Belt Ibérica S.A. Analistas de Prevención

- Menú -

HOME

Noticias...
Se busca...
Eventos...
Legislación...
Bibliografía...
Artículos...

> MAPA del WEB <

Su opinión...

Envíenos la noticia o el comentario que desee.

 

 

Noticias Profesionales

  

Noticias

Miércoles, 10 de noviembre de 2004


Seguridad Corporativa y Protección del Patrimonio

El guardaespaldas de Arafat

Mi vida con Arafat: Mohamed al Daya ha sido el guardaespaldas de Arafat durante doce años. Nadie le conoce tan de cerca, ni ha compartido más noches en vela y jornadas frenéticas. Nadie como él para contarnos que el «rais» no es como el resto de los seres humanos

 

Foto: ABCMohamed al Daya ha sido durante doce años la sombra de Arafat. Desde 1989 hasta 2001 ha viajado en el asiento delantero derecho del coche del líder palestino, ha dormido junto a la puerta de su dormitorio, le ha acompañado en todas sus entrevistas oficiales y ha compartido día a día su enloquecedora vida. Ha sido el ángel de la guarda del líder palestino durante todos estos años. Muy pocos pueden alardear como él de saber cómo era el «rais» cuando se apagaban los focos de la atención pública. Y ninguno tan cualificado como él para sentenciar que «Arafat no tuvo ni un solo día normal en su vida».

El padre de Al Daya ya era el más cercano guardaespaldas de Arafat durante la época en la que el líder palestino se vio obligado a vivir en Túnez. Un ataque israelí acabó con su vida cuando Mohamed era un adolescente de 17 años. Pidió al «rais» que le diera un fusil y le mantuviera a su lado. Arafat le prometió que ocuparía el puesto de su padre en cuanto terminara sus estudios. Y así fue. Durante doce años, Al Daya ha sido el fornido y mostachudo personaje que aparecía en todas las fotos de Arafat. Hasta que el hombre se confió, y habló con unos amigos algo de lo que nunca tendría que haber hablado... y fue trasladado de puesto, aunque nunca degradado.

Al Daya siente devoción por su jefe. Lo que no le impide reconocer que la vida familiar y personal de Arafat ha sido un disparatado desastre. «Nunca encontrará usted un hombre tan desapegado de su familia como él -nos cuenta-. No tenía vida personal. Su vida era la de su patria... Todos tenemos la conciencia de un deber que debemos cumplir en esta vida. Él creía que su sentido del deber no le obligaba con su familia, sino con su patria».

Su esposa quiso cambiarle

Su matrimonio con Suha no ha sido un matrimonio corriente. «Su esposa enseguida se dio cuenta de que Arafat no era para ella». Y no podía hacer nada para remediarlo. «Se quejaba y se desahogaba con nosotros, con los guardaespaldas, pero nada más». La mujer quiso introducir algún cambio en la espartana vida del líder, pero con escaso éxito. «Su casa tenía dos plantas, pero Abu Ammar -alias de Arafat- vivía siempre en el bajo, donde tenía un dormitorio con una sola cama, un despacho, un cuarto de estar y una salita de gimnasia con una bicicleta estática».

Su esposa intentó adecentar una casita más coqueta en la segunda planta, compró muebles extranjeros, cortinas, pero aquello, por lo visto, horrorizó a su marido. «Se quedó como conmocionado. No le gustó nada. No quería ni ver aquellos muebles. E insistió en seguir viviendo en la primera planta».

La política, la causa palestina, llenaba las veinticuatro horas de Arafat. «No le interesaba el fútbol, ni la televisión, ni el cine... alguna vez nos veía que estábamos disfrutando de una película y nos preguntaba muy intrigado, como si no comprendiera lo que estábamos haciendo: ¿Pero qué estáis mirando? Lo único que él veía en la televisión eran las noticias».

Su única ilusión

Intentamos convencer a Mohamed de que todos los hombres tienen alguna afición, alguna ilusión fuera de la política... «No tenía aficiones. Nada de «hobbies». Su única ilusión era ver flotar la bandera de Palestina sobre Jerusalén», insiste.

Foto: El CorreoEstá claro que, pese al desencuentro de los últimos años, Mohamed venera a su antiguo jefe. «Ni siquiera el día en que murió mi padre me sentí tan perdido como cuando me dijeron que Abu Ammar se estaba muriendo. Él ha sido quien me ha criado», insiste.

Pero como la mayoría de los palestinos cree que, si bien Arafat era un hombre para quien no existían ni el dinero ni la comodidad material, había a su alrededor muchos corruptos sólo interesados en medrar. ¿Por qué no se deshacía de todos esos sinvergüenzas? Cuando le hacemos esta pregunta, Al Daya nos repite una frase que debió de escucharle varias veces: ««Un buen jinete nunca deja su caballo a mitad de la carrera», decía Abu Ammar».

Resulta chocante la asociación de un hombre tan olvidado de sí mismo con otros tan interesados en su lucro personal. Tal vez por eso ni se fiaba de nadie, ni llegó nunca a nombrar a su sucesor: «Si le hubieran obligado a elegir a un sucesor, se habría elegido a sí mismo». De nadie más podía exigir una vida tan ajena a la de los demás seres humanos como la suya.

Fuente: ABC
09.11.04

© BELT.ES  Copyright. Belt Ibérica, S.A. Madrid - 2004. belt@belt.es