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Viernes, 19 de agosto de 2005


Seguridad Colectiva y Defensa Nacional

Teniente Navarro,
Comandante del 2º helicóptero siniestrado:

"Giramos a la izquierda por si había alguna amenaza"

"Él va delante (...) Veo que pasa una línea de altura y desciende. Le pierdo de vista (...) Veo una columna de humo negro..." Así recuerda el teniente Navarro los últimos momentos del helicóptero en el que perecieron 17 militares españoles, el pasado martes en Afganistán.

Foto: El Mundo

Recién llegado de Afganistán, todavía en uniforme de campaña, el teniente Navarro tuvo que sobreponerse a la emoción y al cansancio para explicar cómo vivió de cerca la tragedia que segó la vida de sus compañeros y pudo acabar también con la suya.

Pregunta. ¿Qué misión estaban realizando ustedes cuando se produjo el siniestro?

Respuesta. Era una misión dentro de un ejercicio. Como las que realizábamos cada día, nada diferente.

P. ¿Dónde se encontraban?

R. A unas 30 millas [54 kilómetros] del lugar hacia el que nos dirigíamos. Llevábamos unos diez minutos volando.

P. ¿Cómo eran las condiciones atmosféricas ese día?

R. Había viento de cola. Al sur de Herat siempre había viento. Desde que llegamos, en mayo, soplaba viento del norte.

P. ¿Y en el punto del siniestro?

R. Era una zona montañosa, pero íbamos descendiendo. Había vientos cruzados.

P. ¿Cómo los calificaría?

R. De moderados a fuertes.

P. ¿Cómo volaban?

R. El otro helicóptero iba por delante, y nosotros un poco retrasados, a unos 500 metros.

P. ¿A qué altura del suelo?

R. Era un vuelo de baja cota. Volábamos a unos 50 o 60 pies [15 a 18 metros].

P. ¿Dónde iba usted sentado?

R. En el asiento del copiloto. Yo era el comandante de la aeronave. Iba en el puesto del navegador. Pilotaba un sargento.

P. ¿Hablaban con la base?

R. Sólo hasta llegar a determinado punto.

P. Luego hablarían entre los dos helicópteros.

R. Sí. Unos 20 segundos antes del incidente, el capitán Guitar me llama.

P. ¿Y qué le dice?

R. Me pregunta que cómo va el vuelo y si tengo algún problema. Le contesto que ninguno.

P. ¿Usted no le pregunta a él?

R. No, porque yo lo estoy viendo.

P. ¿Y observó que tuviera algún problema durante el vuelo?

R. Ninguno.

P. ¿Qué sucedió entonces?

R. Como digo, él va delante de nosotros, a la derecha. Yo voy pendiente de él. Entonces veo que pasa una línea de altura y desciende. Le pierdo de vista.

P. Y ya no ve más...

R. Antes de llegar a la zona por la que él ha pasado veo una columna de humo negro.

P. ¿No escucha nada?

R. No. Llevamos los cascos puestos.

P. ¿Cómo reaccionan?

R. El piloto de mi helicóptero hace una maniobra de esquiva.

P. ¿Piensa que el otro helicóptero ha sido atacado?

R. Pienso que ha pasado algo.

P. Pero ustedes van en vuelo táctico precisamente porque temen que pueda producirse un ataque.

R. ¡Claro! Gira a la izquierda porque, si hay algún tipo de amenaza, está a la derecha.

P. ¿Le da usted la orden de girar?

R. Lo hace instintivamente. Aparte de la maniobra de esquiva, intenta ver la zona.

P. Es una maniobra forzada.

R. Es una maniobra fuerte.

P. Y su helicóptero entra en pérdida.

R. Tenemos un problema de potencia.

P. Y caen al suelo.

R. Es un aterrizaje de emergencia. Aterrizamos sin potencia.

P. ¿Cuánto dura la maniobra?

R. Son 15 o 20 segundos.

P. Y ya en el suelo, ¿cómo actúan?

R. Conseguimos parar los motores y frenar el rotor, que se ha partido.

P. ¿Salen todos por su propio pie?

R. Sí, abandonamos muy rápidamente la aeronave.

P. Puede empezar a arder.

R. Por supuesto.

P. ¿Y luego?

R. Establecemos una zona de seguridad en torno al aparato y mandamos una patrulla a ver qué ha pasado con el otro helicóptero.

