Seguridad Pública y Protección Civil
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El asesino más buscado
La Guardia Civil lo
busca hasta debajo de las piedras. Huidizo y violento, acumula 24
asaltos a bancos y dos muertes. Actúa con chaleco antibalas, barba
postiza y se sospecha que lleva una doble vida. Lorenzo Silva, famoso
por sus novelas de intriga, ha investigado este caso no resuelto aún.
Que
bastante antes del 9 de junio de 2004 cuando el protagonista de esta
historia tuvo, según creen los guardias civiles que ahora le buscan
hasta debajo de las piedras, su primer enfrentamiento a tiros con
agentes del orden. Pero hasta esa fecha, que se sepa, no había causado
ninguna víctima mortal con sus disparos, que únicamente le servían para
intimidar a aquellos contra quienes los efectuaba.
Los dos guardias civiles que aquel fatídico 9 de junio de 2004
intentaron pararlo cuando circulaba por la N-122 en el término municipal
de Castejón (Navarra), presumiblemente por una trivial infracción de
tráfico, no tuvieron tanta suerte.
Cuando nuestro hombre se percató de que le seguía un coche patrulla y
sus ocupantes le conminaban a detenerse, así lo hizo, pero no
precisamente con intención de someterse a la autoridad. Dejó que el
vehículo oficial lo rebasara y en el momento en que pasaba a su altura
lo ametralló con un arma automática no identificada todavía. Disparó
hasta 23 balas, desde el asiento, a través de la ventanilla abierta, de
atrás adelante: todas las clavó dentro del coche patrulla, matando en el
acto a uno de sus dos ocupantes e hiriendo mortalmente al otro.
El coche atacado, ya sin control, fue dando tumbos hasta que se
salió de la carretera, ante la mirada atónita de los testigos del hecho,
que apenas se apercibieron de cómo el tirador reanudaba la marcha y se
daba a la fuga.
En un primer momento, y teniendo en cuenta el lugar de los hechos, se
pensó en una posible acción terrorista. Se organizó el dispositivo de
cierre de carreteras usual en estos casos y se ordenó a todas las
patrullas localizar un todoterreno verde, única indicación de que
se disponía acerca del vehículo del agresor. Pero éste consiguió eludir
el cerco.
A partir de entonces se inició la operación de caza del que es,
hoy por hoy, el hombre más buscado por la Guardia Civil. Varias
decenas de funcionarios, de la comandancia de Navarra y de unidades
centrales y de apoyo, andan tras él. Y los agentes adscritos a unidades
de policía judicial de toda España cooperan en diversos aspectos
accesorios de la investigación.
No persiguen a un terrorista. La pista la dieron los casquillos y
proyectiles recogidos en el lugar del doble homicidio, del calibre 45
Auto. El arma que los disparó ya había sido empleada, años atrás, en una
trágica batalla campal que tuvo lugar entre la Policía Local de Vall
d'Uixó y un aguerrido atracador, con el resultado de un policía muerto y
varios heridos y la evasión del delincuente.
Subfusil marietta
En un
principio se creyó que pudiera tratarse de un subfusil Marietta (de ahí
que internamente se denomine Operación Marietta a la investigación).
Pero ni las bases de datos de balística de la policía española ni las
del FBI han permitido identificarlo, lo que lleva a suponer a los
investigadores que pudiera ser un arma artesanal o modificada a partir
de otra convencional para convertirla en automática. Una vez vinculado
con el tiroteo de Vall d'Uixó, al autor del atentado contra los dos
guardias civiles de Castejón se le pudo asociar rápidamente con otros 24
atracos a mano armada contra entidades bancarias, todos ellos unidos por
una doble circunstancia: el empleo de un vehículo todoterreno y el uso
de un disfraz compuesto por peluca y barba postiza para perpetrar los
golpes.
Atracos grabados
De este
delincuente, uno de los más fríos y peligrosos que se
recuerdan en la historia criminal española, es mucho lo que a estas
alturas se sabe. Veinticinco acciones registradas, además del
homicidio, y varios enfrentamientos con las fuerzas del orden,
en los que ha utilizado al menos tres armas diferentes,
proporcionan una multitud de datos.
Se cuenta con las declaraciones realizadas por los numerosos testigos
que en una u otra ocasión le han visto actuar, y una buena parte de los
atracos fueron grabados por las cámaras de videovigilancia de las
oficinas bancarias.
Pero el hecho cierto es que a estas alturas falta saber lo más
importante: el nombre y apellidos de este hombre que en una década
ha cosechado un botín de 522.000 euros (87 millones de las antiguas
pesetas), reventando bancos de toda España, desde
Galicia hasta Levante, pasando por Aragón y La Rioja (sus áreas
preferidas de actuación), y sin olvidarse de Navarra, Castilla-La Mancha
y Andalucía.
