Seguridad
Alimentaria y Protección Biotecnológica
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Los 16 focos de la crisis
del pollo
El brote de
salmonelosis de la planta de Toledo pone en entredicho los controles
autonómicos
El brote de salmonelosis
originado en una planta de carne de ave en Toledo se ha extendido en
sólo días por casi toda España: un muerto, más de 2.000 afectados
contabilizados ayer por el Ministerio de Sanidad (que indicó que ni el
viernes ni ayer se detectaron nuevos casos) y casi 200 hospitalizados
(ayer quedaban internados 41) en la práctica totalidad de las
comunidades autónomas (salvo Canarias y Melilla). Ha habido que
movilizar la red de alerta alimentaria. Pese a la amplitud de la
epidemia, la Agencia de Seguridad Alimentaria niega que sea una crisis
alimentaria. Pero la pregunta clave es: ¿son suficientes los controles
autonómicos cuando se trata de industrias de ámbito nacional?
A Berta Hernández, directora de Salud Pública de Castilla-La Mancha,
todavía le tiembla la voz cuando aborda el tema de los pollos
contaminados. "Estoy sorprendida por la repercusión que ha tenido,
aunque claro, la empresa tiene una vasta red de comercialización",
reconoce. El caso, pese a su relativa levedad -hasta el momento sólo un
fallecido-, en un país donde se registra una media de 950 brotes de este
tipo al año, estaba destinado a dar que hablar por la amplitud de la
epidemia que se extendió desde una planta de procesado de carne de ave
de Toledo a 16 autonomías, dejando (además de la víctima mortal), una
estela de cerca de 2.000 afectados, más de 150 de los cuales requirió
hospitalización.
Dos semanas después del pavoroso incendio que segó 11 vidas y arrasó
13.000 hectáreas arboladas del Alto Tajo, un nuevo fuego informativo,
con 16 focos por todo el país, venía a colocar bajo una luz incómoda a
Castilla-La Mancha. Lo más grave del nuevo escándalo fue que implicaba
de lleno a la planta de Lominchar (Toledo), del Grupo Sada, parte de
Nutreco España, filial de Nutreco Holding, una gigantesca multinacional
holandesa -que tiene sus orígenes en los negocios agroalimentarios de
British Petroleum-, con presencia en 22 países. En el nuestro la firma
cuenta con cinco divisiones, 3.000 empleados, y hasta una fundación
dedicada a la defensa de la seguridad alimentaria. La planta de
Lominchar era, además, algo así como la joya de la corona
agroalimentaria de la región, en la que el Grupo Sada gastó 12 millones
de euros. Las instalaciones fueron inauguradas en noviembre pasado por
todo lo alto, con asistencia de la ministra de Agricultura, Elena
Espinosa, y del presidente regional, José María Barreda.
¿Qué había ocurrido para que en tan modélicas instalaciones se
cobijara una bacteria insidiosa, que contaminó miles de unidades de
pollo precocinado? Y, sobre todo, ¿cómo pudo pasar inadvertida la
contaminación para los inspectores castellano-manchegos que acudían
periódicamente a la planta, y que la visitaron por última vez el 26 de
julio? "La empresa tiene su propio sistema de autocontrol. Los
inspectores revisan y controlan todos los registros de un protocolo, y
ninguno ha dado positivo", dice Hernández. En estos registros
burocráticos, no figuraba por lo tanto el conducto ciego del circuito
dosificador de la salsa, inaccesible a la limpieza, donde, según la
empresa, se alojó la salmonela.Un elemento invisible para los
inspectores y para la empresa, los dos engranajes sobre los que se
asienta la seguridad alimentaria, como explica José Ignacio Arranz,
director de la Agencia Española de Seguridad Alimentaria (AESA), el
organismo que coordina y gestiona esta delicada materia. "La empresa
tiene que ajustar sus prácticas al análisis del Codex Alimentario, y la
Junta de Castilla-La Mancha debe validar el sistema, controlarlo y
auditarlo periódicamente".
Por eso, cuando la mañana del 28 de julio Berta Hernández recibió una
llamada de su colega de Valencia en la que le advertía de un posible
brote infeccioso originado en su jurisdicción, se movilizó de inmediato.
"Enviamos dos inspectores a la planta de Sada. Además se avisó por la
red de alerta de la AESA a las demás comunidades. Los inspectores se
personaron en Lominchar y reclamaron allí que se abriera una
investigación". La empresa cerró la planta implicada, inmovilizó el
producto y se responsabilizó además de la recogida de todos los
pollos contaminados, en total 191.000 unidades que habían viajado ya
por todo el país. ¿Cúal fue entonces el papel de la única autoridad
nacional, la AESA? Arranz muestra una copia en papel de la noticia
recibida ese mismo jueves de julio desde Valencia, en la Red de Alerta
Alimentaria, una especie de Intranet que conecta a la agencia con las
autoridades sanitarias autonómicas, y en la que circulan noticias,
informaciones y alertas alimentarias.
Con los datos a su alcance, transmitió instrucciones
preventivas a las restantes comunidades. Y sólo al día
siguiente, la Agencia colgó en su página web una nota que advertía de la
existencia de "una partida de pollo asado precocinado presuntamente
contaminado con salmonela, de las marcas Pimpollo y Pollo Asado Sada",
que fue recogida por los medios de comunicación.
