Seguridad
Alimentaria y Protección Biotecnológica
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La
cantidad y variedad de contaminantes en los alimentos plantea riesgos
crecientes para la salud
Lo que la dieta
esconde
Cuando usted
come un pescado, una ensalada o un vulgar trozo de pan está ingiriendo
mucho más de lo que ve a simple vista. En realidad, más de lo que ni
siquiera imagina. Y es que nadie diría que un suculento pescado o un
buen guiso de carne pueda contener hidrocarburos aromáticos policíclicos,
dioxinas, metales pesados, compuestos orgánicos polibromados o bifeniles
policlorados (PCB). Y sin embargo, están ahí, en cantidades que, por
primera vez, se han empezado a cuantificar de forma sistemática en
España.
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Hace unos tres años, un
equipo de científicos cogió la cesta de la compra y fueron al mercado en
siete ciudades catalanas: Barcelona, Tarragona, Lleida, Girona,
l'Hospitalet de Llobregat, Badalona y Terrassa. Compraron más de 1.000
unidades de 108 productos diferentes, representativos de la dieta
cotidiana habitual, y los analizaron en el laboratorio. Los datos
obtenidos muestran la cantidad y variedad de substancias peligrosas que
estamos ingiriendo cada día sin darnos cuenta. Aunque sus
concentraciones son muy pequeñas, el organismo humano los va acumulando
y pueden acabar causando enfermedades muy graves.
Tan graves como el cáncer. Según los autores de este estudio, la
cantidad de dioxinas que se ha detectado en la comida estaría provocando
un aumento en la probabilidad de padecer cáncer de 1.360 casos por
millón de habitantes. Como en Cataluña viven seis millones de personas,
más de 8.000 individuos desarrollarían a lo largo de su vida esta
enfermedad debido a las dioxinas ingeridas. Se trata de cifras totales
calculadas a lo largo de una esperanza de vida de 70 años. Anualmente,
supondrían unos 117 casos. Extrapolando estos datos al conjunto de
España, unos 50.000 españoles sufrirían cáncer por esta causa a lo largo
de su vida, es decir, unos 750 anuales.
Los autores del estudio han sido capaces de afinar estas probabilidades
porque no se han limitado a analizar los alimentos, sino que se han
basado en la dieta tipo de la población para precisar el impacto de los
contaminantes según la ingesta estimada de cada producto. Y además se ha
segmentado la población en cuatro clases de edad, porque no comen lo
mismo los ancianos que los niños. El estudio ha sido realizado por el
Laboratorio de Toxicología y Salud Medioambiental de la Universidad
Rovira i Virgili, en Reus, y de la Universidad de Barcelona. Y es, de
lejos, el intento más completo realizado nunca, no sólo en España sino
internacionalmente, para averiguar qué es lo que realmente nos llega
hasta nuestro cuerpo.
Que no es poco: en Cataluña, se calcula que un adulto de 70 kilos de
peso ingiere cada día a través de la dieta unos 150 picogramos de PCB,
95 picogramos de dioxinas, 8,4 microgramos de hidrocarburos aromáticos
policíclicos (HAP), 97 nanogramos de difenil éteres polibromados (PBDE),
45 nanogramos de naftalenos policlorados (PCN), 41 nanogramos de difenil
éteres policlorados, 223 microgramos de arsénico, 28 microgramos de
plomo, 21 microgramos de mercurio y 15 microgramos de cadmio.
Todos estos tóxicos están en la comida de cada día, pero sus
concentraciones y su toxicidad son muy diversas. Los niveles de los
cuatro metales pesados, arsénico, mercurio, plomo y cadmio, se
encuentran considerablemente por debajo de la ingesta máxima tolerable,
por lo que la dieta no supone un riesgo importante.
Tampoco los hidrocarburos aromáticos ni el hexaclorobenceno suponen un
riesgo apreciable. Pero las concentraciones de dioxinas, PCB, PCN,
compuestos de bromo y éteres policlorados de algunos grupos de alimentos
sugieren que "en determinadas circunstancias, algunos grupos de la
población catalana están actualmente superando los límites fijados por
la OMS de exposición a estos contaminantes", destaca Josep Lluís
Domingo, director del Laboratorio de Toxicología y Salud Medioambiental
de la Universidad Rovira i Virgili y coordinador del estudio.
