Seguridad Colectiva
y Defensa Nacional
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Las líneas aéreas
repatrían "sin papeles" con escoltas privados
Agentes de
seguridad utilizan medios como atar a los inmigrantes para devolver a su
país a los pasajeros sin documentación
Las
compañías aéreas contratan servicios privados de seguridad para dar
escolta a ciudadanos extranjeros extracomunitarios que son rechazados en
los puestos fronterizos de los aeropuertos. Este proceder, cada vez más
extendido, no invade la ilegalidad, pero presenta numerosas dudas. La
persona expulsada es custodiada como si se tratara de un delincuente -a
veces, esposada-, al tiempo que los profesionales de la seguridad asumen
responsabilidades para las que la ley no les da amparo del todo.
Las
fuerzas de seguridad tienen muy claro que si un ciudadano de fuera de la
Unión Europea llega a un aeropuerto español con una documentación dudosa
o manifiestamente manipulada es culpa de las compañías aéreas y de falta
de control. Por ello, son estas firmas las que deben responsabilizarse
de devolver a su destino al extranjero y de su manutención hasta el
momento en que produzca el retorno, que suele producirse en las primeras
24 horas tras el aterrizaje.
La intervención de vigilantes en la custodia de algunos de los
repatriados es una cuestión de la que las aerolíneas prefieren no dar
demasiados datos. Por ejemplo, una portavoz de Iberia explicó a este
periódico que «son cuestiones de seguridad interna de la compañía
cuyos detalles no se divulgan».
La no admisión de un ciudadano en el control de pasaportes de un
aeropuerto se conoce con el nombre de rechazo en frontera. Técnicamente,
el pasajero no llega a penetrar en territorio español y permanece en una
zona de tránsito internacional.
En lo que llevamos de año, en el aeropuerto del Prat de Barcelona se han
realizado casi 400 rechazos de estas características. Mientras no se les
asigna vuelo y se les deja en el avión, quedan bajo la custodia del
Cuerpo Nacional de Policía.
Dos tipos de reacción
En estos casos, los ciudadanos de los países extracomunitarios a los que
no se deja entrar reaccionan de dos maneras, según explicaron fuentes
aeroportuarias. Una de ellas es de carácter pacífico y de cierta
resignación; la otra, la de resistirse a aceptar la situación y
rebelarse activamente.
En el primero de los casos, el rechazado es llevado por la policía hasta
el avión y regresa a su país de origen sin otro problema que la
frustración y los inconvenientes de no haber podido cumplir con los
objetivos de su viaje. Es en el segundo de los casos cuando las
compañías contratan los servicios de compañías privadas de seguridad.
Según las fuentes consultadas, la contratación de estos servicios
responde a la voluntad de las compañías de asegurar la tranquilidad del
pasaje y del vuelo en general. Los vigilantes se encargan de garantizar
que la repatriación se desarrolle sin contratiempos para la aerolínea.
Según explica un miembro de una compañía de seguridad que ha realizado
numerosas custodias de estas características, el momento más complicado
es el del traslado desde la terminal del aeropuerto hasta el avión, y
los momentos previos al despegue. Hasta la entrada en el aparato, es la
policía la que se encarga de que el rechazado entre en la aeronave por
las buenas o por las malas.«Es cuando la persona se pone más nerviosa.
En ocasiones hay que obligarla a entrar en el avión», señala este
profesional de la seguridad.
Hace varias semanas realizó uno de estos servicios. Se trataba de
devolver a un matrimonio árabe a su país de origen, después de que el
pasaporte del marido presentara irregularidades. La mujer aceptó con
cierta resignación, pero él se negaba a ser embarcado de nuevo. Le
inmovilizaron las manos y le taparon la boca para evitar que gritara.
«Una vez realizado el despegue se suelen quedar más tranquilos, porque
su repatriación es ya inevitable», explica este vigilante. Entonces
suelen levantarse las limitaciones de movimientos y, como ocurrió en
este caso, se le libera la boca. Todos estos manejos suelen pasar
desapercibidos para el resto de pasajeros, ya que los vigilantes y los
repatriados suelen ocupar los asientos traseros de los aviones.
Cuando el avión llega a su destino, los vigilantes no llegan a cruzar la
frontera y se quedan en esa misma tierra de nadie de los aeropuertos de
donde proceden los extranjeros que acaban de repatriar. En ocasiones,
disponen sólo de minutos antes de coger el vuelo de retorno a España.
El vigilante carece de potestad para erigirse en interlocutor de los
agentes policiales que, a menudo, recibe a pie de pista a los
retornados.
Fuente: El Mundo
21/06/2004