- Menú -

HOME

Noticias...
Se busca...
Eventos...
Legislación...
Bibliografía...
Artículos...

> MAPA del WEB <

Su opinión...

Envíenos la noticia o el comentario que desee.

 

 

Noticias Profesionales

  

Noticias

Miércoles, 6 de abril de 2005


Seguridad Pública y Protección Civil

Juan Pablo II fue también víctima del zarpazo terrorista

El Papa estaba convencido de que "una mano disparó y otra guió la bala". Las hipótesis sobre el atentado que casi cuesta la vida de Juan Pablo II el 13 de mayo de 1981 llevaron a la denominada "pista búlgara". El Santo Padre, sin embargo, perdonó a su agresor

 

Son las 17,15 horas del 13 de mayo de 1981. Una espléndida tarde de primavera en Roma. Alrededor de 20.000 peregrinos del os cinco continentes asistencia en la Plaza de San Pedro a la audiencia general de los miércoles. Un hombre joven, mal afeitado, de tez oscura, traje gris y camisa blanca se abre paso entre la muchedumbre. Busca situarse cerca de la trayectoria del “Toyota” blanco con el escudo pontificio que hace unos segundos salió a la plaza por el Arco de las Campanas. 

El Papa viaja de pie en la parte trasera del “jeep” descapotado. Le acompañan su secretario, Stanislav Dziwisz, y su ayudante personal, Antelo Gugel. El coche avanza muy despacio. Los fieles se abalanzan para estrechar la mano del Santo Padre. Una mujer le tiende a una niña rubia, Juan Pablo II la coge en brazos, le da un beso y la devuelve a su madre.

Foto: www.encuentra.comEl hombre de tez morena y traje gris ha conseguido situarse  en ese momento a sólo cinco metros de la barrera. Ha visto la escena. Sus ojos oscuros apneas parpadean; no dejan de seguir la figura del Santo Padre. En su bolsillo empuña una pistola “Browning”, de mortífera eficacia. El Papa acaricia a otro niño, hace la señal de la cruz en su frente y vuelve a incorporarse. Ha llegado el momento. Pasan 19 minutos de las cinco de la tarde. Suenan dos disparos. Todas las palomas del Vaticano alzan el vuelo. Han atentado contra el Papa. 

Dolor y desconcierto

Juan Pablo II cae sobre su secretario. En su rostro se refleja un intenso dolor. Guardias suizos de paisano suben al "jeep". El conductor acelera para regresar al interior del Vaticano lo antes posible de nuevo por el Arco de las Campanas. La faja del Papa comienza a teñirse de rojo. El autor de los disparos huye abriéndose paso a codazos. Una ambulancia traslada al herido a la clínica Gemelli. Juan Pablo II no deja de rezar un solo instante. Ingresa en el quirófano en estado muy grave. La primera bala le atravesó de parte a parte, lesionando el sigma y el intestino en varios puntos. La segunda le perforó el antebrazo. Un periodista de la radio lanza un mensaje que tiene a la Cristiandad en vilo: "el Papa se encuentra en estado preagónico". Miles de fieles esperan en la Plaza de San Pedro.

El Santo Padre está siendo intervenido cuando la policía romana consigue detener a Mehmet Alí Agca, un individuo que responde a la descripción que del principal sospechosos han realizado los testigos más directos del atentado. El archivo electrónico de las agencia Ansa descubre que cuando se preparaba el viaje de Su Santidad a Turquía, Agca le había amenazado de muerte. "Yo sé que disparé bien, miré perfectamente. Sé que el proyectil era devastador y mortal... ¿por qué entonces usted no ha muerto?.

Foto: Antena 3

Dos años después, cuando la víctima acudió a la cárcel para perdonar al que pretendió ser su verdugo, éste le reconocería que aquella tarde nunca dudó de que había conseguido su mortal objetivo. Cinco horas y veinte minutos de intervención necesitaron los médicos para poner a salvo la vida del Papa. El parte médico que confirmó que la vida del Santo Padre estaba fuera de peligro fue recibido con júbilo entre miles de fieles que aún permanecían concentrados en la Plaza de San Pedro. El Papa había sobrevivido al brutal zarpazo del terrorismo.

