Nuevas Tecnologías Aplicadas a la Seguridad
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El móvil que olfatea
amenazas
Una joven empresa
aplica la tecnología en un intento por hacer que nuestras vidas sean más
seguras. El secreto radica en olfatear potenciales amenazas con sensores
pequeños y de bajo costo.
En los
últimos años, se han dicho muchas cosas en nombre de la tecnología
móvil. La proliferación de teléfonos y conexiones inalámbricas a
Internet revolucionó las comunicaciones, en tanto que la 3G (el sistema
europeo que siguió al GSM) sacó la videoconferencia y las velocidades de
descarga del ámbito de la fantasía para ponerlas en nuestras manos.
Pese a toda esta publicidad, sin embargo, a nadie se le había ocurrido
decir que los móviles alguna vez tendrían la capacidad de salvarnos la
vida.
Ahora, una empresa joven espera que sus productos lo hagan. Owlstone
–instalada en el St John’s Innovation Center, una incubadora de
tecnología de Cambridge– aspira a proteger a las personas de amenazas a
la seguridad y, a la larga, tener un impacto en otras áreas de su vida.
El concepto central es producir sensores pequeños y de bajo costo que
puedan desplegarse en masa para olfatear sustancias químicas o
explosivos peligrosos.
“El mismo mecanismo de detección se utiliza actualmente en las fuerzas
armadas y los aeropuertos”, dice Billy Boyle, uno de los fundadores de
la empresa. “Pero el problema con esos sistemas es que usan técnicas de
fabricación convencional –lo cual significa que son grandes y costosos-.
Nosotros introdujimos la nanofabricación.” El sensor de silicio, que
tiene el tamaño de un botón y cuyo costo de fabricación para Owlstone es
de unas 5 libras esterlinas, filtra sustancias químicas que están en el
aire y detecta las composiciones singulares de sustancias peligrosas
como los agentes químicos de guerra. “El sistema puede detectar
alrededor de 20 huellas digitales al mismo tiempo, lo cual permite
chequear la presencia de gas sarín o mostaza en forma simultánea”, dice Boyle.
Podrían engancharse a los teléfonos móviles, agendas digitales y otros
equipos, o utilizarse solos. “Nuestra idea es utilizarlos en la solapa
de cada soldado o poner uno en cada coche del subte”. Habiendo quienes
afirman, como el comisionado de la Policía Metropolitana de Londres, Sir John Stevens, que es “inevitable” un ataque terrorista en el Reino
Unido, es fácil comprender que la empresa haya podido recaudar millones
de dólares en financiación inicial. Si bien parece más ciencia ficción
que realidad científica, Owlstone no es la única que propone esta
tecnología de sensores que salvan la vida.
Muchas empresas y grupos de investigación están analizando cómo
construir microsistemas sensibles que puedan incorporarse a aparatos
pequeños. Uno de los avances más recientes fue hecho por investigadores
del Laboratorio Nacional Lawrence Livermore (LLNL) de California, que
desarrollaron un detector de radiación lo suficientemente pequeño como
para integrar a un teléfono celular. Combinando un cristal sensor
complejo con una conexión a Internet y un sistema de posicionamiento
global, los ingenieros de LLNL esperan crear un servicio de monitoreo
único.
Reunir información de diferentes sensores significa que el sistema puede
observar niveles inusuales de radiación y quizá detectar una bomba antes
de que se active “Los funcionarios de aduana tienen desde hace tiempo pagers para detectar radiación”, dice el líder del proyecto Bill Craig.
“Pero esos pagers no pueden identificar la fuente de radiación ni enviar
información a alguien que pueda analizar los datos.”
El teléfono llamado RadNet es caro –LLNL afirma que el precio previsto
por unidad es de unos 1.000 dólares– pero que de todos modos es
más
barato que los sistemas de detección de radiación existentes. El
análisis químico es aún más barato, y con la visión de bajo costo de Owlstone, pronto podríamos tener sensores olfativos en quirófanos,
lugares de trabajo y hasta en nuestra heladera.
La clave es utilizar un software a medida para controlar los distintos
tipos de sustancias químicas, dice Boyle. “Entre las aplicaciones para
la salud figuran el diagnóstico de tumores por análisis del aliento, y
otros diagnósticos no invasores como detectar diabetes o controlar los
niveles de azúcar en el cuerpo”, dice. “Se podrían tener en la casa, por
ejemplo, en un detector de humo mejorado capaz de verificar no sólo el
humo sino también el monóxido de carbono, además de controlar si el gas
quedó abierto. Podría haber unidades en la heladera para saber si un
alimento está pasado o alguien en un supermercado podría pasar el
celular sobre una manzana y ver si tiene pesticidas”.
Pese a esta propuesta comercial tan amplia, lo que más sigue impulsando
la tecnología de sensores es la seguridad. El proyecto californiano está
financiado por el Departamento de Seguridad Interior de Estados Unidos,
mientras que la financiación para Owlstone proviene en parte de la
Dirección de Reducción de Amenazas del área de Defensa de Estados
Unidos.
El objetivo máximo de seguridad es combinar estos diferentes sensores en
una sola unidad, ofreciendo formas altamente desarrolladas de detectar
un peligro químico, biológico o nuclear. “La fusión de sensores es una
disciplina gracias a la cual los científicos pueden combinar información
y ofrecer una suma mayor que sus partes”, dice Craig. “Por ejemplo, la
información de un sistema portátil de detección de radiación puede
combinarse con la de detectores manuales y cámaras de video, y todos
esos datos pueden integrarse para dar un informe más completo que
cualquier otro tipo de detector”.
Fuente: The Guardian
26.01.05
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