Seguridad Pública y Protección Civil
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El 70 por ciento de las
bandas organizadas tiene su base de operaciones en la capital
Los delitos de
estos grupos van interrelacionados con la nacionalidad del malhechor,
aunque siempre hay excepciones. La mayoría de las bandas son itinerantes
El
Cuerpo Nacional de Policía y la Guardia Civil no descansan en su lucha
diaria contra el crimen organizado, un concepto que engloba a
cualquier asociación o grupo de personas que, con una estructura
jerárquica, se dedican a una actividad ilícita ininterrumpida.
Nadie se aventura a poner un número exacto de delincuentes -nacionales
y, sobre todo, extranjeros- que «trabajan» para esas asociaciones
criminales en la Comunidad de Madrid, porque el movimiento de sus
integrantes es continuo, debido, por lo general, al estrecho marcaje de
las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. Sin embargo, en momentos
intensos de actividad criminal, como hace dos años, se ha llegado a
cifrar en más de millar y medio el número de delincuentes integrados en
unas 150 bandas que campaban a sus anchas en la Comunidad. En
cualquier caso, no es bueno para la organización que uno de sus miembros
sobre el que pesan varias detenciones pueda servir de reclamo a la
Policía o la Guardia Civil para reventar su particular Caja de Pandora,
por lo que desde la cúpula, a veces asesorada por abogados sin
escrúpulos, se le «invita» a desaparecer por un tiempo o para siempre
cuando su expediente policial ya es abultado.
Dentro de la región, la mayoría de estos grupos se asienta en la capital
de España, aunque un alto porcentaje de estas bandas -70 de cada 100- es
itinerante: tienen el piso franco en Madrid, pero se mueven por toda la
Península -de norte a sur y de este a oeste-, además de los
archipiélagos canario y balear, para dar los palos. Cometida la mala
acción, vuelven a su escondrijo en la ciudad del oso y el madroño,
aunque también se ocultan en urbanizaciones o pisos de municipios de la
periferia, como Las Rozas, Boadilla o Torrejón de Ardoz. En verano, el
litoral mediterráneo es su lugar preferido.
El nivel organizativo de estos grupos es «medio-bajo», según un experto
de la Guardia Civil, «aunque los ciudadanos tengan otra impresión». El
agente se explica: «Pueden tener hasta 30 componentes, pero no son
mini-ejércitos como ocurre en el cártel colombiano o las mafias
italianas. Además, no es habitual que utilicen la corrupción a gran
nivel, de funcionarios policiales o políticos. Se dan algunos casos,
pero muy esporádicos, por lo que el potencial de estos grupos baja».
La amalgama de delitos va interrelacionada con la nacionalidad del
malhechor, aunque siempre hay excepciones que confirman las reglas.
También un denominador común en estas organizaciones criminales es que
conocen perfectamente el correctivo legal que acarrea la fechoría. «¿Por
qué los rumanos se dedican a la falsificación de las tarjetas? Porque no
hay pena», afirma, rotundo, un experto policial. Los delincuentes
también se cuidan de no llevar armas de fuego, con lo que evitan la
tenencia ilícita si son detenidos. Por ello, utilizan en sus golpes
armamento simulado. «Se ahorran el delito y consiguen su fin: atemorizar
a las víctimas. Pero no le recomiendo a nadie que se ponga a comprobar
si la pistola es de verdad o no», ironiza un agente.
En la mayoría de los casos, los delincuentes arrestados responden con el
mismo ademán, incluso antes de ser esposados: de entre sus ropas sacan
una tarjeta con el número de teléfono de su abogado para que la Policía
le avise. Y, en otras ocasiones, el letrado se implica tanto con sus
clientes que llegan a ser, en realidad, otro miembro de la red, sobre
todo en el blanqueo de dinero. «El 99,9 por ciento de los abogados hace
correctamente su trabajo: defender a su cliente. Pero ciertos letrados
-una minoría muy pequeña- acaban detenidos por delinquir. Ocurre, sobre
todo, en el blanqueo de divisa, y el abogado es el que mueve el dinero»,
relata un mando de la Guardia Civil. «El abogado de la organización
avisa cuando un integrante lleva un alto número de detenciones para que
se marche de España y, en su lugar, viene otro», añade un
investigador.
