Seguridad Pública y Protección Civil
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El despliegue de las
Fuerzas de Seguridad y el Ejército garantizó la plena normalidad en
Madrid
Los gabinetes de
coordinación funcionaron a plena satisfacción y apenas hubo que atender
a algunas personas con pequeños problemas de salud
Los meses
de intenso trabajo para garantizar la normalidad durante la boda real
dieron ayer sus frutos en una jornada en la que se hizo buena la máxima
anglosajona de «No news, good news». Sin duda, la ausencia de
novedades en lo que se refiere a la seguridad fue la mejor de las
noticias y demostró una vez más la capacidad de las Fuerzas de Seguridad
para hacer frente al reto que supone un acto de estas características,
al que han asistido más de medio centenar de jefes de Estado, de
Gobierno y de Casas Reales de todo el mundo. El desafío, en esta
ocasión, era aún mayor, ya que se producía apenas dos meses después de
la matanza terrorista del 11-M, que permanece aún en la memoria
colectiva.
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Agentes
especiales de la Guardia Civil, es una de las azoteas
del Palacio Real |
En
estas condiciones, cualquier incidente podría haber desatado el pánico
en una ciudad que aún no ha conseguido cerrar la herida abierta por los
terroristas. Para evitar cualquier problema, las Fuerzas de
Seguridad han venido desarrollando a lo largo de las últimas semanas un
ingente trabajo en forma de controles continuos tanto en frontera como
interiores, inspección de edificios, del subsuelo, de instalaciones
estratégicas y, unido a ello, la indispensable labor de los Servicios de
Información.
Además de este trabajo de las Fuerzas de Seguridad, ha sido también
fundamental el operativo desplegado por las Fuerzas Armadas, que tanto
desde tierra como desde el aire han garantizado que la jornada
transcurriera con plena normalidad. Asimismo, desde la Comunidad de
Madrid y el Ayuntamiento se aportaron los efectivos sanitarios, de
bomberos y Protección Civil para hacer frente a cualquier contingencia.
Centros de coordinación
Los centros de coordinación, uno instalado en la secretaría de Estado
para la Seguridad, al mano de su titular, Antonio Camacho, y del
secretario de Estado de Defensa, Francisco Pardo, y otro en
Vicepresidencia del Gobierno, trabajaron ayer a pleno rendimiento,
procesando toda la información que les llegaba desde los distintos
puestos de mando de la Policía, la Guardia Civil, la Comunidad y el
Ayuntamiento. También la Casa Real puso en marcha un gabinete de crisis,
que tuvo su sede en el Palacio Real.
En el caso de la Policía, fue la Jefatura Superior, en la calle de
Federico Rubio y Galli, el lugar elegido para dirigir el dispositivo.
Allí, el director general del Cuerpo, acompañado por los máximos
responsables operativos, siguieron el desarrollo de la «Operación Lazo»,
como se bautizó el dispositivo de seguridad ciudadana y protección de
personalidades de la que se hicieron cargo los miles de policías
uniformados, y de la «Operación AXIS», centrada en las labores de
información e inteligencia.
La Dirección General de la Guardia Civil, al mando de su máximo
responsable, Carlos Gómez Arruche, también vivió una actividad frenética
y los mandos operativos permanecieron reunidos desde primeras horas de
la mañana.
Zona de exclusión aérea
Por su parte, los F-18 de las bases aéreas de Zaragoza y Madrid
estuvieron en alerta («scramble», en su nombre técnico) para poder
despegar el primero de ellos en un máximo de tres minutos.
Permanentemente, cuatro de estos aparatos estuvieron sobrevolando la
zona para vigilar el cumplimiento de la zona de exclusión aérea para
vuelos que operen bajo reglas visuales, que abarcó un radio de 96,2
kilómetros y se prolongará hasta hoy. Un avión Awacs, y baterías
antiaéreas, terminaron de blindar el cielo de Madrid.
Aunque los cortes de tráfico habían comenzado el jueves y los
trabajos de vigilancia de la Policía ya eran evidentes desde muchos días
antes, desde la noche del viernes se hicieron especialmente evidentes.
