Seguridad
Colectiva y Defensa Nacional
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Escoltas en el infierno
de Irak
De los poco más de
3.500 escoltas activos en España, medio millar está dispuesto a
marcharse a Irak. Una temeridad espléndidamente retribuida que les puede
proporcionar 180.000 euros al mes
Javi no
tiene dudas: «Te acostumbras a este trabajo y a un determinado nivel
de sueldo. Marcharse allí una temporada resulta atractivo». En Irak,
a río de sangre, ganancia de supervivientes, al menos si quienes salen
indemnes han viajado al avispero como guardaespaldas, una profesión de
altísimo riesgo que cotiza al alza y para la que se están ofreciendo
salarios desorbitados de hasta 30.000 euros (cinco millones de pesetas)
al mes.
El goteo de envío de agentes de seguridad privados procedentes de
España ya ha arrancado, aunque enmarañado en informaciones
contradictorias en torno a una ecuación a la vez simple y compleja: esta
guerra a la que se empeñan en llamar «postguerra» es un goloso negocio y
las compañías necesitan una coraza protectora para sus profesionales y
directivos, casi a cualquier precio, tan grande es la tajada que
obtienen. Con el aderezo apenas simulado del recurso a mercenarios al
servicio de los Ejércitos destacados en la zona, en especial del de los
Estados Unidos, que no puede permitirse más desgaste después de superar
el trágico listón de las mil bajas militares en la antesala de las
elecciones presidenciales.
La difícil reconstrucción iraquí ayuda a que en la balanza pesen más los
alicientes económicos y profesionales que los riesgos y a que un
número importante de escoltas españoles pretenda embarcarse en esta
aventura equinoccial, Eldorado de sus aspiraciones y muesca en su
currículo, incluso después de beberse a palo seco escenas como las de
Faluya: los restos humanos arrastrados y vejados por los insurgentes,
aquellas espantosas imágenes que dieron la vuelta al mundo el pasado mes
de abril correspondían, precisamente, a cuatro miembros («bodyguards»)
de un equipo de protección a sueldo de la compañía Blackwater, empresa
de seguridad norteamericana con base en Carolina del Norte.
Treinta ya están allí
Según diversas fuentes, unos treinta españoles están ya en aquel país
desempeñando tareas «calientes», número poco significativo si se
tiene en consideración que actualmente hay unos veinte mil escoltas y
especialistas en seguridad «no militares» en Irak al servicio tanto de
las empresas como de las instituciones. Javi (quien protege con celo su
verdadera identidad) no figura de momento entre ellos porque, tras
desplazarse a Bagdad, con promesa en firme de unas determinadas
condiciones de trabajo, se encontró con otras sobre el agreste terreno y
optó por regresar. Ahora está en capilla, a punto de marcharse de nuevo,
esta vez sin pasos en falso. Sus contactos le garantizan que, antes o
después, se producirá la llamada «buena»: «Serán seis meses fuera. Mi
novia está intranquila, pero lo que gane nos servirá para comprar
unos terrenos en Extremadura. Aunque la motivación no es sólo ganar
dinero. Yo aspiro a lo máximo en mi profesión, quiero ser un buen
instructor en el futuro y por eso pretendo conocer los distintos
operativos en situaciones de conflicto en todo el mundo».
Vicente de la Cruz, presidente de ASES, la Asociación Española
de Escoltas, explica que la demanda de trabajo en Irak es un hecho
cierto y sólido (acumula ya más de quinientas solicitudes sobre
su mesa y recibe cuatro o cinco diarias a través del correo
electrónico), pero la irrupción de mediadores oportunistas enturbia el
paisaje. «Están empezando a proliferar -explica- las falsas promesas y
las milongas. Algunos espabilados se han dado cuenta de que este asunto
genera mucho dinero, más aquí que en Irak. Por eso he recomendado a
quienes han superado el proceso de preselección que no paguen cursos
de entrenamiento con los que se promete un contrato, sino que esperen a
tenerlo firmado y que sólo una vez que lo tengan todo atado, abonen esa
formación específica. Nunca antes». El malestar se ha destapado
porque alguna empresa supuestamente mediadora hace gala de un cuerpo de
instructores de élite formado en el Mosad, cuando un vínculo con Israel
anula ahora mismo cualquier opción de trabajar en Irak, mientras otras
compañías utilizan el conflicto post-Sadam como anzuelo para vender a
los incautos cursillos de 6.000 euros.
De los más de 30.000 euros al mes que llegan a ofrecerse en la caja de
recluta de la norteamericana Blackwater, la británica Global Risk (otra
multinacional de este proceloso sector) o cualquiera de las grandes
corporaciones que operan en Irak, más de la mitad puede quedar en los
bolsillos de los intermediarios. ¿Cuántos eslabones se lucran, si, como
relata Javi, las empresas y entidades que precisan protección destinan
más de veinte millones de las antiguas pesetas a cada puesto de
guardaespaldas y sólo una cuarta parte, en el mejor de los casos, llega
a quien se juega el pellejo? El escolta explica que él y muchos de sus
compañeros están últimamente desmoralizados con su trabajo en España, lo
que alimenta la opción de correr el riesgo: «Vamos a recorte de cien mil
pesetas por año. Si en 2002 nos pagaban setecientas mil pesetas, en 2003
fueron seiscientas y ahora quinientas... A medida que disminuye la
presión etarra, baja el sueldo. Por eso la gente se plantea marcharse
fuera, a Colombia, a Suráfrica... Lo de Irak aporta el factor
diferenciado del dinero, del sueldazo muy por encima de lo que se ofrece
en otros destinos».
