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Jueves, 11 de agosto de 2005


Seguridad Pública y Protección Civil

¿Kamikazes o terroristas engañados?

Scotland Yard no descarta que los autores materiales del 7-J fueran embaucados y asesinados por el 'cerebro' de la operación para que no dieran informaciones a la Policía

 

La noticia divulgada por la policía de Nueva York de que los explosivos utilizados por los terroristas del 7-J fueron detonados probablemente con la ayuda de teléfonos móviles hace que aumenten las dudas sobre la naturaleza de los atentados y, en particular, sobre si los autores materiales de la matanza querían efectivamente suicidarse. ¿Por qué cuatro hombres que tenían la intención de inmolarse decidieron servirse de temporizadores conectados con móviles?

«Nunca hemos utilizado oficialmente el término terroristas suicidas», afirmó hace dos semanas un portavoz de Scotland Yard, contestando indirectamente a las dudas planteadas entonces por el Daily Mirror, cuyas especulaciones sobre el 7-J apuntaban a que los autores de la masacre fueron engañados por el cerebro de la operación para que no pudieran dar informaciones a la policía en caso de ser detenidos posteriormente.

No es descartable que los terroristas sólo quisieran colocar las bombas en el Metro para luego ponerse a salvo de las explosiones. Y es que los cuatro ciudadanos británicos no llevaban el explosivo en sus cuerpos, como suelen llevarlo los aspirantes a suicidas, sino en mochilas militares que fácilmente podrían haber dejado en los trenes, y tampoco gritaron Alá Akbar (Alá es el más grande) antes de la explosión.

Hay más elementos que avalan la hipótesis de que los terroristas no querían matarse. El hecho de que llegaran a Londres tras haber comprado billetes de ida y vuelta a la estación de Luton y se preocuparan por pagar para siete días el estacionamiento de su coche es difícilmente explicable pensando solamente en una simple estrategia para no levantar sospechas y pasar inadvertidos.

Mártires del islam

Además, tanto en el piso de Leeds registrado por la policía, como en el coche aparcado en la estación de Luton, las Fuerzas del Orden encontraron una cantidad de explosivos suficiente para perpetrar otras matanzas, lo que hace pensar que tenían la intención de volver a su vehículo y a su cobijo o que dejaron el arsenal en estos dos lugares para que otras personas lo recogieran.

Se podría argumentar que los terroristas querían aparecer a los ojos de la opinión pública como mártires del islam, mostrando al mundo todo el arsenal de armas que habían conseguido amasar.Una hipótesis que explicaría también el singular hecho de que los terroristas británicos llevaran consigo documentos personales que revelaban no sólo sus identidades y datos personales -a partir de los cuales hubiera sido muy simple para los detectives localizar el piso de Leeds y el coche aparcado en Luton-, sino también otras informaciones relevantes para la investigación.

Sin embargo, si lo que querían era dar a conocer su identidad y su devoción religiosa, ¿por qué no dejaron en el coche o en su piso una reivindicación escrita o grabada de los atentados?

Por otro lado, inmolarse llevando consigo documentos personales significa también exponer a los propios familiares a posibles actos de venganza o intimidación. «Estamos conscientes de que todavía queda por determinar si estas personas tenían la intención de morir en las explosiones o alejarse después de haber colocado las bombas», admitieron desde Scotland Yard.

Efectivamente, es posible que el presunto autor intelectual del 7-J hiciera creer a los cuatro terroristas que sólo tenían que esconder sus mochilas cargadas con explosivos en la red del metro y, engañándolos, programara los temporizadores para convertirlos en involuntarios kamikazes.

No obstante, la simple presencia de dichos temporizadores y su supuesta conexión con teléfonos móviles no descarta que los autores materiales del 7-J tuvieran intenciones suicidas. En Oriente Próximo, por ejemplo, varios terroristas palestinos se han inmolado utilizando mecanismos parecidos, porque, aunque querían hacerse explotar, no estaban seguros de encontrar en sí mismos la valentía suficiente para accionar los explosivos.

Otra pista clave que descartaría la versión del atentado suicida tiene que ver con la explosión que tuvo lugar en la parte trasera del autobús número 30 de Londres, en la céntrica Tavistock Square.Para los expertos, si el terrorista hubiera querido causar el mayor daño posible, habría podido hacer estallar la carga que llevaba encima en medio del vehículo, donde podía alcanzar a un mayor número de personas.

Los detectives de Scotland Yard conocen toda una serie de pequeños detalles que arrojan aún más dudas sobre las verdaderas intenciones de los cuatro terroristas, que, al parecer, habrían tenido razones personales muy fuertes para seguir vivos: las mujeres de dos de ellos, por ejemplo, estaban embarazadas el día de los atentados.

Es entonces posible que los cuatro terroristas se prestaran involuntariamente al juego de un cerebro que todavía queda en la sombra. Irónica y tristemente, ellos también podrían haber sido víctimas de Al Qaeda.

Fuente: El Mundo
05.08.05

* Especial Atentado 11-M.
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11-S. Operación global contra el terrorismo: El análisis de los profesionales

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