Seguridad Pública y Protección Civil
Seguridad de la Información y Protección de Datos
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Una mafia emergente
El tráfico de
documentos robados o falsificados rivaliza en ganancias con el
narcotráfico y acecha el proceso de regularización de inmigrantes
Millones de personas
abandonan anualmente sus países, emigran a terceros y necesitan
documentación para cruzar fronteras y regularizarse en la Unión Europea,
Estados Unidos o Canadá. Parte de estos flujos migratorios
depende de mafias que trafican con identidades falsas y certificados.
Un pasaporte bien falsificado puede salir por 6.000 euros.
Los tres
enmascarados que el pasado 7 de febrero asaltaron el Consulado
español en Berna preguntaron directamente por la caja fuerte. "No
sabemos si querían los pasaportes, los visados, el dinero, o las tres
cosas", dice el diplomático Angel Vázquez, portavoz en la Dirección
General de Comunicación Exterior. La policía española apenas duda:
fundamentalmente, buscaban pasaportes y visados. Huyeron de vacío al
no conseguir la clave de la caja, en poder de un funcionario de la
embajada. Hace un año, otro grupo asaltó el consulado en São Paulo para
robar 1.397 pasaportes en blanco y 682 etiquetas de visado y trucarlos.
El tráfico de documentos falsificados, que también acecha el proceso de
regularización de inmigrantes abierto en España en febrero, es un
negocio de escala planetaria y ha llegado a ser casi tan lucrativo y
corruptor como el narcotráfico. Hace pocos años, un estudio canadiense
calculaba que generaba ganancias equivalentes a las de un cartel de
Colombia. Hoy se han multiplicado porque el desplazamiento de personas
desde su país a un tercero es masivo, mayoritariamente ilegal, y
proclive a pagar por su legalización si no puede lograrla en las
ventanillas oficiales.
30 millones de
documentos
"La irregularidad
conduce a la invisibilidad social y coloca al inmigrante en una
situación de vulnerabilidad y explotación", según Carlos Giménez,
profesor de Antropología Social en la Universidad Autónoma de Madrid,
autor del libro Qué es la inmigración. Terroristas, delincuentes comunes
y flujos migratorios de África, América Latina, Asia y del Este europeo
requieren certificados de todo tipo. Cerca de 30 millones de documentos
de identidad, robados o falsificados, circulan ilegalmente por todo el
mundo, según Interpol. El banco de datos de este organismo nació en el
año 2002 y almacena información sobre aproximadamente seis millones de
ellos. Fuentes españolas precisan que cinco millones del total
circulan por la Unión Europea.
El
gran tráfico de documentos es controlado por multinacionales del delito
que blanquean sus propios ingresos. Esas fraternidades del delito
expiden tarjetas de residencia o de crédito, cartas de invitación,
resoluciones, permisos de trabajo, certificados de penales, médicos, de
buena conducta o carnés de conducir. Son documentos insuficientemente
protegidos. Un buen equipo informático, una buena fotocopiadora y un
sello fabricado en Quito o en Bucarest son, en ocasiones, herramientas
suficientes para engañar a empleados de organismos
administrativos escasamente adiestrados en la mecánica de las trampas.
"Todos los implicados en el 11-M portaban pasaportes falsos. Valen
oro", subraya un jefe policial. Valen oro en el mercado negro, entre
5.000 y 6.000 euros, aquellos que, primorosamente adulterados, permiten
la entrada en el área Schengen (España, Alemania, Austria, Bélgica,
Dinamarca, Finlandia, Francia, Grecia, Holanda, Islandia, Italia,
Luxemburgo, Noruega, Portugal y Suecia), son de imposible detección
salvo con aparatos especiales. Las falsificaciones perfectas se venden
fácilmente porque el comprador viajará por todo el mundo sin problemas
y, además, franqueará cualquier proceso de regularización o de
acreditación de identidad. Así, desde el año 2000, miles de irregulares
fueron dados de alta en la Seguridad Social española con permisos de
trabajo falsificados. "Sólo en Madrid, calculamos más de 100.000",
asegura un inspector de la brigada de extranjería de la Comunidad de
Madrid. Por uno de ellos llegó a pagarse 4.500 euros. Y el asesino del
primer ministro serbio Zoran Djinjic, cometido en el año 2003, se movía
libremente, de un país a otro, desde dos años antes con un pasaporte
robado en 1999, según reveló en Madrid el director de los Servicios
Policiales de Interpol, Jean Michel Lubotin.
