, desde la organización apuntan que entre el 5 y el 10 por ciento de los asmáticos adultos «pueden tener crisis anafilácticas a los 10-20 minutos de la ingesta».

La presidenta de la AESA explica que los asmáticos y las personas más sensibles «podrían sufrir crisis alérgicas, pero no anafilácticas» y añade que «aunque dichos datos resultasen confirmados, no habría motivos de alarma ya que estas personas ya toman precauciones frente al consumo de los alimentos que contienen bisulfitos y consumen muy pequeñas cantidades, porque reciben instrucciones de su médico».

Revisión de los niveles. Desde la OCU aseguran que «una buena manipulación y una temperatura adecuada» permitirían utilizar dosis más bajas de sulfitos. El método de adición del aditivo también cuenta, según la organización. «Se debería hacer por inmersión, pero habitualmente se añade en polvo encima de las gambas y la distribución no es homogénea, unas piezas tienen cantidades altas y a otras no les llega de modo que, en la siguiente ocasión, se suele añadir más cantidad». Esa sería la explicación de estas «sobredosis».

El metabisulfito es un aditivo que está autorizado en la Unión Europea en 61 productos. En los productos de la pesca, especialmente en los crustáceos, se utiliza para evitar la coloración negra que suele aparecer en la cabeza.

Los representantes del sector pesquero aseguran que, con los niveles aceptados actualmente por la legislación es imposible conseguir que no se oxide la cabeza de los crustáceos, «de modo que en la UE se está estudiando la posibilidad de elevar las dosis y, tras año y medio de trabajo, existen evidencias científicas que indican que se podrían aceptar niveles más altos de sulfitos, pero esto todavía está en proceso de estudio», explica María Neira.

La presidenta de AESA asegura que se están investigando mejores tecnologías «porque las actuales no permiten ajustarse de modo tan preciso a los niveles establecidos» y añade que «éste no es sólo un problema español, existe en toda Europa».

Neira asegura que el control de la seguridad de los productos pesqueros es total gracias a «los muestreos que se realizan y a la práctica de la trazabilidad».

Fuente: La Razón
11/06/2004

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