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Viernes, 24 de septiembre de 2004


Seguridad Colectiva y Defensa Nacional

Escoltas en el infierno de Irak

De los poco más de 3.500 escoltas activos en España, medio millar está dispuesto a marcharse a Irak. Una temeridad espléndidamente retribuida que les puede proporcionar 180.000 euros al mes

 

Javi no tiene dudas: «Te acostumbras a este trabajo y a un determinado nivel de sueldo. Marcharse allí una temporada resulta atractivo». En Irak, a río de sangre, ganancia de supervivientes, al menos si quienes salen indemnes han viajado al avispero como guardaespaldas, una profesión de altísimo riesgo que cotiza al alza y para la que se están ofreciendo salarios desorbitados de hasta 30.000 euros (cinco millones de pesetas) al mes.

El goteo de envío de agentes de seguridad privados procedentes de España ya ha arrancado, aunque enmarañado en informaciones contradictorias en torno a una ecuación a la vez simple y compleja: esta guerra a la que se empeñan en llamar «postguerra» es un goloso negocio y las compañías necesitan una coraza protectora para sus profesionales y directivos, casi a cualquier precio, tan grande es la tajada que obtienen. Con el aderezo apenas simulado del recurso a mercenarios al servicio de los Ejércitos destacados en la zona, en especial del de los Estados Unidos, que no puede permitirse más desgaste después de superar el trágico listón de las mil bajas militares en la antesala de las elecciones presidenciales.

La difícil reconstrucción iraquí ayuda a que en la balanza pesen más los alicientes económicos y profesionales que los riesgos y a que un número importante de escoltas españoles pretenda embarcarse en esta aventura equinoccial, Eldorado de sus aspiraciones y muesca en su currículo, incluso después de beberse a palo seco escenas como las de Faluya: los restos humanos arrastrados y vejados por los insurgentes, aquellas espantosas imágenes que dieron la vuelta al mundo el pasado mes de abril correspondían, precisamente, a cuatro miembros («bodyguards») de un equipo de protección a sueldo de la compañía Blackwater, empresa de seguridad norteamericana con base en Carolina del Norte.

Treinta ya están allí

Según diversas fuentes, unos treinta españoles están ya en aquel país desempeñando tareas «calientes», número poco significativo si se tiene en consideración que actualmente hay unos veinte mil escoltas y especialistas en seguridad «no militares» en Irak al servicio tanto de las empresas como de las instituciones. Javi (quien protege con celo su verdadera identidad) no figura de momento entre ellos porque, tras desplazarse a Bagdad, con promesa en firme de unas determinadas condiciones de trabajo, se encontró con otras sobre el agreste terreno y optó por regresar. Ahora está en capilla, a punto de marcharse de nuevo, esta vez sin pasos en falso. Sus contactos le garantizan que, antes o después, se producirá la llamada «buena»: «Serán seis meses fuera. Mi novia está intranquila, pero lo que gane nos servirá para comprar unos terrenos en Extremadura. Aunque la motivación no es sólo ganar dinero. Yo aspiro a lo máximo en mi profesión, quiero ser un buen instructor en el futuro y por eso pretendo conocer los distintos operativos en situaciones de conflicto en todo el mundo».

Vicente de la Cruz, presidente de ASES, la Asociación Española de Escoltas, explica que la demanda de trabajo en Irak es un hecho cierto y sólido (acumula ya más de quinientas solicitudes sobre su mesa y recibe cuatro o cinco diarias a través del correo electrónico), pero la irrupción de mediadores oportunistas enturbia el paisaje. «Están empezando a proliferar -explica- las falsas promesas y las milongas. Algunos espabilados se han dado cuenta de que este asunto genera mucho dinero, más aquí que en Irak. Por eso he recomendado a quienes han superado el proceso de preselección que no paguen cursos de entrenamiento con los que se promete un contrato, sino que esperen a tenerlo firmado y que sólo una vez que lo tengan todo atado, abonen esa formación específica. Nunca antes». El malestar se ha destapado porque alguna empresa supuestamente mediadora hace gala de un cuerpo de instructores de élite formado en el Mosad, cuando un vínculo con Israel anula ahora mismo cualquier opción de trabajar en Irak, mientras otras compañías utilizan el conflicto post-Sadam como anzuelo para vender a los incautos cursillos de 6.000 euros.

De los más de 30.000 euros al mes que llegan a ofrecerse en la caja de recluta de la norteamericana Blackwater, la británica Global Risk (otra multinacional de este proceloso sector) o cualquiera de las grandes corporaciones que operan en Irak, más de la mitad puede quedar en los bolsillos de los intermediarios. ¿Cuántos eslabones se lucran, si, como relata Javi, las empresas y entidades que precisan protección destinan más de veinte millones de las antiguas pesetas a cada puesto de guardaespaldas y sólo una cuarta parte, en el mejor de los casos, llega a quien se juega el pellejo? El escolta explica que él y muchos de sus compañeros están últimamente desmoralizados con su trabajo en España, lo que alimenta la opción de correr el riesgo: «Vamos a recorte de cien mil pesetas por año. Si en 2002 nos pagaban setecientas mil pesetas, en 2003 fueron seiscientas y ahora quinientas... A medida que disminuye la presión etarra, baja el sueldo. Por eso la gente se plantea marcharse fuera, a Colombia, a Suráfrica... Lo de Irak aporta el factor diferenciado del dinero, del sueldazo muy por encima de lo que se ofrece en otros destinos».