La chapuza también tiene su mercado y un chorizo de la Gran Vía
puede colocar un pasaporte a un inmigrante de patera por 500 euros o
menos. Las legislaciones de casi todos los países son muy débiles a la
hora de castigar el documento falso, contrariamente a la severidad
contra el tráfico de heroína, cocaína, crack o de moneda. El tráfico de
papeles no figura como delito en la mayoría de los códigos, y la
falsificación se castiga únicamente con dos o tres años de cárcel. Esa
benevolencia penal mortifica a los cuerpos de seguridad del Estado y
obstaculiza la erradicación de mafias internacionales de estructura
piramidal y ramificaciones locales. El Gobierno español trata de impedir
su interferencia en el proceso de regulación, que finaliza en mayo.
El número de irregulares se acerca al millón, según datos oficiales.
"Buena parte de la delincuencia internacional, incluido el terrorismo,
se está financiando con documentos falsos", subraya Eduardo Rentero,
jefe de la Brigada Central de Falsedades Documentales de la Comisaría
General de Extranjería y Documentación, que dispone de equipos muy
sofisticados para descubrir las trampas. Durante el año 2003, se
incautaron en España 8.614 documentos falsificados, y el pasado
año, 9.013, según datos oficiales. Otros miles habrán sorteado las
batidas policiales y blanqueado a sus eventuales portadores, pues la
cruzada contra el fraude es ardua y las mafias internacionales,
asociadas con bandas locales, no cejan. Cuando se les cierra un centro
abren otro. Los más importantes de todo el mundo funcionan en Bangkok.
Durante los dos últimos años, las policías española y tailandesa
desarrollaron importantes operaciones contra esas redes
clandestinas: contra cuatro fábricas de moneda y timbre de los
malos, regentadas por chinos y malayos. Las grandes factorías de la
falsificación tienen de todo: la materia prima, el papel y la tinta, los
sistemas y medidas de seguridad de los pasaportes, los operarios, la
maquinaria y un mercado. Sus capos cuentan con estructuras y
profesionales bregados en el narcotráfico, y plantillas de captadores,
pasadores e intermediarios. Compran y venden, llevan y traen, y
contratan correos: las mulas del tráfico de estupefacientes. Un agente
al mando de un grupo operativo español resume el trato: "La organización
les encarga qué hacer: 'Vas a Bangkok y recoges 1.500 pasaportes: 300
franceses, 200 alemanes, 500 tal, 500 cual. Te van a pagar tanto y por
ese viaje nosotros te vamos a dar 1.500 euros".
Las falsificaciones
más frecuentes
Esos carteles utilizan
también la paquetería postal. Cientos de miles de documentos circulan a
diario a través del correo normal o urgente y el escrutinio de sacas,
sobres y envoltorios es trabajoso. La cooperación de España con policías
alemanes, franceses o británicos fue necesaria para interceptar paquetes
con pasaportes en blanco o a la carta, es decir, con la identidad del
comprador ya impresa. El negocio mueve mucho dinero, muchísimo. ¿Cuáles
son las falsificaciones más frecuentes? En primer lugar, los documentos
para cruzar las fronteras de la Unión Europea, pasaportes, visados y
permisos de residencia, y después, los requeridos por los procesos
nacionales de normalización de inmigrantes.
España pide el carné de identidad del extranjero, un contrato de
trabajo expedido por el empleador y sendos certificados de penales y de
empadronamiento.
El ministro de Trabajo, Jesús Caldera, calcula que cerca de 600.000
solicitarán la regularización. Pero el tiempo pasa, llegará mayo, y
legiones con problemas para conseguirlos, entre ellos cerca de 10.000
indígenas andinos, artesanos por cuenta propia, tendrán la tentación de
pagar a gánsteres. Los más desesperados estarán dispuestos a invertir el
equivalente a su salario semestral promedio, en torno a los 4.000 euros,
para comprar oficios amañados, susceptibles de evitar el quebranto de la
repatriación forzosa.
"Ahora mismo es imposible la regularizacion con documentos falsos porque
todo se comprueba en bancos de datos interconectados", afirma Félix
Albertos, portavoz del Ministerio de Trabajo. No todos están tan seguros
de que vaya a ser así. La banda liquidada en Navarra a principios de mes
estaba formada por peruanos que engañaron a irregulares de esa misma
nacionalidad ofreciéndoles fraudulentos contratos de trabajo a 3.500
euros cada uno. "He hecho mis cuentas y por 1.000 euros consigo todos
los papeles", confiesa Héctor, un ilegal brasileño en una peluquería de
Carabanchel, en cuya junta municipal se produjo un robo revelador: dos
sellos utilizados para los certificados de empadronamiento.
