Seguridad Pública y Protección Civil
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Cientos de
efectivos afrontan en un simulacro tres catástrofes simultáneas
«Si bien lo
deseable es que los simulacros no se lleven nunca a la práctica, la
realidad ha evidenciado que son imprescindibles», afirmó el alcalde
«¡Papá, me
quiero ir!», gimoteaba un niño de ocho años, aferrado al cuello de su
padre, cuando se escucharon ayer las primeras explosiones controladas en
la base aérea de Cuatro Vientos. Comenzaba así el simulacro que todos
los años organiza el Samur-Protección Civil dentro de la programación de
las XXII Jornadas Municipales sobre Catástrofes.
Con unas gradas
prácticamente llenas de público, sentado bajo un sol que agujereaba la
piel y sin un toldo en el que poder cobijarse de los rayos
ultravioletas, la tradicional demostración constó en esta ocasión de
tres accidentes, que se sucedieron en una hora y cinco minutos. El
derrumbe de un edificio, una colisión de tráfico y un escape químico
simulados mantuvieron la atención de varios centenares de personas,
entre ellas, el alcalde de Madrid, Alberto Ruiz-Gallardón, y el concejal
de Seguridad del Ayuntamiento, Pedro Calvo, quienes combatieron el sol
agostador de la única forma que lo pudieron hacer todos los presentes:
una gorra y, de vez en cuando, algo de líquido para evitar la
deshidratación.
Si la temperatura ambiente ya era de por sí sofocante, el calor de las
explosiones parecía que abrasaba la cara. El 11-M y los recuerdos
afloraban. Pero ayer el centenar de «víctimas» era de mentirijilla.
Dramáticamente caracterizados, corrían despavoridos, caían al suelo a la
espera de la mano amiga y el despliegue de servicios de emergencia y
seguridad comenzaba. En total, 1.179 participantes, 169 vehículos y 5
helicópteros de diversas instituciones: Policía Municipal, Cuerpo
Nacional de Policía, Bomberos de Madrid y de la base aérea, sanitarios (Samur-Protección
Civil, Summa 112, Cruz Roja y otros servicios de distintas comunidades
autónomas), el Ejército y servicios municipales. Para darle mayor
realismo a la ficción, no faltó un furgón de una compañía funeraria.
Siniestro de riesgo NBQ
Los especialistas en las acciones de riesgo -sobre todo, cuando corrían
con la espalda en llamas, tras la explosión de un área de procesamiento
de hidrocarburos- fueron el centro de las miradas de los muchos niños
que hubo en las gradas. Escenas que recordaban a las películas, pero que
se asemejan mucho a la realidad cotidiana.
Por primera vez, se asistió a la demostración del protocolo conjunto de
actuación entre los servicios de emergencia en un siniestro de riesgo
NBQ (Nuclear, Biológico y Químico). Desde bomberos a sanitarios de Samur-Protección
Civil, desarrollaron un modelo intervención que impide que se produzca
un daño masivo a las personas. Llamativo resultó observar a los bomberos
con unos trajes especiales -una especie de escafandra de la talla XXL-
que les convertía en pequeños gigantes y que les hace perder una media
de cinco kilos en cada intervención.
La demostración terminó con el desfile de algunos participantes entre
los aplausos del público, que agradeció así un mes de trabajo. Y el 11-M
volvió a escena después. «Si bien lo deseable es que los simulacros no
tengan que ser nunca aprovechados para llevar a la práctica la
experiencia adquirida en ellos, la realidad ha evidenciado que son
imprescindibles», señaló Ruiz-Gallardón al concluir el acto.
Fuente: ABC
27.06.04
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