Seguridad
Corporativa y Protección del Patrimonio
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«Nos ha sorprendido a
todos un incendio tan rápido y tan extenso»
Genaro Alas y
Manuel del Río, arquitectos del Edificio Windsor
Los padres
del Edificio Windsor no comprenden cómo el inmueble ha podido ser pasto
de las llamas, aunque aseguran que si hubiera habido gente en su
interior, habrían salvado la vida gracias al sistema de evacuación y de
seguridad
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Genaro
Alas |
Manuel
del Río |
Manuel del
Río, uno de los seis arquitectos que diseñaron la torre Windsor, el
octavo edificio más alto de Madrid, se mostraba ayer consternado por la
noticia. De hecho, considera «inexplicable» el incendio que ha devorado
«un edificio muy seguro y el más moderno de la época, junto al vecino
inmueble del BBVA».
El edificio soportó en los últimos años varias obras de reforma,
encargadas por los dueños del inmueble. Estos trabajos incluían la
mejora de las medidas de seguridad. Así, se estaba ejecutando una nueva
escalera exterior de evacuación -en forma de oruga en la fachada que da
a la calle de Raimundo Fernández Villaverde-, la ampliación de las
plantas 27 y 28, una nueva estructura auxiliar para fachada en las
plantas 1 y 2 y otros trabajos complementarios de menor entidad en la
zona de los sótanos y vestíbulos.
Como recuerda Del Río, el proyecto original contó con una ingeniería
especial de estructuras y cumplía toda la normativa contra incendios de
la época. De hecho, «como la estructura era de hormigón, el núcleo
central ha podido soportar las altas temperaturas del fuego, algo que no
ha ocurrido con el hierro», añade el arquitecto.
Posible evacuación
Por suerte, el inmueble se encontraba vacío, aunque Manuel del Río
afirma rotundo que «si hubiera estado lleno, se habría evacuar gracias a
todos los sistemas de seguridad que tiene y a la resistencia de su
estructura, que originalmente contaba con dos escaleras contra incendios
-tal y como exige la normativa-. Una de ellas está rodeada de hormigón,
lo que impide que sea alcanzada por las llamas y el humo, mientras que
la otra, situada en el ala norte, fue la que mejor soportó el fuego,
aunque el viento que soplaba en dirección contraria también ayudó a no
propagar las llamas».
En una larga noche de fuego y una mañana no exenta de sobresaltos, Del
Río se mostraba sorprendido de que el fuego hubiera devorado todo el
edificio, porque, «aunque no se saben las causas, hay sistemas de
seguridad y de detección de incendios que deberían haber saltado, como
las alarmas, los sistemas ignífugos... Además, en todas las plantas hay
medios para extinguir el fuego...».
Tras el trágico suceso, el arquitecto -quien también proyectó la casa de
los Príncipes de Asturias y en la actualidad está rehabilitando una
manzana de viviendas junto a la Castellana- se mostró frustrado: «Como
padre de la criatura siento un enorme vacío».
Por su parte, Genaro Alas, arquitecto que diseñó el edificio Windsor,
junto a su socio Pedro Casariego, declaró a ABC que la demolición del
edificio sería «muy delicada y laboriosa» por su situación, en pleno
centro financiero de la ciudad y rodeado de otros inmuebles. Alas
permaneció durante toda la noche del sábado al domingo en la zona del
siniestro informando a los técnicos de las características del
rascacielos.
Medidas de seguridad
Sobre las dimensiones del incendio, Alas dijo que cuantos estaban en la
zona coincidían sorprendidos en «lo rápido y extenso del fuego», ya que
no parecía propio de un edificio como el Windsor». Asimismo, resaltó que
no comprendían «por qué no hubo una alarma». A la pregunta de cómo había
actuado la planta 17, respondió que creía que «en ella se podría detener
el fuego, pero no fue así aunque sirvió contra el peso y actuó como
freno de los derrumbes». En este sentido advirtió que desde la planta 17
hacia arriba sólo queda el perímetro, mientras que en los pisos
inferiores se mantiene el forjado. La clave de que esta torre no se haya
desplomado está en que toda la parte interior está hecha con hormigón
armado, y el núcleo interior es una caja que «ata todo el edificio»,
explicó el arquitecto.