Por ejemplo, en el caso de las dioxinas y de los PCB, dos de los tóxicos
más peligrosos, los adultos están ingiriendo cada día unos 3,5
picogramos de ambos contaminantes por kilo de peso corporal. Y esto está
muy cerca del máximo admisible, que está entre 1 y 4 pg, según la
Organización Mundial de la Salud. Tan cerca que determinadas dietas
pueden superar claramente este nivel, sobre todo las más ricas en grasas
y en el consumo de determinados productos, como pescados y mariscos. Por
grupos de edad, los niños también pueden superar fácilmente este nivel
máximo, ya que comen mayor cantidad de alimento por kilo de peso
corporal.
De todas estas sustancias preocupan sus efectos carcinogénicos.
Pero también producen otros daños, como alteraciones sobre el sistema
hormonal, reproductor e inmunológico. La relación de sus efectos es
larga y extensa, y su evaluación muy complicada (véase EL PAÍS del 28 de
octubre de 2003). Generalmente la ingesta se produce en cantidades
ínfimas, pero el cuerpo los acumula y pueden acabar produciendo daños a
largo plazo. Y, sin embargo, sus concentraciones en la comida son tan
pequeñas que desafían la imaginación. Un picogramo es una billonésima de
gramo, o sea 0,000000000001 gramos. Cuesta trabajo hacerse a la idea de
hasta qué punto cantidades tan pequeñas pueden acabar teniendo
consecuencias sobre la salud.
La investigación también deja claro que algunos alimentos aportan
muchos más tóxicos que otros. El pescado y el marisco se llevan la
palma. Son los más contaminados para casi todas las sustancias. Su
concentración en PCB, por ejemplo, alcanza los 11.864 nanogramos por
kilo, unas 17 veces más que el siguiente de la lista. Los productos
grasos tampoco salen muy bien parados, ya que la mayoría de tóxicos son
liposolubles. Carnes, grasas, aceites, lácteos y cereales ocupan las
posiciones medias de la tabla, con cantidades significativas de
contaminantes. En el otro extremo, los alimentos menos contaminados son
las frutas, las legumbres, los tubérculos y las verduras. Estos cuatro
grupos presentan, con mucha diferencia, los niveles más bajos en todas
las sustancias analizadas.
Comer más
frutas y otras recomendaciones
La presencia de
elevados niveles de contaminantes en ciertos alimentos no quiere decir
necesariamente que la dieta total pase por encima de los límites
tolerables. Por ejemplo, se han encontrado niveles altos de metales
pesados en el pescado y el marisco, pero lo importante es que "el
consumo de pescado en las cantidades habituales no plantea ningún
inconveniente serio, aunque si alguien hiciera un consumo excesivo de
este alimento podría tener problemas", dice Joan Maria Llobet, de la
Universidad de Barcelona y coautor del informe de la Universidad Rovira
i Virgili, en Reus (Tarragona).
Una recomendación general para disminuir la ingesta de contaminantes es
"aumentar el consumo de verduras y frutas y reducir el consumo de
alimentos grasos", según Josep Lluís Domingo, de la Universitat
Rovira i Virgili y coordinador del estudio. Domingo recomienda el
consumo de "productos lácteos desnatados, ya que el sabor varía poco
pero su contenido en contaminantes es mucho menor que el de la leche
entera". El motivo es que muchos de los tóxicos son liposolubles y
se acumulan en las grasas. Domingo también sugiere reducir la ingesta de
carnes grasas y consumir pescado en cantidades "razonables".
Otra de las principales conclusiones del estudio es que los niños son el
grupo de edad más expuesto a los contaminantes. El motivo es que
ingieren mayor cantidad de alimento por kilo de peso corporal. Además,
el tipo de dieta no ayuda, ya que los niños suelen comer poca verdura y
fruta e ingieren muchos lácteos, carnes y cereales. Comparativamente, la
dieta de los ancianos es la más saludable, porque suele incorporar
muchos vegetales y es menos grasa.
En todo caso, los alimentos analizados no son específicamente catalanes,
sino que procedían de orígenes diversos aunque hayan sido adquiridos en
Cataluña. Y su nivel de contaminación es parecido al de otras
poblaciones europeas. Algunos tóxicos, como las dioxinas, parecen estar
disminuyendo últimamente. Pero otros, como los compuestos bromados
"van a aumentar porque están por todas partes. Los ordenadores, por
ejemplo, están llenos", indica Joan Maria Llobet. Para este
científico, la situación está clara: "no podemos seguir contaminando,
porque todo lo que tiramos a la atmósfera o al agua nos lo acabamos
comiendo".
Fuente: El País
02/03/2004
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