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Jueves, 18 de agosto de 2005


Seguridad Corporativa y Protección del Patrimonio

El Cougar carecía de sistemas de defensa antimisiles

Fuentes militares aseguran que no tenía radar alertador ni sensores de identificación de proyectiles

 

Mientras se barajan las diversas causas que pudieron llevar a los diecisiete militares españoles a perder la vida en Afganistán, fuentes militares indicaron a este periódico que si se confirmase la posibilidad de un ataque, que ayer era la hipótesis menos probable, se debe ría considerar el hecho de que los Cougar del Ejército de Tierra desplazados a Afganistán carecen de determinadas medidas de defensa y prevención necesarias en una situación de ataque directo, algo que en numerosas ocasiones han reclamado los responsables de estas unidades, especialmente en el momento en que son destinadas a un teatro de operaciones en el que existen riesgos elevados de confrontación u hostilidades por parte de la población local.

El Cougar del Ejército de Tierra, según relataron estas fuentes, no tenía ni radar alertador ni sensor de infrarrojos para detectar un proyectil lanzado contra el aparato. El radar alertador avisa al piloto cuando recibe la frecuencia de un lanzamisiles que trata, a través de su propio radar, de localizar y fijar la posición de un aparato en el aire. El sensor de infrarrojos detecta por su parte la presencia de un láser con el que el lanzamisiles fija el objetivo antes de disparar el proyectil.

Bengalas y «chaff». Si se da cualquiera de las dos situaciones, o ambas, y el aparato tiene estos sistemas funcionando, automáticamente se disparan las contramedidas de defensa, que en este tipo de helicópteros son dos: bengalas y «chaff», ambos de distracción de los sistemas de ataque del misil cuyo objetivo es cambiar el rumbo del misil. Las bengalas crean una fuente de calor que distrae a un misil que se guíe por el calor que desprende una aeronave de cualquier tipo, aunque carecen de efectividad en el supuesto de que el proyectil sea dirigido por medio de un láser, ya que este fija el objetivo y no se guía por otras circunstancias. En este segundo supuesto, el del láser, el segundo sistema sí que funciona, ya que el «chaff» consiste en multitud de fibras de cristal recubiertas de aluminio y silica que se lanzan desde la aeronave y se dispersan, interfiriendo la señal del radar enemigo y del láser, de manera que se desvía así el proyectil del objetivo fijado por éste. Las mismas fuentes no pudieron precisar si el aparato llevaba bengalas y «chaff», aunque en todo caso, al no tener las contramedidas de seguridad deberían lanzarse manualmente, lo cual reduce notablemente las posibilidades de éxito.

De los cinco helicópteros Cougar que se encuentran actualmente en Afganistán, los tres del Ejército de Tierra carecen de estos sistemas, mientras que los dos que tiene el Ejército del Aire, pertenecientes al Servicio Aéreo de Rescate, sí los poseen. Por tanto, si la hipótesis del ataque se confirmase, aunque las últimas informaciones reduzcan esta posibilidad, se plantearía que el helicóptero habría sido atacado bien con un misil Sam-7 de procedencia rusa o con un Stinger de fabricación americana que no habría podido ser contrarrestado.

A pesar de esta carencia, las mismas fuentes indican que de todos modos, dadas las características del vuelo que realizaba el Cougar, el impacto hubiese sido muy difícil de evitar aunque tuviera los sistemas plenamente operativos.

El helicóptero realizaba un vuelo táctico, a muy baja cota (entre tres y diez metros del suelo), y a una velocidad elevada, superior a los doscientos kilómetros por hora. Por tanto, argumentan estas fuentes, un misil lanzado desde el suelo a tan poca distancia habría impactado dado el escaso tiempo que transcurriría entre el lanzamiento y el impacto contra el aparato y las contramedidas de protección no hubieran saltado a tiempo de «distraer» al proyectil.

Las preguntas sin respuesta del Cougar
¿Sabían que en esa zona podía soplar fuerte viento ? ¿Era suficiente el blindaje de los depósitos y los asientos?

La muerte de los 17 soldados españoles en Afganistán ha generado dudas de todo tipo. Un sinfín de preguntas que todavía no han obtenido respuesta son las que rodean a este ¿accidente o ataque?
Una de las causas que ha apuntado el Ministerio de Defensa es el viento fuerte y racheado que azotaba el lugar. Entonces, ¿por qué volaban tan cerca del suelo en una zona de posibles rachas de viento? Conocían con certeza la región y sabían que se hallaban en una zona de depresión entre cadenas montañosas. ¿Se percatarían los soldados de que en el territorio que estaban sobrevolando podía soplar viento con esas características?

El helicóptero volaba bajo, a una altura de entre tres y 10 metros.¿Podría ser ésta una forma que tenían de evitar el posible ataque de un misil tipo Stinger? Este modelo de armas necesitan algunos metros hasta su objetivo -más de lo que podrían haberle separado del helicóptero- para poder armar la cabeza explosiva del misil y alcanzar el blanco con efectividad.

Si la hipótesis del ataque enemigo cobrase fuerza como causa del siniestro, los militares españoles, al volar tan bajo, ¿podrían haber sido víctimas del fuego de armas no pesadas, de armas ligeras, de fusiles de asalto tipo kalashnikov? O incluso de un RPG. Este último es un lanzagranadas, un arma antitanque o anticarro, pero que también se muestra eficaz contra una aeronave que vuela a baja altura y a poca velocidad. Tal era la situación del helicóptero siniestrado.

En el caso de haber sido atacados, la calidad de la aeronave utilizada por los soldados españoles entra en juego. ¿No era suficiente el blindaje que recubría los depósitos del combustible y los asientos de los pilotos? ¿Pudo el posible atacante disparar contra el rotor trasero del aparato? Es ésta una zona especialmente vulnerable en un helicóptero, de tal manera que un blanco en esa zona provoca el desequilibrio de la aeronave y su posible caída.

En una zona tan abierta de espacios para poder esconderse, la colocación del posible francotirador es otra de las incógnitas que rodea esta tragedia. Si hay una población cercana a la zona, podría dar lugar a que el asaltante hubiese salido y regresado a esa localidad.

Fallecidos en accidente o ataque, lo que desempeñaban los militares este fatídico día ¿era una simple rutina o se trataba de una misión específica? ¿Estamos hablando de un entrenamiento o de una labor de intervención? Parece muy posible pensar que, al ir dos artilleros, los 15 soldados llevasen equipo completo de combate; pero ¿para qué este tipo de indumentaria?

Una ecuación en la que se conjugasen la altura -entre tres y 10 metros-, el peso -¿cuánto combustible y carga llevaban a bordo del helicóptero?- y la velocidad, nos daría la posibilidad de calcular la distancia a la que, teóricamente, se iban a desplazar.El resultado: sugerencias sobre el tipo de misión que estaban desempeñando.

Al fin y al cabo, lo que tenemos son decenas de preguntas sin respuesta.

Fuente: La Razón
El Mundo
Belt Ibérica S.A.
18/08/2005

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