Seguridad
Alimentaria y
Protección Biotecnológica
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Inseguridad alimentaria,
la amenaza que no cesa
En España se producen
950 brotes infecciosos anuales y la tercera parte se deben a la
salmonela
Cada
año se producen en España brotes de infecciones alimentarias que afectan
a unas 12.000 personas. El agente infeccioso, la dosis infectiva o
las características individuales de cada paciente determinan el riesgo y
la gravedad de la intoxicación. Generalmente ocasionan un trastorno
leve, pero puede llegar a ser grave y provocar la muerte.
En apenas un mes se han producido en España dos brotes de infección
alimentaria, los dos con consecuencias mortales.
Uno ocurrió el día 2 en la residencia de ancianos de Paredes de Nava
(Palencia) y causó 13 ingresos hospitalarios y seis defunciones; el
otro, el día 16, afectó a varios pueblos de Badajoz (La Zarza, Alange y
Villagonzalo), alcanzó a 113 personas y una de ellas murió. No son
episodios aislados. El porqué y el cómo ocurren estos episodios, cuál es
el riesgo real de sufrir una infección alimentaria son cuestiones que no
siempre consiguen aclararse. Tampoco está del todo claro quién debe
responsabilizarse de la vigilancia y seguridad de los alimentos.
En España se contabilizan unos 950 brotes alimentarios al año
que afectan a entre 11.000 y
13.000
personas y producen, salvo excepciones, como la de este mes,
alrededor de cinco muertes. Los agentes que causan más enfermedades
alimentarias son las bacterias, y entre ellas predomina la salmonela (en
España la más frecuente es el serotipo enteritidis). La inadecuada
refrigeración, el consumo de alimentos crudos o preparados con gran
antelación y una incorrecta manipulación figuran entre las causas
más frecuentes. Y entre los alimentos más frecuentemente involucrados
están los huevos y sus derivados, principalmente las salsas y mayonesas,
seguidos a distancia del pescado y los mariscos, y la carne.
"Las enfermedades de transmisión alimentaria que con más frecuencia
se notifican son las producidas por agentes infecciosos
(bacterias, virus, parásitos, hongos o sus toxinas) y pueden
manifestarse en casos aislados o en brotes. Casi todos estos procesos se
manifiestan con gastroenteritis y, generalmente, producen vómitos,
diarrea, fiebre y dolor abdominal, apunta la portavoz del Centro
Nacional de Epidemiología (CNE).De los 3.818 brotes alimentarios
notificados al CNE entre 1998 y 2001, el 38,5% se relacionan con el
consumo de huevos y derivados; y, de ellos, el 85,5% se asocian a la
salmonella.
La vigilancia epidemiológica es, en este tipo de
procesos, esencial. Se realiza a través de varias instituciones y
sistemas. En 1995 se creo la Red Nacional de Vigilancia Epidemiológica (Renave)
que integra la información de las Enfermedades de Declaración
Obligatoria (EDO), el Sistema de Vigilancia Epidemiológica de Brotes y
el Sistema de Información Microbiológica.
"La fuente de información de estos sistemas básicos lo constituyen, por
una parte, los médicos, que notifican los casos aislados y los brotes
alimentarios a los responsables de sus comunidades y éstos al Centro
Nacional de Epidemiología; y por otra, los laboratorios hospitalarios de
microbiología, que notifican los diagnósticos de los casos individuales
tanto al médico como al Sistema de Vigilancia Epidemiológica. La Red
Nacional se coordina desde el Centro Nacional de Epidemiología y está en
contacto con otras entidades y redes nacionales e internacionales",
apunta la portavoz del CNE.
Las comunidades autónomas y los ayuntamientos poseen la competencia
ejecutiva de la seguridad alimentaria. La Agencia Española de
Seguridad Alimentaria (AESA) se responsabiliza de la coordinación
interterritorial e intersectorial de las empresas alimentarias y sirve
de referencia a las administraciones sanitarias de los gobiernos
autonómicos en la evaluación, gestión y comunicación de los riesgos
alimentarios. Entre los programas que coordinó esta entidad en 2003
figura el del Control Oficial de los Alimentos, en el que los servicios
de inspección de las distintas comunidades realizaron más de 1.500.000
inspecciones en unos 330.000 establecimientos de alimentación.
"La Comunidad de Madrid, al igual que la mayoría de comunidades
autónomas, inspecciona las industrias alimentarias", explica Manuel
Cepedano, jefe del departamento de Higiene y Seguridad Alimentaria del
Instituto de Salud Pública de esta comunidad. "Los ayuntamientos
inspeccionan a los minoristas, carnicerías, bares o restaurantes".
