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Lunes 24 de mayo de 2004


Seguridad Pública y Protección Civil

El despliegue de las Fuerzas de Seguridad y el Ejército garantizó la plena normalidad en Madrid

Los gabinetes de coordinación funcionaron a plena satisfacción y apenas hubo que atender a algunas personas con pequeños problemas de salud

 

Los meses de intenso trabajo para garantizar la normalidad durante la boda real dieron ayer sus frutos en una jornada en la que se hizo buena la máxima anglosajona de «No news, good news». Sin duda, la ausencia de novedades en lo que se refiere a la seguridad fue la mejor de las noticias y demostró una vez más la capacidad de las Fuerzas de Seguridad para hacer frente al reto que supone un acto de estas características, al que han asistido más de medio centenar de jefes de Estado, de Gobierno y de Casas Reales de todo el mundo. El desafío, en esta ocasión, era aún mayor, ya que se producía apenas dos meses después de la matanza terrorista del 11-M, que permanece aún en la memoria colectiva.

Agentes especiales de la Guardia Civil, es una de las azoteas
del Palacio Real

En estas condiciones, cualquier incidente podría haber desatado el pánico en una ciudad que aún no ha conseguido cerrar la herida abierta por los terroristas. Para evitar cualquier problema, las Fuerzas de Seguridad han venido desarrollando a lo largo de las últimas semanas un ingente trabajo en forma de controles continuos tanto en frontera como interiores, inspección de edificios, del subsuelo, de instalaciones estratégicas y, unido a ello, la indispensable labor de los Servicios de Información.

Además de este trabajo de las Fuerzas de Seguridad, ha sido también fundamental el operativo desplegado por las Fuerzas Armadas, que tanto desde tierra como desde el aire han garantizado que la jornada transcurriera con plena normalidad. Asimismo, desde la Comunidad de Madrid y el Ayuntamiento se aportaron los efectivos sanitarios, de bomberos y Protección Civil para hacer frente a cualquier contingencia.

Centros de coordinación

Los centros de coordinación, uno instalado en la secretaría de Estado para la Seguridad, al mano de su titular, Antonio Camacho, y del secretario de Estado de Defensa, Francisco Pardo, y otro en Vicepresidencia del Gobierno, trabajaron ayer a pleno rendimiento, procesando toda la información que les llegaba desde los distintos puestos de mando de la Policía, la Guardia Civil, la Comunidad y el Ayuntamiento. También la Casa Real puso en marcha un gabinete de crisis, que tuvo su sede en el Palacio Real.

En el caso de la Policía, fue la Jefatura Superior, en la calle de Federico Rubio y Galli, el lugar elegido para dirigir el dispositivo. Allí, el director general del Cuerpo, acompañado por los máximos responsables operativos, siguieron el desarrollo de la «Operación Lazo», como se bautizó el dispositivo de seguridad ciudadana y protección de personalidades de la que se hicieron cargo los miles de policías uniformados, y de la «Operación AXIS», centrada en las labores de información e inteligencia.

La Dirección General de la Guardia Civil, al mando de su máximo responsable, Carlos Gómez Arruche, también vivió una actividad frenética y los mandos operativos permanecieron reunidos desde primeras horas de la mañana.

Zona de exclusión aérea

Por su parte, los F-18 de las bases aéreas de Zaragoza y Madrid estuvieron en alerta («scramble», en su nombre técnico) para poder despegar el primero de ellos en un máximo de tres minutos. Permanentemente, cuatro de estos aparatos estuvieron sobrevolando la zona para vigilar el cumplimiento de la zona de exclusión aérea para vuelos que operen bajo reglas visuales, que abarcó un radio de 96,2 kilómetros y se prolongará hasta hoy. Un avión Awacs, y baterías antiaéreas, terminaron de blindar el cielo de Madrid.

