Elie Wiesel,
filósofo israelí y premio Nobel de la Paz
«Si no hacemos nada
serio, el XXI quedará para los anales como el siglo del terrorismo»
Galardonado
en 1986 por sus esfuerzos en pro de la paz, escritor y ensayista, Wiesel
considera que «el fanatismo es una tentación universal», más allá de
cualquier religión
- Con la evacuación de
Gaza, muchos comentaristas insisten en la conversión del primer ministro
israelí al «pragmatismo»...
- Esta evolución de Ariel Sharón no me sorprende. Lo esperaba desde que
se convirtió en primer ministro. Es una constante en la historia de
Israel. Cada vez que un general accede a altas responsabilidades
políticas, se transforma en un hombre de paz y pone toda su energía y su
creatividad al servicio de un acuerdo pacífico. Este cambio filosófico y
político se produjo el día en que Sharón dijo públicamente -en mi
opinión, sin cinismo- que quería la creación de un Estado palestino.
- ¿Cómo contempla la retirada?
- En el último momento, aquellos que sueñan con incitar la violencia de
un sector minoritario han renunciado a su nociva política. La evacuación
de Gaza es una decisión soberana del pueblo de Israel. No puede ser
contestada.
- Emmanuel Lévinas decía que el hombre es más sagrado que la tierra.
¿Están de acuerdo los ultranacionalistas del sionismo religioso?
- Me siento cercano a la inspiración de Lévinas y a su «humanismo del
Otro hombre». Cuando en la Biblia se dice: «Construirán un santuario
para mí y habitaré en medio de ellos», se alude a una santidad que
depende de la conducta de los hombres y que procede de su capacidad para
observar un comportamiento ético. Siento inquietud cuando se olvida este
precepto y, de forma más amplia, cada vez que una religión sacrifica la
relación ética por la idolatría y el fanatismo. El judaísmo no está más
amenazado por estas desviaciones que otras religiones. El fanatismo es
una tentación universal, que induce a los hombres a cometer actos que el
Dios que pretenden reclamar para sí sólo puede reprobar.
- Spinoza lo llamaba «hacer delirar a los dioses con los hombres»...
- En efecto. Si, por ejemplo, un fanático utiliza los rollos de la Torá
para matar a otros hombres, lo único que hace es invertir la escala de
los valores religiosos, que siempre sitúa la vida por encima de la Ley.
En el judaísmo, el lugar más sagrado es el Templo. Imaginemos que un
hombre incendia el Templo y que, por ello, es asesinado por otro. ¿Cuál
de los dos es más culpable? Para los estudiosos del Talmud está claro:
si hubiese quedado con vida, el pirómano debería ser castigado con 39
latigazos; pero quien acabó con su vida merece, según ellos, la pena
capital. Conforme a la ética del judaísmo, ¡cualquier vida es más
sagrada que el más sagrado de los lugares de la Tierra!
- ¿Cuál es el peligro para Israel?
- No caigo en el pesimismo. Estoy convencido de que Sharón quiere la
paz. Pronto nacerá un Estado palestino y cuanto antes ocurra, mejor.
Pero Israel fue el primero en estar expuesto al peligro que ahora
amenaza al mundo: el terrorismo suicida. He propuesto declarar el
terrorismo «crimen contra la humanidad». Esta denominación no ejercería
un efecto disuasorio sobre los terroristas pero sí sobre sus cómplices.
Además, habría que dejar de calificar a los autores de atentados
suicidas de kamikazes. Éstos siempre han sido soldados y sus objetivos
eran exclusivamente otros militares. En cuanto a los nihilistas del
siglo XIX, descritos por Dostoievski o Camus, asesinaban a los
gobernantes pero dejaban con vida a sus mujeres e hijos... En Israel, en
Nueva York, en Madrid o en Londres, las víctimas son siempre los
civiles, de cualquier edad y condición.
- Durante mucho tiempo, el terrorismo fue considerado como una
rebelión desesperada...
- Esta interpretación se basa en un contrasentido. La gran mayoría de
los terroristas del 11-S pertenecían a familias muy acomodadas. Por otro
lado, ¿dónde está la desesperación cuando se elige la muerte no para
morir, sino para matar? Es necesario reducir la pobreza y la
malnutrición a escala mundial, pero no nos engañemos: en este caso, no
es la miseria la que alimenta el terrorismo. Es el fanatismo.
- Esto suena a «apocalipticismo»...
- En efecto, el gran peligro que nos amenaza colectivamente es esta
forma de guerra del todo atípica e inédita que culmina con el culto a la
aniquilación. Hoy resulta fácil matar a gran escala... Me obsesionan
esas imágenes de devastación. Mi actividad como profesor y escritor me
ha convencido de lo decisivo de la educación. Pero ésta exige disponer
de tiempo. ¿Disponemos de él frente a la borrachera de destrucción del
terrorismo, frente al espectro de ataques químicos y bacteriológicos?
- ¿Estamos obsesionados por apaciguar?
- Entre el apaciguamiento y la paz, elijo la paz. El apaciguamiento no
es más que la caricatura de la paz. En cambio, la paz merece sacrificar
muchas cosas. Los israelíes lo demuestran de modo ejemplar. Volviendo al
terrorismo masivo, si no se hace nada serio, el siglo XXI quedará para
los anales de la historia como el siglo del terrorismo. Y sólo tenemos
un recurso.
- ¿Cuál?
- Convocar una conferencia de emergencia de ámbito internacional que
permita a los jefes de Estado tomar iniciativas concertadas.
- La denuncia contra Israel y el sionismo gana fuerza...
- Este rebrote procede de personas de las que esperaba otra cosa. Desde
hace cierto tiempo, son gentes de la extrema izquierda quienes encabezan
la ofensiva ideológica que compara el Estado de Israel con la Alemania
nazi, o señala similitudes entre Sharón y Hitler.
- ¿Cuáles son las raíces intelectuales y políticas de estas ideas?
- El origen de este nuevo antisemitismo se remonta a la primera Intifada.
Muchos comentaristas y periodistas empezaron entonces a perder toda
mesura en su forma de relatar el conflicto. Su capacidad crítica estaban
hipnotizada por el espectáculo esquemático del enfrentamiento entre unos
tanques y unos niños armados con piedras. ¡Resulta más fácil criticar a
los tanquistas que a los padres que envían a sus hijos a primera línea!
Además, muchos ven, y les molesta, una convergencia total entre los
intereses, las ambiciones y los medios de una pequeña nación como Israel
y de una gran potencia como Estados Unidos. Si añade un ingrediente
religioso a estas teorías geopolíticas, obtendrá un veneno temible.
Fuente: ABC
20/08/2005
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