Los tesoros de las Fuerzas Armadas
Un patrimonio único
que recoge siglos de Historia de España
El afán conservador de los militares
ha preservado un legado en el que no sólo tienen cabida armas y
uniformes, sino edificios emblemáticos y obras de Goya y Benlliure.
Las Fuerzas Armadas españolas, algunas
de cuyas unidades cuentan con 400 años a sus espaldas, no sólo son
motivo de trifulcas políticas, no sólo actúan como embajadores de paz en
países remotos y sobre todo, no sólo defienden a España con sus armas y
sus hombres. Son, junto a todo esto, guardianes de la memoria y del
legado histórico de nuestros antepasados. Los ejércitos y la Armada han
actuado a lo largo de los siglos de Historia de España como auténticos y
fieles conservadores de parte de esa trayectoria de un país con un
pasado digno de recordarse.
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El afán de conservación de los
militares y el cuidado que ponen en aquello que ha servido a sus
antecesores ha llevado a España a reunir un patrimonio armamentístico,
cultural e histórico que se ha convertido en referencia internacional
inequívoca, compuesto n o sólo por edificios emblemáticos repartidos por
toda la geografía española, sino también por armas, uniformes y
documentos que forman parte de batallas y campañas que han cambiado el
curso de nuestra historia.
RIQUEZA CULTURAL E HISTÓRICA
Desde cañones a cuadros de Goya, desde el sillón en el q murió el
general Prim hasta el prototipo de submarino de Isaac Peral, pasando por
esculturas con firmas de renombre, espadas de personajes como Rodrigo
Díaz de Vivar, el Cid o despachos completos de grandes militares,
Defensa acoge bajo su amparo un patrimonio cultural sólo superado en
España por el de la Iglesia.
Un breve recorrido por la geografía española y por algunos de sus
edificios más significativos nos da una idea de la inmensidad cultural e
histórica que conservan los ejércitos y la Armada. El Alcázar de Toledo,
plaza emblemática durante la Guerra Civil, erigido tras la conquista de
la ciudad por Alfonso VI en el año 1.085; el de Segovia, hoy de aspecto
muy diferente al original, construido en el año 1.126;la Torre del Oro
de Sevilla, levantada por los almohades y uno de los símbolos de la
ciudad, que acoge un pequeños museo de la Armada; el Castillo de
Villaviciosa de Odón o el fuerte de San Carlos en Palma de Mallorca.
Todos ellos, y otros tantos ejemplos, bajo el cuidado y el amparo del
Ministerio de Defensa, conservan en su interior y en sus muros capítulos
imborrables del crecimiento de un país forjado en mil batallas.
A estos edificios que cada año son vistos por cientos de miles de
turistas se unen en la capital los tres cuarteles generales, cerrados al
publico pero ricos en historia y patrimonio.
El de Tierra, ubicado en la plaza de la Cibeles, en la esquina opuesta
al emblemático edificio de Correos, es acogido por el Palacio de
Buenavista, una construcción del siglo dieciocho en el que residió la
Duquesa de Alba retratada por Goya y que hoy se oculta entre los grandes
árboles del jardín que da a la calle Alcalá.
El de la Armada, cercano al anterior, data de los primeros años del
siglo XX, y, si su fachada es llamativa, llena de detalles decorativos,
su interior alcanza cotas de majestuosidad únicas en Madrid: No en vano
está el despacho que Godoy tenía en el antiguo Ministerio de la Guerra,
una obra maestra, o la escalera principal, otra joya arquitectónica que
asciende en mármol dando un aspecto majestuoso a la entrada de un
edificio situado en uno de los barrios mas ilustres de la capital.
El mas modernos de los tres, el Cuartel General del Aire, destaca por su
arquitectura al mas puro estilo de El Escorial, lo que valió en su época
el sobrenombre de “Monasterio del Aire”. Situado en la entrada norte de
Madrid, se erigió a mediados del siglo XX sobre la antigua cárcel
modelo, y por si excelente distribución y amplitud es deseado por mas de
un foráneo, como el Ministerio de Asuntos Exteriores, como emplazamiento
ideal para sus oficinas.
