Seguridad
Industrial y Prevención de Riesgos
Laborales
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Un riesgo laboral
ignorado
Miles de
trabajadores sufren cada año accidentes y enfermedades provocados por
sustancias químicas
Más de
tres millones de trabajadores españoles están expuestos a sustancias
químicas en el puesto de trabajo. Se estima que dos millones de
ellos manipulan productos que tienen efectos tóxicos, algunos insidiosos
y a largo plazo. Sin embargo, muy pocos de los accidentes y enfermedades
relacionados con las sustancias químicas se registran como tales.
Yo, como es del mismo color, lo identifico oliendo". Así resuelve un
trabajador la falta de etiquetado en unos envases que contienen
productos químicos. Un método que le obliga a inhalar
productos tóxicos. Parece una anécdota, casi un chiste, pero
éste es un ejemplo de situaciones frecuentes en el interior de las
fábricas españolas. Así lo afirma un amplio y detallado estudio que
acaba de hacer público el Instituto Sindical Trabajo y Ambiente y Salud
(ISTAS), del sindicato CC OO, donde se denuncia que la exposición de los
trabajadores a sustancias químicas peligrosas está muy extendida, y que
el uso de estas sustancias está produciendo un importante daño sobre
la salud no reconocido por las estadísticas oficiales.

El informe
del ISTAS, financiado por el Fondo Social Europeo y por la Fundación
Biodiversidad, calcula que en España hay más de 3,2 millones de
trabajadores expuestos a productos químicos en sus lugares de trabajo.
Algunos son inocuos, pero otros son dañinos en grado diverso, y la
presencia de cancerígenos o mutágenos no es nada excepcional. Se estima
que unos dos millones de trabajadores manipulan productos nocivos o
tóxicos. Como resultado, las enfermedades derivadas de la exposición a
agentes químicos "son mucho más frecuentes y más importantes que los
accidentes de trabajo", aseguran los autores del informe, dirigido por
el médico Alfonso Calera. En España se vienen registrando en los últimos
años unos 10.000 accidentes de trabajo y unas 3.000 enfermedades
profesionales por productos químicos. Pero el informe del ISTAS asegura
que estas cifras no reflejan la realidad, ya que muchas enfermedades
profesionales no se registran como tales. Según diversas estimaciones,
se pueden estar registrando 6 veces menos dermatosis de las realmente
producidas, 16 veces menos casos de asma y hasta 2.000 veces menos casos
de muerte por cáncer.
La situación llega al extremo siguiente: el ISTAS estima que en 1999
debieron producirse alrededor de 1.979 muertes en España por
enfermedades debidas a exposición laboral a sustancias tóxicas,
incluyendo más de 1.100 cánceres y unas 700 enfermedades
cardiovasculares. Las estadísticas oficiales, sin embargo, no
registraron ni un solo caso.
¿Por qué se produce este subregistro? Alfonso Calera lo tiene
bastante claro: "En salud pública es difícil encontrar lo que no se
busca". Como muchas enfermedades no son de aparición inmediata, la
identificación de su origen es difícil. Para conseguirlo "se requiere
que los servicios de medicina del trabajo formen a los servicios de
atención primaria", dice. En Navarra esto se ha conseguido, y como
resultado, "el registro de enfermedades profesionales es unas cuatro
veces superior a la media española", indica.
El problema es que la exposición a tóxicos en la empresa suele ser de
baja intensidad, pero de larga duración, y los efectos aparecen a largo
plazo. A menudo acaban surgiendo enfermedades crónicas y
degenerativas que se manifiestan en edades tardías, cuando el trabajador
está ya jubilado. Así sucede con la encefalopatía tóxica producida por
los disolventes o con diversos cánceres producidos por agentes químicos.
Estas enfermedades no se registran en ningún sistema de declaración
específico y escapan de las estadísticas. España es el cuarto miembro
de la Unión Europea que declara un menor número de enfermedades
profesionales.
