Seguridad Colectiva y Defensa Nacional
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Las mujeres marcan el paso
El personal
femenino supone ya el 11% de las Fuerzas Armadas
"En el Ejército ya no se hace todo por
cojones". Es la frase que, dicha informalmente por una comandante médico
como Inmaculada Sierra, sintetiza lo que ha supuesto la incorporación de
las mujeres a las Fuerzas Armadas (FF AA). No hace tanto tiempo de eso
(1988), pese a que la Constitución española de 1978 establece la plena
igualdad entre hombres y mujeres.
Su inmersión ha sido paulatina y progresiva: se han necesitado tres
leyes (la última, de 1999) y algún decreto para conseguir que ellas
accedan a la vida militar en las mismas condiciones y con las mismas
oportunidades y posibilidades que ellos. Y el Ejército, con 12.813
mujeres en sus filas, ya no parece tanto, según ellas, "ese mundo que
empieza donde termina la lógica".
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La caballero legionario
paracaidista Laura Carretero Pagán, minutos antes de un
lanzamiento desde un T-19 en la base de Torrejón de Ardoz
(Madrid |
Ya son amplia mayoría (91,7%), con
respecto a los hombres, las que entran como militares de complemento
(temporales, por un máximo de 12 años) a puestos técnicos y de
asesoramiento con rango de oficiales (de alférez para arriba: teniente,
capitán, comandante y teniente coronel). Llegan muy preparadas porque
esta vía de acceso exige titulación universitaria. Y están dando un
vuelco a esta institución a base de cualificación. Pero todavía sus
posibilidades de llegar a puestos de mando desde ahí es complicada por
la temporalidad del contrato y porque en eso, de momento, y mientras no
se modifique la legislación vigente, el Ejército mantiene sus
tradiciones: si no se ha pasado por la academia de Zaragoza (Tierra),
Marín en Ferrol (Armada) o San Javier en Murcia (Aire) no hay nada que
mandar.
Laura -mejor dicho, y a falta de una feminización de la nomenclatura
militar- la caballero legionario paracaidista (CLP) Carretero Pagán, de
19 años, ha llegado hace unos días desde la escuela de San Javier a la
Brigada Paracaidista (Bripac) del acuartelamiento Primo de Rivera de
Alcalá de Henares (Madrid). Toca lanzamiento y anda enzarzada en una
lucha con los correajes del paracaídas y el fusil. Un total de 20 kilos
para sus 1,65 metros de estatura y sus 46 kilos de peso. Con ellos debe
saltar del T-19 que acaba de aterrizar en la base militar de Torrejón de
Ardoz (Madrid) este caluroso jueves veraniego.
Pero parece que lo tiene claro: "La primera vez que me subí a un avión
me tuve que tirar", dice recordando su primer salto, hace unos meses, en
la escuela militar de Murcia. Éste es el séptimo, y los nervios de esta
joven albaceteña están a flor de piel. "La primera vez te tiras sin
miedo. No sabes lo que es. Lo jodido viene después", dice. Y así lo
confirma desde su despacho la sargento psicóloga de la brigada, Mónica
García Silgo, de 31 años, que añade que para ella, que ya había
trabajado profesionalmente como civil, entrar en el Ejército ha sido
como aprender otro idioma.
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CUADROS DE MANDO
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TROPA Y MARINERÍA PROFESIONAL |
TOTAL |
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Oficiales |
Suboficiales |
Alumnas |
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Ejército de Tierra |
140 |
85 |
116 |
7.663 |
8.004 11% |
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Armada |
32 |
12 |
21 |
1.809 |
1.874 9,6% |
|
Ejército del Aire |
117 |
54 |
42 |
2.142 |
2.355 11,2% |
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Cuerpos Comunes |
552 |
8 |
20 |
|
580 15,6% |
|
TOTAL |
841 |
159 |
199 |
11.614 |
12.813 11% |
"Las patologías son las mismas que en
cualquier otro sitio, quizá aquí hay más trastornos de ansiedad. Es
bastante común que un mal salto provoque fobias a los lanzamientos,
tanto a ellas como a ellos", dice esta psicóloga, a la que, como a
muchas, el Ejército le ha cambiado la vida, tanto profesional ("pude
dedicarme a lo que quería") como personal ("conocí a mi novio").
La propaganda de un Ejército con achaques de raquitismo (pasó de tener
364.500 militares en 1976 a 115.800 en 2005) ha surtido efecto. Laura
Carretero, a punto de saltar por la rampa del T-19, asegura que llegó a
las Fuerzas Armadas, como muchas de sus compañeras, después de ver
aquellos anuncios de televisión: "Ven, aquí hay un mundo para ti", "Todo
lo que te propongas". Eran algunos de los eslóganes junto a los que
aparecía la imagen de una mujer.