P. ¿A qué distancia se había estrellado?

R. A unos 300 metros de nosotros.

P. No pueden hacer gran cosa por ellos.

R. Intentamos auxiliarles en la medida de lo posible. Y pedimos ayuda por radio, les damos nuestras coordenadas.

P. ¿Llega la ayuda?

R. Sí, nos envían tres helicópteros con apoyo médico.

P. Tardan una media hora.

R. Más o menos.

P. ¿Había gente en los alrededores?

R. A la derecha había casas, se veía movimiento de gente.

P. Por lo que vio entonces y ha sabido luego, ¿cree que el helicóptero fue atacado o se estrelló accidentalmente?

R. Lo único que yo pienso es que se ha creado una comisión de investigación, formada por muy buenos profesionales, que han recogido todo tipo de evidencias sobre el terreno. Ellos le darán la respuesta a esa pregunta.

"Creí que eran mis últimos instantes"
Los soldados que viajaban en el segundo helicóptero honraron a los muertos entre lágrimas

Nada más marcharse los coches fúnebres con los féretros, la estricta formación militar en la base aérea de Getafe se deshizo. Y entonces comenzaron los abrazos, los saludos informales, las lágrimas... Los autobuses esperaban a los familiares que, hasta ese momento, sólo habían visto pasar ante sus ojos a los 17 féretros sin poder reconocerlos. Deshechos, cansados de llorar, eran conducidos por amigos y otros familiares a los autocares.

Sólo ocho militares quedaron en formación en medio de ese ya relajado desorden. Eran los que se salvaron. Los que viajaban en el segundo helicóptero. Uno con el collarín puesto, otro con la rodilla lastimada, iban saludando a quien trataba de consolarles.

El soldado Herrero, que salvó la vida de milagro, recuerda que durante el tiempo que duró la maniobra, que él calculaba en un minuto, "una eternidad", pensó que eran sus "últimos instantes de vida".

El soldado sevillano José Tejero, de 23 años, también iba en ese helicóptero. Es uno de los dos que van apoyados en las salidas de la aeronave, con una ametralladora preparada por si hay un ataque. Es él quien teóricamente corrió más riesgo en el aterrizaje forzoso, aunque sólo tiene un susto fuerte. No entiende lo que ha pasado: "Era un vuelo casi de rutina. Lo hacíamos a diario, no es una zona peligrosa, nadie entiende lo que ha podido pasar".

Tejero volverá hoy a Sevilla para saludar a su madre, que está "muy asustada". Pero ella no le ha pedido, ni mucho menos, que deje el Ejército, a pesar del riesgo, ahora más evidente, que corre su hijo cada día. "Mi hermano es albañil, y se puede caer cualquier día de la obra, pero nadie le dice que no vaya. Hay que trabajar. Esto es así, es mi trabajo y no hay nada que hacer". Tejero no vio nada raro antes de llegar a tierra. "Allí nos enteramos de poco", dice con ojos llorosos. Acaba de abrazar a madres y hermanos de dos de los fallecidos, compañeros de su promoción.

De Tejero dicen que es "el trébol de cuatro hojas" de su grupo. "Siempre que hemos ido con él hemos tenido mucha suerte", comenta Jesús Naranjo, otro sevillano, de 20 años, al que le tocó ayer acompañar a los féretros en el viaje desde Afganistán. Tejero ya vivió hace cuatro años una situación muy complicada. Era en Sevilla, estaban volando y se estropeó un motor. "Hicimos 35 minutos con un solo motor; pasé mucho miedo", recuerda.

"Ha sido un palo", contaba Naranjo, también lloroso. Él entró en el Ejército en febrero, y enseguida le tocó Afganistán. "Estoy de paso, para intentar ingresar después en la policía", cuenta. Regresará el lunes a Herat, aunque reconoce que no le quedan muchas ganas. "Allí se ha comentado de todo. Desde que ha sido un accidente, porque se produjo en una vaguada y allí el terreno es complicado, hasta que hubo un bombazo. Pero la fiabilidad de las versiones no es buena. Mucha gente no quiere estar allí y cree que un ataque les traería de vuelta a casa. Aquello es duro, lo único bonito es el cielo, por la noche hay miles de estrellas".

Fuente: El País
El Mundo
Belt Ibérica S.A.
19/08/2005

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* ESPECIAL: Sangre española en Afganistán.

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