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Miércoles 1 de septiembre de 2004


Seguridad Pública y Protección Civil

El 70 por ciento de las bandas organizadas tiene su base de operaciones en la capital

Los delitos de estos grupos van interrelacionados con la nacionalidad del malhechor, aunque siempre hay excepciones. La mayoría de las bandas son itinerantes

 

El Cuerpo Nacional de Policía y la Guardia Civil no descansan en su lucha diaria contra el crimen organizado, un concepto que engloba a cualquier asociación o grupo de personas que, con una estructura jerárquica, se dedican a una actividad ilícita ininterrumpida.

Nadie se aventura a poner un número exacto de delincuentes -nacionales y, sobre todo, extranjeros- que «trabajan» para esas asociaciones criminales en la Comunidad de Madrid, porque el movimiento de sus integrantes es continuo, debido, por lo general, al estrecho marcaje de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. Sin embargo, en momentos intensos de actividad criminal, como hace dos años, se ha llegado a cifrar en más de millar y medio el número de delincuentes integrados en unas 150 bandas que campaban a sus anchas en la Comunidad. En cualquier caso, no es bueno para la organización que uno de sus miembros sobre el que pesan varias detenciones pueda servir de reclamo a la Policía o la Guardia Civil para reventar su particular Caja de Pandora, por lo que desde la cúpula, a veces asesorada por abogados sin escrúpulos, se le «invita» a desaparecer por un tiempo o para siempre cuando su expediente policial ya es abultado.

Dentro de la región, la mayoría de estos grupos se asienta en la capital de España, aunque un alto porcentaje de estas bandas -70 de cada 100- es itinerante: tienen el piso franco en Madrid, pero se mueven por toda la Península -de norte a sur y de este a oeste-, además de los archipiélagos canario y balear, para dar los palos. Cometida la mala acción, vuelven a su escondrijo en la ciudad del oso y el madroño, aunque también se ocultan en urbanizaciones o pisos de municipios de la periferia, como Las Rozas, Boadilla o Torrejón de Ardoz. En verano, el litoral mediterráneo es su lugar preferido.

El nivel organizativo de estos grupos es «medio-bajo», según un experto de la Guardia Civil, «aunque los ciudadanos tengan otra impresión». El agente se explica: «Pueden tener hasta 30 componentes, pero no son mini-ejércitos como ocurre en el cártel colombiano o las mafias italianas. Además, no es habitual que utilicen la corrupción a gran nivel, de funcionarios policiales o políticos. Se dan algunos casos, pero muy esporádicos, por lo que el potencial de estos grupos baja».

La amalgama de delitos va interrelacionada con la nacionalidad del malhechor, aunque siempre hay excepciones que confirman las reglas. También un denominador común en estas organizaciones criminales es que conocen perfectamente el correctivo legal que acarrea la fechoría. «¿Por qué los rumanos se dedican a la falsificación de las tarjetas? Porque no hay pena», afirma, rotundo, un experto policial. Los delincuentes también se cuidan de no llevar armas de fuego, con lo que evitan la tenencia ilícita si son detenidos. Por ello, utilizan en sus golpes armamento simulado. «Se ahorran el delito y consiguen su fin: atemorizar a las víctimas. Pero no le recomiendo a nadie que se ponga a comprobar si la pistola es de verdad o no», ironiza un agente.

En la mayoría de los casos, los delincuentes arrestados responden con el mismo ademán, incluso antes de ser esposados: de entre sus ropas sacan una tarjeta con el número de teléfono de su abogado para que la Policía le avise. Y, en otras ocasiones, el letrado se implica tanto con sus clientes que llegan a ser, en realidad, otro miembro de la red, sobre todo en el blanqueo de dinero. «El 99,9 por ciento de los abogados hace correctamente su trabajo: defender a su cliente. Pero ciertos letrados -una minoría muy pequeña- acaban detenidos por delinquir. Ocurre, sobre todo, en el blanqueo de divisa, y el abogado es el que mueve el dinero», relata un mando de la Guardia Civil. «El abogado de la organización avisa cuando un integrante lleva un alto número de detenciones para que se marche de España y, en su lugar, viene otro», añade un investigador.

Tráfico de drogas
Mafias colombianas

A la cabeza del listado de la delincuencia en Madrid siguen los colombianos -los más numerosos-, que se dedican, principalmente, a los robos con violencia y a los secuestros relacionados con el tráfico de drogas -cocaína, sobre todo- y con los ajustes de cuentas, también con los estupefacientes como telón de fondo; si bien, en muchos casos, las víctimas no denuncian ante la Policía, porque echarían piedras sobre su propio tejado.

