Seguridad Pública y Protección Civil
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ETA planea un secuestro
ante la falta de dinero y material para nuevos atentados
Los empresarios se
niegan a pagar el «impuesto revolucionario» tras la presión judicial de
Garzón
La
situación en la que se encuentra ETA, con muy poco dinero, ante la
negativa de los empresarios a pagar por la presión judicial de la
Audiencia Nacional, y sin explosivos, podría llevar a sus cabecillas a
ordenar un secuestro, según expertos antiterroristas consultados por LA
RAZÓN. Además, esta acción criminal, para que la banda cuenta con
infraestructura, le serviría para hacerse presente, de una manera
permanente, en la sociedad. El secuestro es un atentado que se comete
todos los días de su duración y que permite a los pistoleros mantener en
el tiempo su amenaza criminal.
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José María Aldaya,
último
secuestrado por la banda
terrorista ETA |
El
hallazgo, entre los papeles encontrados al cabecilla Ibon Fernández,
«Susper», de una lista de empresarios que supuestamente habían
pagado a ETA, se ha convertido, gracias a los expertos de la Comisaría
General de Información y a la decisión del juez Baltasar Garzón, en un
arma contra las finanzas de la banda. El magistrado ha llamado a
declarar, en condición de imputados, a estos industriales, algunos de
los cuales, como varios de la empresa Azkoyen, han sido procesados y han
estado a punto de ingresar en prisión.
Las noticias de la actividad de Garzón y de la Policía, han causado un
efecto «taumatúrgico» entre los empresarios receptores de las últimas
cartas remitidas por ETA en las que se les exigía el chantaje terrorista
conocido como «impuesto revolucionario» y que estaban dispuestos a
pagar. La casi totalidad de ellos, según las citadas fuentes, se han
negado a entregar dinero a la banda, que se ha quedado sin esos ingresos
y, al menos por el momento, sin la posibilidad de obtenerlos por otras
vías.
Las
recientes operaciones de la Guardia Civil contra el «aparato de
logística», en el curso de las cuales fue desmantelada la fábrica de
armas y el almacén de explosivos, que ETA escondía en un caserío de la
localidad francesa de Saint Michel, han dejado a los pistoleros sin gran
parte del material que precisan para sus atentados. (Lo que no quiere
decir que no tengan alguna disponibilidad de dinamita u otras
sustancias).
Esta
situación es la que podría provocar, según las citadas fuentes, que los
cabecillas ordenaran un secuestro a alguno de sus «comandos». Los
pistoleros tratarían, de este modo, de dar un aviso a los que no pagan
y, de paso, con el secuestro, que es un atentado que se comete todos los
días de su duración, hacerse presentes en la sociedad española y, en
particular, en la vasca, en la que tan escaso protagonismo tienen en los
últimos tiempos.
Las
referidas fuentes consideran que ETA puede tener infraestructura
suficiente para mantener a una persona secuestrada durante bastante
tiempo. Lo que le resultaría más difícil sería cobrar el rescate que
exigieran a los familiares de la persona afectada, ya que la vigilancia
que se ejerce en estos casos, muy mejorada en los últimos tiempos
gracias a los sofisticados sistemas introducidos por las Fuerzas de
Seguridad, hace muy complicada cualquier tipo de transación económica o
retirada de fondos.
Sin
embargo, la situación de desesperación de los cabecillas etarras, y el
deseo de dar una «alegría» a su desmoralizada militancia, en
especial a los presos, podría inducirles a ordenar el secuestro sin
haber previsto con anterioridad todos los detalles para el cobro del
rescate.
En otros
tiempos, cuando ETA gozaba de una cierta operatividad, los familiares
del secuestrado sabían, prácticamente desde el primer momento, antes
incluso de que las Fuerzas de Seguridad tuvieran conocimiento de lo
ocurrido, el procedimiento que tenían que seguir para efectuar los
pagos, y los plazos y las cantidades que debían entregar antes de la
puesta en libertad de la persona privada de libertad.
Con
posterioridad, el propio secuestrado debía seguir entregando dinero,
hasta la totalidad de la cantidad fijada como rescate, ante la amenaza
de represalias.
Otra de
las hipótesis con la que trabajan las Fuerzas de Seguridad es la de que
ETA intente destruir alguna instalación de los empresarios que se han
negado a pagar.
De
hecho, durante 2003, la banda cometió varios atentados con explosivos
contra industriales que no habían cedido al chantaje terrorista. El
19 de junio, pistoleros terroristas colocaron una bomba en una
subestación eléctrica, en Iurreta, Vizcaya. Cuatro días después, y para
amenazar a los empresasarios vascos, la banda hizo estallar un artefacto
en un conocido hotel de Neguri. El 6 de julio, la accción criminal se
dirigió contra una empresa de transportes en Bedia, Vizcaya; y, siete
días después, contra un hotel de Pamplona. El 31 de julio, el objetivo
fue una empresa de transportes en Azcoitia, Guipúzcoa; y, al día
siguiente, un concesionario de coches en Lejona, Vizcaya.El 12 de
octubre, nuevamente atentaron contra una empresa de transportes, esta
vez en Irún.
Fuente: La Razón
01/05/2004
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