Seguridad Pública y Protección Civil
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«No disparen, no
disparen; soy miembro de ETA y llevo una bomba»
Los minutos más
tensos de la detención se vivieron mientras los agentes comprobaban la
matrícula falsa del vehículo y nadie sabía cómo iba a reaccionar el
etarra, pero el terrorista que conducía la furgoneta con explosivos no
ofreció la mínima resistencia
Ninguno
de los algo más de 400 vecinos del tranquilo pueblo de Cañaveras se
imaginaba lo corta que iba a ser la noche del sábado al domingo.
Quizá sólo lo intuían los agentes del puesto de la Comandancia de la
Guardia Civil, advertidos de la peligrosa visita que tendrían esa noche.
Por ello, una pareja del Cuerpo se encontraba a la espera en la
carretera N-320, que atraviesa el casco urbano, a escasos cien metros
del cruce de las carreteras Gineta-Guadalajara y Molina de Aragón-Huete.
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| Parte
del explosivo incautado ayer |
La noche
no era nada apacible para permanecer a la intemperie. El frío era muy
intenso y nevaba copiosamente, pero precisamente por ahí pasaría, poco
antes de las dos de la madrugada, la furgoneta sospechosa. En cuanto los
agentes divisaron el vehículo le dieron el alto y mientras lo mantenían
retenido, anotaron la matrícula y comprobaron que no coincidía con el
vehículo. Esos fueron los minutos más tensos, pues nadie sabía cómo iba
a reaccionar el conductor. Sin embargo, cuando se le pidió que bajara
del vehículo, el hombre, sin mostrar la más mínima resistencia, imploró:
«No disparen, no disparen; soy miembro de ETA y llevo una bomba».
Los
agentes, según informaron a ABC vecinos del pueblo, inmovilizaron al
detenido, le mantuvieron de rodillas, comprobaron la carga de la
furgoneta y comunicaron los hechos a sus superiores. Unas dos horas
después llegaban a Cañaveras agentes antiterroristas, para hacerse cargo
del detenido, y agentes TEDAX, para desactivar los explosivos.
Cuando ya no presentaban pelirgo, los pesaron en la báscula de un vecino
y la aguja marcó 506 kilos de cloratita y 30 de dinamita.
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La
alcaldesa de Cañaveras, María Cristina Fuente,
muestra el lugar de la detención |
Pero todo
esto ocurrió mientras los vecinos de Cañaveras dormían tranquilamente en
sus casas. No fue hasta poco antes de las seis de la mañana que la
Guardia Civil despertó a la alcaldesa del pueblo, María Cristina Fuente,
para pedirle que se abrigara y preparara con urgencia un lugar cálido en
el que acoger a los vecinos, sin darle mayor información.
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En el
vertedero de Cañaveras aún se aprecian los restos de la
explosión controlada de la carga de la furgoneta realizada ayer
por los TEDAX de la Guardia Civil |
Aunque el
pueblo dispone de un sistema de megafonía, situado junto al reloj, las
autoridades locales prefirieron no emplearlo, para evitar inquietar a
los vecinos, y decidieron dar la alarma «boca a boca», según
informó a ABC Francisco Javier Abad, concejal de Cultura, Espectáculos y
Deporte de Cañaveras. Tan bien organizado estaba el desalojo que, según
relata Abad, «mi primer pensamiento era que se trataba de un
simulacro». De esta forma, entre las ocho y ocho y media de la
mañana ya estaban todos reunidos en las nuevas escuelas, situadas en la
parte del pueblo más alejada de la explosiva furgoneta.
Mientras tanto, la calefacción ya había caldeado el edificio y se había
preparado café, leche y galletas para los vecinos. Para entonces, ya se
había corrido la voz de que «habían pillado a unos terroristas con
una bomba en el pueblo». Aunque el desalojo fue ejemplar, algunas
personas, sobre todo los más mayores, no pudieron ocultar su nerviosismo
ni contener las lágrimas. También hubo algunos que no quisieron
abandonar sus casas y se quedaron en ellas.
El desalojo duró hasta las once de la mañana. A esa hora, la carga de la
furgoneta ya había sido explosionada y no suponía ningún peligro para
los vecinos. Pero ellos también colaboraron con la Guardia Civil,
aportando los sacos -que normalmente utilizan los agricultores- para
retirar los 30 kilos de dinamita. El resto, los más de 500 kilos de
cloratita, fueron trasladados al vertedero del pueblo y, una vez allí,
los artificieros provocaron su explosión utilizando paja como protector.
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El acoso policial
ha obligado a los pistoleros de ETA al «pluriempleo» |
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La situación por
la que atraviesa ETA -la peor de su historia gracias a la
eficacia policial y a la colaboración internacional- le ha
obligado a modificar su «modus operandi» para seguir con sus
planes terroristas.
