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Lunes, 29 de agosto de 2005


Seguridad Corporativa y Protección del Patrimonio
Seguridad Pública y Protección Civil

Francia, bajo el ojo del «Gran Hermano»

Un proyecto de ley prevé instalar hasta 22.500 cámaras de vigilancia en lugares públicos de París.

 

La rápida identificación de los responsables de los atentados de Londres a través de imágenes grabadas abre en la República el debate entre seguridad y libertad

El 7-J marcará un antes y un después en el uso de la tecnología para la prevención de actos terroristas. Así lo anticipaba la Policía francesa tras los ataques en Londres y, así, el Gobierno galo ha dispuesto que esto ocurra con la presentación de un proyecto de ley antiterrorista que apoyará la proliferación de cámaras de vigilancia policial en las vías públicas, y que será la piedra angular de su lucha contra el terrorismo aunque con ello cuestione la protección de las libertades individuales.

La Policía de Francia se ha visto sorprendida por la rapidez de Scotland Yard en la identificación de quienes perpetraron los brutales ataques del mes pasado en la capital británica, para la cual la vigilancia electrónica en lugares públicos fue un elemento clave, aunque ya habitual en las labores de investigación criminal del Reino Unido, donde el uso de las imágenes es libre. En un intento de adquirir esta eficacia, la República Francesa está decidida a sumarse a la moda europea de modificar la legislación actual para modernizar sus medios tradicionales de investigación.

Un gigantesco despliegue de cámaras en las vías públicas, el aumento del período de conservación de las imágenes (ahora limitados a un mes) y la retención de datos de las llamadas telefónicas, conforman el boceto adoptado en el país vecino, que ha despertado la ira de la Liga de los Derechos de Hombre en Francia, cuyo comisario de libertad e informática, Alain Weber, declaró a ABC que todo esto «es una máscara del ministro del Interior, Nicolas Sarkozy, y de la Europa democrática».

Filmados 300 veces al día

De las 20.000 cámaras situadas en los lugares públicos de París, 6.500 están instaladas en el metro y en los trenes. Se estima que esta cifra aumentará a 9.000 si el proyecto de ley entra en vigor. Una cantidad alarmante pero modesta si la comparamos con los 4 millones de «ojos electrónicos» que controlan los gestos y movimientos de los ciudadanos más espiados del mundo, los británicos, que en Londres llegan a ser filmados alrededor de 300 veces al día.

Carteles con advertencias del tipo: «Para su tranquilidad y seguridad este autobús está siendo vigilado a través de cámaras con grabadora», están presentes en los autobuses de París, donde da vértigo pensar en la cantidad de imágenes que cada día dejamos en aparatos de los que no sabemos ni por quiénes están siendo controlados, ni qué uso están dando a las mismas.

No se le puede negar a esta polémica medida de seguridad que en numerosas ocasiones haya sido una fuente de información determinante, y que haya proporcionado luz en la sombra de numerosos casos de investigación. Contribuyó a esclarecer la autoría de los atentados del 11-S, los del 11-M en nuestro país, y la de los del mes pasado en Londres. Tampoco se puede negar que existe un mayor índice de fiabilidad cuando los hechos son observados a través del objetivo de una cámara, que cuando éstos son reconstruidos por testimonios de personas posiblemente afectadas.

Pero también es cierto que las cámaras no lograron evitar los grandes atentados que hemos sufrido en los últimos años. De este argumento se sirven los grupos de defensa de las libertades individuales franceses, como la Liga de los Derechos del Hombre, o el grupo «Sonría, está siendo filmado», que condenan el uso del terrorismo como pretexto por parte del Gobierno. Alain Weber afirma en nombre de la Liga que hasta ahora «nunca ha sido demostrado que la televigilancia combata la delincuencia», pero sí podría considerarse, abunda Webwer, la posibilidad de que el fraude y los comportamientos incivilizados «estén siendo desviados» a aquellos sectores donde la apuesta por el uso de las cámaras es menor o nula.

«1984»

Medio siglo después de que la imaginación premonitoria de George Orwell nos sedujese con su novela «1984», vivimos en una sociedad que se vigila a sí misma y donde encarnar a los jóvenes rebeldes Winston y Julia bajo el ojo del «Gran Hermano» será el papel más difícil de interpretar.

Fuente: ABC
21/08/2005

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