Fue precisamente en esas primeras horas cuando se produjo el único
incidente de cierta entidad, aunque desligado de la boda real. Un joven
de 27 años resultó herido grave por tres disparos efectuados por un
policía cuando alrededor de las diez y media de la noche del viernes
huía en un coche que presuntamente había sustraído. El suceso ocurrió
después de que los agentes vieran a una pareja que corría pidiendo
auxilio detrás de un Citröen Saxo ocupado por el presunto delincuente
-identificado como Roberto Z.G.- y su novia. Un agente de la Policía
Municipal motorizado trató de cortar el paso al automóvil, pero el
delincuente intentó arrollarle. Dos policías nacionales a pie, que
también se encontraban en el lugar con motivo del dispositivo de
seguridad dispuesto para la boda real, le dieron el alto e hicieron
disparos intimidatorios al aire.
Tres impactos de bala
Sin embargo, el conductor del automóvil persistió en su huida y arrolló
a dos personas en una motocicleta, que afortunadamente no sufrieron
heridas de importancia. Fue entonces cuando uno de los policías
nacionales realizó varios disparos impactando seis de ellos en el
automóvil. Tres de ellos hirieron al sospechoso en la rodilla izquierda,
la espalda y el abdomen. El fugitivo, tras chocar con un pivote de la
calle, abandonó el vehículo en la confluencia de las calles León con
Prado y prosiguió su huida a pie, dejando a su pareja en el interior.
Minutos después fue localizado por otros policías nacionales en la
glorieta de Atocha, quienes tras detenerle avisaron al Samur, cuyo
personal le estabilizó y trasladó al Hospital Gregorio Marañón, donde
ingresó grave.
Ya a primeras horas de la madrugada de ayer la Policía había tomado
literalmente las calles por las que más tarde discurriría la cortejo
nupcial. Y esa era la parte más visible del dispositivo, porque el
subsuelo de la ciudad también era peinado una vez más, tal como ha
venido sucediendo desde hace algunas semanas. En la superficie, cada dos
o tres metros un agente vigilaba los movimientos de los ciudadanos, que
previamente habían tenido que superar un cinturón de seguridad. Se les
registró bolsos, mochilas, se utilizaron detectores de metales y se
pidió la documentación en los casos en que se consideró necesario. A
pesar del engorro que esto supone para los ciudadanos, no hubo ni un
solo incidente y todos colaboraron de buen grado con las Fuerzas de
Seguridad.
Tal como se había informado, se habían cerrado previamente las bocas de
Metro próximas al recorrido que iban a hacer los novios, si bien se
reabrieron a primeras horas de la tarde. Asimismo, tiradores de elite de
la Policía y la Guardia Civil permanecieron apostados en las azoteas de
edificios estratégicamente elegidos y un helicóptero policial vigilaba
desde el aire para detectar cualquier movimiento sospechoso.
Además, ambulancias y hospitales de campaña jalonaban el recorrido y
cuatro retenes de bomberos estaban alerta para hacer frente a cualquier
circunstancia. Al final, por fortuna, no tuevieron que intervenir y las
incidencias más destacadas se redujeron a una veintena de asistencias
sanitarias, la mayor parte de ellas a causa de lipotimias. Incluso,
desde las centralitas de los servicios de emergencia se destacaba el
descenso de llamadas respecto a un día normal, sobre todo durante el
tiempo que duró la boda, y posteriormente la mayor parte de ellas se
debieron a los pequeños estragos causados por la lluvia.
Normalidad en Barajas
Mientras tanto, los vuelos de las compañías aéreas comerciales se
desarrollaron con normalidad en el aeropuerto de Barajas, donde se
programaron 894 operaciones. Según fuentes de AENA, se trata de un
número similar de vuelos al de cualquier otro sábado del año. Entre las
seis de la tarde del viernes y las ocho de la tarde de hoy el ministerio
de Defensa decretó la prohibición de vuelos sobre el espacio aéreo de
Madrid que operen bajo reglas visuales, como son los de avionetas,
globos y helicópteros, entre otros. Según AENA, esta medida de seguridad
no afecta, en principio, a los movimientos que se realicen desde el
aeropuerto de Madrid de vuelos comerciales instrumentales o de
emergencias y seguridad. Para hoy aeropuerto de Barajas tiene
programadas 969 operaciones, de las que 480 son llegadas y 489 salidas.
