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Miércoles, 14 de diciembre de 2005


Seguridad Corporativa y Protección del Patrimonio

Un robo a domicilio por minuto: España sufre una oleada de violencia

Guardia Civil y Policía admiten que los delincuentes prefieren asaltar casas con gente dentro porque «es más fácil y eficaz»

 

Entran en las casas de noche. Les da igual si sus habitantes están durmiendo o viendo la televisión. Irrumpen por la fuerza y los obligan bajo amenazas de muerte a entregarles todo el dinero que tengan. Si no tienen o no les parece suficiente, les exigen las claves de las tarjetas de crédito y en el acto acuden a un cajero y los desvalijan. Esta es la modalidad más peligrosa del robo de pisos en España, un «negocio» que prospera a razón de un asalto, atraco o desvalijamiento por minuto.

Delincuentes de países del Este y suramericanos se han convertido en una seria amenaza para los dueños de viviendas unifamiliares. El creciente número de atracos nocturnos en casas habitadas en toda España ha desatado una alarma sorda entre miles de propietarios, que descubren el fenómeno con espanto a través de otros vecinos afectados.

El Ministerio del Interior no quiere oír hablar de este modelo de delincuencia que suscita una enorme inquietud ciudadana. La minimiza e incluso la esconde dentro de la bolsa de estadística general de «robos con violencia en las cosas», de tal manera que no es posible cifrar su incidencia con exactitud.

Más «murcigleros». Guardia Civil y Policía conocen a este tipo de ladrones como «murcigleros» -porque actúan de noche- y en ambos cuerpos se admite que su actuación se ha disparado en el último año. «Lo cierto es que cada día hay más casos. Es una epidemia extendida en toda España», dice un mando policial. Se trata de delincuentes extranjeros, por lo general, originarios de países del Este y suramericanos. Su objetivo son las casas unifamiliares ubicadas en urbanizaciones de clase media alta de cualquier lugar de España, especialmente en las grandes ciudades y la costa.

«Buscan aquellos domicilios con puntos débiles que les permitan acceder más fácilmente a la vivienda. Una vez que encuentran la casa más asequible a sus posibilidades, actúan sin más», explica un agente del Cuerpo Nacional de Policía destinado a la investigación de este tipo de asaltos.

Lo habitual hasta ahora era que los asaltantes esperaran a que el domicilio estuviera vacío para atacar. Desconectaban la alarma, saltaban la valla y trepaban por los canalones hasta alcanzar la ventana de un piso superior sin protección. Una vez dentro, registraban la vivienda y se llevaban todo aquello de valor que encontraban a su paso, desde dinero, joyas y ordenadores, hasta tarjetas de crédito.

«Sin embargo, los delincuentes se han dado cuenta de que en las casas no suele haber ya mucho dinero y pueden obtener más beneficios, y de una manera mucho más fácil y eficaz, con los dueños de la casa dentro», dice un mando policial. La afirmación, respaldada también por un responsable de la Guardia Civil, contiene sin duda un pernicioso mensaje, pero a la vez constituye el mejor aval de la existencia de este fenómeno y de su capacidad de expansión.

Aunque la irrupción en un domicilio con gente dentro conlleva un indudable riesgo ante la reacción que pueda suscitar el asalto entre los moradores, los atracadores cuentan a su favor, a juicio de los psicólogos, con el factor sorpresa y la impresión intimidatoria que causa un despliegue indiscriminado de violencia.

Por tanto, lo más normal es que las víctimas accedan a todas sus pretensiones. Los «murcigleros» suelen actuar en grupos de entre tres y cinco personas. Van armados y en muchas ocasiones portan mazas, hachas y gatos hidráulicos para reventar las entradas a los domicilios. Una vez dentro, si están sus moradores, éstos son amordazados y maniatados para que no puedan defenderse ni alertar del robo fuera de la casa.

En primer lugar exigen el dinero y las joyas. Si no consideran suficiente lo que hay conminan a los propietarios la clave de las tarjetas de crédito. Uno de los asaltantes acude en el acto al cajero más cercano y extrae todo el dinero disponible. Se han dado casos en los que incluso se han llevado hasta el banco al dueño de la tarjeta para que él mismo sacara la cantidad.

Por norma general, fijan su objetivo por los signos exteriores de la vivienda. «La ausencia de grandes medidas de seguridad y la presencia de ciertos elementos ostentosos como, por ejemplo, coches de alta gama, son factores que les son muy útiles para intuir el valor del botín que pueden conseguir con el menor riesgo», añade un oficial de la Guardia Civil.

El señuelo del coche. En muchos casos, los vehículos se convierten en el señuelo involuntario que expone la víctima a los delincuentes. En no pocas ocasiones, los asaltantes de un chalet han llegado hasta el domicilio siguiendo a un vehículo lujoso «pinchado» (descubierto) a la puerta de un restaurante o en una discoteca. Cuando los ladrones penetran en la vivienda, intimidan a su propietario para obtener las llaves del coche y, después de desvalijar la casa, se llevan el turismo con todos los efectos valiosos a bordo.

Los investigadores de este tipo de robos, tanto de la Guardia Civil como de la Policía, coinciden en que por lo general las bandas dedicadas a los atracos en domicilios establecen sus objetivos de forma aleatoria por el procedimiento ya citado de explorar los exteriores de las casas.

