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Miércoles 24 de marzo de 2004


Seguridad Alimentaria y Protección Biotecnológica

Las cadenas de supermercados, primeras en aplicar etiquetas de radiofrecuencia

Sólo el 33% del sector alimentario español tiene código de barras - Bonnysa aplica la trazabilidad a sus tomates - En EE UU la inversión en RFID pasará en cinco años de 92 a 1.000 millones

 

Las botellas de Codorniu llegan a los supermercados con etiquetas de radiofrecuencia que delatan dónde se embotellaron, qué se embotelló, por dónde viajaron y hasta el día exacto en que salieron de California, de Argentina o de España.

En caso de cualquier fallo, gracias al etiquetado de radiofrecuencia y, sobre todo, a la trazabilidad (el rastreo completo de un producto desde su nacimiento a la venta al consumidor final), es posible localizar las botellas y sacarlas de la cadena de distribución, porque el ordenador sabe dónde están todas las botellas y las botellas producidas ese día.

A toda la cadena de distribución y a su rastreo permanente se le llama trazabilidad. El 1 de enero entrará en vigor la nueva normativa de la Unión Europea, dirigida a toda la industria del consumo y, especialmente, a la alimentaria.

La trazabilidad implica la incorporación a cualquier producto -sea un disco, sea una merluza- de códigos para identificar en cualquier momento a todos los participantes en la cadena de distribución, desde su nacimiento (por ejemplo, el fabricante del pienso con el que se alimentó la ternera) hasta su final (en la estantería del comercio o tras una intoxicación).

La trazabilidad, y su tecnología para aplicarla, como las etiquetas de radiofrecuencia, permite la rápida localización del producto e, incluso, localizar el origen del defecto. Aparte de sus ventajas de seguridad sanitaria, de las que se aprovechará el consumidor, hay otras ventajas comerciales, ya que a los servicios de marketing le proporcionarán información rápida y detallada de la venta en tiempo y lugar.

El etiquetaje de radiofrecuencia RFID -que se aplicaría principalmente en la parte final de la distribución- ha levantado críticas entre los consumidores a causa de la posible violación de la intimidad. Ya se han dado casos en Estados Unidos.

A nueve meses de la aplicación de la nueva normativa europea, el 42% de las empresas alimentarias en España desconoce tal circunstancia, según IDtrack, Asociación Europea para la Identificación Segura, que ha realizado el primer estudio de trazabilidad entre 350 empresas españolas del sector.

Durante la feria Alimentaria 2004, la segunda más importante del mundo, celebrada la pasada semana en Barcelona, las empresas alimentarias expresaron su inquietud por la nueva normativa, confusa en muchos de sus apartados, por la multiplicidad de leyes alimentarias de los distintos países comunitarios y también por el gasto en tecnología que va a suponer la adaptación a la ley.

El 64% de las empresas encuestadas, que representan más del 30% de las ventas, utiliza métodos manuales, basados en papel, para hacer el registro y seguimiento de sus productos.

Los tomates valencianos de Bonnysa llegan a los supermercados británicos de Tesco con una etiqueta de rayas misteriosas que dice qué camión los llevó hasta allí, cuándo lo embarcaron, en qué fecha se envasaron, en qué campo florecieron y con qué fertilizante crecieron.

Bonnysa, que exporta el 75% de su producción, incorpó la trazabilidad hace dos años. Tesco aplicará en breve el etiquetaje de radiofrecuencia. "De momento no nos han dicho nada", dice Vicente Valor, responsable informático de Bonnysa. "Yo creo que el etiquetaje RFID aún no ha avanzado lo suficiente, pero si hay que hacérselo se lo hacemos, como todo lo que nos piden. Basta con sustituirles el código de barras en la parte final del envasado por la etiqueta RFID. La cuestión es quién lo paga".

Este año será crucial para la identificación por radiofrecuencia (RFID), según la consultora IDC. La inversión del comercio en sistemas basados en la radiofrecuencia superará en Estados Unidos los 1.000 millones de dólares en 2007, cuando el pasado año no llegó a los 92 millones. El 80% de la inversión del sector será en aparatos con esta tecnología y el resto en servicios.