En definitiva, la boda real transcurrió con absoluta normalidad y las
Fuerzas de Seguridad superaron con éxito el reto, el primero importante
en esta materia del Gobierno socialista.
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Dos meses de
trabajo para blindar el Rolls Royce utilizado por los novios |
| Uno de los
interrogantes que había surgido en torno a la boda real era el
aspecto del Rolls Royce en el que los novios iban a hacer el
recorrido por las calles de Madrid. El reto era importante, ya
que debía conjugar la seguridad de los novios con una buena
visibilidad para que los ciudadanos pudieran homenajear a los ya
Príncipes de Asturias. En enero, la Casa Real aprobó el proyecto
presentado por la empresa «Imaho, Blindajes y Transformaciones»,
con sede en Coslada (Madrid), fundada en 1973 por Félix
Hernández y que en la actualidad capitanean sus hijos, Félix,
como director de fabricación, Eugenio, director de compras, y
Paloma, directora comercial. Según explicó a ABC esta última,
que agradeció a la Casa Real la confianza depositada, los
trabajos sobre el automóvil se han prolongado durante dos meses
y se entregó a la Casa Real en abril. Han incluido el
acristalamiento del vehículo con un material de vidrio que
cumple con los estándares de resistencia a proyectiles
homologados por la UE, si bien por razones de seguridad no se
hacen públicos sus niveles exactos de resistencia. Pero además,
la empresa instaló un sistema de aire acondicionado
independiente del motor del coche, que al ser de los años 50
podría haberse resentido en caso contrario. Además, la firma
Imaho acometió el acondicionamiento interior del vehículo,
necesario para garantizar la comodidad de los novios. Se incluyó
en este apartado, entre otros aspectos, la tapicería. Los
trabajos realizados permitirán, tras la boda real, devolver al
Rolls Royce su aspecto original, un detalle importante dado que
se trata de una pieza única. |
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Nunca Madrid
resultó una ciudad tan segura |
| LA RAZÓN
acompañó a un equipo de las Unidades de Intervención Policial
durante la intensa Una
riada de jóvenes imberbes vestidos de azul fluye en nutridos
grupos desde la calle Alcalá hasta la plaza de la Cibeles. Son
las cuatro y media de la madrugada del viernes al sábado y los
alumnos de la Academia de Policía de Ávila, los que se
encuentran en periodo de prácticas y los encuadrados en el
«aula práctica» acaban de llegar al corazón de Madrid para
incorporarse al dispositivo de seguridad de la Boda Real.
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Un
tirador de élite escruta el
horizonte desde la azotea |
Sin pérdida de tiempo,
serán apostados a lo largo del recorrido por el que transitará
la comitiva nupcial nueve horas después, cuando Don Felipe y
Doña Letizia hayan contraído matrimonio.
Los cadetes fueron la última
piedra colocada en el impresionante «edificio» de seguridad que,
funcionando con la precisión de un reloj suizo, permitió que la
boda más esperada de los últimos años fuese un rotundo éxito.
Sólo un percance alteró el ánimo de los profesionales. Poco
después de las once de la noche del viernes, un joven de unos 27
años robó un coche en las inmediaciones de la calle Atocha y
trató de saltarse uno de los controles de seguridad. La
respuesta de la Policía fue inmediata. No estaba el horno para
bollos en un día en que no se podía cometer ningún error. Tres
disparos, uno en la pierna derecha, otro en el pecho y un último
en el abdomen, enviaron al -ayer más que nunca- incauto
delincuente al servicio de urgencias del hospital Gregorio
Marañón con heridas graves.
Eficacia. Fue el único borrón a un trabajo formidable.
Sin más incidentes de gravedad que lamentar, la labor de las
Fuerzas de Seguridad en el día de ayer fue sobresaliente.
