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Viernes, 25 de junio de 2004


Seguridad Pública y Protección Civil

Sólo setecientas personas vigilan 1,5 millones de kilómetros cuadrados de mar en España

Ancho mar, ¿vigilancia estrecha? El debate está servido. Los trabajadores de salvamento marítimo y las cofradías de pescadores exigen más medios de rescate.

 

La tragedia del «O Bahía» en la Costa de la Muerte ha puesto una vez más sobre el tablero una cuestión para el debate: ¿Cuenta España con los medios suficientes de salvamento marítimo? Los responsables de Fomento dicen que sí -o que, al menos, se está en el buen camino-; los trabajadores de Remasa (la empresa que gestiona la flota del servicio de Salvamento Marítimo) y la gente del mar opinan lo contrario. España posee más de 3.500 kilómetros de costa. La Organización Marítima Internacional (OMI) asigna a cada nación ribereña zonas de responsabilidad en materia de búsqueda y socorro (regiones SAR). A nuestro país le ha correspondido una superficie marina de 1,5 millones de kilómetros cuadrados, es decir, tres veces mayor que la del territorio nacional. Demasiada tela que cortar para los medios actuales, según se ha hartado de repetir la Confederación General del Trabajo (CGT), sindicato mayoritario en el comité de empresa de Remasa.

Pocos efectivos, muchas alertas

La flota de la Sociedad de Salvamento y Seguridad Marítima (Sasemar), dependiente de la Dirección General de Marina Mercante (Ministerio de Fomento), está compuesta por 5 buques de salvamento de altura, 40 embarcaciones de intervención rápida y 7 remolcadores. A estos medios marítimos hay que sumar 5 helicópteros que cubren el Cantábrico, Galicia, Andalucía y Mediterráneo. Este organismo coordina la aportación de otras administraciones públicas e instituciones colaboradoras, tales como la Armada Española, el Servicio de Vigilancia Aduanera, Guardia Civil, Policía Nacional, Cruz Roja Española, etcétera. El grupo humano de Sasemar está compuesto por algo más de 700 personas, una cifra ridícula si se tiene en cuenta que cualquier ciudad de tamaño medio de nuestro país tiene el doble de agentes de Policía Local para vigilar un territorio infinitamente menor.

Y, a pesar de todo, les cunde. A lo largo de 2003 se atendieron un total de 4.319 emergencias, de las que la mitad estaban relacionadas con embarcaciones y/o sus tripulantes. Se vieron involucrados 2.777 buques: 341 mercantes, 547 pesqueros, 1.600 de recreo y 289 de otro tipo (pateras, fundamentalmente). El número de personas asistidas ascendió a 12.150, y el de buques controlados por los diferentes centros de coordinación, 313.240.

Los «golpes de mar» no explican todo

Enric Tarrida, secretario general de CGT Mar y presidente del comité de empresa de Remasa, lleva 13 años luchando a brazo partido con el mar -desempeña su labor en la Costa Brava-, y ha visto de todo. «La opinión pública sólo conoce un puñado de casos, los que aparecen en los titulares de prensa, pero hay trabajo, y mucho, a lo largo de todo el año», señala. «Tampoco se ha hecho un análisis serio de las causas de los accidentes. La explicación se zanja, muchas veces, con un «golpe de mar» o demás tópicos al uso. Todavía no sabemos, por ejemplo, la verdad del «Prestige». Es necesario mejorar la política informativa y realizar inspecciones más rigurosas. Yo, por mi trabajo, percibo los riesgos y me he vuelto un paranoico. El mar es un medio hostil y dependemos de nuestro barco para sobrevivir, por lo que debe estar en las mejores condiciones posibles».

El equipo de Remasa tuvo que afrontar un momento crítico el pasado otoño. El suceso ocurrió en el Estrecho de Gibraltar, uno de los «puntos calientes» de nuestro litoral. El 25 de octubre una patera naufragó en la bahía de Cádiz. Resultado: 36 inmigrantes muertos. La descoordinación y la falta de recursos humanos y técnicos estuvieron en la raíz de la tragedia. Entre los trabajadores de salvamento marítimo cundió el desánimo, pues veían que eran incapaces de cubrir todo. Y revelaron un dato escalofriante: de enero a octubre de 2003, tres de las nueve lanchas que patrullaban por las costas andaluzas habían recogido a más de 2.800 personas, lo que daba una idea de la necesidad urgente de refuerzos.

«No nos podemos permitir otro suceso como aquél», añade Tarrida. «Las cosas, en general, han mejorado en los últimos años -a principios de los 90 había tan sólo 4 buques de salvamento y 4 unidades de intervención rápida para todo el territorio-, pero el camino por recorrer aún es largo. Hay más tráfico marítimo ahora, y por nuestras costas pasan a diario auténticos «cascarones». Por no hablar del fenómeno de la inmigración ilegal. Faltan recursos humanos y materiales; pero lo que necesitamos no es un golpe mediático, sino la continuidad, mejorar el servicio día a día. Deberíamos acabar con el fatalismo imperante («ha habido mala suerte, el mar es traicionero») y apostar de una vez por todas por la prevención y la respuesta coordinada y eficaz».

El caso de Costa de la Muerte

En la Galicia marinera, donde la Costa de la Muerte continúa siendo fiel a su «prestigio», no se ha encajado bien que para intentar rescatar a los marineros desaparecidos del «O Bahía» se tuviera que recurrir, primero, a buceadores procedentes de Alicante, y después a la tecnología del «Bar Protector», de la firma Saipem (Portugal), un buque cuya especialidad no son los rescates, precisamente, sino el trabajo continuo a gran profundidad en plataformas petrolíferas. Una misión pagada a golpe de talonario que, finalmente, no concluyó con el hallazgo de los cuatro pescadores. Pedro Sánchez, jefe del Centro Nacional de Coordinación de Sasemar, quiere dar por concluida la polémica: «No dudo que nuestros buceadores podrían haber continuado con las labores de búsqueda; de hecho, localizaron el barco y rescataron un cadáver. Pero para explorar a fondo el interior del pecio no teníamos la seguridad garantizada al 100 por 100. Por eso pedimos ayuda». Enric Tarrida, por su parte, está de acuerdo en que la seguridad es lo primero, «pero es necesario contar con medios públicos de nivel para este tipo de trabajos. Sólo en casos muy puntuales hay que recurrir a apoyos externos».

En este litoral castigado por los naufragios y las catástrofes ecológicas protagonizadas por petroleros -«Prestige» (2002), «Mar Egeo» (1992), «Cason» (1987), «Urquiola» (1976) y «Polycomander» (1970), entre otros- se siente una angustiosa orfandad cuando uno de estos gigantes herrumbrosos vomita su veneno al mar. España está muy lejos de los medios contra la contaminación marina de países como Italia, Alemania o Suecia. Los buques mejor equipados se encuentran, como es lógico, cerca de las plataformas petrolíferas del norte de Europa.

Sasemar contará con refuerzos en los próximos años. En la actualidad se construyen dos barcos en los astilleros de Vigo, que estarán disponibles en 2005, para tareas de salvamento y lucha contra la contaminación. Otros dos de mayor capacidad en la recepción de residuos y el rescate de náufragos estarán operativos en 2006 (aún no se ha resuelto el concurso de licitación). «Queremos que cubran el Estrecho y Finisterre», señala Pedro Sánchez. «Aunque ésas no serán sus bases fijas; se irán moviendo en función de las necesidades». El coste de los cuatro superará los 100 millones de euros. Tal vez supongan el primer paso para «estrechar» el mar que nos toca.

Fuente: ABC
20/06/2004

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