Seguridad
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Coloca una bomba falsa en
un avión y deja en entredicho la seguridad aérea de Reino Unido
Un periodista burla
los controles del aeropuerto de Birmingham e introduce «explosivos» en
un vuelo a Mallorca
La
seguridad aérea en el Reino Unido quedó ayer en entredicho después de
que el periódico «The Sun» revelara que uno de sus reporteros se
infiltró como mozo de equipajes del aeropuerto de Birmingham y logró
colocar una bomba falsa en un avión con destino a Mallorca. El
«terrorista» utilizó referencias laborales que nadie se molestó en
comprobar, cuando una sencilla búsqueda en Internet habría puesto al
descubierto que su nombre correspondía un periodista de investigación.
El Gobierno anunció ayer la revisión de las medidas de seguridad
aeroportuarias.
Un par de
referencias laborales falsas y una dirección postal inventada fue todo
lo que necesitó Anthony France, un periodista de «The Sun», para
infiltrarse entre el personal del aeropuerto de Birmingham, segunda
ciudad más poblada del país tras Londres. Así logró un puesto de trabajo
como mozo de equipajes y consiguió colocar una bomba falsa, oculta en un
zapato, en un avión que tenía como destino Mallorca y 220 pasajeros a
bordo. Las revelaciones del tabloide desencadenaron ayer la rápida
respuesta del Ministerio de Transportes, que anunció una investigación
sobre lo ocurrido.
El
aeropuerto de Birmingham es uno de los puntos más amenazados de la red
de transporte británica. Sin ir más lejos, hace apenas unas semanas la
Policía desarticuló un supuesto comando islamista cuyo objetivo era
atentar contra esta instalación aeroportuaria y otras tres en otros
puntos de Inglaterra. Sin embargo, según el relato de «The Sun», las
medidas de seguridad son menos estrictas de lo esperado.

Anthony
France respondió a un anuncio de prensa y acudió a la entrevista con dos
referencias laborales de sendas empresas, una de las cuales ni siquiera
existe. También mintió sobre su dirección, sus datos bancarios y su
profesión, sin que los obligatorios chequeos policiales pusieran al
descubierto el fraude. Sin embargo, sí que proporcionó su nombre real,
por lo que una simple búsqueda en Internet habría revelado su pasado
como investigador del «Sun».
Una vez
dentro de la plantilla, el periodista observó al detalle las medidas de
seguridad e identificó un punto débil. Así, camufló los materiales para
su «bomba» en uno de sus zapatos y atravesó el control de seguridad. El
detector de metales sonó, pero como el personal lleva botas con punta de
acero nadie se molestó en cachearle a fondo. Una vez dentro, ensambló la
«bomba» en un retrete y esperó una oportunidad.
Ésta llegó
poco más tarde, mientras cargaba el equipaje en un avión, cuando su jefe
le dejó sólo cinco minutos, tiempo suficiente para colocar el artefacto
en la nave de haberlo deseado. La «bomba», con unos 200 gramos de un
material con un aspecto similar a un explosivo plástico, podría haber
volado el avión en pedazos: en el atentado de Lockerbie 270 personas
fallecieron en 1998 por una bomba de características similares. Uno
de los representantes de las familias afectadas por el ataque calificó
ayer de «totalmente inadecuadas» las medidas de seguridad aérea en el
país.
Fuente: La Razón
25/08/2004
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