Incluso la inoportuna lluvia que cayó durante la noche y parte
del día y que arruinó la llegada de Doña Letizia a la catedral
de la Almudena contribuyó a esta brillante labor. «A nosotros
nos ha venido bien. Ha evitado que la gente se quedase apostada
en el recorrido desde primeras horas de la madrugada y que, con
ello, tuviéramos que expulsarla después detrás de los tres
filtros de seguridad que había en cada zona para cachearlos»,
explicaba el inspector jefe Fuentes, responsable de la IX UIP,
con base en Oviedo, con el que LA RAZÓN patrulló Madrid desde
las doce de la noche del viernes hasta las dos de la tarde del
sábado.
Tomada hasta el último
rincón por más de 20.000 agentes de policía y con sus
principales arterias cortadas, Madrid era en la noche del
viernes una ciudad muy diferente de la que acostumbra a ser.
Mientras los operarios se afanaban en dar los últimos retoques a
los adornos y vallas del recorrido, los miles de funcionarios de
la Policía que ya estaban destacados en sus respectivos puestos
-que no abandonaron hasta que la boda, banquete incluido,
finalizó- daban a la urbe un aspecto algo fantasmagórico. En las
primeras horas de ayer, el intenso trasiego de los miles de
amantes de la noche madrileña que domina las calles por donde
discurrió el recorrido fue sustituido por un ir y venir, alejado
del bullicio habitual, de vehículos de la Policía, Samur y de
otros servicios especiales. Sólo algún que otro despistado
conductor se colaba en esta «verbena». En las aceras,
especialmente en las de Gran Vía y la plaza de España, el ir y
venir era el de jóvenes ávidos de fiesta que buscaban un nuevo
bar en el que continuar la diversión hasta el amanecer.
Mientras, en Cibeles, pequeños grupos de curiosos se arracimaban
en las aceras para ver desfilar a toda velocidad a las caravanas
de vehículos que llevaban a los mandatarios que acudieron a la
cena de gala ofrecida en El Pardo. Pero en un punto la actividad
ya era intensa a esas horas, casi febril. En la plaza de
Ramales, estrechamente vigilados por varios agentes ¬que habían
cerrado herméticamente horas antes la plaza de Oriente y
alrededores, lugares muy sensibles-, centenares de personas se
apiñaban tras unas vallas con un sólo objetivo: conseguir uno de
los 5.000 lugares que el público tenía reservados en la plaza de
la Armería del Palacio Real.
A medida que la noche
avanzaba, las calles más concurridas se fueron despejando
paulatinamente de transeúntes. La lluvia no invitaba a largas y
épicas esperas.
La llegada de los alumnos de
Ávila y de sus compañeros en prácticas marcó el punto de
inflexión del operativo. El pausado ritmo que dominaba la ciudad
hasta ese momento se aceleró de modo súbito. Los miles de
jóvenes recién llegados empezaron a inundar las calles del
recorrido y el ajetreo se volvió más que intenso. En uno de los
laterales del paseo del Prado que conectan Cibeles con Neptuno
se alineaban, aparcadas en batería, más de cincuenta furgonetas
de las UIPs, tantas, que era casi posible llegar de una plaza a
otra saltando sobre los techos de los vehículos. Sin embargo,
tras la llegada de los alumnos, apenas si quedó alguna aparcada.
La mayoría salieron disparadas
de inmediato en varias direcciones con el fin de llevar a las
unidades a que están asignadas a los lugares que tenían en el
dispositivo.
En las cloacas, la actividad
también era intensa. «Aunque las alcantarillas han sido selladas
hace unos días con puntos de soldadura, se hacen revisiones
continuas para comprobar que ninguna ha sido desprecintada»,
explicaba Fuentes mientras comprobaba la situación del
dispositivo recorriendo de manera lenta y meticulosa el
recorrido.
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El
impresionante dispositivo de
seguridad en el recorrido |
A las seis y media de la
mañana, cada agente del Cuerpo Nacional de Policía involucrado
en la «operación Lazo» ya se encontraba perfectamente
ubicado en la posición que previamente le había sido asignada.
La tremenda visión, desde la
plaza de España, de los laterales de la Gran Vía atestados de
agentes de Policía era sobrecogedora y tranquilizante a partes
iguales. En determinados puntos, apenas si había metro y medio
de separación entre los funcionarios.
