Japón reformará su Constitución pacifista para convertirse en una
potencia militar
En su primera
revisión desde 1947, Tokio eliminará algunos principios antibélicos del
texto impuesto por EE.UU. tras la Segunda Guerra Mundial
Por primera vez desde su
promulgación en 1947, la Constitución pacifista de Japón será
reformada. La revisión de la Carta Magna nipona, impuesta por
Estados Unidos tras la Segunda Guerra Mundial, afectará, precisamente, a
los principios antibélicos que la convertían en un ejemplo único en el
mundo.
Así lo reveló ayer, durante la celebración de su 50 aniversario, el
Partido Liberal Democrático (PLD), cuyo líder, Junichiro Koizumi, logró
una aplastante victoria en las elecciones de septiembre.
Aunque el borrador del PLD mantiene el artículo 9, que establece que «el
pueblo japonés renuncia a la guerra como un derecho soberano de la
nación y a las amenazas o al uso de la fuerza como medios para resolver
disputas internacionales», incorpora significativas novedades
para ampliar el papel del Ejército nipón, denominado hasta
ahora Fuerzas de Autodefensa. Bajo este eufemismo se oculta una potente
maquinaria militar con más de 250.000 soldados y un presupuesto anual de
37.590 millones de euros.
La nueva redacción suprimirá un párrafo donde reza que «fuerzas de
tierra, mar y aire, así como otro potencial de guerra, nunca serán
mantenidas» por otro en el que se afirma que «para garantizar la paz y
la independencia de nuestro país, así como la seguridad del Estado y del
pueblo, las fuerzas militares para la autodefensa serán mantenidas bajo
la autoridad del primer ministro como supremo comandante».
Militares en el extranjero
Además, la futura Constitución aclara los casos en los cuales el
Ejército japonés, que recibe por primera vez este nombre en el borrador,
podrá participar en misiones en el extranjero. «Junto a las actividades
necesarias para la autodefensa, las Fuerzas Armadas pueden tomar parte
en los esfuerzos para mantener la paz en el mundo y la seguridad bajo
la cooperación internacional, así como para preservar el orden
público fundamental en nuestro país», proclama el texto, que prevé la
creación de un tribunal castrense y de un auténtico Ministerio cuyas
funciones eran desarrolladas hasta ahora por la Agencia de Defensa, de
menor rango.
Con esta nueva atribución de competencias, el Gobierno nipón ya no
tendrá que interpretar la Carta Magna, como hizo en la revisión
efectuada en 1992, para justificar el envío de sus tropas a zonas de
conflicto como Afganistán o Irak, donde tiene destinados a unos 600
soldados.
«En esta época de grandes cambios, es nuestra responsabilidad llevar a
cabo las reformas necesarias para mantener la paz», esgrimió Koizumi,
empeñado en relanzar el papel de Tokio como potencia militar y uno de
los más fieles aliados de EE.UU. en su guerra contra el terrorismo.
Fuente: ABC
23.11.05