Quizá sea el episodio de Vall d'Uixó el que resulta más esclarecedor
acerca de su carácter y modus operandi. Había elegido,
como siempre, una sucursal discreta, de una población no muy grande, y
una hora óptima, el final de la mañana, cuando más dinero hay fuera de
la caja.
Pero cometió un error, o infravaloró un riesgo: la oficina
bancaria estaba próxima a la comisaría de la Policía Local, donde
justamente a esas horas tenía lugar el cambio de turno. Cuando los
empleados del banco dieron la alarma, una nube de policías, entrantes y
salientes de servicio, se abalanzó tras él. Y fue una buena carrera, de
algunos cientos de metros, la que tuvo que darse en tan incómoda
tesitura. Lo hizo sin dejar de disparar, con el arma corta que portaba,
contra unos policías que le perseguían también a tiro limpio.
El tiroteo fue tan nutrido que uno de los agentes mató
accidentalmente a un compañero: los dos tuvieron la mala fortuna de
erguirse a la vez tras sendos coches aparcados en batería, y el de
detrás disparó en la nuca al de delante. Por el camino, el atracador
recibió algún impacto, absorbido sin mayores consecuencias por el
aparatoso chaleco antibalas que siempre lleva bajo la camisa (y que al
tiempo que le protege le permite disimular su verdadera complexión).
También se le cayó la mayor parte del dinero, dos millones setecientas
mil de los tres millones de pesetas que había conseguido en el atraco,
lo que disminuyó drásticamente la rentabilidad de tan sangrienta y
accidentada escaramuza.
Pero consiguió llegar hasta su todoterreno, y una vez allí sacó del
habitáculo un arma automática, con la que achantó a
ráfagas a sus perseguidores (era, justamente, la misma con la que
andando el tiempo iba a abatir a los infortunados guardias de Castejón).Aprovechando
este efecto sorpresa, se deslizó dentro del vehículo y logró huir.
Hay un detalle del enfrentamiento acontecido en Vall d'Uixó que da que
pensar a los investigadores. Allí, en cierto momento, se encontró cara a
cara con un agente armado. Le apuntó al pecho, pero una décima de
segundo antes de disparar bajó el arma y le apuntó a las piernas. Aun
herido y en el suelo, el policía siguió haciendo fuego. Con todo, el
atracador no acabó con él. Le perdonó la vida, aun cuando hacía peligrar
la suya.
¿Por qué, años después, resolvió prácticamente ejecutar a los dos
guardias civiles, que suponían una amenaza mucho menos perentoria?
¿Deseaba realmente matarlos o lo único que buscaba era asustarlos y por
alguna razón confió en que no les alcanzaría con el fuego? ¿Fue una
cuestión de mala suerte o le falló algún cálculo?
El asunto resulta especialmente enigmático si se tiene en cuenta su gran
experiencia, su habitual frialdad y la meticulosidad que exhibe en la
forma de ejecutar sus golpes, en los que siempre hace reconocimientos
previos del escenario y demuestra estar al tanto de los sistemas de
alarma y antirrobo, así como de los dispositivos policiales de control
de carreteras (por eso utiliza placas dobladas, cuya numeración
corresponde a un vehículo de la misma marca del que conduce, y huye por
caminos, lo que explica su preferencia por los automóviles todoterreno,
y en concreto por el Suzuki Samurai, un modelo barato y bastante común
en nuestro país).

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¿Sin
puntería? |
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De todos
modos, si optamos por interpretar que en efecto disparó con ánimo
homicida, no hay unanimidad en cuanto a su destreza como tirador: hay
quien apunta que atinarle con veintitrés proyectiles a un blanco en
movimiento, si ésa era realmente su intención, revela una gran puntería,
mientras otros subrayan que disparó a apenas doce metros de distancia y
contra un coche que iba frenando.
No cabe afirmar, pero tampoco se descarta, que tenga o haya tenido una
profesión donde las armas constituyan una realidad cotidiana.Los
investigadores, por ahora, prefieren ser cautos.
Lo que sí parece bastante probable es que nuestro hombre lleve una doble
vida, y que los atracos sólo le proporcionen un sobresueldo, o se lance
a ellos cuando tiene gastos extra. Hay algunos detalles curiosos en la
distribución temporal de sus golpes. Nunca actuó en febrero, ni en
lunes. Tiende a concentrar sus acciones en jueves y viernes. Estuvo muy
activo, y obtuvo bastante dinero, entre los años 1999 y 2000. Luego
espació y redujo mucho su actividad.
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Desaparecido |
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Desde el
luctuoso incidente de Castejón, no ha vuelto a operar. Todo ello hace
pensar que dispone de otros recursos. No se la juega.
