Un
robo a domicilio por minuto: España sufre una oleada de violencia
Guardia Civil y
Policía admiten que los delincuentes prefieren asaltar casas con gente
dentro porque «es más fácil y eficaz»
Entran en las casas de
noche. Les da igual si sus habitantes están durmiendo o viendo la
televisión. Irrumpen por la fuerza y los obligan bajo amenazas de muerte
a entregarles todo el dinero que tengan. Si no tienen o no les parece
suficiente, les exigen las claves de las tarjetas de crédito y en el
acto acuden a un cajero y los desvalijan. Esta es la modalidad más
peligrosa del robo de pisos en España, un «negocio» que prospera a razón
de un asalto, atraco o desvalijamiento por minuto.
Delincuentes de países
del Este y suramericanos se han convertido en una seria amenaza para los
dueños de viviendas unifamiliares. El creciente número de atracos
nocturnos en casas habitadas en toda España ha desatado una alarma sorda
entre miles de propietarios, que descubren el fenómeno con espanto a
través de otros vecinos afectados.
El Ministerio del
Interior no quiere oír hablar de este modelo de delincuencia que suscita
una enorme inquietud ciudadana. La minimiza e incluso la esconde dentro
de la bolsa de estadística general de «robos con violencia en las
cosas», de tal manera que no es posible cifrar su incidencia con
exactitud.
Más «murcigleros».
Guardia Civil y Policía conocen a este tipo de ladrones como «murcigleros»
-porque actúan de noche- y en ambos cuerpos se admite que su actuación
se ha disparado en el último año. «Lo cierto es que cada día hay más
casos. Es una epidemia extendida en toda España», dice un mando
policial. Se trata de delincuentes extranjeros, por lo general,
originarios de países del Este y suramericanos. Su objetivo son las
casas unifamiliares ubicadas en urbanizaciones de clase media alta de
cualquier lugar de España, especialmente en las grandes ciudades y la
costa.
«Buscan aquellos
domicilios con puntos débiles que les permitan acceder más fácilmente a
la vivienda. Una vez que encuentran la casa más asequible a sus
posibilidades, actúan sin más», explica un agente del Cuerpo Nacional de
Policía destinado a la investigación de este tipo de asaltos.
Lo habitual hasta ahora
era que los asaltantes esperaran a que el domicilio estuviera vacío para
atacar. Desconectaban la alarma, saltaban la valla y trepaban por los
canalones hasta alcanzar la ventana de un piso superior sin protección.
Una vez dentro, registraban la vivienda y se llevaban todo aquello de
valor que encontraban a su paso, desde dinero, joyas y ordenadores,
hasta tarjetas de crédito.
«Sin embargo, los
delincuentes se han dado cuenta de que en las casas no suele haber ya
mucho dinero y pueden obtener más beneficios, y de una manera mucho más
fácil y eficaz, con los dueños de la casa dentro», dice un mando
policial. La afirmación, respaldada también por un responsable de la
Guardia Civil, contiene sin duda un pernicioso mensaje, pero a la vez
constituye el mejor aval de la existencia de este fenómeno y de su
capacidad de expansión.
Aunque la irrupción en un
domicilio con gente dentro conlleva un indudable riesgo ante la reacción
que pueda suscitar el asalto entre los moradores, los atracadores
cuentan a su favor, a juicio de los psicólogos, con el factor sorpresa y
la impresión intimidatoria que causa un despliegue indiscriminado de
violencia.
Por tanto, lo más normal
es que las víctimas accedan a todas sus pretensiones. Los «murcigleros»
suelen actuar en grupos de entre tres y cinco personas. Van armados y en
muchas ocasiones portan mazas, hachas y gatos hidráulicos para reventar
las entradas a los domicilios. Una vez dentro, si están sus moradores,
éstos son amordazados y maniatados para que no puedan defenderse ni
alertar del robo fuera de la casa.
En primer lugar exigen el
dinero y las joyas. Si no consideran suficiente lo que hay conminan a
los propietarios la clave de las tarjetas de crédito. Uno de los
asaltantes acude en el acto al cajero más cercano y extrae todo el
dinero disponible. Se han dado casos en los que incluso se han llevado
hasta el banco al dueño de la tarjeta para que él mismo sacara la
cantidad.
Por norma general, fijan
su objetivo por los signos exteriores de la vivienda. «La ausencia de
grandes medidas de seguridad y la presencia de ciertos elementos
ostentosos como, por ejemplo, coches de alta gama, son factores que les
son muy útiles para intuir el valor del botín que pueden conseguir con
el menor riesgo», añade un oficial de la Guardia Civil.
El señuelo
del coche. En
muchos casos, los vehículos se convierten en el señuelo involuntario que
expone la víctima a los delincuentes. En no pocas ocasiones, los
asaltantes de un chalet han llegado hasta el domicilio siguiendo a un
vehículo lujoso «pinchado» (descubierto) a la puerta de un restaurante o
en una discoteca. Cuando los ladrones penetran en la vivienda, intimidan
a su propietario para obtener las llaves del coche y, después de
desvalijar la casa, se llevan el turismo con todos los efectos valiosos
a bordo.
Los investigadores de
este tipo de robos, tanto de la Guardia Civil como de la Policía,
coinciden en que por lo general las bandas dedicadas a los atracos en
domicilios establecen sus objetivos de forma aleatoria por el
procedimiento ya citado de explorar los exteriores de las casas.
