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Miércoles, 31 de agosto de 2005


Gestión y Protección del Conocimiento

Las discográficas hallan su 'tesoro antipiratas'

Las empresas especializadas en conciertos tienen un crecimiento sostenido en los últimos años. La necesidad de las discográficas de frenar la sangría de las copias ilegales estimula a un sector que incide en la calidad de la oferta de ocio y que busca rentabilizar el valor del idioma.

 

Imagina. ¿Quién podía pensar hace sólo unos pocos años que la naciente industria de los conciertos de música podría llegar a facturar casi 22.000 millones de las antiguas pesetas? No todo este dinero corresponde al pago de los espectadores, ya que la administración local -ayuntamientos y diputaciones- subvenciona parte o la totalidad de la organización de algunos festivales, sobre todo en épocas preelectorales. Aún así, los datos recogidos por la Sociedad General de Autores (SGAE) confirman que durante 2004, de los 21,5 millones de los asistentes a las actuaciones de música en vivo, 12,1 millones pagaron algún tipo de entrada.

The Rolling Stones, Bob Dylan, Hombres G, La Oreja de Van Gogh o Alejandro Sanz pasean sus equipos de luz y sonido por los escenarios españoles dando vida al negocio de los promotores musicales no sólo para aumentar sus ventas y lanzar sus novedades. Los estrategas del marketing de los grandes sellos musicales han caído en la cuenta de que sus cuentas de resultados y el tesoro de sus derechos de autor son menos vulnerables a los piratas si utilizan estas plataformas para lanzar, a su vez, las grabaciones de estas actuaciones en vivo inmediatamente después de su celebración.


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Incluso, los internautas avezados poco pueden hacer para sustraer de la Red los contenidos musicales de la última actuación, por ejemplo, de U2 en España. Las estrategias de lanzamiento de nuevas canciones, o versiones nuevas de las anteriores, se mueven más aprisa que los dedos de los magos de las copiadoras de CD.

Junto a esto, la mayor especialización de los promotores españoles en el empaquetado de estos eventos sólo se ve frenada por la escasa producción de música nacional exportable. Salvo Latinoamérica y con algunas excepciones, o no hay bandas y cantautores con la calidad suficiente o su producción musical aún sigue muy arraigada al folk nacional como para ser solicitados en los escenarios extranjeros más exigentes.

Doctor Music, RLM, Iguapop, Promusicae, Sold Out o Syntorama son algunos de los principales representantes de una industria que año a año aumenta sus facturaciones. Además, comienzan a ser conscientes de que a la hora de exportar conciertos, y a pesar de lo limitado de su oferta, el idioma se revela como un valor añadido más.

Pero, sin duda, es en la organización de conciertos o macrofestivales en España donde las empresas autóctonas están adquiriendo la maestría necesaria para batirse con los grandes promotores internacionales. La complejidad de la organización de estos eventos, donde los factores logísticos son tan relevantes como los requerimientos de seguridad, está dando lugar a la profesionalización de una amplia gama de tareas.

Dos son los puntos sensibles que condicionan esta industria, al margen de los actos terroristas. El primero es que esta actividad creciente es producto a la vez que reflejo de la evolución de la calidad de vida de los ciudadanos. Y, segundo, es imprescindible la mejora y ampliación de las salas de conciertos, además de la aparición de una demanda de unos mínimos de calidad, según los promotores, para que el negocio adquiera mayor peso.

En este último caso, es llamativo que de las comunidades autónomas más activas en la celebración de conciertos de música en vivo, es la de Madrid, con sólo 660 recintos, la que menos instalaciones posee, siendo superada por Cataluña (2.188), Andalucía (2.018), País Vasco (1.025) y Valencia (725), según datos de 2004.

Pero las cifras dicen su verdad y, a falta de instalaciones, el empresariado está rentabilizando al máximo las existentes. Casi finalizada la década de los 90, sólo se celebraban en España una media de siete conciertos por recinto. En 2004 tuvieron lugar unos 10 conciertos de media por local. Y lo relevante, según la SGAE, es que el número de estos eventos con más de 2.500 espectadores ha experimentado un gran aumento en 2004, incluso sin contar con el tirón que produjo el programa televisivo de Operación Triunfo -como sucedió en 2002-.

Sin duda, lo más relevante es el incremento en 2004 de la facturación, contando incluso con una leve reducción de los espectadores.

De la vitalidad que está demostrando esta industria, inserta y necesitada de coordinación con el sector turístico, hablan los datos globales que se incluyen en esta página. Incluyendo los macrofestivales, el incremento de la recaudación ha sido de un 13,7% con respecto a 2003, en una tendencia sostenida desde los cinco años anteriores. La música en vivo está cobrando cada vez más relevancia dentro de la actividad económica del sector, que hasta ahora sólo bebía de las fuentes de las grabaciones convencionales. Y si nos referimos exclusivamente a los conciertos -esto es, descontando el efecto de los macrofestivales-, el aumento de la facturación entre 2003 y 2004 ascendió un 15,3%.

Desde Fito y los Fitipaldis, los últimos de los 30 mejores grupos o cantautores por recaudación de sus espectáculos en 2004 (con 357.000 euros), hasta el primer puesto ocupado por Paul McCartney (con 1,3 millones de euros recaudados), existe una pléyade compuesta por Metallica (de los más activos), Alejandro Sanz, Sting, Luis Miguel, Lenny Kravitz o El Canto del Loco.

Por comunidades autónomas, es Cataluña, con 27 millones de euros recaudados en 2004, la que se mantiene en primera posición, seguida a distancia por Madrid (20,9 millones de euros) y Andalucía (16,3).A mucha distancia se mantiene el resto de las autonomías, siendo el País Vasco (con 8 millones de euros recaudados en 2004) la comunidad más activa en la organización de conciertos de música en vivo, siendo la que más destaca entre el resto.

