Seguridad de la Información y Protección de Datos
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Matemáticas para hacer más segura la Red
Los expertos en
criptografía exploran nuevas ideas para aplicaciones como el voto
electrónico
En una sociedad con un ciberespacio
cada vez más cargado de datos personales, los sistemas de seguridad
corren el riesgo de quedarse atrás, a menos que matemáticos e ingenieros
se pongan a trabajar juntos. Los expertos señalan que los sistemas
criptográficos se han desarrollado al margen de la red; ahora tienen que
hacerse amigos.
Cuando el carismático Richard Feynman, premio Nobel de física y famoso
reventador de cajas fuertes, trabajaba en Los Álamos en el desarrollo de
la bomba atómica, descubrió que el 20% de los archivadores del
laboratorio, con documentos de altísima seguridad, conservaban el código
que traían de fábrica. Y hoy las cosas no parecen haber cambiado mucho:
"Al final lo que más falla en la seguridad es el último eslabón de la
cadena", dice Marisa Arranz, especialista en seguridad de Alcatel.
"Entregamos la tarjeta de crédito al camarero en el restaurante o damos
el número por teléfono a cualquiera". Pero el factor humano no es lo
único que falla.
Varios de los expertos del curso sobre Últimas tendencias en
criptografía celebrado recientemente en la Universidad Internacional
Menéndez Pelayo (Santander), coinciden en señalar la necesidad de poner
a trabajar juntos a matemáticos e ingenieros en este ámbito.
"Ahora la criptografía está viviendo un momento dulce: hay muchísimas
aplicaciones relacionadas con la seguridad. Pero casi todo lo que
tenemos se basa en matemáticas de hace veinte años", dice Arranz. Con
los nuevos servicios que ofrecen u ofrecerán las redes telemáticas -no
sólo comprar sino incluso votar por Internet, por ejemplo- esta experta
echa en falta "nuevas ideas matemáticas que permitan una visión global
de las aplicaciones en red, integradora, que no consista en ir
parcheando agujeros de seguridad, como hasta ahora". Que permitan una
red mucho más segura.
Además de los usos inseguros por parte del usuario, un sistema de
seguridad puede fallar de dos maneras: por el estándar matemático en que
se basa; o por cómo se aplica este estándar a un programa concreto. En
el primer caso el problema es puramente matemático. Los estándares de
cifrado se basan en claves blindadas por problemas hasta ahora
irresolubles. Desarrollar estos métodos es tarea de los matemáticos. En
cambio, construir su aplicación práctica, el diseño y la puesta en
marcha de un programa de seguridad, tradicionalmente ha quedado sobre
todo en manos de los ingenieros. Los expertos reunidos en Santander
creen que los retos en seguridad en el futuro inmediato, sobre todo los
relacionados con las redes, exigen más colaboración entre matemáticos e
ingenieros: nuevas matemáticas también para los desarrollos.
"Hoy la criptografía está pensada para una comunicación entre dos
personas, no en red. Aplicaciones como el voto electrónico o las
subastas hoy por hoy no son posibles de forma completamente segura.
Necesitamos algo nuevo", dice Phong Nguyen, del Departamento de Ciencias
de la Computación de la Escuela Normal Superior en París.
Phong es uno de los miembros más brillantes de la pequeña pero muy
activa comunidad de expertos en criptografía, un mundo tan lleno de
leyenda como el de los piratas informáticos. "Es un área muy difícil",
dice Phong. "Somos muy pocos, en las últimas tres décadas apenas 500
personas en todo el mundo han publicado algo en las principales
conferencias de criptografía. Y todos nos conocemos. Pero también es un
área muy divertida, con gente de todas partes. Hay matemáticos,
informáticos, miembros de agencias de inteligencia, espías... En EE UU
vas a las universidades y sabes quiénes son los estudiantes más
brillantes, pero luego ves las publicaciones y ves que no están,
desaparecen, y eso es que trabajan para las agencias de inteligencia".