Karol Wojtyla siempre estuvo convencido de que "una mano disparó y otra guió la bala". Aquel 13 de mayo se cumplían 64 años de la aparición de la Virgen de Fátima a los niños Jacinta, Francisco y Lucía. "La extraordinaria protección de la Virgen se ha demostrado más fuerte que el proyectil asesino", declaró en su primera audiencia tras el atentado.

Un año después, Juan Pablo II viajó a Fátima para agradecer a la Virgen su ayuda. Desde entonces, los peregrinos pueden contemplar engastada en la corona de la imagen la bala que estuvo a punto de arrebatarle la vida.

¿Quién armó la mano de ALí Agca? ¿Existió detrás un complot? es un principio, Alí Agca declaró haber actuado solo. Pero un año después empezó a desgranar ante el juez un detallado informe sobre sus supuestos colaboradores. Es la denominada "pista búlgara", que conduciría a la sospecha de que el KGB soviético estaba detrás, deseosos de liquidar a un Papa polaco "incómodo" para los países comunistas. Según un reciente informe procedente de los archivos de la Stasi, la policía política de la RDA, la decisión de asesinar al Papa fue adoptada en 1979 durante una reunión en Crimea, en la que Andrei Gromiko, representante soviético, tranquilizó al delegado de la Polonia comunista sobre los riesgos del Pontificado de Juan. "El problema se resolverá pronto".

Así intenté matar al Papa

Mehmet Alí AGca, la persona que intentó matar al Papa, escribió este texto después de encontrarse a solas en la cárcel con el Sumo Pontífice

Aquel 13 de mayo de 1981 lo recuerdo siempre porque fue el punto de partida de mi vida; representa la tragedia y a la vez el renacimiento de mi existencia. Es una fecha que está absolutamente ligada al 13 de mayo de 1917, primera aparición de la Virgen de Fátima. Todo forma parte de un milagro, un misterio que se dilata en el tiempo y que no ha sido todavía perfectamente entendido.
Foto: http:// news.bbc.co.uk

Juan Pablo II acudió a ver a Alí Agca a la cárcel dos años después del atentado

Aquel día en la plaza de San Pedro tuve mis dudas en los últimos instantes. ¿Hacerlo o no hacerlo? El vehículo del Papa hace un giro en ese instante y me quedo a espaldas de Juan Pablo II. Yo no podría disparar jamás a un hombre que me da la espalda, y me digo: «Déjalo, abandona tus planes. A las ocho y media de la tarde sale un tren para Zurich. Déjalo, no tienes nada contra el Papa. Mañana, 14 de mayo, empezará una nueva vida para ti». Y me alejé. Había recorrido cuarenta o cincuenta metros cuando los aplausos y las aclamaciones me hicieron volver la cabeza, como si fueran un reclamo. El Papa había regresado hacia donde yo estaba y venía directamente hacia mí.

Yo tenía desde hacía tiempo una idea precisa: o moríamos los dos o nos salvábamos los dos juntos. Fue un gesto desesperado. Pensaba que sería el último día de mi vida. Quería dejar una huella en la historia a través de un acto terrorista, aunque ahora pienso que ésta era una idea primitiva, con la que hoy no comulgo en ningún sentido. En aquel momento sucedió algo que no puede explicarse desde el punto de vista humano. Yo era como un autómata. Cuando disparé, tres veces seguidas, exclamé: «¡Dios!». Algo me paralizó después. Fue como si hubiese regresado a mí mismo, y entonces escuché el ruido del pánico de la gente en la plaza.

Nunca me he reprochado haber fracasado en mi plan de asesinar al Papa. Hay algo inexplicable en todo esto. Es un proyecto de la Providencia. Jamás se encontrará una explicación humana a este hecho. Sinceramente, me alegro mucho de que el Papa haya sobrevivido. Cuando vino a visitarme a la cárcel fue como un sueño, algo increíble. Fue un gran gesto y un hecho extraordinario estar con él después de todo lo que pasó. Pero para mí lo más importante fue el abrazo que el Papa dio a mi madre en una de las tres audiencias que tuvo con ella en el Vaticano.