Por géneros musicales, el pop rock es el que domina, acumulando más del 60% de las entradas. El flamenco, a pesar de poseer un público fiel y una amplia programación, no refleja su potencia en las taquillas.

Así, el pop rock sigue mandando en la programación de conciertos, de modo que copa un tercio del total. El flamentco mantiene dos pautas. Mientras que en el norte de España tiene un peso reducido, en la mitad sur (Andalucía, Castilla-La Mancha y Extremadura), y en menor medida en Madrid y Cataluña, representa un porcentaje muy significativo de los conciertos.

Los datos referidos a la evolución de la facturación hay que mantenerlos en cuarentena hasta comprobar cómo evoluciona el negocio en los próximos ejercicios, ya que en 2004 sucedieron diversos acontecimientos que pueden alterar las estadísticas.

Aragón mejoró sus cifras en 2004 con respecto a 2003, pero en parte debido a la reactivación de los grandes conciertos. Galicia y Asturias tuvieron también una ayuda gracias al impacto positivo del Xacobeo. Cataluña celebró, a su vez, el Fórum en 2004. En una visión global, en 2004 se produjo un ligero descenso de la asistencia a los conciertos. Aunque la cifra de 22 millones de espectadores a lo largo de un año puede tomarse como patrón.

En cuanto a los macrofestivales celebrados en el pasado ejercicio, se aprecia un leve retroceso en las recaudaciones, pero varios de ellos ya se han consolidado a nivel nacional e, incluso, gozan de prestigio a nivel internacional.

Es el caso del FIB (Festival Internacional de Benicàssim), de Sónar (Festival Internacional de Música Avanzada y Arte Multimedia de Barcelona) o de Womad Las Palmas. Uno de los que se está mostrando más activos es el Festival Intercéltico de Ortigueira, al que asiten grupos irlandeses, galeses, escoceses, gallegos, asturianos o bretones.

Y así que pasen 40 años

Os molesta no poder oíros cantar?», preguntó un reportero el día después. «Para nada», contestó John Lennon. «Tenemos los discos en casa». La noche anterior, el 23 de agosto de 1965, 55.600 fans llenaron ese santuario del béisbol que es el Shea Stadium de Nueva York para ver, que no escuchar, a Los Beatles tocar 12 canciones en poco más de media hora. Los amplificadores, rudimentarios para los tiempos que corren, eran lo nunca visto en aquella época pero fueron incapaces de superar el incesante griterío de las teenagers enloquecidas.

Al final, Los Beatles ni siquiera se molestaron en tocar. Cuando Paul McCarteny entonó I'm Down, el último número, Lennon empezó a pegarle al teclado con los codos, George Harrison, preso de carcajadas, soltó su guitarra y Ringo Starr, sentado atrás con su batería, que durante los 30 minutos había luchado inútilmente por sincronizar con sus compis, se dio finalmente por vencido.

Los cuatro salieron del estadio en carrerilla, igual que habían entrado, se metieron en la misma camioneta blindada de Wells Fargo que les había traído y se fueron tan panchos con una paga de 160.000 dólares de los de entonces.

Los Beatles habían llegado a Nueva York, después de una exitosa gira europea, que incluyó una parada en la madrileña plaza de Las Ventas, y fue en el Shea Stadium, hace 40 años esta pasada semana, cuando el fenómeno del Rock Concert se consolidó como uno de los grandes negocios de nuestro tiempo. McCartney sigue cantando en estadios repletos, pero ahora sabe cuando está desafinando. Salvo el poder de los vatios y la ausencia de chillidos ensordecedores, todo sigue igual. Un padre pagó casi 1.000 dólares para que su hija escuchara a los Rolling Stones tocar en Boston hace pocos días, y la quinceañera decretó al salir del concierto que Mick Jagger era el hombre más sexy que había visto en su vida.

La industria que rodea la música atraviesa por una durísima reconversión en todo el mundo, debido, sobre todo, a las alteraciones sufridas en la distribución de sus diferentes soportes. Las ventas mundiales de música grabada no dejan de descender. En este nuevo terreno de juego, facilitado y dominado cada vez más por las nuevas tecnologías, la industria de la música, en todas sus vertientes, no parece tener otro camino para sobrevivir que compaginar cada vez más sus lanzamientos de música enlatada con los respectivos conciertos en vivo.

Conocedores de esta necesidad, los promotores españoles, al igual que sus competidores extranjeros, no pueden fiar ni todo ni parte a las subvenciones del ayuntamiento o del Gobierno autónomo de turno para progresar en un negocio que cada vez exhibe más sus carencias de proyección internacional.

Recientemente, el Club de Fútbol Barcelona ha recaudado medio millón de euros por alquilar el Nou Camp para la actuación de U2. Es sólo una muestra de los ingresos que se pueden generar para este tipo de entidades, al mismo tiempo que suponen un factor de arrastre para la ciudad donde se celebra el evento.

Otro asunto es el que grandes o pequeñas ciudades, y dependiendo de su tradición musical -escasa en España-, posean las infraestructuras necesarias para ofertar de forma sostenida la celebración de conciertos con diferentes criterios de calidad.

Al mismo tiempo, los promotores españoles de conciertos, como está haciendo el resto de los sectores empresariales del país, deben saltar fronteras más competitivas que las latinoamericanas. De momento, como es el caso reciente de El Canto del Loco, las giras se programan para visitar Argentina, Chile o México. Comienza a rentabilizarse musicalmente, después de siglos, el idioma. Pero Estados Unidos, es el mercado musical que hay que conquistar, según los expertos, y hace falta músculo financiero y corcheas.

Fuente: El Mundo
28/08/2005

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