Benedicto XVI intenta crear un frente común cristiano-musulmán contra el
terrorismo
El Papa a los
musulmanes: "Deberíamos avergonzarnos de las guerras en nombre de Dios."
Las banderas de todo el
mundo que los jóvenes pasean por Colonia son emblemas de paz, y así
tienen que serlo también las religiones. Benedicto XVI cogió ayer el
toro por los cuernos invitando a los musulmanes a «extirpar juntos» el
terrorismo y a «oponernos a cada manifestación de violencia», para
frenar la «oleada de fanatismo cruel» que está ensangrentando el
comienzo del milenio.
El Papa llamaba continuamente «queridos amigos» a una treintena de
líderes musulmanes, incluido el presidente de la comunidad
turco-islámica, a la que pertenecen dos de los tres millones y medio de
musulmanes de Alemania. Pero sus palabras se dirigían al mundo entero:
no sólo a los musulmanes, sino también a muchos cristianos inseguros de
su actitud ante el Islam.
Dejando claro que el problema no es el Islam sino el fanatismo, el Papa
invitó a crear un frente cristiano-musulmán contra los terroristas «que
siembran muerte y destrucción en varias partes del mundo». Además de
matar inocentes, «quienes planean esos atentados quieren envenenar
nuestras relaciones, recurriendo a todos los medios, incluso a la
religión, para oponerse a la convivencia pacífica».
«Extirpar el rencor»
El Papa denunció que «el terrorismo, de cualquier origen que sea, es una
opción perversa y cruel, que desprecia el derecho sagrado a la vida y
corroe los fundamentos de la convivencia civil». Ante sus maniobras para
dividir hay que responder sumando esfuerzos pues «si conseguimos
extirpar el sentimiento de rencor, contrastar toda forma de intolerancia
y oponernos a cada manifestación de violencia, frenaremos la oleada de
fanatismo que pone en peligro la vida de tantas personas».
Benedicto XVI subrayó que «la vida de cada ser humano es sagrada,
tanto para los cristianos como para los musulmanes, y este mensaje hay
que hacerlo escuchar». Por desgracia, «la experiencia del pasado muestra
que el respeto mutuo y la comprensión no siempre han caracterizado las
relaciones entre cristianos y musulmanes. Cuántas páginas de historia
dedicadas a batallas y guerras emprendidas invocando, de una parte y
otra, el nombre de Dios, como si combatir al enemigo y matar al
adversario pudiera agradarle. El recuerdo de esos tristes
acontecimientos debería llenarnos de vergüenza, viendo cuántas
atrocidades se han cometido en nombre de la religión».
El Santo Padre recordó que el mismo documento del Concilio Vaticano II
que normalizó las relaciones con el judaísmo declara que «la Iglesia
mira también con aprecio a los musulmanes, que adoran al único Dios,
vivo y subsistente, misericordioso y omnipotente, Creador del cielo y de
la tierra».
Frente a quienes, por cada parte, promueven la desconfianza e incluso la
hostilidad, el Papa propuso rotundamente la colaboración, y confesó a
los líderes que «deseaba reunirme con vosotros porque guiáis a los
creyentes del Islam y los educáis en la fe musulmana». La estrategia de
Benedicto XVI es promover la paz precisamente desde la enseñanza
religiosa, pues «hemos de afrontar juntos, cristianos y musulmanes, los
numerosos desafíos de nuestro tiempo. No hay espacio para la apatía o el
desinterés, y menos para la parcialidad y el sectarismo».
Consciente de la angustia de millones de personas, el Papa afirmó que
«no podemos ceder al miedo ni al pesimismo. Debemos más bien fomentar el
optimismo y la esperanza. El diálogo interreligioso e intercultural
entre cristianos y musulmanes es una necesidad vital, de la cual depende
en gran parte, nuestro futuro».
Un auditorio de 800.000 jóvenes
El Santo Padre se reunió anoche con unos 800.000 jóvenes de los cinco
continentes en la Vigilia de la Jornada de la Juventud, en la que
condenó los totalitarismos y afirmó que no son las ideologías las que
salvan al mundo, sino sólo Dios, «el garante de lo que es
verdaderamente bueno y auténtico». Denunció también que muchos
hablan de Dios, pero que en nombre de Dios predican el odio y practican
la violencia.
Benedicto XVI, en su primer gran baño de multitudes ante los jóvenes
concentrados en la explanada de Marienfeld, a 27 kilómetros de Colonia,
añadió que «la única revolución verdadera viene de Dios».
Su Santidad invitó a los asistentes a seguir los pasos de muchos santos,
entre los que destacó a Teresa de Ávila e Ignacio de Loyola y otros de
nuestro tiempo como la Madre Teresa de Calcuta, el Padre Pío y la judía
convertida al catolicismo Edith Stein.
Fuente: ABC
21/08/2005