El
Ejército de Tierra rechazó el «Cougar» en 1995 al considerarlo un
helicóptero «civil»
El último Gobierno
de Felipe González hizo caso omiso al Estado Mayor ante las presiones
del Gobierno francés y se decantó por el aparato galo para las FAMET

El Ejército de Tierra se
opuso en 1995 a la compra de helicópteros «Super Puma», luego bautizados
«Cougar» en su versión para las Fuerzas Armadas, por considerar que eran
aparatos «civiles». El Gobierno socialista de la época, el último
Gabinete de Felipe González y en el que era ministro de Defensa Gustavo
Suárez Pertierra, hizo caso omiso a los informes técnicos del Estado
Mayor a favor del aparato norteamericano «Black Hawk» y se decantó por
la oferta de la empresa francesa ante las presiones del Ejecutivo galo.
«Sólo por esa presión -se afirmaba entonces en el Ejército de Tierra- se
puede entender que si el informe técnico y el económico aconsejan la
compra del helicóptero norteamericano aún se dude de qué aparato se
adquirirá al final».
Al final, el contrato fue adjudicado a la firma europea y las Fuerza
Aeromóviles del Ejército de Tierra fueron dotadas con aparatos como el
accidentado o derribado esta semana en Afganistán, en una misión
mucho más peligrosa de lo que se creía dada la insistencia del Gobierno
en difundir el carácter «humanitario» de la labor de los españoles en
Afganistán.
Los primeros datos que se van conociendo sobre la sucedido con el «Cougar»
revelan lo arriesgado de las misiones encomendadas. Los helicópteros
volaban en situación de máximo riesgo por miedo a sufrir ataques desde
tierra, operaban al límite de capacidad de carga y a ras de suelo. El
modelo de diseño francés es un aparato muy seguro, de ahí la
incredulidad general ante la versión de que pudo caerse por una mera
ráfaga de viento. Pero no está preparado para moverse en zona de guerra
sin protección como só ocurre con otro tipo de aparatos. El blindaje y
su capacidad de armamento le hacían muy inferior al helicóptero
norteamericano descartado, que puede trasportar menos soldados pero
tiene más autonomía de vuelo y puede ser dotado con más armamento.
En octubre de 1995, el propio jefe del Estado Mayor (JEME) del momento,
José Faura, sostuvo en una comparecencia en la Comisión de Defensa del
Congreso de los Diputados para explicar el proyecto presupuestario para
1996. «El Ejército de Tierra -afirmó el general Faura en aquella
comparecencia parlamentaria- se ha definido claramente por el «Black
Hawk». Creemos que es un helicóptero de más posibilidades, de menos
consumo, de más capacidad, en fin, tiene más autonomía y una serie de
ventajas». Para el entonces jefe del Estado Mayor el modelo
norteamericano era, sobre todo, «un helicóptero militar hecho para
militares, y no como el «Super Puma», que es un helicóptero civil
adaptado al tema militar».
El Ejército de Tierra ya había concluido en varios informes su
preferencia por el helicóptero estadounidense que fabrica «Sikorsky».
De igual manera se pronunciaron varios pilotos de las Fuerzas
Aeromóviles del Ejército de Tierra: «Es mejor en casi todo», afirmaron
una vez examinadas las capacidades de cada una de las dos aeronaves.
Por aquel entonces, desde fuentes militares se indicaba que, si
finalmente se adquiría el «Super Puma», como así fue, lo conveniente era
usarlo en otros servicios del Estado «como el forestal».
Cumplió sus funciones
No obstante, el aparato de diseño francés cumplió después a la
perfección las misiones de trasporte de tropas y envío de ayuda
humanitaria en todas las zonas a dónde fue asignado. También en la
recuperación del islote Perejil. Pero nunca había actuado en una zona
tan difícil como las colinas y la altiplanicie de Afganistán donde,
además, como ahora se descubre, había una amenaza cierta de ser atacado
desde tierra con misiles o lanzagranadas.
El helicóptero siniestrado iba a tope de carga, con 17 soldados
totalmente pertrechado, munición y las dos ametralladoras que puede
equipar en las puertas.
Fuente: ABC
20/08/2005
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