Invertir la tendencia
Son ellas, junto a los y las inmigrantes (hoy, un total de 1.408,
procedentes en su mayoría de Ecuador y Colombia), las que han comenzado
a invertir la tendencia descendente de la curva del personal militar.
"Esto ha supuesto un importante esfuerzo desde lo más básico, que son
las infraestructuras", explica la funcionaria de Defensa que se encarga
de los asuntos de la mujer y que anuncia un Observatorio de la Mujer en
las FF AA para septiembre. "Hablo de ladrillos, de acondicionar
alojamientos, y aún se está en ello".
La comandante médico Sierra, de 44 años, lo recuerda bien: "Llegué a mi
primer destino, el cuartel de Instrucción de Marinería de Cartagena,
como teniente, después de acabar la carrera de Medicina y de presentarme
a los exámenes de las FF AA y cumplir un año de instrucción. Era la
única mujer en un cuartel con 1.200 marineros. Entré en la cámara de
oficiales y se hizo el silencio. Cuando pregunté qué ocurría, me
respondieron: 'Es que sólo hay un baño y una taquilla'. No me podía
creer que aquella tensión se debiera a eso. Bastó con comprar un candado
por 100 pesetas. 'Si estoy yo dentro os esperáis todos, y si estáis
vosotros me espero yo, ni más ni menos', les dije".
Esta mujer resolutiva, muy femenina y coqueta, que se queja de que
todavía los uniformes podían estar mejor adaptados ("si nos preguntaran
a nosotras..."), que luce una melena larga rubia y una camiseta ajustada
que resalta su feminidad vestida de civil, es la misma mujer que puso
firme a una unidad entera el primer día que oyó un silbido a su paso por
el cuartel. La misma que no paró hasta que salió el autor de aquel
chiflido, y la misma que no se cortó un pelo en arrestarlo: "Fuera puede
ser un halago, pero no puedo consentirlo en la formación".
Tras acabar la carrera, se enamoró de un militar también médico, su
actual marido. Empezó a conocer el Ejército, le atrajo, y entró en la
primera promoción (1990-1991) de "cuerpos comunes" (jurídico, médico e
intervención). Es decir, utilizó la única vía de acceso habilitada para
las mujeres civiles licenciadas en aquella época. Ahora ya pueden entrar
como militares de tropa. La comandante Sierra fue de las que abrieron el
camino. "Sí, hace falta carácter y te tiene que gustar", asegura.
Hoy es también madre y su última misión fue en Irak. Allí estaba el día
que la resistencia atacó la base española de Nayaf, mientras su marido
cuidaba en Madrid de su familia, "contra la imagen que todo el mundo
tiene", comenta.
Las razones por las que otras mujeres veteranas y no tanto se enrolaron
en las FF AA son diversas: familiares o conocidos militares, atracción
por el deporte, por la aventura, por los viajes, salidas laborales...
hay un poco de todo. Reconocen que pueden no tener más fuerza física que
los hombres, pero que en capacidad de sacrificio nos las gana nadie.
"Ni una lágrima. A la que llore me la como. Aquí apechugamos todas",
recuerda la comandante Sierra que les decía a sus compañeras de
promoción. Coinciden todas en que es importante aguantar para que te
respeten. "Una mujer se hace respetar por sus compañeros cuando ante
circunstancias adversas es capaz de superarse a sí misma. Yo no soporto
a las tías que se excusan porque tienen la regla. Y las hay. Muchas
veces eso nos cuesta comentarios del tipo: 'Ésa se tiene ganado al
general", comenta Marta Presa, también comandante médico con la
especialidad de psiquiatría.
"¡Ya vale de tópicos! Es cierto que, de entrada, estaban un poco
prevenidos contra la mujer. Las pocas que estábamos guardábamos las
distancias. Es cierto que una institución que era esencialmente
masculina es machista por naturaleza, pero ahora no lo es más que el
resto de la sociedad". Con 37 años y ocho en las FF AA, ya ha cumplido
misiones en Aviano (Italia), Kuwait, Irak, Afganistán, Alaska... y se
libró de ser una más de las 62 víctimas del Yak-42 por su cabezonería:
"Le dije a mi superior que quería quedarme hasta terminar mi misión y
sólo embarcó mi maleta".