Tanto el Ejército de Tierra como el del Aire, además de la Armada, posee
su propio Museo abierto al público, de imprescindible visita todos
ellos. El del Ejército, en el mismo barrio que el Cuartel General de la
Armada, se encuentra en los preámbulos de su mudanza definitiva a
Toledo, donde se cambiará el concepto para un mejor entendimiento de la
trascendencia que las piezas que contiene han tenido en la Historia de
España. Este es el mas grande de los tres, un edificio digno en si mismo
de ser visitado y es el que mas pieza contiene, llegando a reunir por
ejemplo, centenares de cañones de todas las épocas y armas históricas de
batallas igualmente trascendentales. De hecho, la Tizona, la espada del
Cid, se encuentra entre sus muros junto al rey de Boabdil, aquel que
perdió Granada. Junto a ellas ocupan un lugar destacado otros fondos
como la tienda de campaña del emperador Carlos I, la artística escopeta
de Espartero, y un largo etcétera.
Pero no se puede dejar de visitar en este recorrido el museo naval, en
el propio cuartel de la Armada, interesantísimo compendio de la gloria
naval de la Armada española. En su interior se pueden ver , además de
pinturas muy destacadas, piezas históricas tales como una mesa de
maniobras ideada y fabricada por el Marqués de la Victoria del siglo
XVIII, o un estuche náutico construido en 1956 por Tobías de Wolckhmer
para Felipe II. Junto a todas ellas, la carta de Juan de la Cosa,
fechada en 1500 y que refleja como era el mundo ocho años después del
descubrimiento de América por Cristóbal Colón.
Por último, el museo de aeronáutica y astronáutica, perteneciente al
Ejército del Aire, junto a la base aérea de Cuatro Vientos, en el que,
entre otros aviones se conserva un ejemplar original del C-19, el
autogiro La Cierva, primera aeronave de alas giratorias que voló con
éxito en el mundo, inventada por el joven ingeniero Juan de la Cierva.
GRANDES DESCONOCIDOS
Además de estos tres museos principales, en un nivel inferior
encontramos multitud de pequeños museos, algunos de los cuales, como el
de Farmacia Militar de Madrid son también muy interesantes de visitar.
Otros, como el museo específico de la Legión, en Ceuta, datan de hace
mas de sesenta años y recogen la trayectoria de unidades históricas de
los ejércitos a través de narraciones y objetos usados en sus diferentes
proezas. Al igual que el de la Legión, encontramos ejemplos de fondos
específicos de diversas unidades como las siete salas de la Academia
General Militar de Zaragoza o el de la academia de Infantería de Toledo,
en un edificio absolutamente único con vistas al perfil histórico de la
ciudad imperial. Incluso la antes citada Torre del Oro del Sevilla acoge
una pequeña colección de la Armada.
Pero no sólo existen museos y fortalezas como exponentes del patrimonio
de Defensa. Una importante parte de este se encuadra dentro del
patrimonio mueble, y es quizá donde encontramos las aportaciones de
personajes más notables de nuestra historia. En el Cuartel General del
Ejército de Tierra encontramos un retrato de Fernando VII pintado por
Francisco de Goya. En el Cuartel General del Mando de Artillería
Antiaérea también encontramos la pintura “El general Martínez Campos
pasando revista al Regimiento Catorce Ligero de Artillería” del pintor
militar más notable, José Cusach. Y en Valladolid, para obligatoria
merece el grupo escultórico en bronce erigido por Mariano Benlliure en
1931 dedicado a la gloria del regimiento de Alcántara ante la puerta
principal de la Academia de Caballería.
En lo referente a la arqueología industrial, menos prolífica en nuestro
país, sí cabe destacar las fábricas militares de Trubia, Oviedo ,
Granada o Murcia.
Y por supuesto, la red de archivos de las Fuerzas Armadas comprende
documentos únicos de reyes y grandes generales que aportan datos
significativos de la Historia que de otro modo se habrían perdido.
Todo el planteamiento sistemático de la catalogación de los fondos
muebles se hizo a raíz de la puesta en marcha en el Ejército de Tierra
del Plan Norte en 1993. En los dos primeros años de funcionamiento del
plan se catalogaron hasta 7.000 fondos. Se extensión a los tres
ejércitos y al Órgano Central elevó esta cifra a los 60.000, que pueden
llegar a 100.000 en la fecha de conclusión del plan, que se preveé para
el 2008.
Fuente: La Razón
28.07.05
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