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Jueves, 18 de agosto de 2005


Seguridad Pública y Protección Civil

Seguridad Alimentaria y Protección Biotecnológica

La amenaza de las armas químicas: terror para el siglo XXI

La ofensiva terrorista en Londres reaviva los temores que desde el 11-S sufre EE. UU. ante la apocalíptica posibilidad de un ataque con cargas biológicas, químicas o radiológicas

 

Entre las evidentes transformaciones sufridas por el gigante americano desde el 11-S -la fecha en que la palabra «imposible» se esfumó del vocabulario estadounidense- destaca el temor a una ofensiva terrorista con armas no convencionales. Esa apocalíptica triada compuesta por agentes biológicos, químicos y cargas radiológicas. Desde hace cuatro años, Estados Unidos percibe como un riesgo real y creciente la posibilidad de un atentado en el que la primera explosión no sea más que el comienzo de una espeluznante pesadilla.

Foto: Sur DigitalEstos temores -reavivados por la ofensiva integrista en Londres- explican una larga serie de decisiones de la Administración Bush que parecen sacadas del baúl de los peores recuerdos de la Guerra Fría: acopio de vacunas y fármacos, instalación de sensores en sistemas de transporte, equipos especiales para bomberos y policías, alertas a centros hospitalarios, recomendaciones a los ciudadanos de adquirir plásticos y cinta adhesiva para establecer refugios temporales y todas las precauciones para garantizar la continuidad del gobierno en caso de ataque.

Precisamente el 7 de julio trascendía en EE. UU. un reciente simulacro secreto con gases no tóxicos realizado dentro de la majestuosa estación Grand Central de Nueva York, con el objetivo de facilitar su rápida evacuación. Estos días, se han publicado consejos para los usuarios del metro de Washington sobre la conveniencia de no bajar la guardia ante olores extraños o líquidos y polvos sospechosos. Además de insistir a los pasajeros que lo mejor es salir corriendo si uno observa que las personas a su alrededor empiezan a toser violentamente, se desmayan, vomitan o sufren convulsiones.

El mes pasado, algunos de los principales especialistas en terrorismo de EE. UU. llegaban a la conclusión de que el «riesgo combinado de un ataque con armas de destrucción masiva en los próximos cinco años se sitúa en el 50%. Y en el plazo de diez años, ese riesgo se expande al 70%». Dentro de la diabólica intersección entre terrorismo y armas no convencionales, esta «amenaza existencial» se concentra en tres frentes:

1899 En una conferencia internacional de la paz celebrada en La Haya, se acuerda prohibir el empleo de proyectiles que contengan gas tóxico
1915 Primer uso a gran escala de agentes químicos en el campo de batalla durante la Primera Guerra Mundial, cerca de Ieper (Bélgica)
1918 El empleo en la I Guerra Mundial de 100.000 toneladas de sustancias químicas se saldó con 90.000 soldados muertos y un millón de afectados
1925 El Protocolo de Ginebra prohíbe las armas bacteriológicas y químicas, pero los países no dejan de producir y emplear armas químicas
1972 Concluye la Convención sobre Armas Biológicas y Toxínicas y los países se comprometen a negociar un tratado contra las armas químicas
1984 Irak utiliza armas químicas contra Irán hasta 1989. En 1988, también contra sus ciudadanos kurdos en la ciudad de Halabja
1992 Convención en Ginebra sobre la Prohibición del Desarrollo, la Producción, el Almacenamiento y el Empleo de Armas Químicas y su Destrucción
1993 En enero queda abierta la firma del texto de la Convención en una ceremonia ceremonia celebrada en París. 130 países muestran su apoyo
1995 En Japón, la secta Aum Shinrikyo ejecuta en el metro de Tokio un atentado soltando el agente químico sarín. Saldo 12 muertos, 5000 afectados
1997 La Convención entra en vigor en 87 de los países iniciales. La Organización para la Prohibición de las Armas Químicas abre sede en La Haya

ARMAS BIOLÓGICAS
La amenaza del ántrax y la viruela

Fundamentalmente son patógenos, como bacterias o virus, que causan enfermedades al ser diseminadas de forma premeditada. Las toxinas y venenos también entran dentro de esta categoría. Este tipo de cargas -además de amenazar la cadena alimentación y reservas de agua- pueden ser propagadas con ayuda de explosivos, personas o animales contagiados o métodos tan simples como el correo, tal y como quedó demostrado por los múltiples incidentes de ántrax sufridos por EE. UU. en 2001.

Foto: ABC
Simulación. Las policías de medio mundo (en la imagen, la japonesa, en el aeropuerto de Tokio) realizan a menudo simulaciones de atentados con armas químicas

En el ranking de gérmenes o toxinas con potencial aplicación en bioterrorismo figuran la viruela, a pesar de haber sido oficialmente erradicada en 1979, el ántrax, el botulismo, la peste bubónica o neumónica y fiebres hemorrágicas. Aunque se venía considerando que las armas biológicas no estaban al alcance de grupos terroristas, los envíos de ántrax tras el 11-S que se saldaron con una veintena de contagios y cinco muertos han demostrado que no se trata de una hipótesis.