El capitán de corbeta Juan Escrigas Rodríguez no ha olvidado el primer
día que llegaron 10 mujeres a su barco y la previa adaptación de los
camarotes. "Al principio hubo tirantez. No sabíamos cómo comportarnos. A
ver si les va a sentar mal esto o lo otro, pensábamos. A la semana ya
eran uno más. Las mujeres han aportado al Ejército calidad humana y
comprensión, y un poco de alegría para nosotros, por qué negarlo".
Pero los problemas existen, y si hay un lugar en el que aterrizan, es la
Oficina del Defensor del Soldado. "Es cierto que el Ejército ha
avanzado", dice Susana Plaza, una de las abogadas. Pero asegura que no
es menos cierto que siempre hay casos que desmienten esa imagen más
moderna y progresista, como fue el caso sonado en 2002 de la soldado
Dolores Quiñoa, que consiguió demostrar, no sin grandes sacrificios
personales y económicos, que sufrió un trato vejatorio por parte de su
superior, finalmente condenado.
¿Acoso sexual?
"Los casos de acoso sexual son pocos, pero los hay. Ahora llevo el
caso de un capitán de la base aérea de Salamanca que, a base de poner a
las mujeres a recoger colillas y limpiar baños (cuando existe personal
de limpieza) y ridiculizarlas ante sus compañeros ha conseguido que
todas las de la sección soliciten la baja por depresión", explica, y
asegura que ha presentado todas las denuncias pertinentes. Defensa no
facilitó a este periódico las bajas por depresión registradas.
La respuesta escrita, previo comentario de que el sujeto "es
alcohólico", fue: "Le agradezco su discreción e interés en que se
mantenga la reputación y buen funcionamiento de esta institución pese a
los errores y fallos que se les pueda imputar a sus individuos". Y el
tema sigue en el aire.
Según Plaza, hay otros aspectos a tener en cuenta: "La publicidad es
engañosa y el 90% de las personas que entran lo hacen con unas
expectativas que no se cumplen. Falta información. Por ejemplo, no saben
que no pueden irse por las buenas porque el compromiso mínimo que
adquieren es de dos o tres años y no está regulada una forma de
resolución de ese compromiso. También desconocen que no está reglado el
tema de las prestaciones por enfermedades comunes, es decir, que si caes
enfermo y te tienes que ir, lo haces sin pensión ni nada de nada".
La comandante Presa insiste: "Puede que haya mucho menos acoso sexual en
las FF AA que en la vida civil. Se juegan la carrera. Nosotras sólo
tenemos que dar un parte". En su opinión, y tras trabajar en un hospital
civil, la mujer ha suavizado el embrutecimiento de los militares. "Se
podría decir que hemos amariconado un poco el Ejército".
La presencia femenina en las FF AA ha sido más notoria en los últimos
seis años. Desde que en 1999 se aprobó la Ley de Régimen del Personal de
las FF AA, que suprimía las limitaciones para incorporarse a cualquier
destino, el acceso de las mujeres ha sido masiva: más de 4.600 entre
1998 y 2000, otras 3.500 más en 2002 y unas 1.300 más hasta 2005. Ya hay
12.813 mujeres en el Ejército español, el 11% de la plantilla, pese al
escollo de las duras pruebas físicas y a que los sueldos oscilan entre
los 600 euros de un soldado y los cerca de 3.000 de un alto mando. En el
Reino Unido, el porcentaje de mujeres en las FF AA es del 9% y del 12%
en Francia.
Y en España no dejan de batir puestos. En septiembre próximo, Esther
Yáñez, con sólo 33 años, se hará con el mando del patrullero Laya. Se
convertirá así en la primera mujer en la historia de la Armada española
que asume la responsabilidad de ser capitán de un buque de guerra. El
empleo más alto logrado por una mujer es el de comandante, de momento.
Muchas desempeñan sus funciones en despachos, pero ya hay también
mujeres en unidades de élite como los legionarios. Hay pilotos,
mecánicas, artilleras... "Siempre me había gustado, y cuando acabé
Magisterio pensé: ahora o nunca. Empecé siendo soldado. Pensaba que la
casa hay que iniciarla por los cimientos". Habla la alférez piloto
Carmen Ortega (27 años), del Servicio de Búsqueda y Salvamento (SBS) de
Canarias. "En cierto modo te decepciona la arbitrariedad, la sinrazón,
el puteo innecesario", comenta recordando su paso por la academia. "Pero
el Ejército en España tiene una labor humanitaria. Vamos a defender los
intereses de nuestro país y a ayudar, no a pegar tiros a ningún sitio. A
ver si nos quitamos ya el cliché de Franco y de la Guerra Civil", añade.