Hace aproximadamente tres años, las Fuerzas de Seguridad
detectaron que el acoso en Francia había obligado a la banda a
cambiar el funcionamiento de su dirección. En la actualidad,
«todos los dirigentes hacen un poco de todo». Se comprobó,
por ejemplo, con «Susper», que compaginaba las
responsabilidades en el «aparato militar» con las labores
de «captación». O de Luis Enrique Gárate Galarza,
responsable del «aparato logístico», que se encargaba
también del transporte de explosivo. Incluso no se ha descartado
que este etarra, el máximo experto en la confección y manejo de
explosivos que tenía la banda en la actualidad, fuera a colocar
en España los más de 30 kilos que le incautaron el pasado 9 de
febrero cuando fue detenido por la Policía francesa. Lejos
quedaban los tiempos en los que cada «aparato» disponía de dos
cabecillas, de tal forma que si uno era detenido,
automáticamente el otro tomaba el relevo.
Los expertos han comprobado que esta misma circunstancia se va
extendiendo a los «comandos» operativos. Tradicionalmente lo
integraban tres «liberados» que disponían de grupos «legales»
que les hacían las labores de infraestructura o información. Los
últimos «comandos» desarticulados, incluyendo el neutralizado
ayer, están formados por lo general por dos individuos, sin
experiencia alguna. Ellos se encargan de recabar la información
sobre las futuras víctimas, de acudir al lugar elegido para el
atentado con el fin de verificar los datos y estudiar la huida.
Incluso de robar el vehículo si es necesario para la comisión de
la acción criminal.
Regreso al País Vasco
Además, que se sepa, Gorka Vidal Álvaro e Izkur Badillo no
disponían de infraestructura en Madrid para esconderse tras el
atentado que planeaban. Se cree que tras colocar el coche bomba,
programado con varias horas de antelación, regresarían al País
Vasco, bien en transporte público o en la furgoneta que había
hecho de «lanzadera». Es lo mismo que planeaban los terroristas
Garikoitz Arruarte y Gorka Loran Lafourcade para el caso que
hubieran podido hacer estallar el tren bomba en la estación de
Chamartín durante la pasada Nochebuena.
En
la estrategia de ETA se ve una tendencia a utilizar cada vez en
mayor medida el «comando itinerante», al menos en
aquellos atentados que se cometen fuera del País Vasco y
Navarra. El perfil respondería a grupos integrados por
«legales», no fichados, que utilizan fundamentalmente el
coche bomba que, a su vez, reciben en Francia ya montado por los
responsables del «aparato logístico».
Las Fuerzas de Seguridad del Estado insisten en la necesidad de
no bajar la guardia, ya que están convencidas de que ETA
intentará nuevos atentados coincidiendo con la campaña
electoral, para apoyar las propuestas de Batasuna, aunque
también aseguran que se trabaja para evitarlos. |
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Cinco vehículos
con explosivos, interceptados desde la tregua |
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La detención la
pasada madrugada de dos presuntos miembros de ETA que
transportaban 506 kilos de cloratita y 30 kilos de dinamita en
una furgoneta es la quinta interceptación de vehículos con
explosivos tras la ruptura de la tregua declarada en 1999.
El
20 de diciembre de ese año la Guardia Civil interceptó en
Calatayud una furgoneta cargada con 950 kilogramos de
explosivos, que se dirigía a Madrid para cometer un atentado.
El conductor del vehículo era José María Novoa Arróniz primer
suplente de la lista de EH en las elecciones municipales al
Ayuntamiento de Valle de Arana (Alava) en junio de 1999. El
22 de diciembre la Guardia Civil localizó una segunda
furgoneta-bomba en las cercanías de Alhama de Aragón (Zaragoza).
El vehículo, que contenía 688 kilos de cloratita y 50 de
dinamita y se encontraba abandonado, presentaba similares
características a la interceptada dos días antes en Calatayud
con casi mil kilos de explosivos.
La localización de estas dos furgonetas, que contenían un
total de 1.688 kilos de explosivos, constituyó una de las más
importantes intervenciones de explosivos realizadas a ETA en su
historia.
Ya en 2000, el 14 de agosto, la Guardia Civil localizó un
vehículo cargado con 100 kilos de explosivos, en una cuneta, en
el kilómetro 52 de la carretera nacional N-230, en el término de
Benabarre (Huesca). La presunta etarra que conducía el vehículo
tuvo que abandonarlo por una avería y posteriormente fue
recogida por un motorista. Un vecino de la localidad alertó a la
Guardia Civil del automóvil sospechoso que procedió a su
explosión controlada al día siguiente.