Admiro al Papa porque es el último baluarte, la última fortaleza moral para la defensa de este Occidente que va camino de convertirse en un desierto. ¿Qué alternativa hay al Papa y al Vaticano? Juan Pablo II es también un punto de referencia para todos los demás creyentes, para los musulmanes, para los judíos.

 

Los otros atentados: más de una veintena de planes frustrados para acabar con el Pontífice

El hombre más querido en todo el mundo era el más odiado por fanáticos y terroristas de diversos pelajes, que intentaron matar al mensajero de la paz en veinte ocasiones. La valentía de Karol Wojtyla, estuvo a punto de costarle la vida el 13 de mayo de 1981, cuando se desangraba por los disparos de Alí Agca. Un año después del atentado, el Papa viajó a Fátima y allí, el 12 de mayo de 1982, un sacerdote integrista español intentó apuñalarle. Los encargados de protegerle nunca recuperaron la tranquilidad. En febreo de 1983 lograron arrestar al turco Mustafá Savak, que  preparaba un atentado contra el Papa durante su visita en junio de Milán. En marzo, durante el viaje a El Salvador y Guatemala, se descubrieron complots contra Juan Pablo II. Pocos meses más tarde en su país natal, varios extremistas del ejército polaco prepararon un plan para matarle. No lo consiguieron, pero asesinaron, en cambio, al sacerdote Jerzy Popueluzsko.

En junio de 1986, asumió en Colombia el riesgo de un atentado del M-19 y en noviembre de ese mismo año en Brisbane (Australia) la policía arrestó a un joven de 24 años que había planeado arrojarle cinco cócteles Molotov, mientras que en 1990 el presidente de Costa de Marfil reveló haber desarticulado un complot.

En el verano de 1993, la mafia siciliana respondió a la fortísima condena del Papa en Agrigento poniendo una bomba en la basílica de San Juan de Letrán, que es su catedral como obispo de roma, y en la Iglesia de San Jorge al Velabro. No fue un atentado contra el Papa pero fue un típico mensaje mafioso de que todo era posible.

En febrero de 1994 se descubrió en Beirut que un grupo proyectaba asesinar al Santo Padre durante su visita del mes de ayo. En el otoño. el altísimo peligro de un atentado serbio en Sarajevo obligó a anular la visita. La realizó en abril de 1997, y la policía descubrió una bomba a sólo cien metros de su itinerario.

A esas alturas había entrado ya en escena un peligroso terrorista internacional del grupo de Osama Bin Laden.

En enero de 1995, Ramzi ahmed Yusuf preparó un atentado espectacular contra el Papa que la policía filipina desarticuló. Los momentos de peligro se repitieron en al apertura del Año Santo el 24 de diciembre de 1999, el viaje a Jerusalén en 2000 y la visita a la gran mezquita de Damasco el 6 de mayo de 2001. En una de las calles cercadas, una mujer cargada de explosivos se acercaría y haría saltar las cargas al estilo de los suicidas de Hamás en Israel.  Como siempre, el Papa no se dejó impresionar y en septiembre, justo después de los ataques de Al Qaida en Estados Unidos, viajaba a otro país musulmán, Kazajstán, para continuar su magisterio contra el terrorismo.

Fuente: ABC
03.04.05

Noticias relacionadas:

* Cónclave a prueba de espías (05.04.05)
* Roma pone en marcha un "imponente dispositivo" para garantizar la seguridad durante los funerales por Juan Pablo II (04.04.05)
*
Al Qaida pidió a «El Egipcio» atacar el Vaticano y armar un ejército islámico para recuperar Turquía (22.10.04)
* El Mosad asegura que Roma será el próximo gran atentado de Al Qaida en suelo europeo (15.03.04)

© BELT.ES  Copyright. Belt Ibérica, S.A. Madrid - 2004. belt@belt.es