Seguridad Colectiva
y Defensa Nacional
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Madrid se convierte en un
«paraíso» para las mafias, con 50.000 coches robados al año
Seis meses en la
cárcel, en el mejor de los casos, y a la calle. El tráfico ilícito de
vehículos es un gran negocio en España, ya que genera unos beneficios
multimillonarios para los delincuentes, que se enfrentan, si son
detenidos, a una pena mínima, en absoluto equiparable a los réditos que
obtienen. Y Madrid es una de las principales fuentes de las que se
abastecen.
En Madrid
se roban 50.000 de los 135.000 vehículos que, de media, se sustraen al
año en España. De éstos últimos, entre 30.000 y 40.000 desaparecen para
siempre, y los restantes -algunos ya «maquillados» y listos para su
venta- son recuperados por las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del
Estado. Los grupos organizados, generalmente de los países del Este y,
en concreto, de Bulgaria, están detrás de esta actividad, que ocasiona
unas pérdidas de 7,5 billones de euros en la Unión Europea, una cifra
exorbitante que cae en las manos de estas redes delictivas y a la que
las compañías de seguros deben hacer frente con indemnizaciones, en su
conjunto, elevadísimas a los propietarios de los vehículos.
Además de Madrid, el Levante, la Costa del Sol y Cataluña son las zonas
preferidas por estos grupos para conseguir la mercancía, aunque sus
tentáculos se extienden a toda España. Turismos,
monovolúmenes y todoterrenos
de última generación, de lujo, con menos de dos años de antigüedad y de
marcas alemanas, son las «presas» predilectas, aunque, como en muchos
negocios ilícitos, trabajan a demanda. «Tú dejas un coche con las llaves
puestas y 600 euros en el salpicadero y, si el vehículo no tiene salida,
la organización dejará el turismo y se llevará los 600 euros». El
ejemplo lo emplea un agente de la Brigada Central de la Udyco (Unidad de
Droga y Crimen Organizado del Cuerpo Nacional de Policía) especializado
en la investigación de estas organizaciones.
Aunque su radio de acción es todo el territorio nacional, este policía y
sus compañeros de Unidad no tienen casi tiempo para salir de la región
de Madrid, porque el trabajo se les acumula: todos los días, se denuncia
en la región la desaparición de 150 vehículos, aunque se alcanzan puntas
que rondan los dos centenares (el lunes, sin ir más lejos, se
sustrajeron 178 automóviles). Varios son robados por chorizos que dejan
los automóviles cuando termina el fin de semana, otros caen en manos de
delincuentes para cometer robos y muchos van a parar a las
organizaciones dedicadas al tráfico ilícito de vehículos, aquellas que
investiga la Udyco.
Del «car jacking» al ordenador
Estas redes -cuyos cabecillas son búlgaros, aunque cuentan entre sus
filas con armenios, ucranianos y moldavos, entre otras nacionalidades
del Este de Europa- emplean diversos métodos, incluida la grúa, para
hacerse con la mercancía, desde fórmulas muy violentas hasta ingeniosos
mecanismos para distraer la atención del conductor y otros más
sofisticados, además de aprovechar los descuidos.
En los últimos años proliferan los individuos que se acercan al
propietario del coche y le ponen una pistola en la cabeza (conocido en
el argot policial como «car jacking») o el grupo que entra en un
domicilio para robar las llaves del vehículo («house jacking»). En el
otro extremo están las organizaciones, como la última que desmanteló la
Policía en la operación «Toli» hace unas semanas, que atan a los bajos
de los coches botes de refrescos vacíos y consiguen así que los
conductores, al descender para ver qué ocurre, dejen las puertas
abiertas y las llaves puestas, momento que los ladrones aprovechan para
llevarse el objeto de sus deseos.
Estos grupos también se valen, todavía, de los métodos tradicionales
para acceder a los vehículos, aunque sean de lujo. Desde un objeto
punzante confeccionado a modo de precisa ganzúa hasta la extracción del
bombín de la cerradura para duplicar la llave.
Hasta ahora no ha llegado a Europa la tecnología punta que permita a los
ladrones abrir los coches de una manera más sencilla. Sin embargo, desde
hace cuatro años, los grupos organizados utilizan en España un
sofisticado método, con dos variantes, para cambiar los códigos de
seguridad y arrancar así los vehículos de última generación, dotados de
complejos sistemas electrónicos de inmovilización para un ladrón «no
especializado». Uno de los grupos que utilizaba estos mecanismos era la
peligrosa organización que la Udyco desarticuló en la operación «Toli»,
en la que se detuvo a 18 búlgaros después de dos meses de trabajo.
La principal diferencia entre ambas modalidades estriba en el lugar que
eligen para la operación: bien por el cuadro de mandos -que lo desmontan
con una sencilla maniobra-, bien por la toma del sistema de chequeo del
vehículo, si la hubiere y, por lo general, situada debajo del volante.
Después, coser y cantar: conectan los terminales del vehículo a un
ordenador portátil que contiene el «software» necesario para inutilizar
el sistema de seguridad y teclean un sencillo código. El coche ya está
listo para llevárselo sin esfuerzo hasta un taller de la organización
donde será «maquillado» para su envío al extranjero a través de
intermediarios que vienen a España para recoger el vehículo. Éste se
venderá a un precio acorde con el nivel de vida de Mauritania o
Bulgaria, por ejemplo. ¿Quién pagaría en esos países 12.000 euros por un
automóvil que cuesta 90.000? Por supuesto, gente con dinero.
Un elemento indispensable
Conseguir el «software» apropiado para cada coche es el elemento
imprescindible para estas organizaciones. Ingenieros informáticos
húngaros y búlgaros que tienen acceso a esa información en sus empresas
se lo venden a cambio de un jugosa cantidad de dinero: hasta 60.000
euros llegan a pagar a estos empleados infieles por el programa
original. No obstante, en ocasiones, los proveedores de Hungría hacen su
particular «top-manta» y venden copias a un precio más económico: 6.000
euros. En el precio también se incluye un curso acelerado para que los
delincuentes sepan manejar el programa, que explicaría sus afamadas
dotes: «Se dice que son especialistas en informática, pero no es verdad.
Cualquiera, con un curso avanzando, aprende a instalar el «software»»,
dice un agente.
¿Y qué ocurre si el coche aparece en Ucrania, donde lo ha «encontrado»
un recuperador «pirata» de vehículos? Este individuo se pone en contacto
con la compañía aseguradora, que ya ha pagado la indemnización al
legítimo propietario del automóvil, y exige, a cambio del turismo, hasta
6.000 euros. A esta cantidad hay que añadirle gastos de traslados para
transportar el vehículo desde la frontera francesa hasta España. Total,
no compensa. Y, a veces, hay sorpresas: el recuperador «pirata» tenía el
coche en Alcalá de Henares.
Fuente: ABC
23.06.04
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