Gestión y Protección del
Conocimiento
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Las discográficas hallan
su 'tesoro antipiratas'
Las empresas
especializadas en conciertos tienen un crecimiento sostenido en los
últimos años. La necesidad de las discográficas de frenar la sangría de
las copias ilegales estimula a un sector que incide en la calidad de la
oferta de ocio y que busca rentabilizar el valor del idioma.
Imagina. ¿Quién podía
pensar hace sólo unos pocos años que la naciente industria de los
conciertos de música podría llegar a facturar casi 22.000 millones de
las antiguas pesetas? No todo este dinero corresponde al pago de los
espectadores, ya que la administración local -ayuntamientos y
diputaciones- subvenciona parte o la totalidad de la organización de
algunos festivales, sobre todo en épocas preelectorales. Aún así, los
datos recogidos por la Sociedad General de Autores (SGAE) confirman que
durante 2004, de los 21,5 millones de los asistentes a las actuaciones
de música en vivo, 12,1 millones pagaron algún tipo de entrada.
The Rolling Stones, Bob
Dylan, Hombres G, La Oreja de Van Gogh o Alejandro Sanz pasean sus
equipos de luz y sonido por los escenarios españoles dando vida al
negocio de los promotores musicales no sólo para aumentar sus ventas y
lanzar sus novedades. Los estrategas del marketing de los grandes sellos
musicales han caído en la cuenta de que sus cuentas de resultados y el
tesoro de sus derechos de autor son menos vulnerables a los piratas si
utilizan estas plataformas para lanzar, a su vez, las grabaciones de
estas actuaciones en vivo inmediatamente después de su celebración.

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Incluso, los internautas
avezados poco pueden hacer para sustraer de la Red los contenidos
musicales de la última actuación, por ejemplo, de U2 en España. Las
estrategias de lanzamiento de nuevas canciones, o versiones nuevas de
las anteriores, se mueven más aprisa que los dedos de los magos de las
copiadoras de CD.
Junto a esto, la mayor especialización de los promotores españoles en el
empaquetado de estos eventos sólo se ve frenada por la escasa producción
de música nacional exportable. Salvo Latinoamérica y con algunas
excepciones, o no hay bandas y cantautores con la calidad suficiente o
su producción musical aún sigue muy arraigada al folk nacional como para
ser solicitados en los escenarios extranjeros más exigentes.
Doctor Music, RLM, Iguapop, Promusicae, Sold Out o Syntorama son algunos
de los principales representantes de una industria que año a año aumenta
sus facturaciones. Además, comienzan a ser conscientes de que a la hora
de exportar conciertos, y a pesar de lo limitado de su oferta, el idioma
se revela como un valor añadido más.
Pero, sin duda, es en la organización de conciertos o macrofestivales en
España donde las empresas autóctonas están adquiriendo la maestría
necesaria para batirse con los grandes promotores internacionales. La
complejidad de la organización de estos eventos, donde los factores
logísticos son tan relevantes como los requerimientos de seguridad, está
dando lugar a la profesionalización de una amplia gama de tareas.
Dos son los puntos sensibles que condicionan esta industria, al margen
de los actos terroristas. El primero es que esta actividad creciente es
producto a la vez que reflejo de la evolución de la calidad de vida de
los ciudadanos. Y, segundo, es imprescindible la mejora y ampliación de
las salas de conciertos, además de la aparición de una demanda de unos
mínimos de calidad, según los promotores, para que el negocio adquiera
mayor peso.
En este último caso, es llamativo que de las comunidades autónomas
más activas en la celebración de conciertos de música en vivo, es la de
Madrid, con sólo 660 recintos, la que menos instalaciones posee, siendo
superada por Cataluña (2.188), Andalucía (2.018), País Vasco (1.025) y
Valencia (725), según datos de 2004.