Los últimos en incorporarse a
sus puestos fueron los tiradores de elite. Portando sus fusiles
«Mauser» de precisión en aparatosos estuches, comenzaron
a subir a las azoteas a eso de las siete y media, cuando la
claridad de la mañana hacía útil su presencia. Acompañados de
sus inseparables observadores, otearon sin descanso cada punto
delicado hasta que todo pasó.
Media hora antes, los
infatigables ciudadanos de Ramales empezaban a acceder a la
plaza de la Armería, previo cacheo de cada uno de ellos. Como la
espera se prometía larga, muchos iban provistos de sillas de
playa que les fueron inmediatamente requisadas por la Policía.
Más vale prevenir.
Momentos tensos. En este punto
se vivieron momentos de cierta tensión. El ansia de los
congregados por obtener uno de los limitados puestos en la plaza
del palacio provocó conatos de avalanchas que obligaron a los
agentes encargados del control a escalonar a los curiosos en
tres grupos en la bajada que hay desde la plaza de Ramales hasta
el Palacio Real. La sangre, afortunadamente, no llegó al río y
el sentido común imperó.
Hasta el momento en que Don
Felipe y Doña Letizia abandonaron la Almudena convertidos ya en
Príncipes de Asturias, esperar fue lo único que hicieron todos
los agentes de seguridad.
La lluvia que tanto había
ayudado a la Policía durante la madrugada a evitar desagradables
aglomeraciones en el recorrido de la comitiva nupcial persistía
a primera hora de la mañana y se tornaba en ese momento en
detestable compañero de guardia de los agentes apostados en el
trayecto. «Lo que más rabia me da es que los chicos de Ávila,
con la ilusión que traen por hacer las cosas, se están llevando
una chupa de agua tremenda», se lamentaba Fuentes mientras
observaba los alrededores de la plaza de Oriente.
Vuelta a la base. A las dos de la tarde, con los contrayentes ya
alojados en el Palacio Real, donde tendrá lugar el banquete de
celebración del enlace, el operativo comenzó a ser desmantelando
paulatinamente y sólo quedó instalado un perímetro de seguridad
en torno al regio edificio.
También se mantuvieron las
restricciones al tráfico en la Gran Vía para facilitar la marcha
de los invitados cuando terminaron el banquete. La IX UIP
regresó horas después a la base que esta unidad tiene en el
barrio madrileño de Moratalaz.
Allí descansó y «a las
nueve o diez de la mañana de hoy», según afirmaba Fuentes,
partirán de nuevo hacia Oviedo.
Seis horas y muchos kilómetros
después, llegarán a tierras astures, donde les espera otro
servicio en un partido de fútbol de Tercera División de la
máxima rivalidad entre los dos equipos de la capital del
Principado, menos «glamuroso» que una Boda Real pero
igual de importante para estos agentes. |
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Hoteles
reales |
| Los
establecimientos de cinco estrellas seleccionados para los
invitados refuerzan al máximo sus servicios, plantilla y
seguridad. Todo el
mundo habla de una boda y de una noche de bodas, pero estos días
hay muchas noches reales en Madrid. Los hoteles más lujosos de
la capital han empezado a alojar a miembros de más de 40 casas
reales, además de a una parte del resto de los 1.400 invitados
del príncipe Felipe y Letizia Ortiz, entre los que se encuentran
30 jefes de Estado. El Ritz, el Palace, el Villa Magna y el
Santo Mauro: los cinco estrellas más lujosos han activado un
dispositivo especial para la Operación Boda de Estado.
"Estamos acostumbrados a recibir a altos cargos, pero esto es
diferente", reconoce Luisa Rodríguez, directora del AC Santo
Mauro, un palacete convertido en hotel (51 habitaciones) que
hace poco se hizo popular por alojar al jugador del Real Madrid
David Beckham, y por el que han pasado George Bush padre y el
rey de Suecia. "Para la boda todo el hotel está a disposición de
los invitados, ¡y todos tienen el mismo horario!", explica.
Plancha, peluquería, maquillaje, desayunos... todos a la vez.