 

Falsificación
Organizaciones rumanas

Los rumanos son tan o más polifacéticos: falsificación de tarjetas de crédito, prostitución y todo tipo de hurtos en establecimientos y grandes almacenes. «Llegan autobuses llenos de rumanos a Madrid con documentación falsa que dan 15 ó 20 palos, sobre todo en pueblos pequeños, y regresan a su país», afirma un guardia civil dedicado a la investigación de organizaciones criminales. En otros casos, aprovechan un visado de turista de tres días para cometer alguna fechoría para la banda antes de volver a Rumanía.

 

Tráfico de armas
Bandas albano-kosovares

El robo por butrón, el tráfico ilícito de armas y de vehículos son las actividades delictivas preferidas por los albano-kosovares, siempre vestidos de negro, que estudian bien su objetivo y están muy preparados tanto en el aspecto físico como logístico. Aunque su actividad en el asalto a empresas de polígonos industriales, para lo que llevan inhibidores de frecuencia que anulan las alarmas, parece que se ha reducido en Madrid. Un guardia civil apunta un motivo: «Como ha bajado el conflicto de los Balcanes y ya no se necesita tanto dinero para abastecer a las guerrillas, la actividad de los albano-kosovares en las empresas ha disminuido».

«Cogotazos»
Bandas chilenas

Pero, últimamente, los colombianos no encabezan en solitario el execrable «ranking» de ser los más violentos en sus fechorías. Los chilenos han irrumpido en ese campo con sus característicos «cogotazos», que consisten en golpear en la nuca a la víctima antes de robarle el dinero a las puertas de sucursales bancarias, generalmente. También los robos en domicilios, con el secuestro incluido de los moradores, son seña de identidad de estos delincuentes, una modalidad que comparten con los colombianos, como ocurre con los hurtos en el interior de bancos o distintos tipos de timos, caso de la «mancha» y la «siembra» (tirar un billete al suelo y, cuando el «primo» se agacha, aprovechar para quitarle el maletín o la cartera).

 

Robo y venta de vehículos
Mafias búlgaras

Los búlgaros están especializados en el robo y la venta de vehículos de lujo que tengan una antigüedad de menos de dos años. Utilizan, en muchos casos, sofisticados métodos informáticos para inutilizar el sistema electrónico de inmovilización de los automóviles e introducir luego un sencillo código que les permita llevarse el vehículo hasta un taller de la organización, donde será «maquillado» antes de enviarlo al extranjero. Los beneficios económicos son exorbitantes y permiten a las redes introducirse en otras prácticas delictivas, como el tráfico de heroína y el de armas.

 

Piratería
Mafias chinas

La piratería musical y de películas DVD, así como la juguetería infantiles el campo en el que se desenvuelven los asiáticos, con los chinos a la cabeza, seguidos de lejos por paquistaníes e indios, que también se hacen pasar por policías para cometer robos.

«Alunizajes»
Bandas españolas

En esta radiografía del crimen organizado en la región de Madrid, los españoles también se llevan parte del pastel. Atracos a bancos o empotrar un vehículo contra escaparates para llevarse el botín («alunizajes») son algunas de sus fechorías. «Un delincuente español con pistola se va a un banco, mientras que un colombiano, por ejemplo, prefiere una casa», explica un experto policial.

La sociedad y los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado se quejan de que los integrantes de las organizaciones criminales «entran por una puerta y salen por otra», aunque el número de delitos que se les impute sea abultado. Ocurre, sobre todo, con las fechorías relacionadas con el patrimonio. No sucede igual con los homicidios o el tráfico de drogas, ya que el juez decreta la prisión provisional hasta el día del juicio. «Pero, ¿se tiene en cuenta la capacidad penitenciaria de España? Además de construir cárceles, hay que formar y pagar a nuevos funcionarios y mantener a los presos. ¿Cuánto dinero se necesita para todo esto?», reflexiona un experto policial, quien añade, a continuación: «Jugamos con una doble baraja. Si los delincuentes extranjeros no van a la cárcel en España hasta la segunda o tercera detención, esta impunidad sirve de reclamo». Pone como ejemplo a los asiáticos que se hacen pasar por policías. Algunos acumulan hasta cinco arrestos en menos de dos años, y han visto la cárcel de lejos.

Fuente: ABC
22/08/2004

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