Belt Ibérica S.A. Analistas de Prevención

- Menú -

HOME

Noticias...
Se busca...
Eventos...
Legislación...
Bibliografía...
Artículos...

> MAPA del WEB <

Su opinión...

Envíenos la noticia o el comentario que desee.

 

 

Noticias Profesionales

  

Noticias

Lunes, 7 de febrero de 2005


Nuevas Tecnologías Aplicadas a la Seguridad

El móvil que olfatea amenazas

Una joven empresa aplica la tecnología en un intento por hacer que nuestras vidas sean más seguras. El secreto radica en olfatear potenciales amenazas con sensores pequeños y de bajo costo.

 

En los últimos años, se han dicho muchas cosas en nombre de la tecnología móvil. La proliferación de teléfonos y conexiones inalámbricas a Internet revolucionó las comunicaciones, en tanto que la 3G (el sistema europeo que siguió al GSM) sacó la videoconferencia y las velocidades de descarga del ámbito de la fantasía para ponerlas en nuestras manos.

Pese a toda esta publicidad, sin embargo, a nadie se le había ocurrido decir que los móviles alguna vez tendrían la capacidad de salvarnos la vida.

Ahora, una empresa joven espera que sus productos lo hagan. Owlstone –instalada en el St John’s Innovation Center, una incubadora de tecnología de Cambridge– aspira a proteger a las personas de amenazas a la seguridad y, a la larga, tener un impacto en otras áreas de su vida. El concepto central es producir sensores pequeños y de bajo costo que puedan desplegarse en masa para olfatear sustancias químicas o explosivos peligrosos.

“El mismo mecanismo de detección se utiliza actualmente en las fuerzas armadas y los aeropuertos”, dice Billy Boyle, uno de los fundadores de la empresa. “Pero el problema con esos sistemas es que usan técnicas de fabricación convencional –lo cual significa que son grandes y costosos-. Nosotros introdujimos la nanofabricación.” El sensor de silicio, que tiene el tamaño de un botón y cuyo costo de fabricación para Owlstone es de unas 5 libras esterlinas, filtra sustancias químicas que están en el aire y detecta las composiciones singulares de sustancias peligrosas como los agentes químicos de guerra. “El sistema puede detectar alrededor de 20 huellas digitales al mismo tiempo, lo cual permite chequear la presencia de gas sarín o mostaza en forma simultánea”, dice Boyle.

Podrían engancharse a los teléfonos móviles, agendas digitales y otros equipos, o utilizarse solos. “Nuestra idea es utilizarlos en la solapa de cada soldado o poner uno en cada coche del subte”. Habiendo quienes afirman, como el comisionado de la Policía Metropolitana de Londres, Sir John Stevens, que es “inevitable” un ataque terrorista en el Reino Unido, es fácil comprender que la empresa haya podido recaudar millones de dólares en financiación inicial. Si bien parece más ciencia ficción que realidad científica, Owlstone no es la única que propone esta tecnología de sensores que salvan la vida.

Muchas empresas y grupos de investigación están analizando cómo construir microsistemas sensibles que puedan incorporarse a aparatos pequeños. Uno de los avances más recientes fue hecho por investigadores del Laboratorio Nacional Lawrence Livermore (LLNL) de California, que desarrollaron un detector de radiación lo suficientemente pequeño como para integrar a un teléfono celular. Combinando un cristal sensor complejo con una conexión a Internet y un sistema de posicionamiento global, los ingenieros de LLNL esperan crear un servicio de monitoreo único.

Reunir información de diferentes sensores significa que el sistema puede observar niveles inusuales de radiación y quizá detectar una bomba antes de que se active “Los funcionarios de aduana tienen desde hace tiempo pagers para detectar radiación”, dice el líder del proyecto Bill Craig. “Pero esos pagers no pueden identificar la fuente de radiación ni enviar información a alguien que pueda analizar los datos.”

El teléfono llamado RadNet es caro –LLNL afirma que el precio previsto por unidad es de unos 1.000 dólares– pero que de todos modos es más barato que los sistemas de detección de radiación existentes. El análisis químico es aún más barato, y con la visión de bajo costo de Owlstone, pronto podríamos tener sensores olfativos en quirófanos, lugares de trabajo y hasta en nuestra heladera.

La clave es utilizar un software a medida para controlar los distintos tipos de sustancias químicas, dice Boyle. “Entre las aplicaciones para la salud figuran el diagnóstico de tumores por análisis del aliento, y otros diagnósticos no invasores como detectar diabetes o controlar los niveles de azúcar en el cuerpo”, dice. “Se podrían tener en la casa, por ejemplo, en un detector de humo mejorado capaz de verificar no sólo el humo sino también el monóxido de carbono, además de controlar si el gas quedó abierto. Podría haber unidades en la heladera para saber si un alimento está pasado o alguien en un supermercado podría pasar el celular sobre una manzana y ver si tiene pesticidas”.

Pese a esta propuesta comercial tan amplia, lo que más sigue impulsando la tecnología de sensores es la seguridad. El proyecto californiano está financiado por el Departamento de Seguridad Interior de Estados Unidos, mientras que la financiación para Owlstone proviene en parte de la Dirección de Reducción de Amenazas del área de Defensa de Estados Unidos.

El objetivo máximo de seguridad es combinar estos diferentes sensores en una sola unidad, ofreciendo formas altamente desarrolladas de detectar un peligro químico, biológico o nuclear. “La fusión de sensores es una disciplina gracias a la cual los científicos pueden combinar información y ofrecer una suma mayor que sus partes”, dice Craig. “Por ejemplo, la información de un sistema portátil de detección de radiación puede combinarse con la de detectores manuales y cámaras de video, y todos esos datos pueden integrarse para dar un informe más completo que cualquier otro tipo de detector”.

Fuente: The Guardian
26.01.05

Noticias relacionadas:

* Nuevo detector de explosivos (12.01.05)
* Alta tecnología: una de las armas contra el terrorismo en las instalaciones portuarias (30.12.04)

© BELT.ES  Copyright. Belt Ibérica, S.A. Madrid - 2004. belt@belt.es