Lo que empezó siendo una modesta alerta fue cobrando dimensiones enormes
en el curso de las siguientes 48 horas. Como un goteo constante, las
autonomías enviaban los datos de nuevos afectados a la Red Nacional de
Vigilancia Epidemiológica, gestionada desde el Centro Nacional de
Epidemiología, aunque la consigna general en la administración era
clara: rebajar la alarma, que el director de AESA no ha
considerado en ningún momento como una crisis alimentaria, pese a las
críticas de la oposición política.
La propia Berta Hernández, en declaraciones al diario económico Cinco
Días publicadas el miércoles, se mostraba comprensiva con el Grupo Sada,
cuyo comportamiento colaborador recibió elogios en el Ministerio de
Sanidad. La política de Sada con los medios de comunicación ha sido, en
cambio, de total hermetismo. En estos días de crisis se ha limitado a
colocar en la prensa comunicados y anuncios informativos
tranquilizadores. En lo demás, silencio absoluto. Este periódico no pudo
obtener dato alguno sobre la empresa, ni acceso a la planta de Lominchar.
Tampoco las organizaciones de consumidores han quedado contentas con
su comportamiento. "La empresa debe ser consciente de que lo
ocurrido es una infracción grave. Así está tipificado en la legislación
española. Y cuando en sus comunicados habla de que atenderá las
reclamaciones, esperamos que sea consciente de que eso significa
indemnizar a los afectados", dice Iliana Izverniceanu, de la
Organización de Consumidores y Usuarios (OCU).
Para la OCU también ha quedado en entredicho la tarea de los
inspectores, especialmente de los dos que acudieron a la planta el 26 de
julio, en vísperas de que se desatara la alerta. "¿A qué fueron? En
estos casos, las inspecciones se producen de oficio o por denuncia.
Quizás sospechaban de alguna anomalía", opina Izverniceanu. En
Castilla-La Mancha, la primera víctima del brote se registró el 22 de
julio, aunque se supo unos días después. En la Comunidad Valenciana,
donde un anciano de 90 años falleció como consecuencia de la
salmonelosis, los primeros casos corresponden a ese mismo fin de semana.
Juana Mari Ripoll, farmacéutica de Xábia, lo recuerda muy bien porque
compró en un gran supermercado tres pollos asados el sábado 23 de julio.
Juana Mari recuerda perfectamente el precio de cada uno, 3,80 euros.
"Los he comprado otras veces y están muy buenos, pero esa vez nos hemos
puesto casi todos enfermos, por culpa de un error". Para Iliana
Izverniceanu no se puede hablar de un error, sino de fallos graves. "Esa
bacteria no tenía que estar ahí, en el dispensador de salsa, pero además
el hecho de que el producto se comercializara, significa que faltó
también una inspección del lote, es decir, un control del producto
final, absolutamente obligatorio".
Las responsabilidades del Grupo Sada las decidirá la Junta de
Castilla-La Mancha. ¿Y las de la propia Junta? Berta Hernández no cree
que existan. Aunque teme que este segundo incendio deje bajo sus pies
tierra quemada.
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Una extraña variedad de una
bacteria común |
La salmonela es una
familia de bacterias muy común. Se puede encontrar en
huevos, carnes crudas y productos lácteos no pasteurizados. En
verano son frecuentes los brotes porque la concentración de la
bacteria aumenta con el calor. Además, en esas fechas aumenta el
consumo en sitios públicos, barbacoas y lugares de acampada, por
lo que disminuye la higiene, la refrigeración adecuada y el
cocinado de los alimentos.
La salmonela se destruye a partir de los 64 grados (basta
cocinar una carne o un huevo para que pierda la bacteria), pero
en una mayonesa a 20 grados puede duplicar su concentración en
menos de 20 minutos.
La bacteria coloniza fácilmente el intestino y
produce diarrea, dolor abdominal, fiebre, debilidad y a
veces vómitos. En la mayoría de los casos se cura sin problemas
y los ingresos hospitalarios suelen ser para evitar la
deshidratación, y basta con un gotero o un suero oral. Sólo en
el caso de niños, ancianos o personas ya enfermas puede originar
mayores complicaciones.
En el caso de Pimpollo-Sada, la salmonela responsable es de la
especie hadar. Se trata de una rara variedad, muy infrecuente.
La salmonela es responsable del 80% de las infecciones
alimentarias de las que se llega a descubrir el origen. De esos,
el 93,1% corresponde a la especie enteritidis.
En el caso del Pimpollo los expertos destacan que la enfermedad
cursa de forma muy leve ("es de una benignidad impropia", llegó
a decir el director de la Agencia Española de Seguridad
Alimentaria). La explicación que dan es que el tubo que
dosificaba la salsa vertía muy poca cantidad de salmonela al
pollo y de forma irregular. "Hay unos 2.000 casos, eso significa
que muchos pollos no están contaminados, porque se han vendido
muchos más. Esos pollos han sido comidos sin problema", según
fuentes de la AESA. Además, al calentar el pollo en el
microondas se destruye parte de la salmonela. |
Fuente: El País
07.08.05
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