Algunos agentes biológicos se trasmiten de persona a persona, aunque se pueden producir deliberados contagios masivos en zonas urbanas. Estas cargas producen síntomas similares a enfermedades cotidianas como la gripe, la neumonía o la varicela. La vacuna existente no es rápida ni accesible al público. En EE. UU., el gobierno federal sólo ha administrado esta vacuna de forma limitada, requiriendo seis dolorosas inyecciones durante año y medio. En 1997, el Pentágono contempló la posibilidad de inocular a todo su personal militar, pero en junio del 2002, la Administración Bush optó por vacunar a algunas tropas destinadas en el extranjero y acumular dosis en caso de un posible ataque doméstico. Estrategia de acopio también aplicada a la vacuna de la viruela.

ARMAS QUÍMICAS
Agentes nerviosos de efectos fulminantes

Son compuestos tóxicos utilizados como venenos. La posibilidad más anticipada es que una de estas cargas sea dispersada en un lugar público en forma de vapores, líquidos, aerosoles u otros compuestos sólidos. Aunque algunos de estos agentes tienen un peculiar olor o color, la mayoría resulta imposible de detectar sin ayuda de sofisticados equipos y elaborados análisis. Se supone que continuos avances tecnológicos, fácil acceso a productos brutos y el acceso sin restricciones a información técnica en la era de Internet son factores que alientan la proliferación de armas químicas.

Entre las espeluznantes variedades de estos venenos destacan los agentes nerviosos, como el sarín utilizado en el metro de Tokio en 1995, el tabun, o el VX. Sus efectos se concentran en la trasmisión de impulsos nerviosos. Además de su extremada toxicidad, sus efectos pueden ser fulminantes con capacidad de producir la muerte en cuestión de minutos en caso de exposición a altas concentraciones a través de la piel o el sistema respiratorio. Los afectados pueden presentar más salivación, mucosidad, presión en el pecho, constricción de las pupilas y dolores de cabeza.

Otra posibilidad son los agentes vesicantes (que producen ampollas), como el gas mostaza utilizado en la Primera Guerra Mundial. Su uso está más dirigido a incapacitar que a provocar cuantiosas muertes.

ARMAS RADIOLÓGICAS
Las devastadoras bombas nucleares

Las bombas nucleares, que implican un complejo proceso de fisión, son el ejemplo más devastador de esta categoría, aunque su desarrollo está limitado por el momento a gobiernos nacionales. Sin embargo, grupos terroristas pueden estar tentados de recurrir a dos alternativas más accesibles: atacar una central nuclear o un cargamento de material radioactivo y las llamadas 'bombas sucias'. En ambos casos se buscaría la dispersión de material radioactivo y el consiguiente pánico.

Una 'bomba sucia' es una carga explosiva convencional acompañada por isótopos radioactivos. Al detonar, el número inmediato de víctimas sería relativamente pequeño pero sus efectos pueden resultar devastadores en función del tipo de material radioactivo utilizado, planes de evacuación y dirección del viento. Vecindarios enteros podrían quedar inhabitables. El tiempo en que las zonas afectadas permanecerán contaminadas con radiación puede oscilar entre días o años. Ante la detonación de una 'bomba sucia' se recomienda permanecer a cubierto, preferiblemente bajo el nivel del suelo. EE. UU. y Gran Bretaña sospechan que Al Qaeda ha intentado hacerse con este tipo de materiales.

España no baja la guardia ante un posible ataque NRBQ
Sin alarmismo, porque al día de hoy no hay datos concretos de que exista en España un peligro inminente de un ataque nuclear, bacteriológico, radiológico o químico, pero lo cierto es que el Gobierno ya ha puesto en marcha un plan especial para preparar a 1.682 agentes de la Guardia Civil en la prevención y respuesta a atentados de este tipo. Se trata, según el Ministerio de Interior, de adelantar ya una respuesta para evitar que se produzca una acción de estas características que, según los análisis de los expertos antiterroristas, probablemente sería ejecutada por algún grupo de la galaxia de Al Qaida. De hecho, fuentes policiales afirman que "existen pruebas de que estas organizaciones han tenido ya contacto con estas sustancias, por lo que la amenaza es real". el Plan de Desarrollo del Sistema de Defensa NRBQ está dotado con dos millones y medio de euros y su órgano superior es la Unidad Técnica-NBRQ, que depende funcionalmente de l General de la Jefatura de Unidades Especiales y de Reserva (JUER) del Instituto Armado. Pero además de este nuevo plan el Gobierno cuenta también con especialistas del Cuerpo Nacional de Policía encuadrados en el Tedax-NBQ. Estos agentes ya tuvieron ocasión de actuar en 2001, tras la aparición de sobres con polvo de ántrax en oficinas de correos de Estados Unidos durante los meses posteriores a los atentados de Nueva York. En esas mismas fechas, los especialistas españoles examinaron un millón de envíos sospechosos, todos ellos falsas alarmas.

Fuentes: Diario Sur
ABC
31.07.05

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