Por último, el 9 de febrero de este año dos presuntos etarras,
que transportaban explosivos y armas en una furgoneta, fueron
arrestados en el suroeste de Francia después de tratar de eludir
un control de aduanas.
En la furgoneta robada en la que viajaban había unos 30
kilogramos de amonal, además de detonadores, temporizadores y
diversas armas.
Además, la última vez que ETA tenía previsto atentar en
Madrid fue durante la pasada Nochebuena. La organización
terrorista pretendía provocar una matanza en la estación de
trenes de Chamartín.
En aquella ocasión fueron detenidos dos miembros legales de ETA,
Garikoitz Arruarte, de 25 años, y Gorka Loran, de 24, que habían
colocado en un tren dos mochilas-bomba cargadas con 25 kilos de
explosivos cada una y sendos temporizadores. La Policía detuvo
el convoy en la estación de Burgos, frustrando el atentado.
A la tercera
también han sido vencidos
Si no me
equivoco, esta es la tercera vez que ETA fracasa en el intento
de poner en Madrid una monstruosa furgoneta-bomba. ¿Cuál era el
objetivo: un centro comercial, un mitin electoral o una estación
de metro?; ¿intentaban una matanza peor que la de Hipercor?
Iremos conociendo detalles, pero ahora importa lo que sí
sabemos. Sobre todo que, como demuestra este tercer fracaso, ETA
está bajo mínimos pero con la voluntad asesina intacta; sabemos
también que hará esfuerzos exasperados por hacerse visible
cuanto antes; finalmente, que sólo hay dos modos de hacerlo: con
un atentado terrible, bien logrando un apoyo político que le
rescate del pozo al que le estamos arrojando. Pues bien, ETA ha
intentado combinar las dos salidas a la vez. El apoyo político
lo ha obtenido con la tregua; pero, aunque este atentado ha
fracasado, ETA no cejará. Por eso este éxito policial
proporciona una buena ocasión para recapacitar. Si mantenemos
consensos como el Pacto Antiterrorista, ETA se irá extinguiendo
fracaso tras fracaso; en caso contrario, levantará la cabeza
aupada por el Carod de turno. ETA sobra, pero también los que
trafican con nuestra vida haciendo negocios con ella. Esto es lo
que nunca debemos olvidar. |
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Y apareció el
lobo..., por Jon Juaristi |
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Si alguien creía que ETA iba a desaprovechar la ocasión
brindada por la campaña electoral para hacerse presente en ésta
del modo acostumbrado, ya puede olvidarse de semejante ilusión.
Es más: vaya haciéndose a la idea que durante los últimos meses
de inactividad y reveses la banda ha estado preparando
minuciosamente un programa de atentados para estas fechas. Los
que vivimos al oeste de la autonomía indultada gracias a las
insensatas marrullerías de Carod Rovira, el mendigo favorito de
los terroristas, seguimos teniendo motivos de sobra para
preocuparnos. Incluso, para inquietarnos en mayor medida de lo
que venía siendo habitual hasta ahora.
En primer lugar, porque la dimensión del atentado que la
Guardia Civil acaba de impedir con la detención, en Cañaveras,
del comando encargado de llevarlo a cabo rebasa las de las más
sangrientas hazañas del historial etarra, asemejándose, en su
concepción, a las fórmulas de atentado-demolición con altísimas
cifras de víctimas que ha caracterizado desde hace una década al
terrorismo islámico. En la nueva fase del terrorismo global
no tiene sentido hablar de atentados indiscriminados: éstos
representan, hoy por hoy, el grado cero del terror. Los
asesinatos selectivos se han convertido en la excepción. ETA
intenta adaptarse a los nuevos tiempos, definidos por la
emulación mutua en el campo de la impugnación criminal de las
democracias. Es cierto que la respuesta policial, mucho más
eficaz hoy que en el pasado, ha ido restando fuerza a la
organización, desmantelando sus redes financieras y políticas,
incautándose sus arsenales y encarcelando a sus activistas, cada
vez más inexpertos (el acoso al que los cuerpos policiales
españoles y franceses la someten reduce, evidentemente, las
posibilidades de entrenar a sus reclutas). Pero esas mismas
dificultades la obligan a economizar sus recursos,
concentrándolos en la comisión de atentados de insólitas
proporciones, como el que planeaba realizar ahora. La situación
por la que atraviesa el terrorismo abertzale no es, en tal
sentido, muy diferente de la que induce a los grupos terroristas
islámicos a optar por las matanzas multitudinarias y
espectaculares, frente a la diseminación de atentados
individuales, que implican un mayor riesgo para sus redes.