Los supermercados Tesco y Wal-Mart ya tienen un calendario de incorporación del etiquetaje de radiofrecuencia, que afectará a los proveedores si quieren comerciar con ellos. Diferentes organismos públicos de Estados Unidos, como Defensa, también lo aplicarán en sus concursos. En España, cadenas de distribución como El Corte Inglés y Carrefour también lo incorporarán.

"No todos se van a poder permitir la inversión en tecnología que significa la trazabilidad. A nosotros nos ha costado cerca de un millón de euros", reconoce Jaume Mariné, de Codorniu.

A juicio de la consultora IDC, la presión de los clientes y una paulatina reducción de costes en los próximos años fomentarán el auge de la tecnología de identificación basada en la radiofrecuencia.

"Trazabilidad ha habido siempre", recuerda Mariné. "Lo que pasa es que era manual y, por tanto, lenta. Por eso, no debemos confundir trazabilidad con código de barras o radiofrecuencia, que son sólo instrumentos para hacer la trazabilidad automáticamente en todo el ciclo del producto. La radiofrecuencia es sólo un medio más fiable de identificar rápidamente cualquier fallo en la distribución", explica Mariné.

La normativa europea, que se aplicará desde el 1 de enero, llega cuando sólo el 33% del sector alimentario español aplica el código de barras, y cuando un 64% sigue con la lectura manual de etiquetas, según IDtrack.

La nueva ley, en cualquier caso, origina muchas incertidumbres, como la responsabilidad de un defecto sanitario que, según la lectura de Mariné, recaería en el distribuidor. "Es lógico que el distribuidor tenga la responsabilidad de retirar rápidamente el producto, pero no que sea el responsable, por ejemplo, del fertilizante que el agricultor echó a sus cosechas".

A Robert Madge, presidente de la Asociación Europea para la Identificación Segura, le preocupa el cúmulo de legislaciones por países y materias: carnes, transgénicos, ecológicos y productos higiénicos. Madge sí elogia los beneficios que traerán la trazabilidad, y su tecnología: "Se podrá aplicar a toda la cadena alimenticia, hasta a hormonas y pesticidas; con ello mejorará la seguridad alimentaria porque permite reaccionar antes a una crisis".

Casi todo bajo control... electrónico

Códigos de barras, alarmas en la ropa reutilizables, etiquetas de transferencia térmica, lectores láser personales, identificación por Radio Frecuencia (RFID), toda la última tecnología para identificar y rastrear el producto o para evitar lo que eufemísticamente se llama "pérdidas desconocidas". O sea, el robo en el comercio.

Según el Barómetro Europeo del Hurto, España es séptimo, por detrás de países con reputada fama de honrados, como Reino Unido y Finlandia, que son los países donde más se roba en las tiendas, seguidos de Portugal, Grecia y Noruega. Aun así, las pérdidas desconocidas en el comercio español ascendieron a 1.800 millones de euros o 47 euros al año por español. El 53% se perdió entre la clientela, el 24% entre los empleados y el 23% por errores administrativos.

Gracias a la tecnología antirrobo el hurto comercial ha descendido del 1,45% al 1,37% en Europa, en parte por el etiquetado en origen, un sistema de protección que ya se emplea en 3.000 millones de artículos. Cada día se fabrican 14 millones de etiquetas antihurtos, que evitan aproximadamente el robo de productos por valor de 224.000 millones de dólares anuales, según la vicepresidenta mundial de Etiquetado en Origen, de ADT, Debie Fischer.

ADT se especializa en la tecnología acustomagnética, que protege todos los productos contra el hurto, incluidos los alimentos, los metálicos y los húmedos que, hasta ahora, se escapaban al control antirrobo tradicional.

El sistema combina la etiquetas de seguridad que se colocan en los artículos, los desactivadores, que las quitan en caja, y los pedestales de salida, que hacen saltar la alarma si no han sido desactivadas. La última tecnología es la identificación por radio frecuencia, un sistema que Wal Mart incorporará en otoño a todos los productos de sus supermercados, pero también otros grandes almacenes.

Las etiquetas RFID, flexibles y extrafinas, incluyen una antena RF a 13,56 Mz y un chip que lleva grabada la información del producto. La misma tecnología RFID deberá incorporarse obviamente a lectores y barreras de salida.

 

Fuente: CiberP@ís
18/03/2004

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