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Tráfico de
drogas
Mafias colombianas |
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A la
cabeza del listado de la delincuencia en Madrid siguen
los colombianos -los más numerosos-, que se dedican,
principalmente, a los robos con violencia y a los
secuestros relacionados con el tráfico de drogas
-cocaína, sobre todo- y con los ajustes de cuentas,
también con los estupefacientes como telón de fondo; si
bien, en muchos casos, las víctimas no denuncian ante la
Policía, porque echarían piedras sobre su propio tejado. |
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Falsificación
Organizaciones rumanas |
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Los
rumanos son tan o más polifacéticos: falsificación de
tarjetas de crédito, prostitución y todo tipo de hurtos
en establecimientos y grandes almacenes. «Llegan
autobuses llenos de rumanos a Madrid con documentación
falsa que dan 15 ó 20 palos, sobre todo en pueblos
pequeños, y regresan a su país», afirma un guardia
civil dedicado a la investigación de organizaciones
criminales. En otros casos, aprovechan un visado de
turista de tres días para cometer alguna fechoría para
la banda antes de volver a Rumanía. |
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Tráfico de
armas
Bandas albano-kosovares |
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El robo
por butrón, el tráfico ilícito de armas y de vehículos
son las actividades delictivas preferidas por los
albano-kosovares, siempre vestidos de negro, que
estudian bien su objetivo y están muy preparados tanto
en el aspecto físico como logístico. Aunque su actividad
en el asalto a empresas de polígonos industriales, para
lo que llevan inhibidores de frecuencia que anulan las
alarmas, parece que se ha reducido en Madrid. Un guardia
civil apunta un motivo: «Como ha bajado el conflicto
de los Balcanes y ya no se necesita tanto dinero para
abastecer a las guerrillas, la actividad de los albano-kosovares
en las empresas ha disminuido». |
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«Cogotazos»
Bandas chilenas |
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Pero,
últimamente, los colombianos no encabezan en solitario
el execrable «ranking» de ser los más violentos en sus
fechorías. Los chilenos han irrumpido en ese campo con
sus característicos «cogotazos», que consisten en
golpear en la nuca a la víctima antes de robarle el
dinero a las puertas de sucursales bancarias,
generalmente. También los robos en domicilios, con el
secuestro incluido de los moradores, son seña de
identidad de estos delincuentes, una modalidad que
comparten con los colombianos, como ocurre con los
hurtos en el interior de bancos o distintos tipos de
timos, caso de la «mancha» y la «siembra» (tirar un
billete al suelo y, cuando el «primo» se agacha,
aprovechar para quitarle el maletín o la cartera). |
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Robo y
venta de vehículos
Mafias búlgaras |
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Los
búlgaros están especializados en el robo y la venta
de vehículos de lujo que tengan una antigüedad de menos
de dos años. Utilizan, en muchos casos, sofisticados
métodos informáticos para inutilizar el sistema
electrónico de inmovilización de los automóviles e
introducir luego un sencillo código que les permita
llevarse el vehículo hasta un taller de la organización,
donde será «maquillado» antes de enviarlo al extranjero.
Los beneficios económicos son exorbitantes y permiten
a las redes introducirse en otras prácticas delictivas,
como el tráfico de heroína y el de armas. |
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Piratería
Mafias chinas |
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La
piratería musical y de películas DVD, así como la
juguetería infantiles el campo en el que se desenvuelven
los asiáticos, con los chinos a la cabeza, seguidos
de lejos por paquistaníes e indios, que también se hacen
pasar por policías para cometer robos. |
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«Alunizajes»
Bandas españolas |
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En
esta radiografía del crimen organizado en la región de Madrid,
los españoles también se llevan parte del pastel. Atracos a
bancos o empotrar un vehículo contra escaparates para llevarse
el botín («alunizajes») son algunas de sus fechorías. «Un
delincuente español con pistola se va a un banco, mientras que
un colombiano, por ejemplo, prefiere una casa», explica un
experto policial. |
La
sociedad y los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado se quejan de
que los integrantes de las organizaciones criminales «entran por una
puerta y salen por otra», aunque el número de delitos que se les impute
sea abultado. Ocurre, sobre todo, con las fechorías relacionadas con el
patrimonio. No sucede igual con los homicidios o el tráfico de drogas,
ya que el juez decreta la prisión provisional hasta el día del juicio.
«Pero, ¿se tiene en cuenta la capacidad penitenciaria de España?
Además de construir cárceles, hay que formar y pagar a nuevos
funcionarios y mantener a los presos. ¿Cuánto dinero se necesita para
todo esto?», reflexiona un experto policial, quien añade, a
continuación: «Jugamos con una doble baraja. Si los delincuentes
extranjeros no van a la cárcel en España hasta la segunda o tercera
detención, esta impunidad sirve de reclamo». Pone como ejemplo a los
asiáticos que se hacen pasar por policías. Algunos acumulan hasta cinco
arrestos en menos de dos años, y han visto la cárcel de lejos.
Fuente: ABC
22/08/2004
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