No obstante, también se
han dado casos en que los asaltantes disponían de información desde
dentro. Es lo que se conoce en el argot policial como tener «un santo»,
es decir, alguien que conoce el domicilio y el botín que se puede
obtener en su interior, generalmente, por algún tipo de relación laboral
mantenida con el mismo. La profesionalidad con la que actúan estos
grupos organizados supone un inconveniente para su desarticulación. Van
preparados para no dejar rastro de su presencia, tan sólo de su
actuación. «Es muy raro encontrar alguna huella tras los robos porque
van con guantes y eso impide tenerlos fichados», reconoce un agente
policial.
En lo que va de año, la
Policía ha desarticulado unos quince grupos de «murcigleros» y, en la
mayoría de los casos, ha sido posible la actuación policial, bien porque
alguna víctima -muy pocas- les ha podido identificar o porque tras una
ardua investigación han podido relacionar las herramientas usadas en un
asalto con los desperfectos sufridos en las puertas o ventanas de la
casa atacada. Hasta hace cinco años este tipo de robos era casi
exclusivamente una especialidad de delincuentes procedentes de los
países del Este. Últimamente, sin embargo, se ha detectado también la
presencia de «murcigleros» magrebíes, lo que demuestra que esta
modalidad delictiva ha dejado de ser una especialidad de un determinado
grupo extranjero, lo que preocupa a la Policía.
Por la gran cantidad de
nacionalidades detectadas en este tipo de robos violentos -albano-kosovares,
ucranianos, rumanos, chilenos, colombianos, marroquíes- los
investigadores policiales se muestran convencidos de que el paso de
muchos de estos delincuentes por la cárcel alimenta un intercambio de
información, a través del cual «cada vez más “choros” se inclinan por
estos atracos», según un responsable policial.
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Madrid y Barcelona, en el punto
de mira |
La instalación de alarmas y
sistemas electrónicos en domicilios creció un 30 por ciento en
2004
Casas, pisos, bares, restaurantes, oficinas, ayuntamientos...
Ciudades, pueblos, urbanizaciones, polígonos industriales...
Nada escapa a la insaciable voracidad de los nuevos «cacos». A
partir de la frecuencia de siniestros detectada a través de las
pólizas de hogar y el censo de unidades residenciales del
catastro, un informe de la patronal del seguro (Unespa) revela
que al año son desvalijados 425.000 hogares españoles.
Madrid y Barcelona, según el
citado informe, son las dos ciudades donde más viviendas se
roban. En ellas se llevan a cabo uno de cada cuatro asaltos. Por
comunidades, Andalucía, Cataluña y la Comunidad Valenciana
acaparan la mitad de los saqueos.
Más denuncias. Sólo en la zona
rural de la Comunidad de Madrid -controlada por la Guardia
Civil- fueron denunciados hasta el pasado mes de septiembre
2.700 robos con fuerza, lo que constituye un tres por ciento más
que en el mismo período del pasado año. Municipios madrileños
como Las Rozas, Majadahonda, Boadilla del Monte, Galapagar,
Torrejón de la Calzada o Batres han sido especialmente
castigados este año por los amigos de lo ajeno.
El 39 por ciento de los detenidos en lo que va de año por este
tipo de delitos en la Comunidad de Madrid eran extranjeros,
fundamentalmente, procedentes de los países del Este y
suramericanos. Una de estas bandas, compuesta sólo por tres
delincuentes kosovares, perpetraron más de 300 robos en cuatro
meses. «Vivían en una pensión del centro de Madrid y se
trasladaban todos los días a urbanizaciones situadas en las
afueras y, sin ningún tipo de información previa, entraban o
robaban en chalés», cuenta un mando de la Comandancia de Madrid.
Además de las grandes
ciudades, la costa es otra de las zonas más afectadas por esta
epidemia. Municipios como el almeriense de Vera se tuvo que
movilizar el pasado mes de septiembre tras un verano inédito de
asaltos a domicilios mientras los inquilinos dormían
plácidamente.
El alcalde de la localidad
llegó a manifestar el «miedo y la ansiedad» que sufrían los
vecinos, algunos de ellos atracados en su casa hasta en tres
ocasiones en 45 días. Dinero, joyas y coches volaron en esta
localidad, que tuvo que reclamar el apoyo del Gobierno en un
plan para coordinar a las distintas Fuerzas de Seguridad de la
zona para intentar atajar el problema.
Epidemia de alarmas. El
fantasma del miedo se ha extendido de tal manera que las
empresas de seguridad se han convertido en uno de los negocios
más boyantes de la última década en España, y cada vez cuentan
con más clientes. El año pasado la demanda de seguridad fue de
tal magnitud que la instalación de alarmas domiciliarias y
sistemas electrónicos creció un 30 por ciento, según fuentes de
Aproser, la patronal del sector.
La facturación de las empresas
sólo por este concepto ascendió en 2004 a la nada despreciable
cifra de 614.900.000 de euros, según precisaron las mismas
fuentes.
Securitas Direct, la mayor
firma del sector, ha montado este año del orden de las 200
alarmas cada mes en la zona de La Manga. En once meses ha
llegado a vender aproximadamente cinco mil a dueños de chalés,
pisos y pequeños comercios de La Manga, Los Belones, Playa
Honda, Mar de Cristal, Islas Menores, Los Nietos, Los Urrutias o
Los Alcázares. Estas zonas, con una gran mayoría de segundas
residencias, han experimentado a lo largo de este año una oleada
de robos nunca vista antes, según indican los asustados vecinos. |
Fuente: La Razón
12.12.05
Suplemento Temático: Autoprotección
Experto: Estudio de seguridad en
el hogar, por José Julián Istúriz (05.05.05)
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