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Miércoles 10 de marzo de 2004


Seguridad Colectiva y Defensa Nacional

El peor enemigo de Al Qaeda fueron los teléfonos móviles

La banda era fiel a Swisscom, lo que facilitó muchas detenciones

 

La operación antiterrorista Mont Blanc empezó casi por casualidad en abril de 2002, cuando las autoridades interceptaron una llamada de móvil de menos de un minuto en la que no se dijo una palabra.

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Los investigadores, sospechando que se trataba de una señal entre terroristas, siguieron su rastro: primero un sospechoso, después otros y al final varias células terroristas en tres continentes. Lo que los había atado a todos era un chip más pequeño que una uña, una tarjeta de móvil prepago.

Antes de cerrarse, la red de la operación había atrapado a docenas de sospechosos de pertenecer a Al Qaeda y había desbaratado al menos tres atentados en Arabia Saudí e Indonesia, según responsables europeos y americanos de la lucha antiterrorista y de inteligencia.

Los investigadores dicen que, después de darse cuenta de que los sospechosos preferían una marca concreta de tarjetas de móvil, pudieron seguir, durante dos años, las conversaciones y los movimientos de varios líderes de Al Qaeda y de docenas de sus terroristas.

Las tarjetas de la compañía suiza Swisscom eran comunes entre los terroristas porque podían comprarlas sin dar sus nombres. Sin embargo, las autoridades podían controlarlos incluso sin sus datos personales.

"Ha sido una de las herramientas más efectivas que hemos tenido para localizar a Al Qaeda", dice un responsable antiterrorista, que ya sabe que los terroristas se han dado cuenta.

En diciembre de 2001, durante el bombardeo de Tora Bora en Afganistán, las autoridades estadounidenses contaron que habían escuchado a Osama Bin Laden hablando con sus colaboradores a través de un teléfono por satélite. Desde entonces, Bin Laden se ha comunicado con mensajes escritos a mano y entregados por correos de confianza.

Las pocas veces que todavía los usan, hablan poco y en clave. Algunos lugartenientes de Al Qaeda sólo usan los móviles para fijar una conversación en un teléfono seguro. 

Una de estas breves llamadas fue la que inició la operación Mont Blanc. El 11 de abril de 2002, Christian Ganczarski llamó desde Alemania a Khalid Shaikh Mohammed, presunto jefe militar de la organización, que en aquel momento dirigía las operaciones desde una casa segura en Karachi (Pakistán). No hablaron. La llamada era para avisar a Mohammed de un atentado suicida en una sinagoga de Túnez, que se llevó a cabo ese día y mató a 21 personas, la mayoría turistas alemanes.

Las autoridades alemanas rastrearon la llamada al móvil Swisscom de Mohammed, aunque aún no sabían que era suyo. Dos semanas después, la policía registró la casa de Ganczarski y encontró una larga lista de números, incluyendo uno en Pakistán qué condujo finalmente a Mohammed.

Dieron a las autoridades suizas el número del móvil de Mohammed y el de otros muchos. Comprobando los registros de Swisscom, la policía suiza descubrió que muchas otras personas sospechosas de pertenecer a Al Qaeda usaban las tarjetas SIM de Swisscom.

Durante meses, los suizos usaron esta información para controlar los movimientos de Mohammed en Pakistán. Lo tenían controlado por sus llamadas, aunque no conocían su posición. Cuando los agentes suizos determinaron que Mohammed estaba en Karachi, los servicios de seguridad americanos y paquistanís se hicieron cargo. Aunque necesitaron varios meses para encontrarlo, porque no usaba siempre el mismo aparato, aunque mantenía la misma tarjeta SIM.

Al final, un espía de la CIA los condujo directamente a Mohammed. Las autoridades se incautaron de ordenadores, móviles y una agenda con cientos de números. Siguiéndolos, llegaron a tener unos 6.000, una especie de mapa virtual de las operaciones de Al Qaeda, que les condujo a detenciones en Indonesia, Arabia Saudí, Qatar y Suiza. Los investigadores están muy agradecidos de que Al Qaeda haya sido tan fiel a Swisscom.

 

Fuente: La Gaceta Fin de Semana
07/03/2004

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