Pero no todo es coser y cantar, porque la Administración también ha
establecido sus cautelas, según advierte Consuelo Rumí, secretaria de
Estado de Inmigración. "Durante la normalización detectamos que la mafia
estaba poniéndose en el mercado de compra-venta de contratos".
Las luces rojas del
sistema
La primera alarma se
activa, según explica la secretaria de Estado, cuando una empresa
no dada de alta en la Seguridad Social, y al día con sus
obligaciones, propone la legalización de un inmigrante con un contrato
de trabajo. "¿Por qué salta la alarma? Pues porque quien pasa por el
primer filtro es la empresa. Si todo está correcto en la empresa,
continúa el proceso". Después, a través de los registros suministrados
por el Instituto Nacional de Estadística (INE), se comprueba que el
certificado procede realmente del ayuntamiento que lo ha emitido. "Si
no, salta otra luz roja", agrega Rumí.
La convalidación del certificado de antecedentes penales emitido en
origen pasa por el Ministerio de Asuntos Exteriores y el cotejo de las
firmas de los funcionarios extranjeros acreditados para expedirlo. Un
certificado de la policía ecuatoriana, colombiana o de otro país tiene
que pasar por el Ministerio de Exteriores de aquel país para evitar
connivencias. "Y luego, de oficio, nosotros comprobamos que el
inmigrante no tiene antecedentes penales en nuestro país", precisa
Consuelo Rumí. Preocupa a las autoridades la corrupción en naciones
donde la venta de carnés y certificados es habitual. "¿Está usted
interesado en una licenciatura por una universidad marroquí?", ironiza
un funcionario que cumplió destino en Rabat. "Hablo con una gente de
Ceuta y son 100.000 pelas".
No obstante, el ministro consejero de la Embajada de Marruecos en
Madrid, Fouad Yazourh, califica de "habladurías sin fundamento ni
pruebas" ese tipo de imputaciones. Los antecedentes penales, según
afirma, son imposibles de falsificar. "Están expedidos por un ordenador
central de la Dirección General de Seguridad Nacional". Portavoces del
Ministerio del Interior español admiten que, efectivamente, no es uno de
los documentos donde se observen falsificaciones: "Es más frecuente en
los pasaportes y en los carnés de identidad". El colectivo marroquí en
España se acerca a las 370.000 personas y se han despachado cerca de
100.000 certificados de penales.
Pero el dinero mueve montañas y expedientes. Los siete
inmigrantes marroquíes detenidos el pasado día 8 en Alicante escondían
los útiles para ello: un tampón de autenticación judicial, sellos del
Registro Civil y de distintas empresas y réplicas con estampaciones de
la Diputación de Alicante. Una sucesión de fotocopias alteraban datos,
firmas originales y fotografías y suplantaban nóminas y personalidades.
Las manipulaciones permitían la renovación de permisos de residencia,
el acceso a prestaciones de la Seguridad Social, el cobro de baja por
accidente y la obtención de créditos hipotecarios.
Pedro Zerolo, responsable de inmigración en la ejecutiva del PSOE,
descarta que la falsificación vaya a ser "un elemento fundamental" en el
proceso de regularización de inmigrantes, porque hay reglamento que lo
regula. "Eso sí, tenemos que ser muy exigentes en las comprobaciones".
El fenómeno ya existía, pero ahora aflora al vincularse la estancia en
España al contrato de trabajo. "Justamente es lo que pretendíamos: sacar
todo lo que había a nivel de economía sumergida y todas las mafias
relacionadas".
El estigma de Chamba
Jaramillo
Para María Ángeles Muñoz,
portavoz de asuntos migratorios del Partido Popular, ha habido mucha
improvisación. El proceso de de regularización, según sus pronósticos,
difícilmente conseguirá la regularización de 800.000 personas, poner el
contador a cero, terminar con la inmigración irregular y el afloramiento
del empleo sumergido en los niveles pretendidos. "Además ha habido
falsificaciones y venta de contratos o el hecho de que una misma persona
aparezca inscrita cinco veces en Seguridad Social", añade, "y eso ya se
puso encima de la mesa desde el principio". Las irregularidades
comienzan en los países de procedencia. Ecuador, la primera
comunidad extranjera en España con cerca de medio millón de intregrantes,
una de las menos conflictivas, carga con el estigma de Gilbert Antonio
Chamba Jaramillo, detenido el pasado mes de diciembre por el asesinato
de la joven catalana María Isabel Bascuñana, estudiante de Derecho. No
se trata de un caso de falsificación, sino de doloso abandono de las
responsabilidades oficiales, una auténtica lacra en las naciones de
emigrantes. Para España, aquel carecía de antecedentes penales, según el
certificado número 1840724, expedido en papel timbrado el 23 de junio
del año 2003 por la Policía Nacional de Ecuador. Chamba Jaramillo, sin
embargo, había violado y matado a ocho mujeres en Ecuador.