No obstante, también se han dado casos en que los asaltantes disponían de información desde dentro. Es lo que se conoce en el argot policial como tener «un santo», es decir, alguien que conoce el domicilio y el botín que se puede obtener en su interior, generalmente, por algún tipo de relación laboral mantenida con el mismo. La profesionalidad con la que actúan estos grupos organizados supone un inconveniente para su desarticulación. Van preparados para no dejar rastro de su presencia, tan sólo de su actuación. «Es muy raro encontrar alguna huella tras los robos porque van con guantes y eso impide tenerlos fichados», reconoce un agente policial.

En lo que va de año, la Policía ha desarticulado unos quince grupos de «murcigleros» y, en la mayoría de los casos, ha sido posible la actuación policial, bien porque alguna víctima -muy pocas- les ha podido identificar o porque tras una ardua investigación han podido relacionar las herramientas usadas en un asalto con los desperfectos sufridos en las puertas o ventanas de la casa atacada. Hasta hace cinco años este tipo de robos era casi exclusivamente una especialidad de delincuentes procedentes de los países del Este. Últimamente, sin embargo, se ha detectado también la presencia de «murcigleros» magrebíes, lo que demuestra que esta modalidad delictiva ha dejado de ser una especialidad de un determinado grupo extranjero, lo que preocupa a la Policía.

Por la gran cantidad de nacionalidades detectadas en este tipo de robos violentos -albano-kosovares, ucranianos, rumanos, chilenos, colombianos, marroquíes- los investigadores policiales se muestran convencidos de que el paso de muchos de estos delincuentes por la cárcel alimenta un intercambio de información, a través del cual «cada vez más “choros” se inclinan por estos atracos», según un responsable policial.

Madrid y Barcelona, en el punto de mira
La instalación de alarmas y sistemas electrónicos en domicilios creció un 30 por ciento en 2004

Casas, pisos, bares, restaurantes, oficinas, ayuntamientos... Ciudades, pueblos, urbanizaciones, polígonos industriales... Nada escapa a la insaciable voracidad de los nuevos «cacos». A partir de la frecuencia de siniestros detectada a través de las pólizas de hogar y el censo de unidades residenciales del catastro, un informe de la patronal del seguro (Unespa) revela que al año son desvalijados 425.000 hogares españoles.

Madrid y Barcelona, según el citado informe, son las dos ciudades donde más viviendas se roban. En ellas se llevan a cabo uno de cada cuatro asaltos. Por comunidades, Andalucía, Cataluña y la Comunidad Valenciana acaparan la mitad de los saqueos.

Más denuncias. Sólo en la zona rural de la Comunidad de Madrid -controlada por la Guardia Civil- fueron denunciados hasta el pasado mes de septiembre 2.700 robos con fuerza, lo que constituye un tres por ciento más que en el mismo período del pasado año. Municipios madrileños como Las Rozas, Majadahonda, Boadilla del Monte, Galapagar, Torrejón de la Calzada o Batres han sido especialmente castigados este año por los amigos de lo ajeno.
El 39 por ciento de los detenidos en lo que va de año por este tipo de delitos en la Comunidad de Madrid eran extranjeros, fundamentalmente, procedentes de los países del Este y suramericanos. Una de estas bandas, compuesta sólo por tres delincuentes kosovares, perpetraron más de 300 robos en cuatro meses. «Vivían en una pensión del centro de Madrid y se trasladaban todos los días a urbanizaciones situadas en las afueras y, sin ningún tipo de información previa, entraban o robaban en chalés», cuenta un mando de la Comandancia de Madrid.

Además de las grandes ciudades, la costa es otra de las zonas más afectadas por esta epidemia. Municipios como el almeriense de Vera se tuvo que movilizar el pasado mes de septiembre tras un verano inédito de asaltos a domicilios mientras los inquilinos dormían plácidamente.

El alcalde de la localidad llegó a manifestar el «miedo y la ansiedad» que sufrían los vecinos, algunos de ellos atracados en su casa hasta en tres ocasiones en 45 días. Dinero, joyas y coches volaron en esta localidad, que tuvo que reclamar el apoyo del Gobierno en un plan para coordinar a las distintas Fuerzas de Seguridad de la zona para intentar atajar el problema.

Epidemia de alarmas. El fantasma del miedo se ha extendido de tal manera que las empresas de seguridad se han convertido en uno de los negocios más boyantes de la última década en España, y cada vez cuentan con más clientes. El año pasado la demanda de seguridad fue de tal magnitud que la instalación de alarmas domiciliarias y sistemas electrónicos creció un 30 por ciento, según fuentes de Aproser, la patronal del sector.

La facturación de las empresas sólo por este concepto ascendió en 2004 a la nada despreciable cifra de 614.900.000 de euros, según precisaron las mismas fuentes.

Securitas Direct, la mayor firma del sector, ha montado este año del orden de las 200 alarmas cada mes en la zona de La Manga. En once meses ha llegado a vender aproximadamente cinco mil a dueños de chalés, pisos y pequeños comercios de La Manga, Los Belones, Playa Honda, Mar de Cristal, Islas Menores, Los Nietos, Los Urrutias o Los Alcázares. Estas zonas, con una gran mayoría de segundas residencias, han experimentado a lo largo de este año una oleada de robos nunca vista antes, según indican los asustados vecinos.

Fuente: La Razón
12.12.05

Suplemento Temático: Autoprotección

Experto: Estudio de seguridad en el hogar, por José Julián Istúriz (05.05.05)

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