"Se está renovando. Aunque queda gente de la vieja escuela, cada vez hay
más militares de complemento, gente preparada que ha tenido vivencias
fuera. Se eleva el nivel cultural". Es llamativo que el 91,7% de los
aspirantes a militares de complemento son mujeres. A este paso, las
licenciadas coparán los puestos de oficiales en el Ejército.
La maternidad militar
Otra cuestión que el Ejército ha tenido que afrontar con la
incorporación de la mujer ha sido la maternidad. En un principio, la
legislación excluía a las mujeres embarazadas de las pruebas de acceso a
las academias militares. Ahora pueden hacer las teóricas y aplazar las
físicas, guardándose la nota. Además, la nueva ley establece que durante
el embarazo se puede asignar, por prescripción facultativa, un puesto
adecuado a su estado. Incluso el Ministerio prevé dotar a algunas
instalaciones militares de guarderías.
La teniente de navío Carmen Seara, de 32 años, periodista de titulación,
hija de militar y casada con militar, tiene tres hijos y uno en camino.
"He tenido de todo: mandos sobreproteccionistas y otros excesivamente
igualitarios. Y sí, somos iguales en cuanto a derechos, obligaciones y
oportunidades, pero un embarazo es un embarazo", dice después de
rememorar las veces que ha tenido que recordarle a un mando que no le
abriera la puerta, o el día que no pudo sacarse los calcetines por fuera
porque llevaba medias descanso: "El comandante alucinaba".
Inmaculada, Marta, Mónica, Esther, Carmen... Les queda mucho que
batallar, pero apuntan alto sin querer renunciar a sus vidas. Unas con
mucha mili y otras recién llegadas, como Laura, que ya ha saltado:
"1001, 1002, 1003, 1004", cuenta el tiempo que tarda en abrirse la
campana del paracaídas. ¡Buen vuelo!
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Un modelo militar progresista
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EN TODOS LOS EJÉRCITOS
nacionales ha existido un cierto recelo hacia la incorporación
de la mujer en una institución considerada tradicionalmente
masculina. Aunque poco a poco su presencia se ha ido tomando
como algo natural, existen aún muchos países de la Alianza
Atlántica -no es el caso de España- donde su carrera profesional
se sitúa en un plano de desigualdad considerable respecto a sus
compañeros varones. El modelo español de incorporación de la
mujer a los ejércitos es uno de los más progresistas, porque
existen las mismas posibilidades de progresión en la carrera que
para el hombre.
Hay varias razones que propiciaron la incorporación de la mujer
a los ejércitos, no sólo en España, sino en muchos otros países.
Por un lado, la idea de no discriminación, es decir, de la plena
integración de la mujer en todos los ámbitos de la sociedad. Por
otro, el descenso de la natalidad en los países occidentales.
Hay menos hombres y, por tanto, crece la necesidad de que la
mujer se incorpore a las Fuerzas Armadas. Por último, la
profesionalización de los ejércitos. A medida que los ejércitos
se hacen profesionales tiene más sentido que la mujer se
incorpore a ellos. En algunos de los países de nuestro entorno
se mantienen algunas limitaciones respecto a la presencia de la
mujer en las Fuerzas Armadas.
En Estados Unidos, país con mayor número de mujeres en sus
ejércitos (un 14% del total de efectivos), el personal femenino
no puede desempeñar cerca de un 20% de los empleos. No pueden
formar parte de las tripulaciones de los submarinos (en España
no existe esta limitación) y están excluidas de aquellos con
alta probabilidad de contacto prolongado con el enemigo. En este
país cuentan con un Comité Asesor de Defensa sobre Mujeres
Militares, creado en 1951, cuyas funciones son las de asesorar a
las Fuerzas Armadas en materia de reclutamiento, desarrollo
profesional y, en general, sobre políticas relativas a la
calidad de vida.
En Canadá, las mujeres militares suponen el 10,8% del conjunto
de las Fuerzas Armadas. Pueden acceder a todos los empleos menos
a los de submarinos. Aunque no hay limitaciones, sólo el 0,6% de
las mujeres es personal de las tropas de combate.
En el Reino Unido, el 7,9% del personal militar son mujeres. En
este país existe una política de no discriminación por razones
de sexo con la que se busca conseguir la plena integración de la
mujer en las Fuerzas Armadas. Sin embargo, tienen vedado el
acceso a empleos a bordo de submarinos y a la infantería de
marina. Actualmente se están revisando estas limitaciones,
siempre que ello no suponga un perjuicio a la operatividad de la
fuerza.
En Alemania, hasta junio de 2000 las mujeres sólo podía acceder
al Servicio de Sanidad y Músicas Militares. |
Fuente: El País
31.07.05
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