Seguridad
Alimentaria y Protección Biotecnológica
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Enfermedades a fuego
lento
El verano es una
época especialmente propicia para las infecciones originadas por la
ingesta de alimentos
La gran cantidad de
intoxicados por consumir pollo precocinado con salmonela ha puesto de
relieve un binomio peligroso: el calor y las enfermedades alimentarias.
El verano hace necesaria una mayor precaución con la comida, aunque las
enfermedades alimentarias no son una cuestión exclusiva de esta época
del año. Los problemas suelen surgir por ingerir alimentos crudos o
mantener los productos a una temperatura que no es la adecuada para sus
características.
«Un calor intenso equivale a un microbio muerto y el frío a uno
inactivo» por lo que «un principio es mantener lo caliente, caliente, y
lo frío, frío» afirma José Ignacio Arranz, director ejecutivo de la
Agencia Española de Seguridad Alimentaria (AESA).
Cualquier microorganismo patógeno se desarrolla por tres variables: un
entorno no hostil (buenas condiciones térmicas, por ejemplo), alimento
para nutrirse y capacidad para reproducirse (para eso sólo necesita
tiempo). La unión de alimentos y calor genera un paisaje especialmente
atractivo para los gérmenes.
Temperaturas en torno a los 30 ó 40 grados son ideales para su
crecimiento, mientras que sus posibilidades de reproducción se eliminan
casi en su totalidad por debajo de los 10 grados o por encima de los 60.
Si a esto se le unen «los cambios en los hábitos dietéticos producidos
en verano», se obtiene -como advierte la Agencia de Seguridad
Alimentaria- «una mayor exposición a la presencia de microorganismos».
Fallos
No obstante, la mayoría de los problemas producidos por los alimentos
se pueden evitar no incurriendo en dos fallos: que el germen contamine el
producto y que se multiplique en él. Las medidas de control sanitario se
encargan de que la comida llegue en buen estado a los establecimientos,
por lo que en la mayoría de los casos -la última intoxicación por
ingerir pollo es una excepción- los problemas se generan por la mala
manipulación del alimento. «Hay que seleccionar establecimientos de fiar
que cumplan las condiciones de higiene y de protección de los
alimentos», sostiene José Ignacio Arranz. Los datos del Centro Nacional
de Epidemiología avalan el consejo. De los 9.364 brotes de enfermedades
constatados en España entre 1993 y 2002, más de la mitad tuvieron lugar
fuera del hogar. Destacan los restaurantes, con 2.283 casos, pero
también bares (689), hospitales (74), escuelas y guarderías (346),
comedores colectivos de otro tipo (506), tiendas (291) o productos
comprados a través de puestos de venta ambulante (16).
En nuestro país, la cifra de brotes de intoxicaciones alimentarias no es
especialmente alta, entre los 900 y los 1.000 al año. La última
intoxicación por salmonela va a doblar o triplicar la cifra este año. La
media de casos por brote entre 1993 y 2002 fue de trece (9.364 brotes y
124.480 casos). En cuanto a los alimentos, el mayor causante de
enfermedades fue el huevo y sus derivados (representa el 53,5 por
ciento), seguido de pescados y carne y pollo (10 y 9,4 por ciento,
respectivamente).
El Centro Nacional de Epidemiología señala también las causas
que originan el mal estado de los alimentos. La manipulación inadecuada y,
dentro de ella, la temperatura incorrecta de conservación constituyen el
74,2 por ciento de los casos en los que se conocía el factor que generó
el problema. Le siguen el consumo de alimentos crudos (13,3 por ciento)
y las malas condiciones de higiene de la persona en contacto con la
comida (5,8 por ciento).
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Anisakiasis |
| La enfermedad la genera un
parásito que se encuentra en el pescado crudo o poco cocinado.
La forma de eliminarlo es congelar el alimento durante tres días
a 20 grados bajo cero o cocinarlo a más de 60º.
Dolores gastrointestinales,
vómitos y nauseas son sus síntomas. En España ha crecido el
miedo a la enfermedad por un mayor número de personas con
alergia a su germen. |
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Escherichia coli |
| La infección la produce una
bacteria que tiende a morir pronto, por lo que su presencia
indica una contaminación reciente de la comida. No tiene un
nicho de alimentos concretos sobre los que actúe, aunque es más
habitual en la leche sin procesar y en la carne picada. También
es frecuente por la contaminación fecal humana en agua y
alimentos.
Genera diarreas, vómitos,
fiebre, escalofríos y dolor de estómago. Su incidencia en España
es conocida, pero en EEUU. afecta a 1,35 personas por cada cien
mil habitantes La estimación total de los casos se obtendría
multiplicando esas cifras por 20 |
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Listeriosis |
| Surge por la acción de
bacilos. Existen muchas cepas, de las que algunas son dañinas y
otras en cambio tan inocuas que habitan en nuestra piel. Se
encuentran en todo tipo de alimentos, aunque son más habituales
en el pollo, queso, leche no procesada y vegetales.
