Sangre, sudor y lágrimas en la reconstrucción de la 'zona cero'
La Torre de la
Libertad, ¿el proyecto definitivo?
Desde 2001 no
ha habido más que disertaciones filosóficas sobre lo que debería ser la
'zona cero'. La última versión de la Torre de la Libertad parece el
proyecto definitivo, pero aún hay muchas incógnitas y críticas.
La zona cero de Nueva
York, donde se levantaban las Torres Gemelas, sigue siendo un descampado
polvoriento en el que crecen en desorden las malas hierbas, cuatro años
después de que Bin Laden y sus secuaces atacasen la ciudad. Los
estadounidenses la denominan the pit -el hoyo- y unas vallas metálicas
impiden a los curiosos turistas, armados con cámaras fotográficas,
hacerse una idea cabal de lo que se cuece en este terreno de más de seis
hectáreas.
En realidad, no vale la
pena escudriñar: desde 2001 no ha habido más que disertaciones
filosóficas sobre lo que debería ser esta simbólica zona del Bajo
Manhattan. Lo más tangible es algo intangible: el proyecto de la Torre
de la Libertad, cuya tercera versión se presentó la semana pasada y que,
si no median nuevas batallas, verá la luz en 2010. Ron Ronsenbaum,
columnista de The New York Observer, ha sentenciado que "ahora resulta
aparente que todo el proyecto y la vida de sus potenciales habitantes
está en manos de un grupo de egoístas, idiotas, políticos oportunistas e
incompetentes".
 |
|
Para ampliar, por favor,
pulse sobre la imagen |
Parte del problema es que hay demasiados actores en juego. La Lower
Manhattan Development Corporation es la agencia gubernamental que lleva
la voz cantante. Pero también participan en esta ceremonia de la
confusión otras instituciones y personajes poderosos como Larry
Silverstein -el promotor de las obras y titular del alquiler del
terreno-; George Pataki -el gobernador del estado-; el alcalde, Michael
Bloomberg; Daniel Libeskind -arquitecto-; David Childs -arquitecto de
Silverstein-; y, por supuesto, el Departamento de Policía.
Políticos y empresarios apostaron desde un principio por reconstruir la
zona comercial de las torres gemelas, pero envolviendo el nuevo edificio
en una forma arquitectónica que simbolizase la resistencia contra el
fanatismo terrorista. En 2003, Libeskind ganó un concurso internacional
con una torre de unos 540 metros de altura (1.776 pies, una cifra que
coincide con el año de la independencia de EEUU) que giraba alrededor de
una plaza asentada sobre la zona cero actual. Pero éste no hizo las
delicias de Silverstein, que consiguió justo antes de los atentados del
11-S hacerse con el derecho a explotar el suelo durantes décadas.
Silverstein, que financia
la reconstrucción con las indemnizaciones de las aseguradoras, dijo que
la arquitectura desalentaría la demanda y que muchas empresas se
negarían a ocupar los pisos más altos. Así que se encargó a Childs, que
acaba de edificar la colindante Torre 7, que modificase la idea
original. Y así lo hizo. Pero un informe de la policía del pasado mes de
abril -que concluía que la torre estaba demasiado arrimada a la calle
West Street, de intenso tráfico rodado, pudiendo ser el blanco fácil de
un ataque con camión bomba- obligó a que Childs se rediseñase a sí
mismo. De ahí surge la nueva Torre de la Libertad, que estará a 28
metros y no 7,5 de la autopista. El edificio de cristal, que seguirá
teniendo 514 metros, se elevará sobre un pedestal de cemento y acero de
61 metros de alto, de los que los nueve primeros no tendrán ventanas.
Los paréntesis entre un
diseño y otro han estado marcados por los tira y afloja entre políticos,
asociaciones de víctimas, periodistas, inversores y críticos de arte. En
mayo las obras fueron postergadas indefinidamente, y el máximo
responsable de la reconstrucción dimitió. Hace dos meses, el excéntrico
inversor Donald Trump, que ha hecho su fortuna edificando rascacielos en
Nueva York, presentó a bombo y platillo su propia versión de la Torre de
la Libertad y dijo que todo lo planeado hasta ahora era "una mierda
arquitectónica". Muchos periodistas, desde las principales páginas de
opinión, bombardean con la idea de que es un disparate construir nuevas
oficinas cuando lo que necesita la zona son más viviendas y zonas
habitables. Para complicar más las cosas, el banco de inversión Goldaman
Sachs dijo que retiraba su cuartel general del barrio. Bloomberg y
Pataki no han escapado a las bofetadas mediáticas. El alcalde Bloomberg
ha sido acusado de estar más pendiente de la modernización del estadio
de los Jets en el West Side, la obra estrella de su apuesta fallida por
ganar la sede de los Juegos Olímpicos en 2012, mientras que Pataki ha
sido criticado por no tener en mente más que proyectos faraónicos. Pero
ambos han sido también críticos con el quisquilloso Silverstein y han
estado a punto de retirarle el derecho al terreno aduciendo razones de
interés público.
El proyecto pinta mal y,
a lo mejor, todavía no hemos visto lo peor. Unos se quejan de los
plazos: "¡Pero si el Empire State Building se construyó en poco más de
un año!"; otros, de que no habrá demanda suficiente para las nueva
oferta de oficinas y tiendas: "¡Pero si ya está sin ocupar el 16% de los
locales!".
No falta quien dice que
la nueva torre es tan fea y cerrada en sí misma, que se lanza el falso
mensaje a la comunidad internacional de aislamiento en la lucha contra
el terrorismo. Encima, algunos de los proyectos adicionales, como el
mausoleo en honor a las víctimas y el centro de artes interpretativas
son sospechosos de estar dirigidos por la izquierda crítica con Bush. Lo
único que marcha, dicen, es la estación alada diseñada por el arquitecto
español Santiago Calatrava. ¡Menos mal!
Unos critican los plazos
de ejecución; otros, que no habrá demanda suficiente para las nuevas
oficinas
Fuente: Expansión
11.07.05
*
11-S. Operación global contra el
terrorismo: El análisis de los profesionales
Noticias relacionadas:
*
La seguridad factor determinante en la Torre de la
Libertad del World Trade Center (30.06.05)
*
La Torre
de la Libertad, contra Fort Knox (06.05.05)