Contribuye a la leyenda el hecho de que cada nuevo sistema de cifrado
sea publicado para someterse al escrutinio de los especialistas en
criptoanálisis, los expertos en romper códigos. Esto es así sobre todo
desde que la criptografía ha dejado de ser una ciencia casi
exclusivamente militar, en las últimas décadas. Phong, de 30 años, es
uno de los principales expertos en criptoanálisis. En el primer sistema
que rompió el fallo estaba en el propio método de cifrado, un nuevo
estándar que estaba siendo propuesto por el Instituto Tecnológico de
Massachusetts (MIT).
"Ellos habían publicado seis desafíos en la red. Los estudié en varias
ocasiones y no vi nada", cuenta. "Pero un día probé una idea bastante
simple y conseguí romper todos los desafíos menos uno. Sentí una gran
satisfacción. Ellos me felicitaron, claro, pero... tampoco les gustó
mucho, especialmente porque la idea en cuestión era muy simple".
Además del cifrado más común, basado en la factorización de grandes
números, ya hay otros que empiezan a extenderse, como el basado en
curvas elípticas (un área de investigación en matemáticas a la que se
recurrió para demostrar el último teorema de Fermat). Y una compañía
suiza envía ya claves utilizando criptografía cuántica, que pese a su
nombre "no tiene nada que ver con los computadores cuánticos", explica
el canadiense Alfred Menezes, uno de los padres de la criptografía de
curvas elípticas. En esta nueva técnica los mensajes se envían con
fotones por fibra óptica, y el cifrado se basa en la polarización de los
fotones. Tiene la ventaja de que si alguien intercepta el mensaje el
receptor lo advertirá enseguida, pero la técnica está aún dando los
primeros pasos. "Le falta uno de los tres pilares de la criptografía, la
autentificación. No te dice quién te envía el mensaje", dice Phong.
Crear un nuevo estándar no es fácil, no tanto por falta de creatividad
matemática como por las muchas restricciones que impone el mundo real.
"Hay muchas ideas buenísimas que en la práctica no sirven. Porque es muy
caro, o porque hacen que el sistema sea muy lento... De eso está llena
la historia. Por eso los estándares duran mucho, es muy difícil
cambiarlos", explica Amparo Fúster, (Instituto de Física Aplicada del
CSIC). "Lo puro no sale del papel, lo aplicable tiene inconvenientes".
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La clave de los grandes números
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El estándar de cifrado más
extendido se llama RSA, por sus creadores Ronald L. Rivest, Adi
Shamir, y Leonard Adleman. Se basa en un problema matemático hoy
imposible de resolver: la factorización de grandes números. "La
idea es que si alguien consigue descomponer en factores el
número en cuestión, se hace con la clave", explica Ignacio
Luengo, de la Universidad Complutense. Los ordenadores actuales
no pueden descomponer en factores un número de varios cientos de
dígitos, y tampoco hay, por el momento, un método matemático
para hacerlo. En 1999 varios centenares de ordenadores tardaron
siete meses en descomponer un número de 155 dígitos.
Aún así, RSA no durará siempre. O bien alguien da con un método
rápido para factorizar -los matemáticos lo consideran muy
improbable-, o bien a medida que aumente la capacidad de cálculo
de las máquinas los números en que se basen las claves deberán
crecer demasiado y no serán prácticas. Las primeras tarjetas
inteligentes creadas en Francia tenían menos de cien dígitos; no
eran seguras y hubo que cambiar el sistema. Ahora se usan
números mayores. "Un número de 300 dígitos sí es seguro", dice
Luengo.
Algo que convertiría en inútil el RSA es un ordenador cuántico,
capaz de factorizar números enormes. "Están aún muy lejos y ni
siquiera se sabe si será posible construirlos", dice Luengo,
"pero ya se está pensando en ello". |
Fuente: El País
27.07.05
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