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Viernes, 15 de abril de 2005


Seguridad Corporativa y Protección del Patrimonio

Seguridad de la Información y Protección de Datos

 Los muros vaticanos defenderán el secreto del sucesor

La Guardia Suiza se emplea a fondo para evitar que algún «topo» se infiltre e introduzca micrófonos en la capilla Sixtina, donde se celebrará el cónclave La Santa Sede ha instalado varios inhibidores para abortar cualquier intento de espionaje

 

Foto: http://vatican.altervista.orgEl juramento bajo pena de excomunión que tradicionalmente ha preservado el secreto de la elección de un nuevo Papa podría no ser suficiente si algún servicio secreto decide utilizar sofisticadas técnicas de espionaje para quebrantarlo. A pesar de que Juan Pablo II prohibió el uso de móviles y la introducción de cualquier «medio de grabación o de transmisión audiovisual», especialmente en la capilla Sixtina, los servicios de contraespionaje de la Guardia Suiza tendrán que emplearse a fondo para evitar cualquier intromisión desde el exterior. Los expertos opinan que la pericia de este cuerpo permitirá que el desarrollo del cónclave siga siendo secreto, a pesar de que muchos darían cualquier cosa por saberlo antes que nadie.

El operativo para proteger el Vaticano comenzó con el entierro de Juan Pablo II, y se basa en el sistema de círculos concéntricos de seguridad. El primero de estos filtros son las fronteras italianas. Aunque las autoridades transalpinas no suspendieron temporalmente los acuerdos de Schengen, que permiten la libre circulación de personas en los países de la Unión Europea, sí que aumentaron las medidas de control en sus fronteras y, sobre todo, el acceso por vía marítima y aérea. Estos procedimientos servirían para detectar el ingreso en el país de agentes de los servicios de espionaje extranjeros, aunque los expertos consultados por LA RAZÓN coinciden en que si alguien tiene intención de espiar el cónclave se encontraría en Italia ya desde hace mucho tiempo, quizá años.

 

El segundo círculo de seguridad lo marcaría el «Grande Raccordo Annulare», la carretera de circunvalación de Roma. Con motivo del funeral se restringió el tráfico privado en la ciudad y se cerró el espacio aéreo. Aunque durante el cónclave las medidas no van a ser tan extremas, las diferentes policías italianas controlarán de forma especial toda la ciudad, sobre todo los alrededores de San Pedro.

La centenaria muralla que rodea los apenas dos kilómetros cuadrados del Estado vaticano recuperará el sentido defensivo con el que fue construida para convertirse en el tercer circulo concéntrico de seguridad. La Guardia Suiza toma aquí el relevo a los «carabinieri» italianos en las tareas de protección. A pesar de que apenas cuenta con un centenar de hombres, el ejército del Vaticano siempre se ha caracterizado por su fidelidad al Papa, su gran preparación y su pericia para resolver situaciones complejas. Su primera misión, antes de que comience el cónclave, ha sido blindar el acceso al Vaticano. A ciertos espacios, como el Hospicio Santa Marta, donde se alojarán los cardenales, o la capilla Sixtina, que acogerá los escrutinios, sólo puede acceder ya el personal autorizado, encargado de preparar la logística necesaria. Todos los elementos que se están introduciendo, como los sitiales donde se sentarán los cardenales o las provisiones de alimentos, están siendo revisados para evitar que puedan albergar algún micrófono o sistema de trasmisión.

Foto: La Voz de Galicia

Contraespionaje. El último círculo de seguridad se centra en la protección de los lugares donde se va a realizar el cónclave, una tarea más complicada que en otras ocasiones. Esta vez los cardenales no estarán completamente encerrados en la capilla Sixtina y los pasillos adyacentes. A ella sólo acudirán a votar, dos veces por la mañana y dos por la tarde. El resto del tiempo podrán pasarlo en la residencia de Santa Marta o incluso salir a los jardines para pasear o meditar. La Santa Sede ha confirmado que todo el recinto del Vaticano será considerado «área de conclave». «La seguridad será muy estricta», confirmó hace unos días Giuseppe Mazzullo, miembro de una sección de la Policía romana que trabajó estrechamente con la Santa Sede, y será «muy, muy difícil robar información, si no imposible».