Pueden generar abortos en una
mujer gestante y meningitis, entre otras patologías. Los
síntomas aparecen tres semanas después del contagio. No es
habitual en personas con un sistema inmunológico fuerte por lo
que se manifiesta en embarazadas, enfermos o recién nacidos. Se
trata con penicilina o ampicelina (antibióticos) |
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Salmonelosis |
| Está suscitada por una
bacteria. En contra de lo que se suele pensar, no es exclusiva
de los huevos y sus derivados, ya que también está presente en
carne, pollo o productos del mar. Es habitual desarrollar la
enfermedad por la ingesta de mayonesa de elaboración casera.
Sus síntomas son diarrea o
estreñimiento, dolor de cabeza, vómitos, fiebre y la posibilidad
de encontrar sangre en las heces. Supone el 65% de las
intoxicaciones alimentarias que se producen en España. Tiene
especial peligro en verano debido a que se desarrolla más a
altas temperaturas. Se podría evitar cocinando los alimentos a
una temperatura suficientemente alta para matar el germen. |
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Gastroenteritis |
| Es una de las enfermedades
más común en verano, aunque tiene una peligrosidad que el
resto. Hay tres tipos: bacteriana, viral y por colitis. Se puede
desarrollar por comer cualquier tipo de alimento en mal estado
en el estén presentes gérmenes y toxinas.
Se caracteriza por síntomas
como diarrea, con o sin fiebre, vómitos, falta de hambre y dolor
abdominal. Las señales que indican la afección son visibles
entre doce y veinticuatro horas después de la ingestión de
alimentos. Puede causar una deshidratación por la pérdida de
líquido y normalmente basta con la recuperación de éstos
(mediante suero fisiológico en la mayoría de los casos) y una
dieta blanda para superar la enfermedad. El cuerpo tarda en
recuperarse entre tres y cuatro días. |
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Las "reglas de oro" de la OMS
para la manipulación de alimentos |
Los meses de verano
constituyen una época muy favorable para el desarrollo de
microorganismo en los alimentos. La Agencia de Seguridad
Alimentaria (OMS) recomienda seguir las siguientes normas para
la preparación de la comida, basadas en las "reglas de oro" que
da la OMS:
- Consumir alientos que
se hayan manipulado higiénicamente. Las carnes, pescados
o productos de repostería deben estar refrigerados o
congelados y no se debe tomar leche que no haya recibido
tratamiento térmico. EN los bares y restaurantes es
obligatorio el empleo de ovoproductos en la elaboración de
mayonesas, salsas, cremas, etc.
- Elaborar correctamente
los alimentos. Si se cocina bien, los microorganismos serán
destruidos por el calor. La temperatura debe ser
suficiente para alcanzar un mínimo de 70 grados en el
centro del producto.
- Consumir los alientos
inmediatamente después de ser cocinados. Es la mejor
forma de evitar la aparición de gérmenes. no es bueno
guardar la comida a temperatura ambiente.
- Evitar el contacto
entre alimentos crudos y cocinados. Una comida ya
elaborada puede volver a contaminarse por un contacto con
alimentos que estén crudos o con objetos que los hayan
todo. El trapo de cocina o una bayeta son grandes vehículos
de infección. Es preferible usar papel de cocina.
- Los productos
cocinados están higiénizados. Los alimentos que no se
consuman se deben mantener bajo la acción del calor (más de
60º) o del frío (10º como máximo) antes de ser ingeridos.
- La persona que vaya a
manipular la comida debe tener una perfecta higiene.
También las superficies de la cocina. Las manos tienen que
estar siempre limpias, por lo que habrá que lavarlas cada
vez que sea necesario. Además, la cocina debe limpiarse cada
día y hay que tener especial cuidado en almacenar la basura
en recipientes lisos, lavables y cerrados que no estén cerca
de lugar donde se tienen almacenados los alimentos.
- Mantener la comida
alejada de insectos, roedores o animales de compañía.
Los animales son portadores de gérmenes patógenos y
parásitos que originan enfermedades de transmisión
alimentaria.
- Utilizar únicamente
agua potable. No es sólo imprescindible para beber, sino
también para preparar los alimentos. Sólo se usará la que
proceda de dos orígenes: aguas envasadas o aguas de la red
pública de distribución. No se debe beber ni usar la
obtenida de pozos que no haya sido potabilizada.
- No comer alimentos
perecederos que estén expuestos a temperatura ambiente.
Toda la comida debe estar protegida por vitrinas y
conservadas en condiciones adecuadas en bares, cafeterías o
restaurantes. Además, es obligatorio que los alimentos estén
refrigerados siempre que sea preciso. Estas medidas deber
ser exigidas por el consumidor. Cuando vea que no se cumplen
debe rechazar los alimentos.
- Otros consejos
importantes son usar sólo agua potable para hacer hielo,
lavar las frutas y hortalizas que se coman crudas, respetar
las fechas de caducidad y rechazar los embases deteriorados.
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Fuente: ABC
06.08.05
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