Aunque los cortes de tráfico habían comenzado el jueves y los trabajos de vigilancia de la Policía ya eran evidentes desde muchos días antes, desde la noche del viernes se hicieron especialmente evidentes. Fue precisamente en esas primeras horas cuando se produjo el único incidente de cierta entidad, aunque desligado de la boda real. Un joven de 27 años resultó herido grave por tres disparos efectuados por un policía cuando alrededor de las diez y media de la noche del viernes huía en un coche que presuntamente había sustraído. El suceso ocurrió después de que los agentes vieran a una pareja que corría pidiendo auxilio detrás de un Citröen Saxo ocupado por el presunto delincuente -identificado como Roberto Z.G.- y su novia. Un agente de la Policía Municipal motorizado trató de cortar el paso al automóvil, pero el delincuente intentó arrollarle. Dos policías nacionales a pie, que también se encontraban en el lugar con motivo del dispositivo de seguridad dispuesto para la boda real, le dieron el alto e hicieron disparos intimidatorios al aire.

Tres impactos de bala

Sin embargo, el conductor del automóvil persistió en su huida y arrolló a dos personas en una motocicleta, que afortunadamente no sufrieron heridas de importancia. Fue entonces cuando uno de los policías nacionales realizó varios disparos impactando seis de ellos en el automóvil. Tres de ellos hirieron al sospechoso en la rodilla izquierda, la espalda y el abdomen. El fugitivo, tras chocar con un pivote de la calle, abandonó el vehículo en la confluencia de las calles León con Prado y prosiguió su huida a pie, dejando a su pareja en el interior.

Minutos después fue localizado por otros policías nacionales en la glorieta de Atocha, quienes tras detenerle avisaron al Samur, cuyo personal le estabilizó y trasladó al Hospital Gregorio Marañón, donde ingresó grave.

Ya a primeras horas de la madrugada de ayer la Policía había tomado literalmente las calles por las que más tarde discurriría la cortejo nupcial. Y esa era la parte más visible del dispositivo, porque el subsuelo de la ciudad también era peinado una vez más, tal como ha venido sucediendo desde hace algunas semanas. En la superficie, cada dos o tres metros un agente vigilaba los movimientos de los ciudadanos, que previamente habían tenido que superar un cinturón de seguridad. Se les registró bolsos, mochilas, se utilizaron detectores de metales y se pidió la documentación en los casos en que se consideró necesario. A pesar del engorro que esto supone para los ciudadanos, no hubo ni un solo incidente y todos colaboraron de buen grado con las Fuerzas de Seguridad.

Tal como se había informado, se habían cerrado previamente las bocas de Metro próximas al recorrido que iban a hacer los novios, si bien se reabrieron a primeras horas de la tarde. Asimismo, tiradores de elite de la Policía y la Guardia Civil permanecieron apostados en las azoteas de edificios estratégicamente elegidos y un helicóptero policial vigilaba desde el aire para detectar cualquier movimiento sospechoso.

Además, ambulancias y hospitales de campaña jalonaban el recorrido y cuatro retenes de bomberos estaban alerta para hacer frente a cualquier circunstancia. Al final, por fortuna, no tuevieron que intervenir y las incidencias más destacadas se redujeron a una veintena de asistencias sanitarias, la mayor parte de ellas a causa de lipotimias. Incluso, desde las centralitas de los servicios de emergencia se destacaba el descenso de llamadas respecto a un día normal, sobre todo durante el tiempo que duró la boda, y posteriormente la mayor parte de ellas se debieron a los pequeños estragos causados por la lluvia.

Normalidad en Barajas

Mientras tanto, los vuelos de las compañías aéreas comerciales se desarrollaron con normalidad en el aeropuerto de Barajas, donde se programaron 894 operaciones. Según fuentes de AENA, se trata de un número similar de vuelos al de cualquier otro sábado del año. Entre las seis de la tarde del viernes y las ocho de la tarde de hoy el ministerio de Defensa decretó la prohibición de vuelos sobre el espacio aéreo de Madrid que operen bajo reglas visuales, como son los de avionetas, globos y helicópteros, entre otros. Según AENA, esta medida de seguridad no afecta, en principio, a los movimientos que se realicen desde el aeropuerto de Madrid de vuelos comerciales instrumentales o de emergencias y seguridad. Para hoy aeropuerto de Barajas tiene programadas 969 operaciones, de las que 480 son llegadas y 489 salidas.