Alternativa al paro

ASES cuenta con más de dos mil asociados de entre los 3.400 guardaespaldas privados que están en activo en España. La inmensa mayoría, unos 2.700, están empleados en el País Vasco y Navarra y en ese amplio colectivo se barrunta últimamente la posibilidad de una tregua de ETA que enviaría al paro a muchos de ellos, al menos temporalmente, lo que les obliga a buscar alternativas. Otra cosa es que todo aquel que pretende embarcarse en la aventura iraquí lo consiga, «porque en España los escoltas apenas tienen formación, son casi mayordomos de lujo -dice Javi-. Por eso si a un proceso de selección se presentan mil, en la primera criba ya sólo quedan cien, y en la siguiente diez, como ha ocurrido en mi caso». Vicente de la Cruz aduce que «nuestra asociación ha arbitrado estos procesos de selección y capacitación para evitar engaños y para que el especialista tenga la opción de ponerse directamente en contacto con quien ofrece el empleo». Otro guardaespaldas, A.L., aporta un detalle: «Fue en la boda del Príncipe donde corrió como la pólvora lo de Irak. Como nos juntamos allí muchos, el asunto se convirtió en la comidilla».

En España, el trabajo de escolta está regulado por la Ley de Seguridad Privada de 1992, pero a finales de 1996, a través del socorrido recurso de la Ley de Acompañamiento de los Presupuestos (la ahora derogada por el Gobierno socialista), el Ejecutivo de Aznar autorizó que trabajadores de estas empresas protegieran a cargos públicos, como alternativa de respuesta a las amenazas etarras a los concejales. La habilitación se obtiene a través de un cursillo de sesenta horas en centros homologados y examen controlado por el Ministerio del Interior, poca cosa incluso para quienes proceden de la Policía o la Guardia Civil. «En esto -argumenta Javi- estamos al nivel de Etiopía, porque la profesión de director de seguridad debería ser una diplomatura universitaria. Es como si hubiera temor a fomentar una estamento paramilitar, como si el GAL hubiera dejado la herida de los complejos».

Otra pega es que la normativa actual establece como obligatoria la mediación de una empresa entre el empleador y el escolta para trabajar en España, de modo que quien contrata abona un millón y medio al mes por ese servicio y al guardaespaldas sólo le llega la tercera parte o poco más. Ahora, Javi no se marchará a Irak amparado en una compañía nacional de seguridad, «sino a través de mis contactos». Nuestro interlocutor revela que «la espantada del Gobierno español con la retirada de las tropas no nos ha favorecido. A los españoles ya no se nos considera gente de fiar en Irak». También trata de desbrozar la confusión sobre la delgada línea que separa al agente de seguridad del mercenario: «Tenemos la obligación de actuar con mentalidad militar, pero eso no significa estar bajo órdenes militares, como los mercenarios. Es lógico vestirse allí con ropa de campaña, no vamos a estar con el traje de Emidio Tucci como cuando vamos con un empresario por Bilbao».

Testimonio desde primera línea

A través del correo electrónico recibimos el testimonio de otros dos escoltas que ya están desplegados en Irak. Ellos sí han sido enviados a través de una compañía radicada en España, CEAS-Internacional. Para «número 1» (así se hace identificar) la situación real excede lo que había imaginado: «Aunque fui informado por la empresa antes de viajar, no lo crees hasta que no lo ves. El peligro siempre está ahí y en cualquier momento te pueden matar de un tiro o una bomba. El sueldo no compensa este nivel de riesgo». Su compañero tercia y matiza que a él sí le resarce el dinero «porque trabajos parecidos los he realizado en otras zonas por menos». El presidente de CEAS-Internacional, Eloy de Melendre, explica que, en colaboración con la AES, la asociación de escoltas, su organización ya ha preparado varias decenas de hombres para el polvorín iraquí y que en sus conversaciones para obtener contratos ha viajado últimamente a la mismísima hoguera de Bagdad. Además, comenta, «hacemos un esfuerzo enorme para proporcionar a nuestros hombres el material adecuado». Los cometidos son diversos: protección de personas, de instalaciones, de oleoductos, y siempre en grupos operativos: «Es suicida ir por libre».

También Javi forma parte de un equipo compacto: «Si falla uno, falla todo». No es lo mismo, claro, controlar un fusil de asalto que detectar las células hostiles o repeler un ataque de francotiradores. La preparación tiene que ser exhaustiva. Le preguntamos si no le disuade el recuerdo de los sucesos de Faluya, de los despojos de sus compañeros mutilados y arrastrados por una turba furiosa. «Qué va -dice-. Eso fue un pepinazo y no sufrieron. Ya les daba igual lo que pasara después».

Fuente: ABC
18.09.04

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