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Los textos sobre
prevención de incendios son «difíciles de interpretar»
En Madrid conviven hasta tres
textos legales relacionados con la prevención de incendios en edificios.
El más actual y exigente es el de la Comunidad, que data de 2003. Eso
sí, todos los inmuebles construidos antes de esa fecha no están
obligados a adaptar sus características de seguridad siempre y cuando no
realicen obras de reforma importantes. Independientemente de su edad,
todos los edificios públicos deben contar con un plan de evacuación.
«Da igual estar a 28 metros de altura
que a 235. La seguridad no es más o menos, ni hay mayor o menor
peligro». La taxativa frase es de Mark Fenwick, uno de los arquitectos
que participa en el proyecto del que será, en 2007, el rascacielos más
alto de la capital. Los 235 metros de «Torrespacio» –uno de los cuatro
gigantes de acero y hormigón que se levantarán en la antigua Ciudad
Deportiva del Real Madrid– doblarán de largo los 106 del malherido
edificio Windsor, y aunque Fenwick tiene todo el derecho a defender su
«criatura», lo cierto es que el incendio del veterano inmueble ha
reabierto el debate sobre las medidas de seguridad. Madrid no es una
ciudad con muchos rascacielos, pero los miles de personas que cada día
se «encierran» en las Torres Kio, Torre Picasso o Torre Europa se
preguntan desde el pasado sábado si lo ocurrido en el Windsor se puede
repetir en sus lugares de trabajo.
Desde luego, si pasa no será por falta
de normativas y textos legales que regulen los elementos a incorporar
para luchar contra el fuego. En la capital conviven nada menos que tres.
La más antigua es la «Ordenanza primera de prevención de incendios»
del Ayuntamiento, que vio la luz en 1976 –tres años antes de que
terminara la construcción del edificio arrasado por las llamas– con 350
artículos y varias disposiciones adicionales. En 1996, el Estado dictó
la «Norma básica de la edificación, condiciones de protección contra
incendios de los edificios», y en 2003 el Gobierno regional culminó
la redacción del «Reglamento de prevención de incendios».
Cada uno de ellos compila miles de
especificaciones técnicas referidas a compartimentación de espacios,
puertas de seguridad, extintores y demás sistemas «que los hacen muy
complejos y de difícil interpretación, porque hay que adaptarlos al
diseño de cada edificio», señala Gaspar Blein, arquitecto responsable
del Centro de Asesoramiento Técnico del Colegio de Arquitectos de Madrid
(COAM).
La más actual y exigente es la de la
Comunidad, que prevalece en caso de duda. El problema es que sus
requisitos no son retroactivos: según fuentes de la Comunidad, nada
obliga a un edificio construido antes de 2003 a adecuarse a esta norma,
salvo que sus gestores acometan obras de reforma de cierta importancia.
Los responsables del Gobierno regional presumen de que el texto de 2003
es el más avanzado que existe en Europa –incluye una sección dedicada en
exclusiva a los edificios en altura–, pero bucear por sus casi 300
artículos es poco menos que una misión imposible para cualquier lego en
la materia.
Ricardo Aroca, decano del COAM,
resume las normas básicas. «Lo primero es evitar que empiece el
incendio. Hay que tener en cuenta que los materiales utilizados no
desprendan mucho humo y que la carga de fuego de los mismos –la rapidez
con la que arden– sea la menor posible», explica. La segunda «pata»
es la detección y extinción inmediata del foco, con detectores de humo y
calor para lo primero y rociadores de agua. Si éstos funcionan las
llamas no prosperarán, pero si lo hacen tienen que existir caminos de
evacuación protegidos que resistan entre una y dos horas, ubicados como
mucho a 25 metros de cada empleado. Si el edificio colapsa, la
estructura debe aguantar como mínimo 30 minutos para permitir la
evacuación. Además, todo inmueble público debe contar con un plan de
evacuación independientemente de su fecha de construcción. «Las torres
son seguras. El riesgo de morir en un derrumbe es 20.000 veces menor que
hacerlo en un coche, y seguimos conduciendo», resume Aroca, que también
reclama «importar» el modelo norteamericano de pólizas de seguro. «En EE
UU, las primas varían según los elementos de seguridad instalados, y
aquí las aseguradoras lo hacen "a bulto"».
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