Robo de película en el Banco Central de Brasil
Excavan un túnel de
80 metros durante tres meses para llegar a la cámara acorazada de la
sede estatal de Ceará - Los ladrones se hacen con un botín de 52
millones, el mayor de la historia del país
Robo de película en un
banco de la capital del estado brasileño de Ceará. Los miembros de una
banda muy bien organizada excavaron un túnel de 78 metros desde un local
que habían alquilado hasta la sede estatal del Banco Central do Brasil
y, aprovechando el fin de semana, practicaron un butrón en el suelo de
la cámara acorazada y se llevaron 52 millones de euros, el mayor botín
jamás robado en el país suramericano.

La Policía aseguró que el
túnel, excavado a 4 metros de profundidad y con una altura interior de
70 centímetros, está «perfectamente acondicionado» y cuenta con
revestimiento de madera y tela plástica, iluminación y hasta sistema de
aire acondicionado.
Sin levantar sospechas.
Los vecinos habían visto a un grupo de entre seis y diez hombres que
habían alquilado el pequeño local, de unos 60 metros cuadrados,
adyacente a un hotel que está cerrado y situado frente a la oficina
bancaria. El dueño del hotel aseguró que había observado movimiento en
el inmueble desde hace unos tres meses pero que nunca levantaron sus
sospechas.
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El «negocio» estaba
dedicado supuestamente a la venta e instalación de hierba artificial, y
de él salían furgonetas cargadas hasta los topes con «material», en
realidad tierra y escombros producto de la excavación del pasadizo. El
pequeño local está ubicado en un edificio exento de una sola altura
pintado en verde con rejas en puertas y ventanas de color blanco y con
un toldo también blanco en el que se puede leer la inscripción «Grama
sintética». Es el número 1075 de la rua 25 do Março, un local discreto
que pasaba desapercibido para los responsables del primer banco
brasileño. 80 metros de asfalto y uno de hormigón reforzado de por medio
les daban suficiente tranquilidad. El inmueble fue alquilado por
«Paulo», del que sólo se conoce la descripción.
La
banda esperó al fin de semana para rematar el elaborado túnel
practicando un butrón en el suelo de la cámara acorazada. Para ello
tuvieron que atravesar desde abajo una capa de hormigón armado,
reforzado con mallas de acero, de 1,10 metros de espesor. Una vez en el
interior de la cámara violaron cinco cajas de seguridad en las que había
alrededor de 150 millones de reales en billetes de 50, con un peso
superior a las 3,5 toneladas. Los ladrones se apoderaron de tres
millones de billetes usados que no estaban contabilizados por serie ni
numerados, lo que dificultará su rastreo, y dejaron los billetes nuevos.
Posible topo.
La Policía baraja la posibilidad de que un empleado del banco colaborara
con los ladrones, puesto que disponían de detallada información de la
oficina, cuyo sistema de seguridad no hizo saltar las alertas. La cámara
acorazada contaba con circuito cerrado de televisión en grabación
permanente, así como sensores de movimiento conectados con alarmas que
no funcionaron. La banda utilizó potentes taladros, sierras radiales y
sopletes para acceder a la cámara y forzar las cajas de seguridad,
herramientas que dejaron abandonadas en la escena del crimen.
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Tras la estela del tren de
Glasgow |
| El robo de Brasil viene a
sumarse a la selecta lista de los robos más grandes jamás
perpetrados. Como si del guión de una película se tratase, los
ladrones afinan su ingenio para hacerse con los botines más
codiciados y teóricamente más complicados de robar sin acabar
con sus huesos en la cárcel.
El último gran robo se produjo
mediante una estudiada técnica de asalto a las casas de dos
empleados de un banco, a cuyas familias retuvieron y a quienes
obligaron a ir a trabajar con «normalidad» para poder realizar
el robo. Se produjo en Belfast, capital de Irlanda del Norte, el
pasado diciembre. El botín: 31 millones de euros. Lejos sin
embargo de los 87 millones sustraídos en 1987 de una caja de
seguridad en el centro de Londres, el mayor robo cometido en
Reino Unido.
El más famoso, sin embargo, es
el asalto al tren de Glasgow (Escocia) de 1963, en el que la
banda escapó con un botín de casi tres millones de entonces. El
cerebro del atraco, Ronnie Biggs, fue condenado a 30 años de
cárcel, aunque se fugó y pasó 35 prófugo en Brasil, Biggs
regresó en 2001 a su país y fue detenido y recluido en una
cárcel de máxima seguridad. |
Fuente: La Razón
10.08.05
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