Seguridad Pública y Protección Civil
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Blair quiere limitar por
ley la independencia de los jueces en casos de terrorismo
Pretende que los
tribunales «no obstaculicen más» los esfuerzos del Gobierno por
deshacerse de «extranjeros indeseables». La ley «dará instrucciones» a
los magistrados sobre «cómo interpretar» los derechos
Los jueces del Reino Unido tendrán a
partir de ahora muchas menos competencias para intervenir en la
deportación de presuntos extremistas en el Reino Unido. El golpe de mano
de Downing Street, que marca un nuevo hito en el endurecimiento de la
lucha contra el terrorismo, fue anunciado ayer por el ministro de
Justicia, lord Falconer.
En una entrevista concedida al matutino londinense The Guardian, lord
Faloconer desveló que el Gabinete del primer ministro está preparando
una nueva regulación destinada a «dar instrucciones» a los magistrados
acerca de «cómo deben interpretar» las garantías judiciales en casos en
los que esté amenazada la seguridad nacional.
Los comentarios del ministro provocaron ayer mismo un intenso debate
político sobre la necesidad -o no- de proteger la integridad de los
detenidos que, en algunos casos, podría peligrar si son deportados a sus
países de origen.
Pero el Gobierno británico no dejó dudas sobre su posición en este
tema y exhortó a los tribunales a «no obstaculizar más» los planes del
Ejecutivo para deshacerse de quienes son considerados «extranjeros
indeseables».
La iniciativa que prepara el Gobierno laborista pondrá en un plano de
igualdad las cuestiones de seguridad nacional frente a los derechos
fundamentales del individuo. El giro representaría un cambio drástico y
profundo del sistema judicial británico, que tradicionalmente ha dado
prioridad a la protección de los derechos individuales. La futura
legislación incurriría también en una contradicción con las promesas de
Blair, quien horas después del 7-J señaló que no caería en la tentación
de apelar a «medidas autoritarias», aunque en los últimos días admitió
que «las reglas del juego han cambiado».
La iniciativa que estudia el Gabinete laborista, en todo caso, comienza
a chocar con el punto de vista de los magistrados, que desde ayer han
comenzado a comprometerse en un pulso con el premier para defender las
competencias del sistema judicial. Y este pulso amenaza con ser
frenético.
«Todas las leyes están establecidas sobre un principio claro: si los
hechos cambian, las leyes cambian; y la ley va a cambiar» afirmó Lord
Falconer. «Tenemos que inclinar la balanza del lado correcto porque su
inclinación actual no hace más que causar problemas al Parlamento».
Más tarde, en declaraciones a la cadena pública BBC, el funcionario
explicó que la reforma contempla la posibilidad de que los jueces
conserven su capacidad para aplicar la ley de acuerdo a sus criterios en
algunos casos individuales. Pero señaló que el objetivo último de la
reforma es agilizar la toma de decisiones en asuntos en los que las
redes terroristas pongan en peligro la seguridad pública. «Quiero una
ley que diga que el ministro del Interior, supervisado por el
Parlamento, pueda poner en un plano de igualdad los derechos
individuales del deportado y la seguridad nacional», dijo lord Falconer.
La normativa en la que trabaja el Gabinete británico se aplicaría a
casos como el de la detención del líder religioso jordano Abu Qatada y
otros nueve presuntos terroristas argelinos, que fueron detenidos el
jueves último en Londres y otras ciudades del Reino Unido en un
operativo en el que participaron 230 efectivos de la policía.
En tanto, ayer el dirigente musulmán Omar Bakri fue liberado en el
Líbano, pocas horas después de que el Gobierno británico informara de
que no le permite volver al país. Bakri, sirio-libanés de origen y
nacionalizado británico en 1986, fue arrestado tras ser identificado por
las autoridades británicas como uno de los «predicadores del odio» que
alientan al terrorismo.
El fiscal general del Líbano, Said Mirza, declaró ayer en Beirut que
Bakri fue liberado por las autoridades del país porque «aparentemente,
no ha cometido ningún delito, ni se registran antecedentes de que haya
cometido delito alguno».
Bakri está en la lista negra de las autoridades británicas por sus
polémicas manifestaciones a los medios británicos sobre los atentados de
julio pasado.
Tras recibir la condena pública del Gobierno británico, Bakri decidió
viajar a Beirut, donde dijo, pocas horas antes de ser arrestado, que no
volvería a Londres si continuaba siendo perseguido por sus ideas
políticas.
Fuente: El Mundo
13/08/2005
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