La obsesión de la seguridad se encuentra en todas sus acciones. No elige
objetivo en función del dinero que puede robar (a veces ha sacado
bastante, hasta cien mil euros de una sola tacada, pero en alguna
ocasión apenas se llevó un par de cientos de miles de pesetas), sino de
la facilidad con que puede consumar el atraco.
Por las grabaciones de la cámara de una sucursal de Torrijos (Toledo),
que finalmente acabó engrosando su currículo delictivo, sabemos que
varios días antes del golpe entró pertrechado con su indumentaria de
combate (la barba, la peluca, y siempre la misma chaqueta holgada que le
permite llevar debajo el chaleco antibalas) y abortó la operación.
Curiosamente, la distribución de la oficina bancaria había cambiado
pocos días antes. Siempre tiene cuidado de colocarle a su vehículo
placas falsas de la provincia donde actúa, para llamar menos la
atención, y hasta hay testigos que afirman que imita el acento de la
zona (según quienes le vieron operar en Galicia, hablaba con deje
gallego). Otros testigos han afirmado que lleva cinta adhesiva en las
yemas de los dedos para no dejar huellas dactilares.
¿A dónde iba o de dónde venía este hombre, el 9 de mayo de 2004, a las
seis de la tarde, cuando se cruzó con los dos hombres a los que iba a
matar?
Resulta difícil decirlo, porque la carretera que utilizaba es un eje por
el que se puede venir de muchos sitios y dirigirse a otros tantos. Pero
el caso es que llevaba consigo el armamento (aunque no lucía la peluca
ni la barba) y tan a mano como para sacarlo a bote pronto.
Un hecho llamativo es que ese día fuera fiesta en la Comunidad Autónoma
de La Rioja. ¿Volvía de intentar dar un golpe que había resultado
frustrado por la fecha festiva? ¿O se acercaba a la zona donde pensaba
actuar al día siguiente?
La dispersión de sus acciones por casi todo el territorio nacional
impide tanto colegir con precisión dónde podía tener planeado atracar
como de dónde procedía y dónde tiene su base. Todas las vías de
razonamiento que se abren a partir de sus rastros acaban en una misma
indefinición. En el misterio.
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Se
estrecha el cerco |
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Entre los
que llevan a cabo la investigación, no obstante, no cunde el pesimismo.
Son muchas las líneas abiertas y en todas se van produciendo avances. En
algún momento, dos de ellas se cruzarán y permitirán estrechar el campo
de acción.
Se sabe el modelo de su vehículo, se tiene fichada su arma, se sabe
dónde y cuándo ha estado, y aunque su disfraz le permita ocultar gran
parte de sus rasgos, también deja ver mucho (por ejemplo, su
característica nariz).
También se reciben muchas llamadas en el número 900 habilitado para
recabar la colaboración ciudadana, y aunque algunas resulten pintorescas
(como la mujer en trámites de separación que asegura que el hombre más
buscado por la Guardia Civil es su marido, variante algo extrema del
rencor conyugal) otras no dejan de proporcionar material potencialmente
valioso.
Tarde o temprano, creen, le quitarán la peluca y la barba postiza a ese
hombre que hoy o mañana leerá (¿con alivio?) estas líneas donde aún no
se puede escribir su nombre.
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Retrato
robot |
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1. Actúa
siempre solo.
2. Habla bien castellano. Según algunos testigos, en ocasiones finge
acentos locales.
3. Mide alrededor de 1,75 metros. Siempre viste pantalón recto, camisa y
chaqueta. Bajo la ropa oculta siempre un chaleco antibalas que, al menos
en una ocasión, le ha salvado la vida.
4. La nariz prominente es uno de sus rasgos más característicos.También
tiene ojos claros, aunque podría utilizar lentillas de colores para
despistar.
5. Usa revólver o pistola. A juzgar por los casquillos dejados tras de
sí, podría llevar también un subfusil del tipo Marietta.
6. No espera la apertura de la caja de las sucursales de bancos y cajas
de ahorro que asalta. Conoce los sistemas de alarma y sabe de la
existencia de billetes-cebo.
7. Actúa siempre a última hora de la mañana.
8. Usa barba larga y peluca postizas, ambas de color oscuro y,
aparentemente, de no muy buena calidad.
9. Mantiene la calma y actúa con frialdad.
10. Edad indefinida. Alrededor de 40 años. Acaso mayor.
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En
Zaragoza: Las cámaras de seguridad de la sucursal de Ibercaja en
Zuera graban al escurridizo asaltador. Aquel día logró un botín de casi
millón y medio de pesetas. En total, lleva robados 93 millones. Sólo
vuelve a actuar cuando se le acaba el dinero del robo anterior.
Fuente: El Mundo
06.02.05
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