En definitiva, la boda real transcurrió con absoluta normalidad y las Fuerzas de Seguridad superaron con éxito el reto, el primero importante en esta materia del Gobierno socialista.

 

Dos meses de trabajo para blindar el Rolls Royce utilizado por los novios

Uno de los interrogantes que había surgido en torno a la boda real era el aspecto del Rolls Royce en el que los novios iban a hacer el recorrido por las calles de Madrid. El reto era importante, ya que debía conjugar la seguridad de los novios con una buena visibilidad para que los ciudadanos pudieran homenajear a los ya Príncipes de Asturias. En enero, la Casa Real aprobó el proyecto presentado por la empresa «Imaho, Blindajes y Transformaciones», con sede en Coslada (Madrid), fundada en 1973 por Félix Hernández y que en la actualidad capitanean sus hijos, Félix, como director de fabricación, Eugenio, director de compras, y Paloma, directora comercial. Según explicó a ABC esta última, que agradeció a la Casa Real la confianza depositada, los trabajos sobre el automóvil se han prolongado durante dos meses y se entregó a la Casa Real en abril. Han incluido el acristalamiento del vehículo con un material de vidrio que cumple con los estándares de resistencia a proyectiles homologados por la UE, si bien por razones de seguridad no se hacen públicos sus niveles exactos de resistencia. Pero además, la empresa instaló un sistema de aire acondicionado independiente del motor del coche, que al ser de los años 50 podría haberse resentido en caso contrario. Además, la firma Imaho acometió el acondicionamiento interior del vehículo, necesario para garantizar la comodidad de los novios. Se incluyó en este apartado, entre otros aspectos, la tapicería. Los trabajos realizados permitirán, tras la boda real, devolver al Rolls Royce su aspecto original, un detalle importante dado que se trata de una pieza única.

 

Nunca Madrid resultó una ciudad tan segura

LA RAZÓN acompañó a un equipo de las Unidades de Intervención Policial durante la intensa

Una riada de jóvenes imberbes vestidos de azul fluye en nutridos grupos desde la calle Alcalá hasta la plaza de la Cibeles. Son las cuatro y media de la madrugada del viernes al sábado y los alumnos de la Academia de Policía de Ávila, los que se encuentran en periodo de prácticas y los encuadrados en el «aula práctica» acaban de llegar al corazón de Madrid para incorporarse al dispositivo de seguridad de la Boda Real.

Un tirador de élite escruta el
horizonte desde la azotea

Sin pérdida de tiempo, serán apostados a lo largo del recorrido por el que transitará la comitiva nupcial nueve horas después, cuando Don Felipe y Doña Letizia hayan contraído matrimonio.

Los cadetes fueron la última piedra colocada en el impresionante «edificio» de seguridad que, funcionando con la precisión de un reloj suizo, permitió que la boda más esperada de los últimos años fuese un rotundo éxito. Sólo un percance alteró el ánimo de los profesionales. Poco después de las once de la noche del viernes, un joven de unos 27 años robó un coche en las inmediaciones de la calle Atocha y trató de saltarse uno de los controles de seguridad. La respuesta de la Policía fue inmediata. No estaba el horno para bollos en un día en que no se podía cometer ningún error. Tres disparos, uno en la pierna derecha, otro en el pecho y un último en el abdomen, enviaron al -ayer más que nunca- incauto delincuente al servicio de urgencias del hospital Gregorio Marañón con heridas graves.

