Austerlitz, ¿orgullo o vergüenza?
El 2 de diciembre
de 1805, Napoleón y varios mariscales de leyenda, como Murat, Davout,
Soult y Lannes, al frente de 73.000 soldados, destruyeron a las tropas
imperiales de Francisco II de Austria y Alejandro I de Rusia en épico
combate
El bicentenario de la
batalla más legendaria de la historia militar de Francia, Austerlitz,
está empañado por la oposición violenta entre quienes -minoritarios,
pero influyentes- denuncian en Napoleón un «antecesor» de Hitler y
reclaman una revisión en profundidad de la epopeya napoleónica y el
pasado colonial, y quienes -muy mayoritarios, pero acosados- continúan
considerando al Emperador como una gloria nacional.
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Unos cuatro mil militares de
24 países, vestidos con los uniformes de la época, se
dirigieron ayer a Slavkov (antes Austerlitz) |
Las recientes jornadas de
incendios, disturbios y destrucciones en los suburbios de París y las
grandes ciudades ha dado a tales enfrentamientos una dimensión
política desestabilizadora: una Francia profundamente dividida ante
su pasado colonial y la difícil integración de los franceses de distinta
raza y religión, originarios del Caribe, África o el Magreb.
Ante tales problemas de fondo, Jacques Chirac ha preferido abstenerse de
la participación en las ceremonias del bicentenario, ordenando a su
Gobierno -entre los que hay eminentes bonapartistas, como Dominique de
Villepin, primer ministro- adoptar un «perfil bajo» que no engaña a los
adversarios de Napoleón y suscita profundas reservas entre los militares
y las elites apegadas al culto napoleónico.
El 2 de diciembre de 1805, Napoleón y varios mariscales de leyenda, como
Murat, Davout, Soult y Lannes, al frente 73.000 soldados, destruyeron en
épico combate a las tropas imperiales de Francisco II de Austria y
Alejandro I de Rusia. La leyenda napoleónica alcanzaba el cenit
inmortalizado más tarde en la primera página de «La Cartuja de Parma»,
de Stendhal.
Muchas generaciones de escolares han estudiado de memoria esa página
capital de la historia literaria. La celebración de la leyenda
napoleónica afecta a todos los pilares de la memoria nacional. En Saint-Cyr
y las escuelas de oficiales, Austerlitz es la batalla que continúa
enseñándose como un modelo, entre los clásicos de la estrategia. Entre
las elites aristocráticas de Francia, los herederos de los mariscales
del Imperio siguen ejerciendo puestos de influencia. En la historia
política del Estado, Napoleón, el Imperio y sus batallas -inmortalizadas
en el Arco del Triunfo en la parisina Plaza de la Estrella- ocupan un
puesto esencial, entre Vercingetorix y el general De Gaulle, entre la
Revolución y la V República.
De ahí la tragedia actual. Historiadores como Jean Tullard, el
patriarca de los estudios sobre Napoleón, considera «vergonzante» que
Chirac no haya participado en las ceremonias oficiales del bicentenario
de Austerlitz. Entre los generales y oficiales del Ejército de Tierra se
murmura, tras el anonimato obligado: «Es algo lamentable. Francia envía
su portaaviones Charles de Gaulle para conmemorar la derrota humillante
de Trafalgar, pero nuestro jefe del Estado se calla y se oculta cuando
es invitado a participar en las ceremonias de recuerdo de la más
gloriosa de las batallas de Francia».
En la plaza de la Concordia
Oficiales, nobleza imperio, universitarios y un interminable rosario de
organizaciones participarán hoy en varias ceremonias de recuerdo de la
victoria de Austerlitz, en la parisina plaza de la Concordia, que
también fue la plaza donde estuvo instalada la guillotina durante el
Terror (1793). Ni Chirac, ni Villepin, ni Michelle-Alliot-Marie,
ministra de la Defensa, participarán en las ceremonias.
A la misma hora, varias organizaciones han convocado una manifestación
de protesta y denuncia contra el pasado colonial de Francia. Los
organizadores recuerdan que Napoleón restauró la esclavitud en las
antiguas colonias. El polemista Claude Ribbe ha publicado «El crimen de
Napoleón», comparando su legado con el genocidio de Hitler.
Una opinión ultraminoritaria pero que hace estragos, cuando en las
escuelas y universidades prolifera el debate sobre el pasado colonial,
con ramificaciones con los problemas de desintegración social de los
suburbios.
Fuente: ABC
03.12.05
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