Seguridad
Alimentaria y Protección Biotecnológica
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Vuelve la amenaza de las
"vacas locas"
Aunque muchos se
han olvidado ya del mal de las ‘vacas locas’, los expertos vuelven a
advertir sobre la aparición de enfermos en los próximos años, una
circunstancia de la que no se escapan los países europeos, incluida
España.
La advertencia del
ministro de sanidad británico, John Reid, a 6.000 pacientes de que
podrían haber contraído la enfermedad de las ‘vacas locas’ a través de
una transfusión sanguínea ha disparado de nuevo las alarmas sobre la
magnitud de este mal, que generó una fuerte alerta sociosanitaria en
todo el mundo en el año 2000, al conocerse que decenas de ciudadanos
británicos habían fallecido por una nueva variante de la enfermedad de
Creutzfeldt-Jakob (ECJn), desencadenada por el consumo de bovino
contaminado.
Todos los países adoptaron medidas de control para
evitar la propagación de la enfermedad. Se sacrificaron millones
de reses (más de 4,7 millones de cabezas sólo en el Reino Unido) y se
prohibió la fabricación de piensos obtenidos a partir de carne y hueso
animal.
En el ámbito médico, se prohibió el material de sutura de origen bovino
y muchos países vetaron las donaciones de sangre a ciudadanos británicos
o que hubieran residido en ese país en la década de 1980 y primeros años
de la de 1990. También se prohibieron los trasplantes de tejido
nervioso. Con todas estas precauciones se intentaba prevenir futuros
contagios, porque nadie puede saber qué va a pasar con las personas que
se hayan infectado con priones patológicos, que son los agentes
causantes de la enfermedad.
Situación en España
A lo largo de los
años se han ido descubriendo nuevos aspectos de la variante humana de la
enfermedad de las vacas locas. Aunque existe un gran interés por
determinar si la sangre puede ser un vehículo para transmitir los
priones infecciosos, todavía no se ha podido demostrar científicamente,
aunque existen sospechas de que pueda ser así, hipótesis que refuerza la
reciente
advertencia
del Ministerio de Sanidad británico. Lo que sí ha comprobado un equipo
de investigadores franceses es que los priones infectan también a los
músculos, no sólo al sistema nervioso, como se creía hasta ahora, aunque
la capacidad contagiosa “es muy baja”, puntualizan los científicos.
También existen dudas de si la leche, fármacos o cosméticos elaborados a
partir de vacas pueden provocar la enfermedad.
Sobre la situación en
España, un informe del Comité Científico Director de la Unión
Europea señalaba que el riesgo geográfico de encefalopatía
espongiforme bobina (EEB), o enfermedad de las ‘vacas locas’, es bajo.
En los momentos de la epidemia se sacrificaron los animales sobre los
que había sospecha de que pudieran estar enfermos, y la vigilancia
todavía perdura. El Instituto Carlos III, que es el centro que controla
todos los aspectos epidemiológicos, en su último informe, del pasado mes
de marzo, aseguraba que en España no se había registrado ningún caso
humano de ECJn.
La advertencia de las autoridades sanitarias británicas no ha
sorprendido a los investigadores españoles. Algunos han asegurado a
EXPANSIÓN que, sin “alarmismos”, a ese riesgo no se escapa nuestro
país, y lo que hay que comprobar es si efectivamente se está
cumpliendo toda las normativa europea de control. Partiendo del Reino
Unido, se detectaron animales enfermos en diferentes países europeos y
en Estados Unidos, y también se comunicaron muertes en Francia y Estados
Unidos. El origen se localizó en el país británico, pero no en el año
2.000: en 1985 se detectó el primer caso de EEB en Ashford; en 1987
había 450 animales enfermos en toda Inglaterra y en 1988 se registraron
4.500 casos.
El Ministerio de Agricultura británico descartó que pudiese ser una
amenaza para las personas, pero en 1996, el científico John Collinge,
del Imperial College of Medicine de Londres publicó en el revista Nature
la primera evidencia de que la enfermedad podía transmitirse a los
humanos.
Dimensión real
Desde entonces, se han
sucedido los hallazgos en torno a cómo se puede desarrollar la ECJn, un
proceso que destruye el cerebro, confiriéndole un aspecto de esponja (de
donde toma el nombre en encefalopatía espongiforme) y que acaba con la
vida del sujeto. Sin curación posible.
El diagnóstico de la enfermedad sólo se puede hacer post mortem.
Ello, unido a un periodo de incubación muy largo, de más de una década,
ya llevó a muchos especialistas a augurar muchos años de incertidumbre
sobre la dimensión del problema. Así, Gonzalo Piédrola, catedrático de
epidemiología de la Universidad de Granada, aseguraba hace tres años que
ese periodo de incubación “es lo que nos va a mantener a todos en ascuas
durante las dos próximas décadas”.
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Un peligro
real |
La
encefalopatía espongiforme bovina es una enfermedad provocada
por priones, unas proteínas que están en el organismo de
forma normal, pero que pueden alterar su estructura y adquieren
capacidad para infectar. Afectan al sistema nervioso, forman
depósitos en el cerebro, y lo destruyen. El paciente muere a los
pocos meses del inicio de la enfermedad.
Cuando estalló la crisis de las ‘vacas locas’, una de las
directrices más controvertidas de las autoridades españolas fue
la de no utilizar huesos de vacuno para la elaboración de
caldos. Los médicos se vieron sorprendidos por las dudas, ya
que se encontraban con una nueva enfermedad. Ahora se sabe
que no todas las personas que hayan estado expuestas a los
priones infecciosos van a desarrollar la enfermedad. El
peligro está para los que presentan una determinada mutación de
un gen que codifica la proteína priónica, mutación que tiene el
30% de la población.
El peligro también aumenta con la cantidad de carne infectada
que se haya ingerido y de cuánto de infectada estuviera,
según el neurólogo Juan José Zarranz. Para Paul Brown, del
Instituto Nacional de Salud de Estados Unidos, “cualquier país
que haya registrado casos de encefalopatía espongiforme bovina
es susceptible de tener algún caso en los próximos 10 años,
amenaza de la que España no se escapa”, y Jesús de Pedro, que
dirige la Unidad de Vigilancia de la enfermedad de Creutxfeldt-Jakob
en el Instituto Carlos III, de Madrid, baraja la cifra de unos
20 casos en las próximas décadas.
Ante la intención de abandonar el consumo de bovino para
evitar peligros, se ciernen nuevas amenazas, porque otros
animales (ovejas, gallinas y peces) han sido alimentados con
piensos fabricados con productos animales. Precisamente, la
utilización de piensos de origen animal ha sido una de las
primeras prohibiciones hechas por la Unión Europea para frenar
la propagación de la infección, aunque existen dudas de que se
haya respetado esta medida.. |
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Las claves |
- Los
medicamentos, la leche y los cosméticos pueden ser vías para
el contagio de la enfermedad.
- El primer animal infectado se detectó en 1985, pero las
autoridades británicas lo ocultaron hasta 1988.
- La proteína infecciosa destruye el cerebro y no hay
curación. La muerte es irremediable en pocos meses.
- En España no hay motivo para la alarma, pero los
expertos insisten en que nuestro país no se escapa a los
posibles riesgos.
- El largo periodo de incubación de la enfermedad nos
mantendrá en ascuas durante las próximas dos décadas. |
Fuente: Expansión
23.07.04
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