Alternativa al paro
ASES cuenta con más de dos mil asociados de entre los 3.400
guardaespaldas privados que están en activo en España. La inmensa
mayoría, unos 2.700, están empleados en el País Vasco y Navarra y en ese
amplio colectivo se barrunta últimamente la posibilidad de una tregua de
ETA que enviaría al paro a muchos de ellos, al menos temporalmente, lo
que les obliga a buscar alternativas. Otra cosa es que todo aquel que
pretende embarcarse en la aventura iraquí lo consiga, «porque en España
los escoltas apenas tienen formación, son casi mayordomos de lujo -dice
Javi-. Por eso si a un proceso de selección se presentan mil, en la
primera criba ya sólo quedan cien, y en la siguiente diez, como ha
ocurrido en mi caso». Vicente de la Cruz aduce que «nuestra asociación
ha arbitrado estos procesos de selección y capacitación para evitar
engaños y para que el especialista tenga la opción de ponerse
directamente en contacto con quien ofrece el empleo». Otro
guardaespaldas, A.L., aporta un detalle: «Fue en la boda del Príncipe
donde corrió como la pólvora lo de Irak. Como nos juntamos allí muchos,
el asunto se convirtió en la comidilla».
En España, el trabajo de escolta está regulado por la Ley de
Seguridad Privada de 1992, pero a finales de 1996, a través del
socorrido recurso de la Ley de Acompañamiento de los Presupuestos (la
ahora derogada por el Gobierno socialista), el Ejecutivo de Aznar
autorizó que trabajadores de estas empresas protegieran a cargos
públicos, como alternativa de respuesta a las amenazas etarras a los
concejales. La habilitación se obtiene a través de un cursillo de
sesenta horas en centros homologados y examen controlado por el
Ministerio del Interior, poca cosa incluso para quienes proceden de la
Policía o la Guardia Civil. «En esto -argumenta Javi- estamos al nivel
de Etiopía, porque la profesión de director de seguridad debería ser una
diplomatura universitaria. Es como si hubiera temor a fomentar una
estamento paramilitar, como si el GAL hubiera dejado la herida de los
complejos».
Otra pega es que la normativa actual establece como obligatoria la
mediación de una empresa entre el empleador y el escolta para trabajar
en España, de modo que quien contrata abona un millón y medio al mes por
ese servicio y al guardaespaldas sólo le llega la tercera parte o poco
más. Ahora, Javi no se marchará a Irak amparado en una compañía nacional
de seguridad, «sino a través de mis contactos». Nuestro interlocutor
revela que «la espantada del Gobierno español con la retirada de las
tropas no nos ha favorecido. A los españoles ya no se nos considera
gente de fiar en Irak». También trata de desbrozar la confusión sobre la
delgada línea que separa al agente de seguridad del mercenario: «Tenemos
la obligación de actuar con mentalidad militar, pero eso no significa
estar bajo órdenes militares, como los mercenarios. Es lógico vestirse
allí con ropa de campaña, no vamos a estar con el traje de Emidio Tucci
como cuando vamos con un empresario por Bilbao».
Testimonio desde primera línea
A través del correo electrónico recibimos el testimonio de otros dos
escoltas que ya están desplegados en Irak. Ellos sí han sido enviados a
través de una compañía radicada en España, CEAS-Internacional. Para
«número 1» (así se hace identificar) la situación real excede lo que
había imaginado: «Aunque fui informado por la empresa antes de viajar,
no lo crees hasta que no lo ves. El peligro siempre está ahí y en
cualquier momento te pueden matar de un tiro o una bomba. El sueldo no
compensa este nivel de riesgo». Su compañero tercia y matiza que a él sí
le resarce el dinero «porque trabajos parecidos los he realizado en
otras zonas por menos». El presidente de CEAS-Internacional, Eloy de
Melendre, explica que, en colaboración con la AES, la asociación de
escoltas, su organización ya ha preparado varias decenas de hombres para
el polvorín iraquí y que en sus conversaciones para obtener contratos ha
viajado últimamente a la mismísima hoguera de Bagdad. Además, comenta,
«hacemos un esfuerzo enorme para proporcionar a nuestros hombres el
material adecuado». Los cometidos son diversos: protección de personas,
de instalaciones, de oleoductos, y siempre en grupos operativos: «Es
suicida ir por libre».
También Javi forma parte de un equipo compacto: «Si falla uno, falla
todo». No es lo mismo, claro, controlar un fusil de asalto que detectar
las células hostiles o repeler un ataque de francotiradores. La
preparación tiene que ser exhaustiva. Le preguntamos si no le disuade el
recuerdo de los sucesos de Faluya, de los despojos de sus compañeros
mutilados y arrastrados por una turba furiosa. «Qué va -dice-. Eso fue
un pepinazo y no sufrieron. Ya les daba igual lo que pasara después».
Fuente: ABC
18.09.04
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