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Los
muros vaticanos defenderán el secreto del sucesor
La Guardia Suiza se
emplea a fondo para evitar que algún «topo» se infiltre e introduzca
micrófonos en la capilla Sixtina, donde se celebrará el cónclave La
Santa Sede ha instalado varios inhibidores para abortar cualquier
intento de espionaje
El
juramento bajo pena de excomunión que tradicionalmente ha preservado
el secreto de la elección de un nuevo Papa podría no ser
suficiente si algún servicio secreto decide utilizar sofisticadas
técnicas de espionaje para quebrantarlo. A pesar de que Juan Pablo
II prohibió el uso de móviles y la introducción de cualquier «medio de
grabación o de transmisión audiovisual», especialmente en la capilla
Sixtina, los servicios de contraespionaje de la Guardia Suiza
tendrán que emplearse a fondo para evitar cualquier
intromisión desde el exterior. Los expertos opinan que la pericia de
este cuerpo permitirá que el desarrollo del cónclave siga siendo
secreto, a pesar de que muchos darían cualquier cosa por saberlo antes
que nadie.
El
operativo para proteger el Vaticano comenzó con el entierro de Juan
Pablo II, y se basa en el sistema de círculos concéntricos de seguridad.
El primero de estos filtros son las fronteras italianas. Aunque las
autoridades transalpinas no suspendieron temporalmente los acuerdos de
Schengen, que permiten la libre circulación de personas en los países de
la Unión Europea, sí que aumentaron las medidas de control en sus
fronteras y, sobre todo, el acceso por vía marítima y aérea. Estos
procedimientos servirían para detectar el ingreso en el país de agentes
de los servicios de espionaje extranjeros, aunque los expertos
consultados por LA RAZÓN coinciden en que si alguien tiene intención de
espiar el cónclave se encontraría en Italia ya desde hace mucho tiempo,
quizá años.
El
segundo círculo de seguridad lo marcaría el «Grande Raccordo
Annulare», la carretera de circunvalación de Roma. Con motivo del
funeral se restringió el tráfico privado en la ciudad y se cerró el
espacio aéreo. Aunque durante el cónclave las medidas no van a ser tan
extremas, las diferentes policías italianas controlarán de forma
especial toda la ciudad, sobre todo los alrededores de San Pedro.
La
centenaria muralla que rodea los apenas dos kilómetros cuadrados del
Estado vaticano recuperará el sentido defensivo con el que fue
construida para convertirse en el tercer circulo concéntrico
de seguridad. La Guardia Suiza toma aquí el relevo a los «carabinieri»
italianos en las tareas de protección. A pesar de que apenas cuenta con
un centenar de hombres, el ejército del Vaticano siempre se ha
caracterizado por su fidelidad al Papa, su gran preparación y su pericia
para resolver situaciones complejas. Su primera misión, antes de que
comience el cónclave, ha sido blindar el acceso al Vaticano. A ciertos
espacios, como el Hospicio Santa Marta, donde se alojarán los
cardenales, o la capilla Sixtina, que acogerá los escrutinios, sólo
puede acceder ya el personal autorizado, encargado de preparar la
logística necesaria. Todos los elementos que se están introduciendo,
como los sitiales donde se sentarán los cardenales o las provisiones de
alimentos, están siendo
revisados para evitar que puedan albergar algún micrófono o sistema de
trasmisión.

Contraespionaje. El último círculo de seguridad se centra en la
protección de los lugares donde se va a realizar el cónclave, una tarea
más complicada que en otras ocasiones. Esta vez los cardenales no
estarán completamente encerrados en la capilla Sixtina y los pasillos
adyacentes. A ella sólo acudirán a votar, dos veces por la mañana y dos
por la tarde. El resto del tiempo podrán pasarlo en la residencia de
Santa Marta o incluso salir a los jardines para pasear o meditar. La
Santa Sede ha confirmado que todo el recinto del Vaticano será
considerado «área de conclave». «La seguridad será muy estricta»,
confirmó hace unos días Giuseppe Mazzullo, miembro de una sección de la
Policía romana que trabajó estrechamente con la Santa Sede, y será «muy,
muy difícil robar información, si no imposible».
