Francia, bajo el ojo del «Gran Hermano»
Un proyecto de ley
prevé instalar hasta 22.500 cámaras de vigilancia en lugares públicos de
París.
La rápida identificación
de los responsables de los atentados de Londres a través de imágenes
grabadas abre en la República el debate entre seguridad y libertad
El 7-J marcará un
antes y un después en el uso de la tecnología para la prevención de
actos terroristas. Así lo anticipaba la Policía francesa tras los
ataques en Londres y, así, el Gobierno galo ha dispuesto que esto ocurra
con la presentación de un proyecto de ley antiterrorista que apoyará la
proliferación de cámaras de vigilancia policial en las vías públicas, y
que será la piedra angular de su lucha contra el terrorismo aunque con
ello cuestione la protección de las libertades individuales.
La Policía de Francia se ha visto sorprendida por la rapidez de Scotland
Yard en la identificación de quienes perpetraron los brutales ataques
del mes pasado en la capital británica, para la cual la vigilancia
electrónica en lugares públicos fue un elemento clave, aunque ya
habitual en las labores de investigación criminal del Reino Unido, donde
el uso de las imágenes es libre. En un intento de adquirir esta
eficacia, la República Francesa está decidida a sumarse a la moda
europea de modificar la legislación actual para modernizar sus medios
tradicionales de investigación.
Un gigantesco despliegue de cámaras en las vías públicas, el aumento del
período de conservación de las imágenes (ahora limitados a un mes) y la
retención de datos de las llamadas telefónicas, conforman el boceto
adoptado en el país vecino, que ha despertado la ira de la Liga de los
Derechos de Hombre en Francia, cuyo comisario de libertad e informática,
Alain Weber, declaró a ABC que todo esto «es una máscara del ministro
del Interior, Nicolas Sarkozy, y de la Europa democrática».
Filmados 300 veces al día
De las 20.000 cámaras situadas en los lugares públicos de París, 6.500
están instaladas en el metro y en los trenes. Se estima que esta cifra
aumentará a 9.000 si el proyecto de ley entra en vigor. Una cantidad
alarmante pero modesta si la comparamos con los 4 millones de «ojos
electrónicos» que controlan los gestos y movimientos de los ciudadanos
más espiados del mundo, los británicos, que en Londres llegan a ser
filmados alrededor de 300 veces al día.
Carteles con advertencias del tipo: «Para su tranquilidad y seguridad
este autobús está siendo vigilado a través de cámaras con grabadora»,
están presentes en los autobuses de París, donde da vértigo pensar en la
cantidad de imágenes que cada día dejamos en aparatos de los que no
sabemos ni por quiénes están siendo controlados, ni qué uso están dando
a las mismas.
No se le puede negar a esta polémica medida de seguridad que en
numerosas ocasiones haya sido una fuente de información determinante, y
que haya proporcionado luz en la sombra de numerosos casos de
investigación. Contribuyó a esclarecer la autoría de los atentados del
11-S, los del 11-M en nuestro país, y la de los del mes pasado en
Londres. Tampoco se puede negar que existe un mayor índice de
fiabilidad cuando los hechos son observados a través del objetivo de una
cámara, que cuando éstos son reconstruidos por testimonios de personas
posiblemente afectadas.
Pero también es cierto que las cámaras no lograron evitar los grandes
atentados que hemos sufrido en los últimos años. De este argumento se
sirven los grupos de defensa de las libertades individuales franceses,
como la Liga de los Derechos del Hombre, o el grupo «Sonría, está siendo
filmado», que condenan el uso del terrorismo como pretexto por parte del
Gobierno. Alain Weber afirma en nombre de la Liga que hasta ahora «nunca
ha sido demostrado que la televigilancia combata la delincuencia», pero
sí podría considerarse, abunda Webwer, la posibilidad de que el fraude y
los comportamientos incivilizados «estén siendo desviados» a aquellos
sectores donde la apuesta por el uso de las cámaras es menor o nula.
«1984»
Medio siglo después de que la imaginación premonitoria de George Orwell
nos sedujese con su novela «1984», vivimos en una sociedad que se vigila
a sí misma y donde encarnar a los jóvenes rebeldes Winston y Julia bajo
el ojo del «Gran Hermano» será el papel más difícil de interpretar.
Fuente: ABC
21/08/2005