En cualquier caso, el edificio será demolido necesariamente, ya que
quedará inservible debido a que el hormigón sufre con el frío y el
hierro se dilata. Al enfriarse se contrae de nuevo y en su contacto con
el hormigón puede causar problemas. «Los trabajos de demolición deberán
hacerse planta por planta y con muchas precauciones».
Sobre las medidas de seguridad, aseguró que cuando se construyó la torre
cumplía todas las normas. «Otra cuestión es que, con el paso del tiempo,
se hayan hecho más exigentes e incluso, a partir de ahora lo serán más».
Finalmente, Genaro Alas lamentó que su edificio apenas haya durado 30
años. Sin embargo, se mostró satisfecho de que debido a la solidez de su
construcción no se haya caído.
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Gerardo
Alas: "Se ha ido una pieza muy querida para mi" |
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Genaro Alas: «Se ha ido
una pieza muy querida para mí»
Uno de los arquitectos del edificio Windsor, junto a Pedro Casariego,
cuenta a M2 cómo vivió, en la noche del sábado, la desaparición de uno
de los primeros rascacielos de Madrid y el proyecto más ilusionante de
su vida

No se lo podía creer.
Cuando su hijo lo llamó a la una de la madrugada del sábado, Genaro
Alas, uno de los arquitectos que diseñó este rascacielos, pensó que era
una broma. Las imágenes de televisión no dejaban lugar a duda pero no
podía ser verdad. Su Windsor se debatía entre la vida la muerte, preso
de las llamas, y él tenía que hacer algo.
Cogió el abrigo y se presentó ante su coloso en llamas. Quería servir de
ayuda a los bomberos o a quien pudiera necesitar sus conocimientos.
«Estuve hasta las seis de la mañana ayudando a quienes intentaban apagar
el fuego y a los demoledores. Teníamos muchas esperanzas puestas en el
piso 17 para detener las llamas.Así se lo dije al alcalde de Madrid,
Alberto Ruiz-Gallardón, aunque luego el hormigón que hay, que había, en
esta planta no fue suficiente. Las llamas se propagaron por algunos de
los conductos verticales que hay en el edificio, como en cualquier
otro», explica Genaro Alas.
Mientras observaba como el edificio se consumía en una batalla perdida
frente al fuego, Genaro Alas se acordó muchas veces del que fue su
compañero, amigo, y padre también del Windsor, Pedro Casariego. El
arquitecto, que trabajó con Alas durante más de 50 años, falleció en
2002, por lo que no tuvo que sufrir una de las noches más penosas para
un creador. Quien sí estuvo pendiente de la torre Windsor fueros dos de
sus hijos, uno de ellos trabaja con Genero Alas, que acudieron hasta
Azca para ver cómo caía uno de los hitos arquitectónicos de su padre.
Era el fin de un sueño. Decidieron volver a casa y seguir viendo la
caída del rascacielos desde la televisión. Los recuerdos eran imposibles
de apartar.
Viendo a Genaro Alas, y a los arquitectos que tenían la dirección
facultativa durante la construcción de la torre, era difícil no imaginar
qué puede sentir un padre cuando ve sufrir a un hijo, aunque sea un hijo
artístico.
La confianza en el vástago era tal que, cuando Genaro, este arquitecto
de 78 años, regresaba a su casa casi amaneciendo, ya sabía que su
edificio iba a mantenerse en pie. «La estructura de hormigón iba a hacer
que no se viniera abajo, aunque aún le queda un último sufrimiento con
el enfriamiento», insistía ayer hablando del Windsor como si se tratara
de una parte de él mismo.