Este país autoriza la eliminación de antecedentes del reo previo informe
favorable de la prisión donde cumplió la pena, examen psicológico,
determinado plazo y otras garantías. "De haberse cumplido esos
requisitos no hubiera sido posible limpiar su récord policial", admite
un portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores de Ecuador. Su
embajador en Madrid, Francisco Carrión, subraya que el colectivo de
compatriotas no ha causado colapsos, ni grandes problemas, "entre otras
razones, porque han tenido trabajo y por la acogida de la afinidad".
Otras nacionalidades suscitan muchos más recelos. No obstante, la
continuada entrada de extranjeros en España, el 80% a través de los
Pirineos, y casi todos precariamente documentados o investigados, es
asunto grave. Rodrigo Gavilán, portavoz de inmigración de la
Confederación Española de Policía (CEP), niega cualquier intención
política en sus críticas, pero incide en un aspecto a tener en cuenta:
un argelino, por poner un ejemplo, puede demostrar que no tiene
antecedentes penales ni en España ni Argelia, pero resulta que ha
cumplido 16 años de cárcel en Francia por un delito de sangre. Serán
regularizados numerosos extranjeros con causas judiciales pendientes
"porque aunque ahora mismo no tienen antecedentes penales, el 3% o el 4%
de los residentes en España tiene pendiente juicio y eventual condena",
según ese delegado sindical. "Estamos hablando de más de 30.000 con
causas judiciales si se regulariza a 800.000 inmigrantes".
Irregulares de Marruecos, Argelia, Nigeria y el resto de África
encabezan la clasificación de detenidos. Más de 120.000 de
diferentes nacionalidades fueron repatriados el pasado año, y más de
10.000 en lo que va de año, según datos oficiales. Las redes
clandestinas acuden en ayuda de quienes consiguen quedarse. Algunas
mafias chinas son imaginativas en origen y aprovechan la ingenuidad de
las empresas españolas, francesas o belgas para colar a clientes suyos
en España, que aprobó cerca de 21.000 visados a ciudadanos chinos para
visitar España. Muy pocos, en comparación con Alemania, 168.000, y
Francia, 170.000 visados. Se calcula que en torno al 3% de los
beneficiarios se queda ilegalmente en la Unión Europa. Datos aportados
por agentes policiales y corroborados por fuentes diplomáticas permiten
reconstruir algunas de las maquinaciones urdidas para hacerse con el
permiso de entrada en España.
El cebo de un buen
negocio
El papeleo comienza así:
una supuesta compañía china se pone en contacto con otra española que
promociona sus productos por Internet. Los chinos envían un e-mail, o
varios, identificándose como gente del mismo sector. Piden más y más
información y manifiestan su disposición a una compra millonaria. El
cebo anima a la empresa española.
Tras un nuevo cruce de correos, los chinos abordan los precios, que
regatearán lo justo para no descubrir el embauque. Poco después,
expresan su deseo de viajar a España. La petición se redacta en términos
parecidos a éstos: "Una delegación de la empresa, encabeza por nuestro
presidente, el director general, el mánager y los siguientes
empleados... estaría interesada en visitar las instalaciones de su
empresa para concretar el pedido". Puede ser una comitiva de once
personas que en cuanto aterrice en Barajas se integrará en la maraña de
la ilegalidad.
El careo consular con los empresarios puede demostrar que portan
certificados, obviamente falsificados, ya que nada saben sobre lo que
supuestamente van a comprar. Otros acuden con la lección bien aprendida
y documentos auténticos adquiridos previo soborno de funcionarios..
"Pero lo que de verdad nos debe preocupar", avisa un funcionario
español, "es que en las fronteras de los países del Este europeo hay 20
millones de chinos intentando entrar en la Europa comunitaria".
|
Documentos falsificados |
|
2004 |
2003 |
|
3.627 |
Tarjetas de residencia |
2.727 |
|
3.392 |
Pasaportes |
3.940 |
|
1.411 |
Tarjetas de identidad
(DNI) |
1.430 |
|
583 |
Otros |
517 |
|
9.013 |
TOTAL |
8.614 |
Fuente: El País
28.03.05
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