Eficacia. Fue el único borrón a un trabajo formidable. Sin más incidentes de gravedad que lamentar, la labor de las Fuerzas de Seguridad en el día de ayer fue sobresaliente. Incluso la inoportuna lluvia que cayó durante la noche y parte del día y que arruinó la llegada de Doña Letizia a la catedral de la Almudena contribuyó a esta brillante labor. «A nosotros nos ha venido bien. Ha evitado que la gente se quedase apostada en el recorrido desde primeras horas de la madrugada y que, con ello, tuviéramos que expulsarla después detrás de los tres filtros de seguridad que había en cada zona para cachearlos», explicaba el inspector jefe Fuentes, responsable de la IX UIP, con base en Oviedo, con el que LA RAZÓN patrulló Madrid desde las doce de la noche del viernes hasta las dos de la tarde del sábado.

Tomada hasta el último rincón por más de 20.000 agentes de policía y con sus principales arterias cortadas, Madrid era en la noche del viernes una ciudad muy diferente de la que acostumbra a ser. Mientras los operarios se afanaban en dar los últimos retoques a los adornos y vallas del recorrido, los miles de funcionarios de la Policía que ya estaban destacados en sus respectivos puestos -que no abandonaron hasta que la boda, banquete incluido, finalizó- daban a la urbe un aspecto algo fantasmagórico. En las primeras horas de ayer, el intenso trasiego de los miles de amantes de la noche madrileña que domina las calles por donde discurrió el recorrido fue sustituido por un ir y venir, alejado del bullicio habitual, de vehículos de la Policía, Samur y de otros servicios especiales. Sólo algún que otro despistado conductor se colaba en esta «verbena». En las aceras, especialmente en las de Gran Vía y la plaza de España, el ir y venir era el de jóvenes ávidos de fiesta que buscaban un nuevo bar en el que continuar la diversión hasta el amanecer. Mientras, en Cibeles, pequeños grupos de curiosos se arracimaban en las aceras para ver desfilar a toda velocidad a las caravanas de vehículos que llevaban a los mandatarios que acudieron a la cena de gala ofrecida en El Pardo. Pero en un punto la actividad ya era intensa a esas horas, casi febril. En la plaza de Ramales, estrechamente vigilados por varios agentes ¬que habían cerrado herméticamente horas antes la plaza de Oriente y alrededores, lugares muy sensibles-, centenares de personas se apiñaban tras unas vallas con un sólo objetivo: conseguir uno de los 5.000 lugares que el público tenía reservados en la plaza de la Armería del Palacio Real.

A medida que la noche avanzaba, las calles más concurridas se fueron despejando paulatinamente de transeúntes. La lluvia no invitaba a largas y épicas esperas.

La llegada de los alumnos de Ávila y de sus compañeros en prácticas marcó el punto de inflexión del operativo. El pausado ritmo que dominaba la ciudad hasta ese momento se aceleró de modo súbito. Los miles de jóvenes recién llegados empezaron a inundar las calles del recorrido y el ajetreo se volvió más que intenso. En uno de los laterales del paseo del Prado que conectan Cibeles con Neptuno se alineaban, aparcadas en batería, más de cincuenta furgonetas de las UIPs, tantas, que era casi posible llegar de una plaza a otra saltando sobre los techos de los vehículos. Sin embargo, tras la llegada de los alumnos, apenas si quedó alguna aparcada.

La mayoría salieron disparadas de inmediato en varias direcciones con el fin de llevar a las unidades a que están asignadas a los lugares que tenían en el dispositivo.

En las cloacas, la actividad también era intensa. «Aunque las alcantarillas han sido selladas hace unos días con puntos de soldadura, se hacen revisiones continuas para comprobar que ninguna ha sido desprecintada», explicaba Fuentes mientras comprobaba la situación del dispositivo recorriendo de manera lenta y meticulosa el recorrido.

El impresionante dispositivo de
seguridad en el recorrido

A las seis y media de la mañana, cada agente del Cuerpo Nacional de Policía involucrado en la «operación Lazo» ya se encontraba perfectamente ubicado en la posición que previamente le había sido asignada.

La tremenda visión, desde la plaza de España, de los laterales de la Gran Vía atestados de agentes de Policía era sobrecogedora y tranquilizante a partes iguales. En determinados puntos, apenas si había metro y medio de separación entre los funcionarios.

