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Martes, 28 de septiembre de 2004


Seguridad Pública y Protección Civil

El crimen organizado se muda a Alicante

Setenta y cinco bandas de delincuencia organizada, cincuenta de ellas con bases en la comarca de Torrevieja, conforman una parte sustancial del inquietante panorama al que deben enfrentarse a diario unas Fuerzas de Seguridad que, en la provincia de Alicante, literalmente no dan abasto.

 

El episodio de secuestro registrado en Jávea, al norte de Alicante, y saldado con la muerte por infarto de un empresario alemán que fue torturado en su propia casa por un grupo mafioso para tratar de arrancarle el secreto de dónde guardaba el dinero resultante de una venta reciente, ha vuelto a revelar -periódicamente es así- el fuerte arraigo en la costa alicantina de unos elementos delincuenciales que se sitúan a la vanguardia de los nuevos modos de actuar, «profesionales» y expeditivos al máximo, importados por las mafias originarias de los países del este europeo.

Los investigadores coinciden en subrayar que la tupida red de comunicaciones que jalona la provincia, así como la abundancia en ciertas comarcas de urbanizaciones de una extensión enorme, juegan a favor de que estos grupos de delincuentes «hayan tomado la zona como una especie de paraíso de impunidad». Muchos de ellos han logrado instalar sus bases de operaciones en Levante, huyendo de las medidas adoptadas por el plan contra la delincuencia organizada puesto en marcha en la Costa del Sol.

A ello se suma la clamorosa escasez de agentes de las Fuerzas de Seguridad especializados en puntos considerados tradicionalmente «muy calientes». Es el caso de Torrevieja y los municipios vecinos: un área inabarcable para los veintidós guardias civiles que integran la Policía Judicial de la zona y los ocho efectivos dedicados a la investigación. Con todo, el Instituto Armado en la ciudad salinera, representado por un total de 259 miembros, ha logrado resolver el 10 por ciento de las 1.425 infracciones penales que se produjeron en su ámbito competencial durante el pasado mes de agosto.

Cadáveres en las cunetas

La estadística delictiva que registra la provincia de Alicante produce escalofríos de consideración. De acuerdo con los datos recopilados durante este último mes, el sur de Alicante contribuye de forma decisiva a que esta provincia acumule el 12 por ciento de los delitos cometidos en todo el territorio nacional. Los expertos han constatado, además, un aumento exponencial de los robos con violencia e intimidación -que no dudan en atribuir de forma abrumadora a las bandas organizadas- y, lo que es más preocupante, el empleo en la comisión de los mismos de una saña desaforada. Claro que, hace unos años, a finales de la década pasada, la tendencia no apuntaba mucho mejor. Era la época en que cada grupo mafioso buscaba su sitio. «Fue entonces cuando las cunetas de las carreteras comarcales se convirtieron en improvisados cementerios de cadáveres descuartizados, en una suerte de juego macabro que idearon estos grupos para enviarse señales con las que dejar claro dónde estaban los límites de cada cual», recuerdan los expertos policiales.

Intercambio de ayuda

Una vez asentadas, y con las cosas meridianamente claras, las mafias internacionales que operan en la provincia han optado por dispensarse ayuda mutua poniendo cada una de ellas al servicio de la otra lo mejor de sus respectivas «especialidades».

En este sentido, hay constancia de que los magrebíes dedicados al tráfico de hachís contratan a matones albano-kosovares cuando se trata de saldar una deuda pendiente o de emitir un aviso más que elocuente a éste u otro miembro de una banda mafiosa considerada como rival.

La desaparición de los rusos

Ucranianos, rumanos, búlgaros, serbios, albano-kosovares y, en menor medida, colombianos y magrebíes constituyen el mosaico de denominaciones de origen de estas bandas, compuestas por lo general por no más de seis miembros. Brilla por su ausencia la cuota rusa, cuyos elementos coparon hasta finales de los noventa el negocio relacionado con la prostitución y la introducción ilegal de mujeres captadas en su país bajo promesas falsas para emplearlas en los locales de alterne situados mayoritariamente en la Vega Baja alicantina. Hoy, los hilos de los clubes son manejados por los rumanos, quienes obligan a sus jóvenes compatriotas, muchas de ellas menores de edad, a emplearse en ellos.

Pequeños ejércitos

La aparente inhibición de delincuentes rusos se explica, según los investigadores consultados por ABC, por el hecho de que «ya sólo conciben la costa alicantina como un lugar de descanso idóneo, eso sí, para blanquear el dinero que han obtenido de manera ilícita en otros países». Con ellos de vacaciones, el siniestro testigo del ejercicio de la delincuencia internacional ha sido recogido por bandas de albano-kosovares, cuyos miembros, de acuerdo con las fuentes policiales consultadas, cuentan con una contrastada experiencia militar en sus lugares de origen.

De hecho, los investigadores no albergan dudas sobre el alto grado de militarización que domina en estos grupos, concebidos como pequeños ejércitos. Así, lo advertía Europol en un informe que, publicado en 2003, definía la provincia de Alicante como foco principal de organizaciones mafiosas.

Fuente: ABC
19.09.04

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