Ése es el principal problema, además de la seguridad, aunque
depende del Estado (por ejemplo, se han instalado arcos
detectores de metales en entradas de hoteles como el Ritz). La
solución: reforzar al máximo los servicios. Todos los empleados,
en alerta. En las horas críticas de la operación (desde la tarde
de hoy hasta mañana por la mañana) se pueden alargar los turnos
y contratar personal extra (casi siempre camareros).
En el sótano del Westin Palace, se encuentra uno de los puntos
clave para la boda: la lavandería. Gracia Calero, Goyi López y
Asunción Arranz están en el turno de tarde (15.00-23.00). "Lo
que más nos pedirán será plancha", afirma López. Está
previsto que los dos turnos que existen en este servicio se
refuercen con otras dos personas. Arranz recuerda que una de las
veces que más trabajó fue durante una boda hindú. "Duró días
y días", recuerda, "jamás he planchado tantos vestidos".
En este hotel, 150 de sus 417 habitaciones están reservadas para
la boda.
Más personal, en especial en lavandería, peluquería, recepción;
más botones, porteros, camareras de pisos... Ésa es la clave
para afrontar cualquier imprevisto. En peluquería, por ejemplo,
los hoteles de lujo tienen su propio centro o estilistas
asociados que deberán estar disponibles en caso de una
emergencia. "Nuestros masajistas han bloqueado sus agendas
para estos días", explica la directora del Santo Mauro.
"Muchas delegaciones suelen traer consigo este tipo de cosas,
pero nosotros estamos reforzados al máximo", afirma Manuel
Pinto, de 62 años, jefe de recepción del Ritz, hotel situado
enfrente del Palace, al lado del Museo del Prado. El puesto de
Pinto, el empleado más veterano del Ritz, donde trabaja desde
1957, será vital. Desde allí se coordinan los grupos de
huéspedes y se distribuyen las habitaciones "según las
indicaciones de la Casa Real, porque hay que seguir a rajatabla
el protocolo", cuenta.
El Ritz ya tiene reservadas sus 167 habitaciones para este fin
de semana; un 80% se ha destinado a invitados, incluida la suite
real (5.200 euros la noche en temporada alta), explica
su portavoz, José Luis Plaza. Nueve personas trabajarán en
recepción en lugar de los cuatro o cinco habituales.
La organización de la boda ha convertido a la familia real en
una especie de intermediaria de reservas. Zarzuela eligió los
hoteles para los invitados que vienen de fuera de Madrid, aunque
algunos se alojan en sus embajadas, y bloqueó un porcentaje de
habitaciones con meses de antelación. Estos hoteles han recibido
una lista con los nombres asignados. Los gastos de alojamiento
corren a cargo de los asistentes.
La relación de huéspedes es secreto de Estado, por razones de
seguridad. Tampoco ha trascendido quién se alojará en la
suite real del Palace (3.400 euros la noche). En Madrid hay una
veintena de hoteles del más alto nivel que cumplen los
requisitos para recibir a invitados pertenecientes a casas
reales. En total suman unas 8.000 camas. Además del Ritz, el
Palace, el Villa Magna y el Santo Mauro, están el
Intercontinental, el Gran Meliá Fénix y el Orfila, entre otros.
Estos hoteles están habituados a los grandes eventos: cumbres
europeas, conferencias al más alto nivel... por lo que la base
de su funcionamiento se mantiene. "Hemos aprovechado para dar
una mano de pintura en algún salón y cambiar alguna tapicería",
cuenta la relaciones públicas del Palace, Marta Aguilar. Los
invitados a la boda se marcharán de ese hotel con un regalo: un
abanico diseñado por Loewe para la ocasión.
Estos hoteles también saben cómo complacer a sus clientes, por
muy raros que sean sus deseos: estrellas de cine que piden que
se redecore la suite con colores de su gusto; huéspedes que
piden a las siete de la tarde de un sábado un disfraz japonés
para ir a una fiesta de última hora, y otros que piden una
guitarra o un piano porque les apetece tocar a las tantas."Nunca
puedes estar preparado al 100% para lo que un huésped pueda
necesitar", dice la directora del Santo Mauro, y añade:
"Siempre que tengas recursos, imaginación y dinero lo puedes
conseguir casi todo". |
Fuente:ABC
La Razón
23/05/2004
El País
21/05/2004
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