Los últimos en incorporarse a sus puestos fueron los tiradores de elite. Portando sus fusiles «Mauser» de precisión en aparatosos estuches, comenzaron a subir a las azoteas a eso de las siete y media, cuando la claridad de la mañana hacía útil su presencia. Acompañados de sus inseparables observadores, otearon sin descanso cada punto delicado hasta que todo pasó.

Media hora antes, los infatigables ciudadanos de Ramales empezaban a acceder a la plaza de la Armería, previo cacheo de cada uno de ellos. Como la espera se prometía larga, muchos iban provistos de sillas de playa que les fueron inmediatamente requisadas por la Policía. Más vale prevenir.

Momentos tensos. En este punto se vivieron momentos de cierta tensión. El ansia de los congregados por obtener uno de los limitados puestos en la plaza del palacio provocó conatos de avalanchas que obligaron a los agentes encargados del control a escalonar a los curiosos en tres grupos en la bajada que hay desde la plaza de Ramales hasta el Palacio Real. La sangre, afortunadamente, no llegó al río y el sentido común imperó.

Hasta el momento en que Don Felipe y Doña Letizia abandonaron la Almudena convertidos ya en Príncipes de Asturias, esperar fue lo único que hicieron todos los agentes de seguridad.

La lluvia que tanto había ayudado a la Policía durante la madrugada a evitar desagradables aglomeraciones en el recorrido de la comitiva nupcial persistía a primera hora de la mañana y se tornaba en ese momento en detestable compañero de guardia de los agentes apostados en el trayecto. «Lo que más rabia me da es que los chicos de Ávila, con la ilusión que traen por hacer las cosas, se están llevando una chupa de agua tremenda», se lamentaba Fuentes mientras observaba los alrededores de la plaza de Oriente.

Vuelta a la base. A las dos de la tarde, con los contrayentes ya alojados en el Palacio Real, donde tendrá lugar el banquete de celebración del enlace, el operativo comenzó a ser desmantelando paulatinamente y sólo quedó instalado un perímetro de seguridad en torno al regio edificio.

También se mantuvieron las restricciones al tráfico en la Gran Vía para facilitar la marcha de los invitados cuando terminaron el banquete. La IX UIP regresó horas después a la base que esta unidad tiene en el barrio madrileño de Moratalaz.

Allí descansó y «a las nueve o diez de la mañana de hoy», según afirmaba Fuentes, partirán de nuevo hacia Oviedo.

Seis horas y muchos kilómetros después, llegarán a tierras astures, donde les espera otro servicio en un partido de fútbol de Tercera División de la máxima rivalidad entre los dos equipos de la capital del Principado, menos «glamuroso» que una Boda Real pero igual de importante para estos agentes.

 

Hoteles reales

Los establecimientos de cinco estrellas seleccionados para los invitados refuerzan al máximo sus servicios, plantilla y seguridad.

Todo el mundo habla de una boda y de una noche de bodas, pero estos días hay muchas noches reales en Madrid. Los hoteles más lujosos de la capital han empezado a alojar a miembros de más de 40 casas reales, además de a una parte del resto de los 1.400 invitados del príncipe Felipe y Letizia Ortiz, entre los que se encuentran 30 jefes de Estado. El Ritz, el Palace, el Villa Magna y el Santo Mauro: los cinco estrellas más lujosos han activado un dispositivo especial para la Operación Boda de Estado.

"Estamos acostumbrados a recibir a altos cargos, pero esto es diferente", reconoce Luisa Rodríguez, directora del AC Santo Mauro, un palacete convertido en hotel (51 habitaciones) que hace poco se hizo popular por alojar al jugador del Real Madrid David Beckham, y por el que han pasado George Bush padre y el rey de Suecia. "Para la boda todo el hotel está a disposición de los invitados, ¡y todos tienen el mismo horario!", explica.

Plancha, peluquería, maquillaje, desayunos... todos a la vez. Ése es el principal problema, además de la seguridad, aunque depende del Estado (por ejemplo, se han instalado arcos detectores de metales en entradas de hoteles como el Ritz). La solución: reforzar al máximo los servicios. Todos los empleados, en alerta. En las horas críticas de la operación (desde la tarde de hoy hasta mañana por la mañana) se pueden alargar los turnos y contratar personal extra (casi siempre camareros).