Cada vez se distribuye y consume más comida preparada. Tanto las
administraciones o servicios que las contratan (colegios, residencias)
como las empresas suministradoras son conscientes de se trata de una
actividad de riesgo en la que el control de la seguridad y la higiene es
esencial, puesto que cuando se produce una incidencia, las consecuencias
pueden ser graves y afectar a un número importante de personas. Y cada
vez más la seguridad tiene que ver con la organización y la tecnología.
Así lo entienden los directivos de Enasui, empresa de comida
preparada que se dedica al servicio comercial (cafeterías y
restaurantes) y colectivo (colegios y empresas). "Nuestra cocina dispone
de un novedoso diseño de separación de zonas para evitar posibles
riesgos de infección. Así, la sala de preparado del alimento se divide
en cuatro zonas: una para carnes, otra para aves, otra para pescados y
otra para verduras. También hemos instalado cuatro puertas de acceso a
la cocina: dos de entrada; una para la materia prima y otra para las
bandejas isotérmicas sucias; una de salida, para el producto elaborado
y, otra de entrada y salida para los contenedores de la basura.
Generalmente, las cocinas sólo tienen una", dice Enrique Velasco,
director general de la empresa madrileña.
A sólo un mes de su inauguración, Enasui distribuye unas 3.600 comidas
diarias a 22 establecimientos, entre los que priman los colegios. "Hemos
integrado todas las medidas de seguridad e higiene reglamentarias,
incluido el sistema de Análisis de Peligros y Puntos de Control
Crítico", indica el director financiero, José Miguel Enrique.
El sistema de Análisis de Peligros y Puntos de Control Crítico (APPCC),
aunque establecido en 1993, todavía está poco introducido en las
empresas españolas, a pesar de ser obligatorio. Se trata de un sistema
preventivo mediante el cual la empresa asegura la calidad del producto
antes de que se distribuya. Para ello dispone de numerosas guías y
códigos internacionales.
"Lo que hace este sistema es un marcado paso a paso de todo el proceso
de fabricación en un análisis de flujo. Esto le permite hacer un estudio
de los peligros más significativos para la seguridad alimentaria y
prever cómo va a controlar los peligros, qué va a hacer cuando se salga
del límite que ha establecido y verificar que el proceso funciona
correctamente. Todos esos datos tienen que estar registrados", subraya
Cepedano.
Sin embargo, "el sistema de autocontrol no acaba de arrancar en
España. Su establecimiento y desarrollo requiere de un trabajo
complejo y minucioso en el que falta formación y equipos entrenados que
puedan ayudar a instaurarlo", advierte Bernardo Nores, inspector técnico
de Salud Pública de la Consejería de Sanidad de la Junta de Galicia.
Una red global
Cada año, más de 2.000 millones de personas padecen en todo el mundo
alguna enfermedad de transmisión alimentaria. La Organización Mundial de
la Salud (OMS) y la Organización para la Agricultura y la Alimentación
(FAO) acaban de lanzar en el segundo Foro Mundial de Expertos en
Reglamentación sobre Inocuidad de los Alimentos, celebrado del 12 al 14
de octubre en Bangkok (Tailandia), la Red Global de Seguridad
Alimentaria (Infosan), una iniciativa de la Agencia Española de
Seguridad Alimentaria (AESA), que, diseñada conjuntamente con la OMS,
reforzará la capacidad de los países para responder conjuntamente en
caso de emergencia de origen alimentario.
"En la Unión Europea tenemos una red de alertas que funciona muy bien,
pero estaba claro que teníamos que ir más allá y disponer de una red
global que nos permitiera mantener un intercambio de información rápido;
tener acceso a la evidencia científica más actualizada y contar con una
red de emergencias, Infosan Emergency, para aquellos casos de crisis que
puedan surgir a nivel mundial", indica María Neira, presidenta de la
AESA e impulsora de Infosan.
La nueva red virtual, diseñada conjuntamente por la AESA y la OMS, fue
aprobada en la 57ª Asamblea de la Organización Mundial de la Salud. De
momento, ya se han inscrito 102 países y se espera que se sumen la
totalidad de los Estados miembros.
A juicio de la presidenta de la Agencia, "la red global tiene otros
efectos positivos añadidos que redundarán en el beneficio de la
población mundial: la transparencia informativa de los países
participantes, será más difícil esconder o manipular la información; la
coherencia, si algún país quiere adoptar medidas desproporcionadas sobre
un alimento o población, los expertos podremos presionar para que prime
la coherencia científica antes que los mecanismos de presión, y, por
último, el factor mediático, si la información circula rápidamente y
está bien gestionada evitaremos crear alarmas o sensacionalismos".
Fuente: El País
26.10.04
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