En 1973
Sin dejar de pensar en las nefastas consecuencias de la desgracia,
Genaro Alas recuerda cuándo le encargaron el edificio. Corría el año
1973. Tenían un terreno muy delimitado, pero edificabilidad suficiente
como para levantar todas las plantas que le solicitaban.Él y Pedro
Casariego viajaron al extranjero para ver algunos modelos. Tenían el
Windsor en la cabeza y mucha ilusión por levantar un edificio tan alto
en una de las zonas financieras emergentes en Madrid. Las obras
empezaron en 1974, pero no fue hasta 1979 cuando se inauguró el gran
rascacielos.
«Éste era uno de los proyectos más queridos de mi carrera. Cuando se
diseñó, era una novedad en Madrid... Es una pena que muera a los 25 años
de vida... Me ha sentado muy mal porque teníamos las ideas muy claras de
lo que queríamos y nos veíamos muy capaces de hacerlo», se lamenta el
arquitecto desde su casa de Madrid donde ayer tuvo que atender a muchos
medios de comunicación que querían saber cómo se sentía el padre natural
de esta mole.
El edificio Windsor era uno de los diez picos urbanos más altos de la
capital. Medía 106 metros y contaba con 32 plantas más el torreón. Su
espectacular fachada, en colores dorados que cambiaban de color según el
momento de luz, y su altura lo hacían uno de los hitos arquitectónicos
de Madrid. Acogía a oficinas de distintas empresas pero siempre con
pretensiones de modernidad y de futuro.De su misma quinta es el edificio
del BBVA, muy parecido en su estructura. Después, vinieron otros a
acompañarlos en su tarea de convertir a Azca en el centro financiero más
importante del Madrid de finales de siglo XX.
El incendio
Ayer todo el mundo quería preguntar a quién mejor conoce el edificio
cómo pudo ocurrir una tragedia como ésta. «No sé si fallaron los
sistemas de seguridad. Mientras se quemaba, todos los que estábamos allí
nos preguntábamos lo mismo», aclaró.
De la ordenanza de prevención de incendios, mejor ni hablar.«Cuando
diseñamos el edificio la normativa antiincendio no era tan exigente como
ahora. Con los años, y sobre todo, después del 11-M, se ha ido pidiendo
más, sobre todo a los más altos.El Windsor se iba adaptando a los
cambios, como ahora que estaba en obras para mejorar estos sistemas»,
reconoce el arquitecto.
Evocando las imágenes que se vivieron en la noche del sábado y posibles
parecidos, Genaro Alas enseguida explica las diferencias entre el
incendio que asoló ayer el corazón de la capital y lo ocurrido con las
Torres Gemelas con el atentado terrorista: «Hay mucha gente que está
comparando con las Torres Gemelas, pero no tiene nada que ver. Las
Torres estaban hechas de acero, con un revestimiento que fue roto por el
impacto del avión, y por eso cayeron enseguida. El Windsor estaba
construido con hormigón y muy bien hecho, sobre todo en su estructura
central. Por eso se mantiene en pie».
Genaro es consciente de que su edificio está muerto. Aunque siga
presentando batalla, el Windsor tendrá que ser derruido. El orgullo del
edificio sigue resistiendo los envites de las llamas y su arquitecto
está seguro de que la estructura va a resistir hasta el enfriamiento que
tiene que soportar en los próximo días y que puede ser igual de
perjudicial que el calor. «Creo que no caerá, porque ahora no tiene
cargas y el hormigón resiste».
De hecho, el único salvavidas que ha tenido el rascacielos ha sido su
propio corazón, que era de hormigón. Genaro Alas confiaba tanto en el
latir de la torre que cuando se despidió de Azca, destrozado por cómo el
fuego iba devorando una parte de él mismo, podía imaginar perfectamente
cuál iba a ser el estado del Windsor cuando el sol estuviera más alto.
«Sabía que iba a quedar así.La parte de arriba con el hormigón en pie y
la parte de abajo, a partir de la planta 17, con toda la estructura». En
pie. |
Fuente:
ABC
14.02.05
*
Experto:
Edificio Windsor: ¿es la seguridad sólo un gasto?, por Ignacio
Cortés (14.02.05)
*
Experto:
La seguridad
ante una emergencia: ¿una obligación normativa?,
por Rosa Sandino (31.01.05)
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