Los expertos consultados por este diario coinciden en que los gruesos muros del Vaticano seguirán protegiendo el secreto del cónclave de las intromisiones externas. «Los actuales micrófonos direccionales permiten escuchar conversaciones incluso a cientos de metros, pero siempre en espacios libres, mientras que la Sixtina estará sellada», precisa un técnico de uno de los servicios de información españoles, quien también descarta el uso de satélites, «que sólo permitirían fotografiar a los cardenales cuando paseen por los jardines».

Espionaje fallido. Otra posibilidad sería la introducción en la Sixtina de micrófonos dotados con emisores que transmitieran a un receptor exterior lo que allí está ocurriendo. Sin embargo, los actuales métodos de contraespionaje permiten encontrar fácilmente estos artilugios. Por una parte, se pueden utilizar los detectores de micrófonos por vibración para localizarlos. Estos complejos sistemas de seguridad emiten una señal que hace vibrar la pequeña membrana del micrófono, a la vez que detectan este imperceptible sonido. Localizados los micrófonos, la zona puede ser «limpiada» fácilmente. Incluso si este sistema fallara, los servicios secretos vaticanos contarán con inhibidores de frecuencia, que literalmente «baten las ondas e impiden que cualquier información emitida por radiofrecuencia pueda llegar al exterior». Estos sistemas son utilizados habitualmente tanto para evitar la llamadas de móviles como para inhabilitar cualquier tipo de mando a distancia que pudiera accionar un aparato eléctrico o incluso una bomba. También existen inhibidores específicos para grabadoras y vídeo, que impedirían que estos aparatos funcionaran si no hubieran sido detectados previamente por los servicios de contraespionaje de la Guardia Suiza. El Vaticano ha instalado inhibidores de este tipo y de telefonía móvil en la capilla Sixtina y en el hospicio de Santa Marta, así como en todas las zonas de aparcamiento cercanas a San Pedro para evitar, incluso, que un coche bomba pudiera ser activado a distancia.

Vuelta a la tradición. Curiosamente, ante este despliegue tecnológico, los sistemas tradicionales se podrían convertir en los más efectivos a la hora de saltar las medidas de seguridad. Según un experto, la única forma de evitar los detectores de micrófonos sería la utilización de «viejos modelos de carbón», que al carecer de membrana, no podrían ser localizados. Aun así, los inhibidores de frecuencia impedirían controlar el equipo desde el exterior, lo que obligaría a los servicios de información a contar con un infiltrado en el cónclave. Según los mismos expertos, «el topo» podría transcribir en clave la información en un pequeño papel del tamaño de una tarjeta de visita que, colocado en un lugar conveniente, podría ser leído a quinientos metros de distancia por sistemas de visión basados en tecnología láser. Incluso, sugieren, la forma más discreta de sacar la información serían las palomas mensajeras. Durante el cónclave, nada habría menos sospechoso en las inmediaciones de San Pedro que el vuelo de una paloma blanca.

Sin embargo, el principal interés por lo que ocurra en la capilla Sixtina es periodístico. El Vaticano ha reconocido que en 1922, un periodista y un fotógrafo lograron burlar las medidas de seguridad y entrar en el cónclave que eligió a Pío XI. También existe la sospecha de que en los dos cónclaves de 1978 la misma Radio Vaticana, el órgano oficial para dar la noticia de la muerte de un Papa y de la elección de su sucesor, intentó introducir micrófonos que le permitieran la exclusiva del nuevo pontífice unos minutos antes de que el resto de medios pudiese conocerla a través de la fumata blanca. El Vaticano siempre ha negado esta posibilidad.

Fuente: La Razón
14.05.04

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