Seguridad Medioambiental
y Protección del Entorno
 |
|
| |
 |
|
|
«Pastores eléctricos»
enseñan a las crías de águila imperial a evitar las descargas en Doñana
Los científicos
aumentarán el número de hembras para intentar asegurar la continuidad de
la especie
Durante
los últimos trece años los investigadores han comprobado que siete de
cada diez ejemplares de águila imperial que han abandonado el nido son
machos
Descubierta en 1860 por el naturalista alemán Brehm, su nombre
científico, Aquila adalberti, hace honor al príncipe Adalberto de
Baviera con cuyo apoyo se financiaron las primeras investigaciones sobre
la nueva especie. Por aquel entonces, nada hacía adivinar que esta rapaz
acabaría convirtiéndose, junto con el lince, en la especie más
emblemática de la naturaleza ibérica y en una de las aves más amenazadas
del planeta.
Durante la década de los 60, y al borde de la extinción, la última
población reproductora a nivel mundial sobrevivía en precarias
condiciones en tierras españolas. Hoy, gracias al empeño y el trabajo de
muchos, unas 220 parejas vuelan, cazan y se reproducen dentro de
nuestras fronteras. No obstante, su población sufre un serio declive en
una de las joyas naturales más importantes del país: Doñana.
«Debido a su situación de aislamiento territorial, la cifra de
parejas se ha reducido a la mitad en los últimos años», explica el
investigador Miguel Ferrer. El número de parejas ha pasado de una media
de 15 a 7. Según los estudios, este fenómeno se debe al aumento de la
mortalidad de adultos, que ha subido del 6 al 12 por ciento.
Iniciativas pioneras
La preocupación por conservar la escasa población de Doñana ha llevado a
un equipo de científicos del Consejo Superior de Investigaciones
Científicas (CSIC) -que dirige Ferrer- a poner en marcha dos pioneras
iniciativas para preservar la especie: un proyecto para aumentar el
número de hembras y un programa para reducir las muertes por
electrocución con un «pastor eléctrico» que enseña a las crías a evitar
los postes.
«Por primera vez comprobaremos si es posible inducir cambios culturales
en el comportamiento de especies amenazadas para enseñarles a evitar
peligros potenciales», explica esperanzado Ferrer. El método consiste
en situar en zonas cercanas a los nidos una serie de postes dotados con
un «pastor eléctrico» que cuando se posa la cría le provoca una descarga
inofensiva pero desagradable. Durante años, los postes eléctricos
llegaron a constituir la primera causa de mortalidad del águila
imperial, al ser responsables del 60 por ciento de las muertes de
jóvenes durante su primer año de vida. «Gracias al trabajo con las
empresas eléctricas las muertes por descarga se han reducido de manera
considerable -explica Ferrer- pero continúa siendo un problema».
En los últimos trece años (desde 1982 a 2005) los científicos de Doñana
han comprobado que siete de cada diez ejemplares de águila imperial que
han abandonado el nido son machos. Una desproporción que ha obligado a
poner en marcha un proyecto de corrección del ratio de sexos
-incrementando el número de hembras- para evitar la extinción de su
población local. «Al tratarse de una especie monógama el número de
parejas se ve limitado por esta circunstancia», precisa Ferrer. Una
proliferación de machos que encuentra su explicación en el hecho de que
en especies con dimorfismo sexual en tamaño -cuando uno de los sexos es
más grande que el otro- se tiende a producir más individuos del sexo más
«barato». En este caso, el macho de águila imperial es de menor
tamaño.
Los expertos del CSIC liberarán durante los próximos dos o tres años
unas 15 hembras. «Iniciaremos una especie de caravana de mujeres»,
comenta divertido Ferrer. Para ello se empleará la técnica de «Hacking»
o cría en semilibertad, que consiste en retirar a las hembras jóvenes de
sus nidos naturales cuando estos se encuentran en zonas donde los
polluelos corren un alto riesgo de mortalidad. Una vez instalados los
polluelos en una torreta ubicada en un lugar seguro comienza el periodo
de dependencia, durante el que son alimentados por los investigadores
hasta que se decide su dispersión juvenil.
Una técnica que encuentra su justificación en la impronta animal gracias
a la cual las águilas se identifican como tales a través de la
observación de sus congéneres. Pero a esta primera impronta se une otra:
la de su lugar de nacimiento y que será la que les haga volver a esa
zona a reproducirse. «Podríamos decir que dejamos a las águilas en el
nido el tiempo necesario para que sepan que son águilas -explica Ferrer-
y antes de que identifiquen su lugar de nacimiento las engañamos y las
llevamos a Doñana». Así, dentro de algunos años volverán a la zona y
acabarán reproduciéndose dentro de los límites de la que se considera la
mayor reserva ecológica de Europa.
Veneno y falta de conejos
La mortalidad de águilas imperiales en Doñana se ha doblado en los
últimos años pasando de un 6 a un 12 por ciento. Un descenso de la
población que se atribuye a la aparición de veneno y que parece estar
asociada a la disminución de los conejos por neumonía vírica. «Al
disminuir la densidad de conejos han aumentado los esfuerzos por
eliminar al zorro y otros predadores, usando todo tipo de métodos,
incluso ilegales como el veneno, aunque por fortuna ha remitido en los
últimos años», señala Miguel Ferrer, para quien aún a falta de
resultados las iniciativas por conservar a una de las cuatro aves de
presa más escasas del planeta «merecen la pena».
Fuente: ABC
22/08/2005