En el sótano del Westin Palace, se encuentra uno de los puntos clave para la boda: la lavandería. Gracia Calero, Goyi López y Asunción Arranz están en el turno de tarde (15.00-23.00). "Lo que más nos pedirán será plancha", afirma López. Está previsto que los dos turnos que existen en este servicio se refuercen con otras dos personas. Arranz recuerda que una de las veces que más trabajó fue durante una boda hindú. "Duró días y días", recuerda, "jamás he planchado tantos vestidos". En este hotel, 150 de sus 417 habitaciones están reservadas para la boda.

Más personal, en especial en lavandería, peluquería, recepción; más botones, porteros, camareras de pisos... Ésa es la clave para afrontar cualquier imprevisto. En peluquería, por ejemplo, los hoteles de lujo tienen su propio centro o estilistas asociados que deberán estar disponibles en caso de una emergencia. "Nuestros masajistas han bloqueado sus agendas para estos días", explica la directora del Santo Mauro.

"Muchas delegaciones suelen traer consigo este tipo de cosas, pero nosotros estamos reforzados al máximo", afirma Manuel Pinto, de 62 años, jefe de recepción del Ritz, hotel situado enfrente del Palace, al lado del Museo del Prado. El puesto de Pinto, el empleado más veterano del Ritz, donde trabaja desde 1957, será vital. Desde allí se coordinan los grupos de huéspedes y se distribuyen las habitaciones "según las indicaciones de la Casa Real, porque hay que seguir a rajatabla el protocolo", cuenta.

El Ritz ya tiene reservadas sus 167 habitaciones para este fin de semana; un 80% se ha destinado a invitados, incluida la suite real (5.200 euros la noche en temporada alta), explica

su portavoz, José Luis Plaza. Nueve personas trabajarán en recepción en lugar de los cuatro o cinco habituales.

La organización de la boda ha convertido a la familia real en una especie de intermediaria de reservas. Zarzuela eligió los hoteles para los invitados que vienen de fuera de Madrid, aunque algunos se alojan en sus embajadas, y bloqueó un porcentaje de habitaciones con meses de antelación. Estos hoteles han recibido una lista con los nombres asignados. Los gastos de alojamiento corren a cargo de los asistentes.

La relación de huéspedes es secreto de Estado, por razones de seguridad. Tampoco ha trascendido quién se alojará en la suite real del Palace (3.400 euros la noche). En Madrid hay una veintena de hoteles del más alto nivel que cumplen los requisitos para recibir a invitados pertenecientes a casas reales. En total suman unas 8.000 camas. Además del Ritz, el Palace, el Villa Magna y el Santo Mauro, están el Intercontinental, el Gran Meliá Fénix y el Orfila, entre otros.

Estos hoteles están habituados a los grandes eventos: cumbres europeas, conferencias al más alto nivel... por lo que la base de su funcionamiento se mantiene. "Hemos aprovechado para dar una mano de pintura en algún salón y cambiar alguna tapicería", cuenta la relaciones públicas del Palace, Marta Aguilar. Los invitados a la boda se marcharán de ese hotel con un regalo: un abanico diseñado por Loewe para la ocasión.

Estos hoteles también saben cómo complacer a sus clientes, por muy raros que sean sus deseos: estrellas de cine que piden que se redecore la suite con colores de su gusto; huéspedes que piden a las siete de la tarde de un sábado un disfraz japonés para ir a una fiesta de última hora, y otros que piden una guitarra o un piano porque les apetece tocar a las tantas."Nunca puedes estar preparado al 100% para lo que un huésped pueda necesitar", dice la directora del Santo Mauro, y añade: "Siempre que tengas recursos, imaginación y dinero lo puedes conseguir casi todo".

 

Fuente:ABC
La Razón
23/05/2004
El País
21/05/2004

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