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Miércoles, 7 de diciembre de 2005


Seguridad Colectiva y Defensa Nacional

Austerlitz, ¿orgullo o vergüenza?

El 2 de diciembre de 1805, Napoleón y varios mariscales de leyenda, como Murat, Davout, Soult y Lannes, al frente de 73.000 soldados, destruyeron a las tropas imperiales de Francisco II de Austria y Alejandro I de Rusia en épico combate

 

El bicentenario de la batalla más legendaria de la historia militar de Francia, Austerlitz, está empañado por la oposición violenta entre quienes -minoritarios, pero influyentes- denuncian en Napoleón un «antecesor» de Hitler y reclaman una revisión en profundidad de la epopeya napoleónica y el pasado colonial, y quienes -muy mayoritarios, pero acosados- continúan considerando al Emperador como una gloria nacional.

Foto: ABC
Unos cuatro mil militares de 24 países, vestidos con los uniformes de la época, se dirigieron ayer a Slavkov (antes Austerlitz)

Las recientes jornadas de incendios, disturbios y destrucciones en los suburbios de París y las grandes ciudades ha dado a tales enfrentamientos una dimensión política desestabilizadora: una Francia profundamente dividida ante su pasado colonial y la difícil integración de los franceses de distinta raza y religión, originarios del Caribe, África o el Magreb.

Ante tales problemas de fondo, Jacques Chirac ha preferido abstenerse de la participación en las ceremonias del bicentenario, ordenando a su Gobierno -entre los que hay eminentes bonapartistas, como Dominique de Villepin, primer ministro- adoptar un «perfil bajo» que no engaña a los adversarios de Napoleón y suscita profundas reservas entre los militares y las elites apegadas al culto napoleónico.

El 2 de diciembre de 1805, Napoleón y varios mariscales de leyenda, como Murat, Davout, Soult y Lannes, al frente 73.000 soldados, destruyeron en épico combate a las tropas imperiales de Francisco II de Austria y Alejandro I de Rusia. La leyenda napoleónica alcanzaba el cenit inmortalizado más tarde en la primera página de «La Cartuja de Parma», de Stendhal.

Muchas generaciones de escolares han estudiado de memoria esa página capital de la historia literaria. La celebración de la leyenda napoleónica afecta a todos los pilares de la memoria nacional. En Saint-Cyr y las escuelas de oficiales, Austerlitz es la batalla que continúa enseñándose como un modelo, entre los clásicos de la estrategia. Entre las elites aristocráticas de Francia, los herederos de los mariscales del Imperio siguen ejerciendo puestos de influencia. En la historia política del Estado, Napoleón, el Imperio y sus batallas -inmortalizadas en el Arco del Triunfo en la parisina Plaza de la Estrella- ocupan un puesto esencial, entre Vercingetorix y el general De Gaulle, entre la Revolución y la V República.

De ahí la tragedia actual. Historiadores como Jean Tullard, el patriarca de los estudios sobre Napoleón, considera «vergonzante» que Chirac no haya participado en las ceremonias oficiales del bicentenario de Austerlitz. Entre los generales y oficiales del Ejército de Tierra se murmura, tras el anonimato obligado: «Es algo lamentable. Francia envía su portaaviones Charles de Gaulle para conmemorar la derrota humillante de Trafalgar, pero nuestro jefe del Estado se calla y se oculta cuando es invitado a participar en las ceremonias de recuerdo de la más gloriosa de las batallas de Francia».

En la plaza de la Concordia

Oficiales, nobleza imperio, universitarios y un interminable rosario de organizaciones participarán hoy en varias ceremonias de recuerdo de la victoria de Austerlitz, en la parisina plaza de la Concordia, que también fue la plaza donde estuvo instalada la guillotina durante el Terror (1793). Ni Chirac, ni Villepin, ni Michelle-Alliot-Marie, ministra de la Defensa, participarán en las ceremonias.

A la misma hora, varias organizaciones han convocado una manifestación de protesta y denuncia contra el pasado colonial de Francia. Los organizadores recuerdan que Napoleón restauró la esclavitud en las antiguas colonias. El polemista Claude Ribbe ha publicado «El crimen de Napoleón», comparando su legado con el genocidio de Hitler.

Una opinión ultraminoritaria pero que hace estragos, cuando en las escuelas y universidades prolifera el debate sobre el pasado colonial, con ramificaciones con los problemas de desintegración social de los suburbios.

Fuente: ABC
03.12.05

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