Pero las cifras dicen su verdad y, a falta de instalaciones, el
empresariado está rentabilizando al máximo las existentes. Casi
finalizada la década de los 90, sólo se celebraban en España una media
de siete conciertos por recinto. En 2004 tuvieron lugar unos 10
conciertos de media por local. Y lo relevante, según la SGAE, es que el
número de estos eventos con más de 2.500 espectadores ha experimentado
un gran aumento en 2004, incluso sin contar con el tirón que produjo el
programa televisivo de Operación Triunfo -como sucedió en 2002-.
Sin duda, lo más relevante es el incremento en 2004 de la
facturación, contando incluso con una leve reducción de los
espectadores.
De la vitalidad que está demostrando esta industria, inserta y
necesitada de coordinación con el sector turístico, hablan los datos
globales que se incluyen en esta página. Incluyendo los macrofestivales,
el incremento de la recaudación ha sido de un 13,7% con respecto a 2003,
en una tendencia sostenida desde los cinco años anteriores. La música en
vivo está cobrando cada vez más relevancia dentro de la actividad
económica del sector, que hasta ahora sólo bebía de las fuentes de las
grabaciones convencionales. Y si nos referimos exclusivamente a los
conciertos -esto es, descontando el efecto de los macrofestivales-, el
aumento de la facturación entre 2003 y 2004 ascendió un 15,3%.
Desde Fito y los Fitipaldis, los últimos de los 30 mejores grupos o
cantautores por recaudación de sus espectáculos en 2004 (con 357.000
euros), hasta el primer puesto ocupado por Paul McCartney (con 1,3
millones de euros recaudados), existe una pléyade compuesta por
Metallica (de los más activos), Alejandro Sanz, Sting, Luis Miguel,
Lenny Kravitz o El Canto del Loco.
Por comunidades autónomas, es Cataluña, con 27 millones de euros
recaudados en 2004, la que se mantiene en primera posición, seguida a
distancia por Madrid (20,9 millones de euros) y Andalucía (16,3).A
mucha distancia se mantiene el resto de las autonomías, siendo el País
Vasco (con 8 millones de euros recaudados en 2004) la comunidad más
activa en la organización de conciertos de música en vivo, siendo la que
más destaca entre el resto.
Por géneros musicales, el pop rock es el que domina, acumulando más del
60% de las entradas. El flamenco, a pesar de poseer un público fiel y
una amplia programación, no refleja su potencia en las taquillas.
Así, el pop rock sigue mandando en la programación de conciertos, de
modo que copa un tercio del total. El flamentco mantiene dos pautas.
Mientras que en el norte de España tiene un peso reducido, en la mitad
sur (Andalucía, Castilla-La Mancha y Extremadura), y en menor medida en
Madrid y Cataluña, representa un porcentaje muy significativo de los
conciertos.
Los datos referidos a la evolución de la facturación hay que mantenerlos
en cuarentena hasta comprobar cómo evoluciona el negocio en los próximos
ejercicios, ya que en 2004 sucedieron diversos acontecimientos que
pueden alterar las estadísticas.
Aragón mejoró sus cifras en 2004 con respecto a 2003, pero en parte
debido a la reactivación de los grandes conciertos. Galicia y Asturias
tuvieron también una ayuda gracias al impacto positivo del Xacobeo.
Cataluña celebró, a su vez, el Fórum en 2004. En una visión global, en
2004 se produjo un ligero descenso de la asistencia a los conciertos.
Aunque la cifra de 22 millones de espectadores a lo largo de un año
puede tomarse como patrón.
En cuanto a los macrofestivales celebrados en el pasado ejercicio, se
aprecia un leve retroceso en las recaudaciones, pero varios de ellos ya
se han consolidado a nivel nacional e, incluso, gozan de prestigio a
nivel internacional.
Es el caso del FIB (Festival Internacional de Benicàssim), de Sónar
(Festival Internacional de Música Avanzada y Arte Multimedia de
Barcelona) o de Womad Las Palmas. Uno de los que se está mostrando más
activos es el Festival Intercéltico de Ortigueira, al que asiten grupos
irlandeses, galeses, escoceses, gallegos, asturianos o bretones.