Sólo a los ingenuos que toman sus deseos por realidades puede
ocurrírseles que la disminución de la frecuencia de los
atentados de ETA -el hecho de que, por ejemplo, no haya
logrado matar a nadie desde febrero del pasado año-
equivalga a la práctica desaparición de la banda. Lo menos que
cabría reprochar a estos optimistas incurables sería la
fragilidad de su memoria. Durante la mal llamada tregua de
1998-1999, hubo muchos que creyeron llegado el fin de la
pesadilla. Tiempo de sobra tuvieron para desengañarse de ello a
lo largo del año siguiente, pero los hay recalcitrantes y, por
lo que vamos observando, son más de los que parece. La
ingenuidad, en sí misma y mientras se mantenga en el ámbito
privado, no es dañina. Cuando se transforma, por el contrario,
en imbecilidad política o mediática produce catástrofes, y ya no
me refiero sólo a Carod Rovira, aunque nadie me convencerá de
que el proyecto de escabechina abortado en tierras de Cuenca no
sea una consecuencia lógica del papel arbitral que ETA ha
asumido sobre la política española en su conjunto desde que el
hoy destituido conseller en cap se lo concediese tácita o
explícitamente.
No me refiero sólo a él. Hace una semana, desde una de
las emisoras de más audiencia del país, una lumbrera del
periodismo proponía extender a toda España la estrategia de
Carod Rovira: una capitulación general ante ETA, autonomía por
autonomía. El pasado jueves, en el diario español de mayor
tirada -que, sin embargo, no parece haber sido el objetivo a
demoler por la media tonelada larga de explosivos que la banda
enviaba a Madrid- un ensayista, antaño comprometido con la lucha
antiterrorista y convertido hoy en apologista del desistimiento,
aplaudía la propuesta mencionada y arremetía contra aquellos de
sus colegas universitarios que, como Fernando Savater o Gustavo
Bueno, habrían secundado la política del Partido Popular al
defender la unidad de España frente a la ofensiva de los
secesionistas auspiciada por los nacionalistas vascos y ERC, al
tiempo que se despedía de ETA, según él mismo definitivamente
derrotada, con un saludo a la inglesa, entre irónico y amistoso,
aunque en todo caso indecente. Lo siento por Juan Aranzadi:
entre sus innegables cualidades no se cuenta el don de la
oportunidad. Certificó hace dos años la extinción de la banda
terrorista, una semana antes de que ésta asesinara en Santa Pola
a una niña y a un jubilado. Las furgonetas de Cuenca acaban de
dejarle nuevamente en ridículo y si ahora no escarmienta habrá
que pensar que su pérdida de sentido de la realidad, admitida
implícitamente en su artículo del jueves a través de una
transparente metáfora (el autor simulaba haber salido
recientemente de un coma de veinte y pico años), es
irreversible.
La frivolidad resulta, en materia de terrorismo, el camino
más corto hacia el desastre. Y la frivolidad,
desgraciadamente, va haciéndose un hueco cada vez más amplio en
los medios de comunicación que se han propuesto desplazar del
gobierno, sea como sea, al Partido Popular. Obviamente, quienes
nos sentimos y nos sabemos amenazados por ETA no dejaremos de
tomar nuestras precauciones cotidianas aunque ciertos imbéciles
argumenten que la ideología antiterrorista es un arma de la
derecha. La amenaza, por cierto, no gravita solamente sobre esos
miles de españoles que, en Madrid o en el País Vasco, nos
movemos con escolta: todos los españoles son potenciales
víctimas de ETA, incluido Carod Rovira, por muy dignos de
confianza que le hayan llegado a parecer los Antza y los
Ternera. Y por muchas columnas rebosantes de trivialidades,
mentiras y majaderías que sobre este asunto llegue a publicar el
más frívolo de los periodistas o ensayistas del país, nunca
estará en la lista de los eximidos del coche-bomba, por la
sencilla razón de que tal lista no existe. Nada se soluciona
avecindándose en la Plana de Vic. ETA juega siempre con los
buenos sentimientos de la mayoría, con sus deseos legítimos de
tranquilidad, pero nada le conviene tanto como la estupidez, y
de unos meses a esta parte la obsesión por librarse del Partido
Popular está llevando a demasiada gente, no sólo a Carod Rovira,
insisto, a comportarse de forma estúpida. La banda ha entrado en
campaña y, a partir de ahora, va a ser imposible excluirla de
los discursos electorales, como muchos que quisieran olvidar la
fechoría de Carod Rovira han venido exigiendo hasta ahora.
¿Es demasiado pedir, por nuestra parte, que todos nos tomemos el
terrorismo en serio? |
Fuente: ABC
www.guardiacivil.org
01/03/2004
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