"Yo estaba de friegaplatos en un hotel y alguien había echado un líquido
que yo no lo sabía; fui a echar lejía para las tazas (..) y entonces
empezó una reacción química de ésas, y yo estaba ahí aspirando sin
saberlo, hasta que me quedé sin respiración...". El testimonio de este
trabajador demuestra que el riesgo de exposición no se limita a las
industrias químicas y afines, como suele pensarse, sino que abraza todos
los sectores debido al uso general de productos de limpieza, adhesivos,
pinturas, pesticidas, barnices y muchos otros. Entre las actividades que
han registrado mayor incremento en el uso de agentes químicos destacan
la construcción, la limpieza profesional, los hospitales, la industria
del tratamiento de residuos y la agricultura, a los que habría que
añadir la industria del metal, los talleres mecánicos, las imprentas,
tiendas de droguería, laboratorios, peluquerías y un largo etcétera.
Pero el mayor problema no son los agentes químicos, sino el
desconocimiento de sus usuarios. Una investigación realizada en
Madrid por CC OO en los años 2002 y 2003 en 222 empresas encontró
sustancias cancerígenas o mutágenas en 98 de ellas. Prácticamente una de
cada dos. Sin embargo, en la mayoría de los casos (67%) los delegados de
prevención no conocían la existencia de productos dañinos en la empresa.
Sólo se identificaron tras la investigación externa.
ISTAS asegura que la mayoría de empresarios y de trabajadores desconocen
el riesgo químico de sus empresas. Sólo en el 35% de los centros de
trabajo alguna persona ha asistido a algún curso o charla sobre
seguridad e higiene. La mayoría de empresarios y trabajadores no
entienden la información de las fichas de seguridad y las etiquetas de
los productos. A pesar que la evaluación de riesgos es una actividad
preventiva fundamental fijada por la ley 31/1995, la IV Encuesta
Nacional de Condiciones del Trabajo reveló que tan sólo el 30% de los
centros laborales la estaban desarrollando. Alfredo Calera asegura que
"una proporción muy elevada de servicios de prevención no están
identificando el riesgo químico". O sea, que muchos empresarios ni
siquiera saben a qué tipo de sustancias se enfrentan los trabajadores.
Lo que acaba pasando es que "el propio mercado de trabajo produce una
selección" de modo que, según el estudio, permanecen en estos puestos
sólo los trabajadores que aguantan. Una conclusión brutal, coherente
con la falta casi absoluta de datos fiables sobre el uso de compuestos
por sectores de actividad.
Calero afirma que se debe actuar urgentemente: "Las administraciones
deben mejorar la información de lo que llega al mercado, la información
debe ser comprensible, y todo esto hay que traducirlo en políticas
activas de prevención", dice. A su juicio, las comunidades autónomas
"deberían enviar técnicos para comprobar sistemáticamente las sustancias
químicas, igual que se hace en la higiene de los alimentos".
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Sectores muy
diversos |
Los efectos
sobre la salud de los productos químicos incluyen enfermedades
respiratorias como el asma, la rinitis alérgica o el enfisema.
En Francia se ha calculado que entre el 5% y el 10% de todos los
casos de asma está relacionado con el trabajo. Los empleados que
trabajan en entornos polvorientos (panaderos, agricultores,
carpinteros, obreros de la construcción) tienen un riesgo
elevado de asma debido a la presencia de pinturas, polvo de
madera y harina, látex de goma natural y los vapores de
pegamentos y resinas.
En muchas actividades laborales se utilizan sustancias con
efectos neurotóxicos, como los metales, los
disolventes o los plaguicidas. La exposición a disolventes
orgánicos puede dar lugar a pérdida de memoria, fatiga aguda y
trastornos nerviosos. Se sabe que determinados pesticidas
utilizados en la agricultura incrementan entre un 15% y un 20%
el riesgo de padecer el mal de Parkinson.
De las enfermedades laborales que dañan la piel, la más
frecuente es el eccema y afecta al 10% de los trabajadores
expuestos. Los trabajadores de peluquería y los de la
construcción que utilizan cemento con Cromo VI son muy
sensibles.
También están sometidos a alto riesgo los cocineros,
limpiadores, enfermeros dentales, trabajadores de cadenas de
montaje y mecánicos. |
Fuente: El País
12.04.05
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