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Y así que
pasen 40 años |
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Os molesta no
poder oíros cantar?», preguntó un reportero el día después.
«Para nada», contestó John Lennon. «Tenemos los discos en casa».
La noche anterior, el 23 de agosto de 1965, 55.600 fans llenaron
ese santuario del béisbol que es el Shea Stadium de Nueva York
para ver, que no escuchar, a Los Beatles tocar 12 canciones en
poco más de media hora. Los amplificadores, rudimentarios
para los tiempos que corren, eran lo nunca visto en aquella
época pero fueron incapaces de superar el incesante griterío de
las teenagers enloquecidas.
Al final, Los
Beatles ni siquiera se molestaron en tocar. Cuando Paul
McCarteny entonó I'm Down, el último número, Lennon empezó a
pegarle al teclado con los codos, George Harrison, preso de
carcajadas, soltó su guitarra y Ringo Starr, sentado atrás con
su batería, que durante los 30 minutos había luchado inútilmente
por sincronizar con sus compis, se dio finalmente por vencido.
Los cuatro salieron del estadio en carrerilla, igual que
habían entrado, se metieron en la misma camioneta blindada de
Wells Fargo que les había traído y se fueron tan panchos con una
paga de 160.000 dólares de los de entonces.
Los Beatles habían llegado a Nueva York, después de una exitosa
gira europea, que incluyó una parada en la madrileña plaza de
Las Ventas, y fue en el Shea Stadium, hace 40 años esta pasada
semana, cuando el fenómeno del Rock Concert se consolidó como
uno de los grandes negocios de nuestro tiempo. McCartney sigue
cantando en estadios repletos, pero ahora sabe cuando está
desafinando. Salvo el poder de los vatios y la ausencia de
chillidos ensordecedores, todo sigue igual. Un padre pagó casi
1.000 dólares para que su hija escuchara a los Rolling Stones
tocar en Boston hace pocos días, y la quinceañera decretó al
salir del concierto que Mick Jagger era el hombre más sexy que
había visto en su vida. |
La industria que rodea la
música atraviesa por una durísima reconversión en todo el mundo, debido,
sobre todo, a las alteraciones sufridas en la distribución de sus
diferentes soportes. Las ventas mundiales de música grabada no dejan de
descender. En este nuevo terreno de juego, facilitado y dominado cada
vez más por las nuevas tecnologías, la industria de la música, en todas
sus vertientes, no parece tener otro camino para sobrevivir que
compaginar cada vez más sus lanzamientos de música enlatada con los
respectivos conciertos en vivo.
Conocedores de esta necesidad, los promotores españoles, al igual que
sus competidores extranjeros, no pueden fiar ni todo ni parte a las
subvenciones del ayuntamiento o del Gobierno autónomo de turno para
progresar en un negocio que cada vez exhibe más sus carencias de
proyección internacional.
Recientemente, el Club de Fútbol Barcelona ha recaudado medio millón de
euros por alquilar el Nou Camp para la actuación de U2. Es sólo una
muestra de los ingresos que se pueden generar para este tipo de
entidades, al mismo tiempo que suponen un factor de arrastre para la
ciudad donde se celebra el evento.
Otro asunto es el que grandes o pequeñas ciudades, y dependiendo de
su tradición musical -escasa en España-, posean las infraestructuras
necesarias para ofertar de forma sostenida la celebración de conciertos
con diferentes criterios de calidad.
Al mismo tiempo, los promotores españoles de conciertos, como está
haciendo el resto de los sectores empresariales del país, deben saltar
fronteras más competitivas que las latinoamericanas. De momento, como es
el caso reciente de El Canto del Loco, las giras se programan para
visitar Argentina, Chile o México. Comienza a rentabilizarse
musicalmente, después de siglos, el idioma. Pero Estados Unidos, es el
mercado musical que hay que conquistar, según los expertos, y hace falta
músculo financiero y corcheas.
Fuente: El Mundo
28/08/2005
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