Los
expertos consultados por este diario coinciden en que los gruesos
muros del Vaticano seguirán protegiendo el secreto del cónclave
de las intromisiones externas. «Los actuales micrófonos
direccionales permiten escuchar conversaciones incluso a cientos de
metros, pero siempre en espacios libres, mientras que la Sixtina estará
sellada», precisa un técnico de uno de los servicios de información
españoles, quien también descarta el uso de satélites, «que sólo
permitirían fotografiar a los cardenales cuando paseen por los
jardines».
Espionaje fallido. Otra posibilidad sería la introducción en la
Sixtina de micrófonos dotados con emisores que transmitieran a un
receptor exterior lo que allí está ocurriendo. Sin embargo, los actuales
métodos de contraespionaje permiten encontrar fácilmente estos
artilugios. Por una parte, se pueden utilizar los detectores de
micrófonos por vibración para localizarlos. Estos complejos sistemas
de seguridad emiten una señal que hace vibrar la pequeña membrana del
micrófono, a la vez que detectan este imperceptible sonido. Localizados
los micrófonos, la zona puede ser «limpiada» fácilmente. Incluso si este
sistema fallara, los servicios secretos vaticanos contarán con
inhibidores de frecuencia, que literalmente «baten las ondas e
impiden que cualquier información emitida por radiofrecuencia pueda
llegar al exterior». Estos sistemas son utilizados habitualmente tanto
para evitar la llamadas de móviles como para inhabilitar
cualquier tipo de mando a distancia que pudiera accionar un aparato
eléctrico o incluso una bomba. También existen inhibidores
específicos para grabadoras y vídeo, que impedirían que estos aparatos
funcionaran si no hubieran sido detectados previamente por los servicios
de contraespionaje de la Guardia Suiza. El Vaticano ha instalado
inhibidores de este tipo y de telefonía móvil en la capilla Sixtina y en
el hospicio de Santa Marta, así como en todas las zonas de aparcamiento
cercanas a San Pedro para evitar, incluso, que un coche bomba pudiera
ser activado a distancia.
Vuelta a la tradición. Curiosamente, ante este despliegue
tecnológico, los sistemas tradicionales se podrían
convertir en los más efectivos a la hora de saltar las medidas de
seguridad. Según un experto, la única forma de evitar los
detectores de micrófonos sería la utilización de «viejos modelos
de carbón», que al carecer de membrana, no podrían ser localizados.
Aun así, los inhibidores de frecuencia impedirían controlar el equipo
desde el exterior, lo que obligaría a los servicios de información a
contar con un infiltrado en el cónclave. Según los mismos expertos, «el
topo» podría transcribir en clave la información en un pequeño papel del
tamaño de una tarjeta de visita que, colocado en un lugar conveniente,
podría ser leído a quinientos metros de distancia por sistemas de visión
basados en tecnología láser. Incluso, sugieren, la forma más discreta
de sacar la información serían las palomas mensajeras. Durante el
cónclave, nada habría menos sospechoso en las inmediaciones de San Pedro
que el vuelo de una paloma blanca.
Sin
embargo, el principal interés por lo que ocurra en la capilla Sixtina es
periodístico. El Vaticano ha reconocido que en 1922, un periodista y un
fotógrafo lograron burlar las medidas de seguridad y entrar en el
cónclave que eligió a Pío XI. También existe la sospecha de que en los
dos cónclaves de 1978 la misma Radio Vaticana, el órgano oficial para
dar la noticia de la muerte de un Papa y de la elección de su sucesor,
intentó introducir micrófonos que le permitieran la exclusiva del nuevo
pontífice unos minutos antes de que el resto de medios pudiese conocerla
a través de la fumata blanca. El Vaticano siempre ha negado esta
posibilidad.
Fuente: La Razón
14.05.04
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