Saqueo de incunables en Cuenca
La catedral y el
seminario sufren el robo sistemático de libros de gran valor
El robo ha sido
sistemático. Durante los últimos 25 años alguien, aún no se sabe
quién, ha estado hurtando libros de valor incalculable de las
bibliotecas del seminario y la catedral de Cuenca para ponerlos a
subasta y sacarse unos miles de euros. Ese alguien se los daba a José
Francisco Javier Real Rolania -un hombre que fue detenido en 1981 por
robar mapas antiguos en la Biblioteca Nacional-, quien los depositaba en
la sala de subastas Durán, la de la calle de Serrano de Madrid, para
venderlos. Durante esos años, han desaparecido 735 libros, 12 de ellos
incunables. Lo curioso es que el canónigo de la catedral de Cuenca
Clementino Sanz y Díaz fue procesado en 1985 por haberse llevado desde
1968 un millar de libros antiguos. Algunos los vendió a la Biblioteca
Nacional. Una almoneda.
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Guardias civiles revisan la
biblioteca del seminario de Cuenca para el recuento de los
libros sustraídos |
El rastro de los
libros robados fue localizado por la Guardia Civil durante
una inspección rutinaria en salas de subastas. Los agentes
de Patrimonio Histórico comprobaron que el tal Real Rolania era quien
había depositado allí los libros. Al cotejar sus datos, supo que Real
Rolania era el presunto autor de la sustracción de varios valiosos
mapas, datados entre los siglos XVI a XVIII, en la Biblioteca Nacional
de Madrid. Fue en 1981 y para conseguir el botín había falsificado un
carné de investigador. Luego, con una cuchilla, cortó los mapas, los
ocultó bajo el abrigo y se los llevó.
La Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil cotejó el Catálogo
General de Incunables y llegó a una certeza: 42 ejemplares de los siglos
XV al XVIII, entre ellos 12 incunables (confeccionados desde la
invención de la imprenta en 1440 hasta principios del XVI) procedían de
la Biblioteca del Seminario Conciliar de San Julián de Cuenca y de los
fondos bibliotecarios de la catedral. A algunos libros les habían
borrado el sello de la biblioteca de procedencia por medios químicos,
pero a otros se los habían recortado. A una obra de Erasmo de Rotterdam,
por ejemplo, le habían cortado el sello en la página 1, pero también en
la 21 y la 121.
Real Rolania fue detenido, pero había que determinar cuántos libros
faltaban, ya que los bibliotecarios conquenses lo ignoraban. Un equipo
del Grupo de Patrimonio tuvo que revisar las bibliotecas, con más de
40.000 volúmenes. Faltaban 735. Los investigadores han recuperado 249,
la mayoría de los cuales se han requisado a quienes los compraron en
subasta. Éstos, si desconocían la ilicitud, tendrán que reclamar la
devolución del dinero al subastador. Sólo un lote de seis incunables fue
vendido por 120.000 euros. Otros 280 libros están localizados (uno en
Reino Unido y otro en Suiza). Del resto, ni rastro.
El trabajo de investigación sobre el saqueo ha sido presentado durante
un seminario sobre tráfico ilícito de bienes culturales, que ha
organizado la Guardia Civil en Madrid, con 40 representantes de 24
países y de organismos como Interpol, Europol o la Unesco. Allí se han
cambiado cromos sobre cómo localizar estos bienes y sobre cómo cooperar
para ello.
Pero queda la gran duda: ¿quién sacó esos libros? Aún no se sabe.
El arrestado no tenía acceso legal a esos centros. La Guardia Civil ha
visto en sus archivos que el ex canónigo archivero de la catedral
Clementino Sanz y Díaz fue condenado en 1985 a cuatro meses de arresto
mayor, por un delito de hurto continuado, con la circunstancia agravante
de abuso de confianza. Se había llevado entre 1968 y 1981 708 volúmenes
impresos y 37 manuscritos. Entonces vendió tres libros a la Biblioteca
Nacional por 400.000 pesetas. Dijo que los había adquirido por 5.000
pesetas en el Rastro. Lo dicho, una almoneda.
Fuente: El País
01.12.05
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